Lo que a continuación voy a relatar no es otra cosa que algunos extremos de la realidad con los que me he topado a la hora de confeccionar dos de mis trabajos publicados en el último año: “El fin del Imperio de España en América”, y “1898, un hito en la gran traición”.
En ellos abordo respectivamente las guerras separatistas que tuvieron ocasión desde la invasión napoleónica de 1808 y lo que es conocido como “el desastre del 98”, que yo me permito rebautizar como “la gran traición del 98”.
La primera ruptura culminó con la atomización de España en entidades que inexorablemente pasaron a ser colonia de Inglaterra en base a los tratados de comercio que ésta firmó con cada uno de los territorios, el que se quedó con el nombre de España incluido. Quedaban, no obstante, Filipinas, Cuba, Puerto Rico y otras posesiones en el Pacífico.
Y todo en el curso de una tramoya que empieza, no en 1808, sino bastante antes, siendo que tiene especial significación lo que conocemos como “Guerra de la Independencia”, y que yo he dado en llamar “Guerra franco británica para la dominación de España”.
La arribada del duque de Wellington, que desvió su armada destinada a atacar Buenos Aires para “ayudar” al pueblo español en su lucha contra Napoleón; su nombramiento como jefe único del ejército español, la concesión del título de Duque Ciudad Rodrigo, facilitaron la función a la que venía destinado, que tenía varias vertientes; a saber:
La coordinación del proyecto de separación de la España americana, la destrucción de la industria peninsular, el control del comercio peninsular y la minería, el asentamiento de una clase política cipaya al servicio de Inglaterra… Se podrá ampliar la nómina, pero esos objetivos, en principio, fueron cubiertos a la perfección.
Evidentemente, el ejército británico ya no sufriría humillantes derrotas como las que obtuvo en 1806 y 1807 en sus intentos de invadir Buenos Aires. España sería conquistada con otros medios que ya venían gestándose.
Así, se crearía en Londres una logia por la que pasarían todos los «libertadores». Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, Mariano Moreno… etc. Etc. Etc. Y hoy mismo, en Bristol, calle Lodge Street 6, radica la sede del movimiento independentista mapuche.
El historiador argentino Raul Scalabrini Ortiz, en su obra «política británica en el Río de la Plata» señala que Mariano Moreno, Carlos María Alvear eran marionetas de Inglaterra…. Y sigue… el arma más temible que la diplomacia inglesa blande es el soborno. Inglaterra no teme a los hombres inteligentes. Teme a los dirigentes probos...
Y Sir Artur Wellesley, como capitán general de los ejércitos de España, daría amparo a quienes se significarían como “próceres” separatistas, como José de San Martín, hijo de militar peninsular, nacido en América, vivió en España desde su más tierna infancia, y en 1811, en plena guerra, pidió la baja del ejército español con la excusa de que debía acudir a Lima para atender asuntos de familia, cuando la verdad es que en América no le quedaba ningún lazo familiar.
No se trata de un caso extraordinario, como no se trata de un caso extraordinario el «apoyo» militar inglés, que tuvo exponentes destacables, como el bombardeo de la industria textil bejarana, competidora de la industria inglesa, o en la destrucción de la fábrica de porcelanas del Buen Retiro, cuando no había enemigo.
Acciones similares seguirían ocurriendo a todo lo largo del siglo XIX, tanto en España como en América, ahora dividida en dos docenas de republiquetas tan fáciles de manejar como la colonia británica controlada desde la base de Gibraltar.
La España peninsular de esta época es digna de varios estudios, siendo que todos señalan la misma deriva. Los gobernantes no han dejado, desde estos momentos tratados, y hasta hoy mismo, de seguir las instrucciones emanadas desde Londres, desde las desamortizaciones llevadas a efecto a un lado y a otro del Atlántico, hasta el tratamiento de los medios de producción, o el rechazo del submarino cuando estaba cantada la guerra contra los Estados Unidos.
Estamos hablando de flagrante traición a la patria por parte de toda la clase política… y militar.
Traidor fue Espartero; traidor fue San Martín; traidor fue Mina; traidor fue Maroto; traidor fue Cánovas… Y todos tienen dedicadas calles en Madrid y otros lugares de España.
Sigamos con la España americana. La revolución en América no fue de la plebe contra la oligarquía, sino de la aristocracia criolla contra la burocracia peninsular. Finalmente, en el enfrentamiento, los indios pelearon mayoritariamente por el rey, mientras los criollos y los peninsulares se repartieron entre unos y otros.
Étnicamente la masa de las tropas realistas estaba compuesta mayoritariamente por indios, y se componía de unidades permanentes de veteranos, y de milicias reclutadas según las necesidades, con ámbito local o provincial.
Indios combatieron en gran medida en el ejército español; en el Regimiento de Nobles Patricios del Cusco, en los escuadrones de caballería aymara, en los Regimientos de Chumbivilcas, el Regimiento Quechua de Paruro o el Regimiento de Línea del Cusco.
En Chile, los caciques araucanos se alinearon con el general Pareja en 1812 para combatir a los «señoritos» de Santiago.
En la Nueva España, el apoyo de los indios al ejército nacional se plasmó en la formación del Cuerpo Patriótico de Voluntarios de Fernando VII y resistiendo a los separatistas en los principales pueblos.
En la Puna los indígenas se mantuvieron neutrales, aunque mostrando cierta proximidad con los realistas…
En Venezuela y Nueva Granada, los negros apoyaron masivamente la causa de España.
Con estos datos, el colombiano Indalecio Liévano Aguirre señala que la quiebra del sistema no fue resultado de la casualidad, sino de la voluntad; de donde podemos inferir que es el resultado de una intención que sin duda podemos calificar de criminal.
Y en el terreno económico, la quiebra de la pequeña manufactura y de la artesanía, solo serviría para aumentar su dependencia colonial. Los importadores, que durante la etapa de dependencia de España fueron el instrumento operativo de una economía nacional, ya no actuarían como servidores del mercado español, sino como vehículo del monopolio mercantil de las potencias anglosajonas. Su interés se reducía a estimular la exportación de metales preciosos y materias primas tropicales.
Pero para llegar a esa situación de dependencia ocurrieron una serie de movimientos. Así, en 1810, los venezolanos no seguían a Bolívar, sino al general Monteverde, caudillo de las tropas realistas. Y cuando éste quedó desacreditado, siguieron a Boves. Serían las tropas británicas, en número superior a 5.000 unidades, las que serían acaudilladas por Bolívar.
Y es que los ejércitos “libertadores”, como la “marina libertadora”, estaban compuestos principalmente por unidades británicas enroladas en las principales ciudades inglesas, con mandos militares suministrados por el ejército británico.
Inglaterra se libraba de la población sobrante como consecuencia de la revolución industrial enviando a Australia y a Nueva Zelanda, como presos en régimen de pura esclavitud a miles de ingleses convictos de delincuencia que alcanzaba hasta el que había robado una manzana, y los miles de soldados inactivos que deambulaban sin oficio por las ciudades inglesas tras las guerras napoleónicas, serían reclutados para combatir a España en América.
El agradecimiento de Bolívar a los británicos se manifiesta con mucha frecuencia en concesiones de todo tipo, y públicamente no se recataba; así, en el mensaje a los habitantes de Nueva Granada de 30 de Junio de 1819 dice:
De los más remotos climas, una legión británica ha dejado la patria de la gloria por adquirirse el renombre de salvadores de la América. En vuestro seno, granadinos, tenéis ya este ejército de amigos y bienhechores, y el Dios que protege siempre la humanidad afligida, concederá el triunfo a sus armas redentoras. (Bolívar, Camilo: 76)
Armas redentoras que masacraron las poblaciones; armas redentoras que, literalmente, vaciaron las arcas de los virreinatos; armas redentoras que exterminaron pueblos indígenas; armas redentoras bajo cuyo auspicio se hundió el mercado de toda la Hispanidad en beneficio del mercado británico; armas redentoras que no dudaron en quedarse con las Malvinas o con la Guayana.
Llegarían a Venezuela más ingleses, y el Ejército del Sur, comandado por Sucre y conformado más por tropas inglesas que americanos.
Y no es de extrañar que tal sucediera, cuando era en Londres, y muy en concreto en la parroquia anglicana de St. Agnes, en el centro de la ciudad, donde el 4 de mayo de 1817, el agente personal de Bolívar, Luis López Méndez, organizó un reclutamiento masivo de desarrapados.
En diciembre de ese mismo año se embarcaron para la América cinco contingentes de voluntarios que desembarcarían en la isla de Margarita, el 21 de abril de 1818.
El Estado Mayor británico estaba compuesto por los coroneles McDonald, Campbell, Skeene, Wilson, Gilmore y Hippsely, más el mayor Plunket. El contingente contaba con un total de 127 oficiales, 3.840 soldados y el apoyo naval de cinco cañoneras británicas.
Muchos eran los próceres británicos. Los nombres de Daniel Florence O’Leary, (cronista de Bolívar), Gregor MacGregor, John Devereux, los hermanos James y John Mackintosh, etc. Extraños nombres los de los patriotas neogranadinos.
¿Y qué le iba a Inglaterra en el asunto? Bolívar ofreció entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua. Pero los objetivos de Inglaterra iban mucho más allá.
Lamentablemente en este caso no hablamos de leyenda negra, sino de historia. Mejor tratada queda expuesta la idea por Pedro Muñoz, contemporáneo de los hechos, quien afirma:
Réstame hablar de los ingleses, que, llevados de su ambición e insaciable codicia, han animado, han mantenido y alimentado a los rebeldes vendiéndoles armas y municiones y mostrándoles un semblante de protectores para el caso de no poder conseguir cabalmente sus ideas. Se han llevado cuantos intereses hubo en ambas Américas y han arrastrado cuantas riquezas de plata y oro se habían podido reservar y guardar en mucho tiempo.
Los horrores de la guerra se alargarían hasta bien entrado el siglo XX, y América pasó de ser tierra de promisión, ejemplo de desarrollo donde la libertad y la seguridad hacían innecesaria la existencia de ejércitos permanentes, a ser uno de los lugares más inseguros del planeta.
Todas esas cuestiones son abordadas en el trabajo; las acciones militares, las acciones de naturales contra sus “libertadores”, y la comedia trágica representada en la batalla de Ayacucho, que se señala como el final de la presencia española en América.
Todo, todo, a un lado y a otro del Atlántico, nos ha sido contado con lo que han dado el llamar “pos-verdad”.
Una pos-verdad que tiene una segunda parte en lo que también dieron en llamar la Tragedia del 98 y que yo me permito renombrar como “UN HITO EN LA GRAN TRAICIÓN”.
En este segundo trabajo desarrollo la actividad económica, social y política de la España del momento, ya evidente colonia británica, y las actividades de los gobiernos tendentes al cumplimiento de los proyectos para la total atomización de España.
Lo titulo un hito en la gran traición. Y gran traición ¿por parte de quién?
Evidentemente por parte de los mismos. Traición por parte de la monarquía, del gobierno, de altos cargos de la marina y del ejército, de los periodistas, del gran capital, que como es el caso de la Compañía Transatlántica hizo el agosto con el falso embarque de tropas y el suculento precio del pasaje.
Pero la traición manifiesta en los acontecimientos de 1898 no se circunscribe a 1898… ni tan siquiera a los inmediatos años anteriores.
Y es que da la sensación que España pierde su esencia en el siglo XIX. No sólo es que económicamente quede anulada, sino que, y lo que es más importante, cambia su forma de actuar. Así, el estatuto real del 34 y la Constitución del 37 convierten en colonias lo que hasta entonces habían sido provincias… Y más, Isabel II se convierte en accionista de empresas esclavistas. ¿Esto es muestra de la influencia británica?
Habrá quien afirme que estoy uniendo hechos separados en el tiempo, pero son hechos que tienen una continuidad, y lo que es incuestionable es que la caída de un gigante no se produce en un siglo. A lo largo de todo el siglo XVIII la Ilustración fue capaz de controlar todo el orden social, económico y político de España.
En una labor titánica, equiparable en intensidad a la desarrollada por España en los siglos anteriores, la Ilustración logró generalizar, entre otros asuntos, el analfabetismo, siendo que a principios del siglo XIX alcanzaba al 80% de la población… Habrá que realizar estudios al respecto, porque resulta extraño ese porcentaje de analfabetismo en un pueblo que, en siglos anteriores daba formación latinista a los indios de América.
Y lo curioso es que el retroceso educativo estaba basado en proclamas que prometían justo lo contrario. Curioso… o no tan curioso si tenemos en cuenta que los padres de la Ilustración, como Diderot o Melenchon señalan abiertamente que la mentira es una virtud.
Una mentira que convirtió en colonias lo que siempre habían sido provincias. Una clara muestra de la dominación británica, que para 1808 podemos considerar completa.
¡Los monarcas españoles se habían convertido en accionistas de empresas esclavistas!... a imagen y semejanza de lo que había sido la monarquía británica… y justamente lo hacían en unos momentos que Inglaterra, no nos engañemos, sólo por intereses económicos, perseguía el tráfico de esclavos y utilizaba la flota que antes transportaba africanos para transportar a sus propios súbditos, a las colonias de Austrania y Nueva Zelanda.
Estamos alejados del final de siglo, que es nuestro objetivo, pero todo edificio tiene sus cimientos.
La masonería se había implantado en todas las Españas. Ella fue la principal arma utilizada en la destrucción de España, y ella sería la responsable de culminar la gran traición del 98.
Todas las élites políticas y militares estaban minadas de la secta… ¡hasta se fundó una logia en la sede de la inquisición!
Y la Masonería, punta de lanza de la acción británica, fue creada oficialmente en 1717; su gran maestre es el príncipe de Gales, y su objetivo, perfeccionar la propuesta para humillar a España planteada por el Foreing Office en 1711.
Y entró de tapadillo en España en el siglo XVIII, con la Ilustración; acaparó los más altos cargos administrativos, y su actividad en América y Filipinas le posibilitó conformar un elenco de personas dispuestas a afrontar con éxito la destrucción de España, no a través de éxitos militares, sino de traición. Así nos encontramos con hechos como la sublevación de Riego, el sabotaje al submarino Peral o la derrota pactada de Cavite y de Santiago.
Pero es que, pasada ya la farsa de Ayacucho de 1824, teniendo ya controlada la economía, la política, los medios de producción… los agentes seguirían recalando necesariamente en Londres. Y era raro, desde mediado el siglo XVIII el político, militar o periodista que no tuviese relación con la masonería, siendo que tuvieron actuaciones estelares como, por ejemplo, en el motín de Esquilache.
Todos ellos son los que he dado en bautizar como “agentes británicos”, en el convencimiento que, efectivamente lo eran… como lo son hoy sus sucesores.
La sentencia sobre España estaba dictada. Había que cumplirla, y en esa tramoya, será EEUU el principal actor, que durante un siglo hará constantes ofertas económicas para quedarse con Cuba y compró la Luisiana en 1803.
Entre tanto, el “plan B” seguía su curso; Cánovas acabó teniendo miedo o le dio un ataque de patriotismo , y fue asesinado el 8 de agosto de 1897; el 15 de febrero, un auto atentado hunde el acorazado Maine en La Habana, y en marzo de ese mismo año, cuando la guerra planeaba como un hecho consumado, los EEUU hicieron una oferta de trescientos millones de dólares por la compra de Cuba y Puerto Rico y un millón de dólares para los miembros del gobierno español en concepto de comisiones.
Entre tanto, el comodoro Dewey concentraba su escuadra a la sobra de Inglaterra en Hong Kong, donde se encontraba anclada el 25 de febrero, mientras otra armada úsense cercaba Cuba.
La situación de los pobres políticos españoles debía ser terriblemente acuciante. Deseaban cobrar pero eso hubiese significado un levantamiento generalizado. No quedaba otra solución que dejase a salvo los trastos de la monarquía y del gobierno. Se imponía una nueva farsa que comportaría el aniquilamiento de la flota española.
Y efectivamente, así sucedería. El 25 de abril,… ¡con efectos retroactivos al 21! los EEUU declaraban la guerra a España. Se levantaba el telón para el último acto del sainete.
Estamos ya en el 98, pero es conveniente volver la vista atrás tan sólo 14 años, cuando un personaje memorable, patriota, científico de éxito, Isaac Peral, presenta su proyecto de submarino en un momento crítico cuando Alemania pretendía ocupar las Islas Carolinas.
En el 84, el ministro Manuel de la Pezuela dio el visto bueno y carácter de confidencialidad al proyecto de Peral mientras el presidente Cánovas se dedicaba a hacer chascarrillos sobre el asunto.
Con Manuel de la Pezuela el asunto estaba controlado, pero en 1885 hubo cambio de gobierno y Pezuela fue sustituido por José Mª Beránger, masón grado 33 que no tuvo ningún reparo en violar el secreto y dar al submarino la publicidad propia de un circo.
No tardó Inglaterra en hacer público que su armada se encontraba en trámites para la construcción de un submarino, al tiempo que el gobierno español ponía pegas señalando que el proyecto sólo conseguiría hacer renacer en el pueblo ideas de reconquista.
Actitudes tan encontradas hicieron que un traficante internacional de armas, Basil Zhajarov, que había sido condecorado varias veces por los británicos, trasladase su residencia a España en 1886 con un objetivo claro: conseguir los planos del submarino Peral.
El soborno le permitió hasta nada menos que abordar a Peral en la puerta del despacho del ministro para hacerle una oferta económica.
Pero el asunto iba mucho más allá.
Zhajarov debía ser un negociador impresionante, porque en 1888 compró la fábrica de armamento Euscalduna, estratégica para la defensa, cuya enajenación no encontró obstáculo por parte del gobierno.
Zaharoff actuaba a placer; así, el 7 de marzo de 1888, estaba en el Arsenal de La Carraca para inspeccionar el submarino sin que Peral tuviese noticia del asunto.
Al conocerse el hecho, el gobierno echó tierra sobre el asunto. No sucedió lo mismo cuando Carlos Casado del Alisal, tras haber entregado 20.000 libras para el desarrollo de la nave fue invitado por Peral a visitarlo. Peral recibió una sanción.
Para limitar la cadena de éxitos de Peral, Beránger llegó a prohibirle la realización del cruce del estrecho de Gibraltar en inmersión, e impuso que la demostración de su indetectabilidad fuese atendida, no por un vigía que desconocía si iba a producirse algún ataque no sabiendo de qué, sino por un vigía avisado… y por una legión de curiosos que atestaba la cubierta del buque objeto del supuesto ataque del submarino… que efectivamente fue visto. Fue su sentencia de muerte, que se produjo sin que ningún alto cargo del gobierno hubiese asistido jamás a ninguna prueba.
Acto seguido, al no haber conseguido mediante soborno la sumisión de Peral, en 1890 fue arrestado. El motivo aducido fue que en el 89 había viajado a París sin aviso al ministro de Marina, siendo que había sido autorizado por su Capitán General.
¿Y cómo actuaba la prensa en toda esta cuestión?. Se trata de un asunto digno de estudio, al que animo se aventure algún desocupado como yo.
Los plumíferos reclamaban el abandono de Santo Domingo en 1863, y en el 68 exigían el abandono de Cuba. Y cuanto al asunto del submarino, fueron colaboradores necesarios en la violación del secreto… y La Época, El Correo y El Globo, que representaban el pensamiento de Cánovas, Sagasta y Castelar, respectivamente, le acosaban directamente.
Y cuando el submarino fue varado y Peral pidió la baja en la Marina, la prensa silenció el manifiesto que pretendía hacer llegar a la opinión pública. Y no conforme con eso, se explayó vituperándolo y desacreditando su condición de hombre de ciencia.
A su fallecimiento el 23 de mayo de 1895, la prensa volvía a insultar a Peral en un lenguaje melifluo, señalándolo como un pobre hombre que falló en su empeño.
Y en 1895 no hacía falta la prensa filibustera de los EEUU, porque la prensa de Cuba ejercía esa función.
En 1898 cargó contra el general Weyler y contra los mandos que manifestaron su apoyo al general.
En cuanto a la prensa de los EEUU, venían jaleando la cuestión a lo largo de todo el siglo, a la expectativa de una compra de la isla.
Y en el 98 la prensa, cuyo protagonismo había sido incuestionable tanto en la gestación del conflicto como en su desarrollo, no dudaba en reconocer en España los signos de la muerte nacional y presumía una gran crisis que acarrearía la desaparición de España como nación. Todos los objetivos británicos marcados en 1711 habrían sido cumplidos en estos momentos.
El submarino, que era vital para España quedó en chatarra y en historia, Pero, ¿Cuál era el estado de la flota de la armada española?
Siempre se ha dicho que era anticuada, compuesta por buques de madera... pero un análisis de los buques, atendiendo a la fecha de construcción, nos dice que eso, sencillamente no es verdad. Incluso las cancillerías europeas apostaban por una clara victoria española.
Acorazados como el Pelayo tenían capacidad para controlar las costas usenses, y el armamento utilizado, de invención nacional, era superior al usado por otras potencias.
Poco o nada puedo decir al respecto, porque en relación a la Marina, me limito a haber sido marinero de reemplazo. Di por bueno lo que de todos es “conocido”, pero con posterioridad he tenido noticias que ponen en duda la honorabilidad del almirante Cervera.
Resulta que, efectivamente, algunas unidades tenían la cubierta de madera; la cubierta, que no el casco, siendo que la cubierta de madera era común en todas las armadas. Y es el caso que los barcos españoles habían sido construidos entre 1890 y 1896; los usenses entre el 88 y el 96, y tenían una velocidad similar. Con otra particularidad: La estructura de los buques usenses era más la de un carguero que la de un buque de guerra, con una maniobrabilidad inferior a la de los buques españoles.
En lo tocante a la artillería, los usenses tenían algunas piezas de mayor calibre, pero en conjunto la diferencia no era significativa, y la pericia de los españoles era superior a la de los usenses, que manifestaron un extraordinario error en el tiro.
En definitiva: no es cierto que la armada española fuese inferior a la armada usense, ni en barcos, ni en artillería, ni en cualificación de jefes, oficiales y tropa, sino tal vez, en conjunto, superior.
Por otra parte, la artillería necesita hacer tres disparos para tener opción de blanco. Con el segundo se corrige el tiro, y el tercero, supuestamente, da en el blanco. Bien, los cañones españoles eran de carga rápida; los usenses no, y para recargar el armamento precisaban diez minutos entre cargas…
Diez minutos en los que el blanco no se quedaba quieto. Se trataba, por tanto, de un armamento inoperativo en la práctica… mientras no sucedía lo mismo con los cañones Hontoria de la Marina española.
Y la escuadra española fue embarrancada de forma premeditada, quedando tan sólo el Colón que finalmente acabó el poco carbón energético que no había sido sepultado en la hulla.
A todo lo apuntado se une que las minas Bustamante, de una operatividad probada, no fueron utilizadas en número acorde con lo que requería la situación… y las que se colocaron, a lo que parece, no llevaban detonadores. Estas minas se podían explosionar por contacto o a distancia. No explotó ninguna, y ello tiene dos explicaciones posibles: que los usenses tuviesen noticia de dónde se hallaban ubicadas, o que los detonadores estuviesen inoperativos… y siendo que podían ser activadas desde la costa, la explicación de su no explosión nos introduce en un mar de dudas que a mí me lleva a pensar en una orquestación, en una traición a gran escala.
Mi desconocimiento de estos aspectos a la hora de redactar mi trabajo me llevó a creer a Cervera. Ya creo que los datos lo inculpan como a los demás.
Porque en Azores cargó carbón hasta los topes, desmontó el armamento de los cruceros y destructores; gastó el carbón en la excursión marítima que efectuó de Martinica a Curasao y se enclaustró en la bahía de Santiago…
¿Y su salida el día 3 a las nueve de la mañana?, ¿y su disposición de la escuadra para la salida?, ¿y su bloqueo de la bocana para desembarcar al práctico del puerto?
¿Errores fatales? … pero errores de grumete difícilmente justificables en un almirante.
Además, aceptando que su arribo a Santiago tuviese justificación; aceptando el almacenaje del carbón, la justificación de la excursión por el Caribe, el desmontaje de los cañones, la necesidad de poner en marcha las máquinas a deshora, el desembarco del práctico, ¿Por qué no desmontó los cañones y los ubicó en la costa? … Porque la Armada debía ser destruida.
El almirante Cervera consiguió engañar a quién siguiera su relato, en concreto a mí, que he acusado de traición al gobierno y de forma equivocada he excluido de esa acusación a Cervera.
Pero es que todo estaba orquestado, porque no era sólo Cervera. ¿Qué sucedió en Filipinas con Montojo?
Montojo, que se había señalado en su momento como uno de los principales enemigos de Peral, llevó a efecto en Cavite un nuevo acto de la farsa. Presentó batalla en alta mar, lejos de las baterías de costa, que no pudieron prestar apoyo.
Además, la derrota fue magnificada por la acción del propio Montojo, pues los barcos dañados fueron abandonados en lugar de intentar sofocar los incendios… Y ordenó a sus propios tripulantes, que hundiesen el resto de los barcos.
Y lo curioso es que los usenses reflotaron los barcos hundidos y los tuvieron en servicio de su marina.
La acción sería completada en tierra con la actuación del general Augustín, que aplicó tácticas equivalentes a las aplicadas por Montojo en el mar.
Finalmente, el 10 de diciembre fue firmado el tratado de París, por el que España vendía Filipinas a los EEUU por 20 millones de dólares, y lo que es curioso, los EEUU no exigieron pagos por reparaciones de guerra...
Pero es que además carece de las mínimas garantías, puesto que Manila resistió hasta un día después de la firma del mismo, con lo que la capitulación viene a ser nula al estar en paz España con los EE.UU.
Por esas fechas el gobierno, en tratado secreto, vendió a Alemania las Islas Marianas, Palaos y Carolinas... Un secreto que no había sido aplicado al tema del submarino.
La verdad es que todo, lo de Cuba, lo de Filipinas, lo de Palaos… todo, obedeció a un acuerdo previo que garantizaba la presencia de Alemania en el Pacífico, que se veía excluida de Filipinas, su primer objetivo.
Estos archipiélagos habían sido vendidos el 10 de diciembre de 98 por 25 millones de pesetas, saltándose la legislación española, porque el señor Sagasta estimaba que no ofrecían utilidad después de perdidas las Filipinas.
En fin…
ANOTACIONES:
El desembarco en Daiquiri y Siboney , el general Shafter desembarcó en una operación que, por las circunstancias del lugar, sólo pudo efectuarse con la aquiescencia del general Linares, que por otra parte ordenó la retirada a las tropas que habían encerrado al ejército usense en Las Guásimas. La actuación de Linares tiene muchos puntos que es necesario analizar, siendo que dejó de utilizar medios que tenía a su disposición .
A pesar de todo, las escasas fuerzas que Linares puso, presumiblemente para salvar el expediente, pusieron en jaque al ejército úsense, y Shafter planteó la retirada. Si posteriormente Cervera no hubiese llevado la letal salida de la armada, la retirada úsense hubiese sido efectiva. (Los hechos de Caney sucedieron el día 1 de julio y la armada salía de puerto el tres.
La capitulación de Santiago. Miles convenció a Toral (que actuaba siguiendo indicaciones de Linares) el dia 13, en conferencia. ¿Influyó la información que debió transmitirle sobre el teniente general Luis Manuel Pando, comandante general, que estaba en Tampa, en territorio enemigo en plena guerra?
Sea como fuere, Linares fue laureado y tuvo una gran carrera. Toral acabó loco, ingresado en un hospital, y abandonado.
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