jueves, abril 02, 2026

LA INQUISICIÓN



la Inquisición fue una institución extremadamente meticulosa a la hora de reflejar absolutamente todas las circunstancias, hasta las más inverosímiles, por simples e insignificantes que puedan parecernos.


Durante el siglo XIX fueron destruidos metódicamente todos aquellos documentos que cayeron en las manos de quienes han dicho las más horrendas cosas sobre la Inquisición; fue destruido el archivo de Barcelona, de Córdoba, de Valencia, de Zaragoza, de Mallorca, de Logroño, de Murcia, de Toledo, de Valladolid, de Madrid, de Lima, de México, de Cuba, de Cartagena de Indias… De todos los lugares (desconozco la situación de los archivos de Cerdeña y de Sicilia), pero a pesar de ello, la labor de destrucción, forzosamente, y dada la magnitud documental generada, no podía cumplirse en su totalidad. 


Para mayor contrariedad, el tribunal de Cuenca fue minuciosamente recompuesto casi en su totalidad por un alma caritativa anónima tras haber servido de cama a las tropas francesas en 1808.


Además, hubo ediciones de libros que relataban el completo desarrollo de determinados Autos de Fe, y cuyo expolio total era difícil de llevar a cabo, siendo que hoy están al alcance de los curiosos.


Todo ello nos permite tener acceso a la realidad y determinar con un grado de precisión cercano al 100% qué fue y qué hizo el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.


Con este preámbulo, me permito animar a quienes sus conocimientos sobre el tema se limiten a lo que han escuchado, se olviden de todo lo que “conocen” al respecto, y se animen a menudear los documentos existentes. Les garantizo que se llevarán enormes sorpresas.


Aquí sólo vamos a dar unas pinceladas. El tiempo es el que es y mis limitaciones son las que son.


En primer lugar quiero significar que la primera Inquisición fue la Papal, creada en el siglo XIII, en el curso de la Cruzada contra los Cátaros, en el Languedoc. 


Era algo nuevo en cuanto a la organización, puesto que  ya desde 1229 venía actuando como inquisición episcopal. La nueva Inquisición sería dirigida por los dominicos y los franciscanos.


¿Y qué hacía?... pues defender a quienes eran perseguidos por los cátaros y proteger a aquellos cátaros que abandonaban la herejía haciéndoles vestir el “sambenito”. Ciertamente no podemos abstraernos del signo de los tiempos, y la Inquisición utilizaba la tortura… pero aplicando unas leyes con las que evitaba la proliferación incontrolada de la misma. Este hecho hay que ubicarlo en el activo de la Inquisición, que moderó y controló la tortura, limitando los excesos que se venían cometiendo, y aportando garantías jurídicas antes inexistentes.


Una visión simplista achacará los conceptos del siglo XXI a las actuaciones del siglo XIII, pero la verdad es que la Inquisición significó un gran paso positivo en el resguardo de la integridad de los reos.


Esta Inquisición se extendió por toda Europa… menos por Castilla, dándose el hecho curioso que el inquisidor de Portugal, mayor de los dominicos, residía, precisamente, en Castilla.


En cualquier caso, no es de ésta Inquisición de la que venimos a hablar. Aquí venimos a hablar de la Inquisición española, que fue instaurada por los Reyes Católicos en 1478, como imposición de Fernando sobre la voluntad de Isabel. Esta Inquisición, la española, tiene sus propios signos de identidad.


Tardó dos siglos y medio en implantarse en Castilla. ¿Y por qué acabó imponiéndose? En este sentido, debemos tener en cuenta que la España del siglo XV reclamaba la unidad del estado, y la religión era lo único que podía unir estados tan dispares como los reinos que componían la nación que sería la garantía del derecho internacional: España.


En esos momentos, un atentado a la religión era observado como un atentado al estado. Algo nada nuevo, por cierto, siendo que con la nueva Inquisición se garantizaba una paz social desconocida en otros lugares, y era un claro elemento vertebrador. Tengamos en cuenta por ejemplo, que en esos mismos tiempos, la guerra de religión de Francia causó muchas mas muertes que todas las Inquisiciones juntas. Igual ocurrió en Alemania. España salió prácticamente ilesa de esta plaga gracias a la Inquisición.


También es necesario considerar que el empleo de la fuerza para combatir a los disidentes religiosos ha sido algo corriente en todas las culturas y confesiones hasta bien entrado nuestro tiempo. Basta pensar en la intolerancia de Lutero contra los campesinos alemanes, que produjo decenas de miles de víctimas; o en las leyes inglesas contra los católicos, cuyo número era aún muy elevado al comienzo de la Iglesia Anglicana; o en la suerte de Miguel Servet y sus compañeros quemados en la hoguera por los calvinistas en Ginebra. Hay que decir, para ser justos, que ése era el trato normal que se daba en aquella época a casi todos los delitos, y el de herejía era considerado como el más grave, sobre todo por la alteración social que provocaba. En esto coincidían tanto Lutero como Calvino, Enrique VIII, Carlos I o Felipe II. Y fuera de Occidente ocurría algo muy parecido.


El desconocimiento de esta realidad hace que para un iletrado del siglo XXI resulte escandaloso oír hablar de persecución de herejes, pero debemos tener en cuenta que, los herejes representaban una amenaza, no sólo para la religión, sino para el estado. Hasta bien entrado el siglo XVIII, por lo menos, era muy difícil admitir que en un estado coexistieran súbditos de distintas religiones… Católicos y protestantes  comulgaban de aquellas opiniones, y también los judíos allí donde disponían de cierta autonomía, como en Holanda.


¿Qué diferencia a España, y a la Inquisición, de todos ellos? Que la Inquisición daba unas garantías jurídicas inexistentes en los otros casos…. Y una consecuencia directa: el número de víctimas de cada uno de ellos, limitándose como se limitaban a un territorio concreto y de dimensiones discretas, es escalofriantemente muy superior al número de víctimas de la Inquisición española, implantada en los cinco continentes.


En cualquiera de los casos, ¿se hacía necesaria una institución como la Inquisición?


Al respecto debemos atender a un hecho esencial: la paz social. En las últimas décadas del siglo XIV y en las primeras del XV eran constantes los alborotos. En Toledo, en julio y agosto de 1467, dos judaizantes fueron quemados, provocando que Enrique IV emprendiese negociaciones para instaurar la Inquisición; en Córdoba, en 1473, sólo salvó a los conversos de su total destrucción el valor y presencia de ánimo de D. Alonso de Aguilar; en Jaén, donde fue asesinado sacrílegamente el condestable Miguel Lucas de Iranzo; en Segovia, en 1474, en 1477… La avenencia entre cristianos viejos y nuevos se hacía imposible. Quién matará a quién, era el problema. No, los años que precedieron el reinado de los Reyes Católicos no fueron precisamente tranquilos, y los artífices de la Unidad Nacional se propusieron zanjar la cuestión con un instrumento que lograría calmar todos esos excesos.


Ante semejante inestabilidad, en 1413-1414 bajo los auspicios de Benedicto XIII y la actuación estelar de San Vicente Ferrer, tuvieron lugar unos importantes debates a los que asistían miles de personas, en los que teólogos judíos discutían con conversos, como Jerónimo de Santa Fe, en ámbito de plena libertad, a resultas de las cuales hubo no pocas conversiones y peticiones de bautismo, rabinos incluidos, lo que fue demoledor para las aljamas.


Durante todos estos años, las confrontaciones, también doctrinales, se prodigaron. Pablo de Santa María, antiguo rabino mayor de Burgos, argumentaba en 1432 a favor del cristianismo, sin fomentar odio alguno contra sus antiguos correligionarios, que le respondieron considerándolo traidor y apóstata y alimentaban sentimientos aviesos que no dudaban en divulgar. 


El siglo continuó con esas tiranteces, finalmente resultó aprobado el Santo Tribunal por el Papa el 1 de noviembre de 1478, a cuyo fin dedicó sus esfuerzos el dominico Fray Alonso de Ojeda. Pero no comenzó a actuar hasta 1480, no contra los judíos, como de forma manifiestamente errónea se ha divulgado, sino contra los falsos conversos del judaísmo, cuyo nombre, “marranos” es una derivación de la palabra judía “mahram” justamente aplicada por los judíos militantes a quienes renegaban de la religión mosaica.


Sin embargo, y a pesar de no actuar nunca contra los judíos, la Inquisición ha sido presentada como una institución de persecución racial. Nada más lejos de la realidad. Esa creencia se ve manifiestamente negada por la realidad de la ingente cantidad de personajes que trufan la historia de España, y que desde el mismo Fernando el Católico llevaban sangre judía. 


La inquisición no entendía de sangre, sino de sentimiento, y si en algún momento llegó a exigirse estatuto de limpieza de sangre, aparte de no tener explicación, tampoco se llevó a rajatabla en toda la institución ni en todas las instituciones del estado.


Y es que contra lo que comunmente se cree, el Santo Oficio no juzgaba judíos, musulmanes  o gentes  de otras religiones, sino que procesaba  a católicos, libremente bautizados como tales, que renegando de la fe retornaban  a sus cultos y llevaban un catolicismo aparente. 


Juzguemos con la mente del siglo XVI… Antes de la existencia del Santo Oficio los apóstatas eran sancionados por las autoridades civiles  con pena de muerte por hoguera, lapidación, o decapitación así como con la confiscación  de sus bienes, y no sólo en España. La Apostasía también es castigada por el derecho musulmán. La Inquisición acabó con todo eso.


Y volvemos a insistir que nos encontramos en los principios de la Edad Moderna, con unos usos y costumbres que se parecían más entre los existentes en los distintos reinos en esos momentos, que entre esos tiempos y los actuales. En cualquier caso, resistiéndonos a juzgar hechos del siglo XV con mentalidad del siglo XV podemos argüir que el concepto de libertad aplicado a todos los que accedían al bautismo puede llegar a ser discutible… Pero con mentalidad del siglo XXI podemos inferir que eso no difiere mucho de la actualidad si mutamos religión por pensamiento político. Y es que resulta discutible que todos los miembros de la sociedad seamos democráticos. Lo somos por decreto, y quién no lo es debe ser consciente de las consecuencias que le puede reportar que se descubra su falsa e impuesta adscripción al sistema.


Incidiendo en la mentalidad del siglo XVI y en la mentalidad del siglo XX, se ha estigmatizado también a la Inquisición por el uso del secreto.


Pero es que el uso del secreto fue aplicado al objeto de alcanzar la verdad. Tengamos bien en claro que a lo que más se parece un juicio o a una inquisición del Santo Oficio es a una confesión… llevada a cabo por un confesor terco… de acuerdo, pero la voluntad era que el reo confesase sus pecados, que se arrepintiese de ellos, y como consecuencia, fuese absuelto. Para ello se hacía necesario que el inquisidor no comunicase al reo que era conocedor de aquellos asuntos que le habían hecho actuar. Bien al contrario, pretendía que el reo, motu propio, los confesase, se arrepintiese, y como consecuencia, fuese absuelto.


Pero es que ese secreto se aplicaba también ante los testigos, que debían denunciar no sabían qué ni de quién… y que acababan haciéndolo cuando el reo era culpable de aquello por lo que había sido detenido, sin ellos saberlo. Cuando menos, método llamativo, que tenía el objetivo de proteger tanto al reo, del que previamente se conocía con certeza su culpa, como a los propios testigos, que de otro modo eran perseguidos por los herejes.


Y es que el fin de la Inquisición era salvar almas; era conseguir la confesión y el arrepentimiento sincero de los reos; era imponer penitencias de carácter espiritual. El espíritu de los tiempos hizo el resto, siendo que el resto no es deleznable como la historia negra y la Ilustración se empeñan en afirmar gratuitamente.


En cualquier caso, no se aplicó la Inquisición exclusivamente a perseguir a los falsos conversos del judaísmo; también persiguió los otros tipos de herejía así como la sodomía o el contrabando de caballos. Y Carlos I la utilizó contra los Comuneros de Castilla… Y el duque de Lerma, no precisamente por interés patriótico, sino por interés político, azuzó la Inquisición contra el padre Mariana por la edición de su obra “de mutatione monetae” en la que criticaba la emisión masiva de moneda. También fue usada para combatir el contrabando. Otro ejemplo claro es que acabó incluyendo en el Índice obras como “la Brevísima” de Bartolomé de las Casas; no porque fuesen contra la religión (la obra fue apoyada por la Monarquía española), sino por el uso que se hacía de ella a nivel internacional, manifiestamente dañino para España.


Hemos dicho que los reos eran culpables de aquello que eran acusados, y es que la Inquisición no procesaba a nadie de quién no estuviese segura de su culpabilidad, ya que antes de proceder contra él había sido meticulosamente estudiado su caso, que se había producido, no por una denuncia, que nunca podía ser anónima, sino por varias denuncias efectuadas por personas distintas, o por pública actuación herética.


También procesó a inocentes, cierto, entre ellos a Carlos I… por poner un ejemplo. Y a Santa Teresa de Jesús… por poner otro ejemplo… Y resultaron absueltos…


Y es que, lo que hacía la Inquisición era estudiar aquellos casos que en principio pudiesen dar la sensación de heterodoxia, siendo sometidos, todos y cada uno de los casos, al más minucioso estudio filosófico-religioso, y llegando a comprobar su ortodoxia, los encausados eran libres de seguir con sus prácticas habituales, sin el menor menoscabo… y si se hubiese producido alguna filtración, como en el caso de Santa Teresa y el caso de Fray Luis de León, recibirían la palma y serían repuestos y aclamados como miembros de la Iglesia.


Lo que hoy podemos conocer como “alarma social” era evidente en el momento, y el instinto de propia conservación se sobrepuso a todo, y para salvar a cualquier precio la unidad religiosa y social, surgió en todos los espíritus el pensamiento de inquisición.


De hecho, la Inquisición no nace contra el pueblo sino para responder a una petición de éste. En una sociedad preocupada sobre todo por la salvación eterna, el hereje es percibido por la gente (comenzando por la gente corriente y analfabeta) como un peligro, del mismo modo que en culturas como la nuestra, que no piensan más que en la salud física, se consideraría peligroso a quien propagase enfermedades contagiosas mortales o envenenara el ambiente. Para el hombre medieval, el hereje es el Gran Contaminador, el enemigo de la salvación del alma, la persona que atrae el castigo divino sobre la comunidad. Por lo tanto, y tal como confirman todas las fuentes, el dominico que llega para aislarlo y neutralizarlo, no se ve rodeado de «odio», sino que es recibido con alivio y acompañado por la solidaridad popular.


La Inquisición se consolidaba como un instituto profundamente popular, que se sabía, al tiempo que era reconocido por todos como salvaguarda de la pureza y de la justicia igualitaria. Nadie que se moviese en la normalidad debía temer nada de una institución dedicada al mantenimiento de la normalidad. Y conocía que el término “nadie”, para la Inquisición, correspondía a lo que literalmente entiende la lingüística y el más elemental de los conocimientos por el término “nadie”.


Que la Inquisición se instauró por presión popular queda en parte refrendado por lo acontecido en Italia: “El pueblo napolitano, ante la amenaza de introducir la Inquisición española, mantenía una actitud hostil. Lo mismo ocurrió con el Estado de Milán: aquí hubo repetidos intentos de imponer la Inquisición española, pero todos ellos chocaron con las reacciones hostiles de la ciudad. El más importante tuvo lugar en 1563: Felipe II decidió introducir en Milán "oficio de la Santísima Inquisición... a la usanza de España", pero la reacción hostil con la que amenazaba la ciudad y la amenaza de una nueva sublevación bloquearon la iniciativa.” No sucedió lo mismo en Sicilia y en Cerdeña, donde sí se instauró el Santo Oficio.


¿Y qué temían los napolitanos?: “Lo que se temía de la Inquisición era un poder que ignoraba todo privilegio y exención, capaz de proceder contra cualquiera.” Traduciendo: Temían un tribunal igualitario, que no entendía de privilegios de ningún tipo, por parte de nadie, empezando por el rey y acabando por el último peón, y eso no era tema baladí, porque hasta entonces, los nobles y el clero tenían estatutos especiales que les permitían evadir la justicia ordinaria.


Debemos tener muy en cuenta que esa alarma social que señalamos como fuente de la Inquisición fue esencial para la supervivencia en los siglos XVI, XVII y XVIII, cuando las potencias europeas disponían armadas piratas para combatir a España.


En esas circunstancias, la Inquisición fue un arma de doble filo, pues a ella recurrían muchos piratas, conocedores de la benevolencia del tribunal, que no iba a condenarlos por sus actuaciones delictivas, sino por su herejía. El mismo primo de Francis Drake se libró de la horca al caer en manos de la Inquisición en Lima, y como él un buen número de piratas.


Con estas premisas, ¿Era la Inquisición un tribunal político? Por supuesto la pregunta puede producir respuestas divergentes; por mi parte, a pesar de todo, entiendo que la respuesta debe ser afirmativa; tan afirmativa como cuando la misma pregunta se efectúa sobre el tribunal constitucional. De hecho, ambos tribunales cubren una misma función, con objetivos radicalmente distintos, por supuesto, pero en definitiva una misma función. La Inquisición es un instrumento religioso al servicio del estado, y sobre todo es un instrumento del estado al servicio de la iglesia… o al revés.


La semejanza material y sólo material entre la Inquisición y el Tribunal Constitucional, alejadas no sólo en el tiempo sino en los principios, nos hace observar que si la Inquisición tenía unos inquisidores y unos familiares, la democracia tiene unas referencias, pie de rey de democracia, a las que se deben ajustar todas las ideas, y unos palmeros que, como el caso de los familiares de la Inquisición, no tienen en principio beneficios reconocidos, si bien su categoría de familiares les abre determinadas puertas. Sí, también entonces había corrupción… más medida y arriesgada, pero había corrupción.


Pero más que la corrupción hay una cuestión que caracteriza a la institución. La Inquisición resultó ser un elemento esencial en la unificación del derecho procesal español, que venía a consolidar la reforma de los institutos religiosos llevada a cabo en España. 


Y es que debemos tener en cuenta que los Reyes Católicos nunca fueron reyes de España; lo fueron de Castilla, de Aragón, de Navarra, de Sicilia, de Nápoles, de Granada… Pero nunca fueron reyes de España; primero porque faltaba Portugal, como falta ahora, pero también porque cada uno de los reinos contaba con leyes propias que lo blindaban en relación a los otros reinos. Los reyes debían jurar los fueros de cada uno de los reinos, en actos privados en cada uno de los reinos, y la justicia se aplicaba de manera distinta en cada uno de ellos, de acuerdo con los fueros de cada uno. La Inquisición venía a ser una institución situada por encima de todos los fueros, por encima de todas las leyes particulares de cada reino; igual para todos los españoles, con una estructura única y con un mando único. La Inquisición representó por tanto la vertebración de España. No es sólo un tribunal con unas delegaciones determinadas, sino la columna vertebral del estado moderno.


Y es que España, en los momentos en que encuadramos a la Inquisición tenía muy clara su identidad. Así, la Inquisición española puede servirnos para definir el punto álgido de España en la historia. La época dorada del Imperio Español coincide con la época dorada de la Inquisición Española, y dudo que eso sea fatal coincidencia.


Es esta época en la que tiene especial desarrollo el derecho de gentes, destacando por su significación el conocido como Derecho de Indias. No fue menor la influencia del espíritu de la Inquisición en este aspecto, debiendo destacar, como escribió Jean Dumont que, si por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la Reforma, se hubiera vuelto puritana y hubiera aplicado los mismos principios que América del Norte ("lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, un hijo de Satanás"), un inmenso genocidio habría eliminado de América del Sur a todos los pueblos indígenas. Hoy en día, al visitar las pocas "reservas" de México a Tierra del Fuego, los turistas harían fotos a los supervivientes, testigos de la matanza racial, llevada a cabo además sobre la base de motivaciones "bíblicas”.


Pero evidentemente eso no sucedió así; España tuvo la inmensa suerte de encontrarse con un continente virgen, y América tuvo la inmensa suerte de ser conquistada por España, humanista y cristiana, contraria al asentamiento de la esclavitud.


A partir de ese hecho, la Inquisición nunca tuvo jurisdicción sobre los indios, que se regían por el que vino a denominarse “derecho indiano”; una legislación copiosa, detallista y profundamente imbuida del derecho natural.


Sin embargo, la imagen transmitida y generalizada por la Ilustración nos presenta a la Inquisición como una máquina de matar, pero la realidad se encarga de contrariar esa alegación distorsionadora que cae por su propio peso no sólo al ver la cantidad de casos y la variedad de los mismos tratados por 20 escasos tribunales, sino también por el control y la centralización a que estaban sometidos.


En el siglo XVII la centralización fue tan extrema que llegó a disponerse, en 1647, que todas las sentencias debían ser ratificadas por el Consejo antes de la correspondiente ejecución. Los gastos de los tribunales, a su vez, habrían de estar autorizados por el poderoso organismo, y ello hasta tal punto que, según sabemos, necesitando el tribunal de Valencia un reloj, hubo de solicitar permiso a la Suprema para adquirirlo; la autorización sólo llegó tres años más tarde.”  Parece que si de algo se puede acusar a la Inquisición es de exceso de burocracia, si bien también es encomiable que no multiplicase el número de funcionarios.


En cuanto al número de ajusticiados, los estudios realizados por Heningsen y Contreras sobre las 44.674 causas abiertas entre los años 1540 y 1700, concluyeron que fueron quemadas en la hoguera 1346 personas (algo menos de 9 personas al año… en todo el imperio).


También se habla que las primeras actuaciones en Sevilla fueron feroces y hablan de miles de víctimas… pero esas víctimas no son achacables a la Inquisición… sino a la peste, que se llevó por delante a 15.000 personas.


Los datos exactos de todo el periodo 1478-1834 (año en que formalmente desapareció la institución) no están consignados. ¿Falta de información?, ¿falta de documentación?... De todo un poco. Hacer un estudio detallado, por ejemplo del archivo de la Inquisición de Cuenca, al que le falta menos del 10% de los expedientes, es un trabajo que puede costar unos cuantos años a quién lo intente. Y los otros archivos están muy mutilados y lo que queda, si bien gran parte está recogido en Madrid, tiene otra parte dispersa por el mundo. El de Lima, también muy mutilado tiene una gran parte de documentos en Santiago de Chile…


Personalmente creo que, como consecuencia de los expolios metódicos, esa información nunca estará completa… Pero como he dicho, existe material sobrado para efectuar un estudio minucioso de qué fue y qué hizo la Inquisición. 


Y ese material nos señala que, aparte las relajaciones, las penas se cumplían… cuando se cumplían. Las flagelaciones, por ejemplo, no llegan a efectuarse en muchas ocasiones, a pesar de figurar como pena, al considerar el Tribunal que el reo no podría superarlas, y figura en el propio Auto de Fe que el castigo no se inflige… Las condenas a cárcel perpetua en su propio domicilio, o en su propia ciudad… son habituales, y al tratarse de personas que están en relación directa con su confesor, conocen las limitaciones de las sanciones de forma que la “perpetuidad” de muchas sanciones, en realidad se ve reducida a muy breves periodos de tiempo.


Personalmente he encontrado varios casos en los que los penados eran sometidos a un nuevo proceso del Tribunal, en unas circunstancias que, de haberse cumplido la sentencia, no hubiese podido suceder. El motivo es que, como la voluntad de la Inquisición era el arrepentimiento, en la práctica totalidad de las ocasiones, las condenas se veían drásticamente acortadas de conformidad con la evolución que llevaba el reo, al que siempre estaban atentos sus confesores. Así, se puede dar el caso de Jorge de Espinosa, condenado a destierro, que sin embargo será nuevamente denunciado en México, en 1649, cuando ejercía el oficio de “justicia”.



¿Y qué podemos decir de su organización y extensión? La Inquisición nunca fue numerosa pues constaba solamente de dos o tres inquisidores y de un grupo de empleados en cada uno de los 20 tribunales que se encargaban de toda España. Tenían poder en los pueblos y ciudades, es verdad, pero su poder era limitado, con frecuencia controlado por asociaciones civiles, otras autoridades eclesiásticas y magistrados locales. En el campo, en el que vivían cuatro de cada cinco españoles, tenía poco poder. Los historiadores aseguran que la gran mayoría de los campesinos de las áreas rurales nunca habrían visto a un inquisidor en su vida. Y si hablamos de América… Con esos medios debían controlar millones de kilómetros cuadrados…


Forzosamente, la actividad del tribunal fue baja, siendo que hubo periodos en los que fue nula.


El periodo de mayor actividad es el comprendido entre 1478 y 1520, en el que se solventaron el 50% de los procesos llevados a cabo en toda la vida del tribunal, siendo que desde principios del siglo XVIII la actividad era puramente testimonial.


El “conocimiento” que generalmente se tiene de la Inquisición nos induce a ver en los inquisidores no otra cosa que infames y torpes torturadores. Lejos de tan simple conclusión, debemos convenir que no estamos hablando de cualquiera cuando entre las figuras principales encontramos nombres como Cisneros o Alejandro de Utrecht. No estamos hablando de un cualquiera cuando hablamos de un inquisidor, sino por lo general de un hombre con una preparación cultural, jurídica y teológica de primerísimo orden.


Una preparación intelectual que dio lugar al Siglo de Oro de las letras y las Artes


Con todo lo comentado, es llamativa la atención novelística, que no histórica, que disfruta la Inquisición española en el mundo.


Para entender la realidad, pongamos ejemplos de otros ámbitos. El río Escabas es una realidad de la naturaleza que sin lugar a dudas, además de ser placentero estar en sus inmediaciones, vierte agua continuamente. Ese hecho permite que sea reconocido como río. Como el Escabas extisten en la geografía española centenares de ríos. Es afluente del Guadiela, que vierte sus aguas en el río Tajo.


Esa realidad, no obstante, es accesible al conocimiento de un ruso, inglés, canadiense o chino, sólo cuando circunstancialmente visita España, siempre que tenga la suerte de que esa visita lo lleve a la Serranía de Cuenca, y la casualidad o la relación con alguien que conozca la comarca lo lleve al lugar. Difícilmente tendrá acceso a ese conocimiento, ni aún siendo miembro de una facultad de Geografía e Historia de su ciudad. Tan es así que ni tan siquiera los estudiantes de Geografía españoles tienen acceso a ese conocimiento, dada la mínima importancia geográfica del maravilloso curso del río Escabas, que tiene una cuenca de 706 km2.


Lógicamente, no sólo las facultades de Geografía de Berlín, Estocolmo, Moscú o Pekín, sino también las facultades de Geografía españolas, estudian antes el Mekong, con una cuenca de 810.000 km2;  el Nilo, con una cuenca de tres millones de km2; el Amazonas, con una cuenca de 6,2 millones de km2, o el Misisipi, con una cuenca de 3,2 millones de km2. Y eso, parece cuando menos lógico, siendo que, además, la cultura popular llega a tener noticia de la existencia de esos grandes ríos, mientras el Escabas escapa al conocimiento, no sólo de la población general, sino de la inmensa mayoría de los especialistas en Geografía. ¿Carece el Escabas de Importancia? En absoluto. Es de vital importancia para el ecosistema de la zona y conforma, además, un entorno espectacular, pero limita su importancia a un entorno que no puede pretender compararse a ninguno de los grandes ríos del mundo sino acotando alguna parte menor de éstos, en algún estudio concreto de una microzona.


Siendo así, llama profundamente la atención que en esas mismas universidades, que tienen la obligación de profundizar en todos los aspectos, en otros aspectos de la vida y de la historia no apliquen la misma vara de medir, y sin embargo apliquen a hechos de la categoría del río Escabas esfuerzos y divulgación que estarían sumamente justificados para el Nilo o para el Amazonas, y que el hacerlo daría una idea radicalmente equivocada de la composición geográfica de España, lo cual, en el mejor de los casos, daría qué pensar de la formación cultural de las personas que hubiesen asumido esos “conocimientos”.


La referencia a la Geografía no anda distante de lo que hemos tratado. No en vano, la Geografía y la Historia son dos aspectos del conocimiento que van íntimamente ligados.


En ese orden, vamos a relacionar las víctimas de la Inquisición con el río Escabas, las víctimas del protestantismo con el rio Mekong, las víctimas del Islam con el río Nilo, y las víctimas del liberalismo y del marxismo con el Amazonas o el Misisipi.


Veamos las referencias existentes en Internet, a fecha Diciembre de 2016 sobre las cuestiones señaladas.


Geografía y su equivalente en     Historia

Escabas… 19.500      citas       ………….. Inquisición….818.000

Amazonas…5.100.000  citas……………… Inquisición protestante….25.500

Missisippi….24.100.000 citas ……………. Genocidio Bolchevique…..59.300

Nilo……..    26.200.000    citas ………..        Genocidio musulmán…..441.000


Siendo de señalar que con relación a Julio de 2013 hay sensibles diferencias, sobre todo en lo relativo al genocidio musulmán, que ha multiplicado por 4,5 las referencias existentes a esa fecha.


En cualquiera de los casos parece que no guarda mucha relación. Es, cuando menos curioso, siendo que el victimario de los referidos es, aproximadamente, y siempre tomando cifras muy moderadas entre la gran variedad de las mismas, salvedad hecha de la Inquisición, para la que se toma una de las peores cifras consignadas por los historiadores, el siguiente:


Institución o Principio motor Nº de Víctimas


Inquisición (en 350 años y en toda la Hispanidad)……………  1.600 (4,5 por año, para veinte tribunales)

Inquisición protestante……Durante Enrique VIII (en Inglaterra)……. 70.000 

         Durante Isabel I trescientos o cuatrocientos al año.

         Caza de brujas en Alemania, Francia o Inglaterra,        durante el siglo XVII y mitad del XVIII………… 70.000

         Anabaptistas, año 1525…………………. 100.000

Judíos año 116………………………………………... 240.000

Liberalismo…desde 1792…………………………. 8.000.000

Islam…………siglo XX…………………………… 1.130.000

Comunismo……siglo XX….  Más de 120 millones

N.O.M………………Aborto (sólo en un año en España)…………      100.000


Evidentemente, la lista es sólo una muestra de la realidad histórica. Hay muchos más casos que pueden seguir enriqueciendo esta relación, que cada cual lo complete a su gusto.


Liberalismo…desde 1792……. 8.000.000

Revolución Francesa entre 1792 y 1794………..   40.000

          En 1675, en Nueva Inglaterra…………………..   12.000

          Comuna de París………………… 100.000

          En 1902, Boer…………………..   26.000

          Australia 1770-1911…………………………… 700.000

(la población era de 700.000 en 1770 y de 31.000 en 1911)

          Pakistán, en 1948………………………………  300.000

          Filipinas (1899-1913)………………………… 1.000.000

          Namibia (1904-1907)…………………………      75.000

          Bombardeo de Dresden y Hamburgo 1945…..     500.000

          Bombardeo de Hiroshima, Nagasaki…………     700.000

          Vietnam 1944-1945…………………………..     700.000

          Vietnam 1962-1975…………………………..  3.500.000

Islam…………siglo XX…… 1.130.000

Turkía 1915-1918……………………………     750.000

                                  Bangladesh 1971……………………………..     180.000

           Argelia años 90 del siglo XX………………..     200.000

Comunismo……siglo XX….  Más de 120 millones

Terror rojo en Madrid 1936…………………...    12.000

Camboya 1975………………………………..2.000.000

Resto terror rojo siglo XX………………....120.000.000


0 comentarios :

 
;