sábado, 2 de abril de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (2)

El libre comercio no solucionó los problemas existentes; no consiguió el desarrollo industrial y comercial que se pretendía, sino que bien al contrario provocó una crisis económica y degeneró “en una violenta depresión por lo menos desde el último tercio del siglo XVIII. Estas fueron décadas de catástrofes para la burguesía criolla…/…Las pequeñas industrias, por otra parte, sufrieron el duro Impacto de la concurrencia de las mercancías europeas, que ingresaban por los puertos ahora abiertos al libre comercio y, sobre todo por el nuevo circuito Buenos Aires-Alto Perú.”  Se estaban señalando las líneas de penetración que pocos años después coparían los colonialistas británicos.


Y todo ello se hizo por influencia directa de la Ilustración; no porque no existiesen alternativas, sino porque ya España había perdido su capacidad de creer en sí misma y en la eficacia de los métodos desarrollados por mentes cultivadas en el humanismo. Existían autores, como “José del Campillo Cosío, en cuya obra: Nuevos sistema económico de gobierno para la América, escrita en 1743, aparece con claridad la idea de un imperio basado en la preservación y no en la expansión de sus límites. También introdujo novedosas ideas, como plantear la necesidad de incorporar tanto económica como socialmente a los indígenas, considerándolos consumidores potenciales que enriquecerían el mercado español; la idea de las visitas generales para conocer los territorios americanos, su gente sus recursos, y la necesidad de establecer intendentes en América.”

Si se quiere, también se puede deducir de este texto que el liberalismo estaba tomando posiciones; que dejaba de verse en los indígenas a personas portadoras de valores eternos para verlos como “consumidores potenciales”, pero también se deduce la voluntad de preservar los valores con el desarrollo controlado de la economía. Pero en esa cuestión, en el desarrollo de la economía capitalista, Inglaterra llevaba ventaja al haberse dado cuenta que en el Imperio Español podrían llevar a cabo esa labor, sin miramientos, en unos inmensos territorios poblados por gentes por lo general pacíficas y acostumbradas a una vida en sociedad, y poseedoras de una economía boyante que marcaba, en América y en todo el Pacífico, el desarrollo económico de los pueblos, a ambos lados del océano, que se guiaban por el patrón del doblón español.

La apertura de mercados llevada a cabo por la Ilustración se manifestaba como completamente necesaria para adaptarse a los nuevos tiempos de la economía, en gran parte marcada por la Revolución Industrial de la que Gran Bretaña era cabeza. España no podía quedarse rezagada. Otra cuestión es cómo se llevó a efecto, en gran medida calcando las formas británicas importadas por los ilustrados.

Las formas aplicadas acabaron creando conflictos: la crisis económica señalada más arriba, y profundos cambios en la economía que ya se venían gestando sin el concurso de las formas liberales, pero que con ellas son acelerados según Tulio Halperin Donghi, cuando señala que“la reforma comercial no sólo consolida y promueve esos cambios en la economía indiana; se vincula además -tal como se ha señalado- con otros que se dan en la metrópoli. Esa nueva oleada de conquista mercantil que desde Veracruz a Buenos Aires va dando, a lo largo del siglo XVIII, el dominio de los mercados locales a comerciantes venidos de la Península (que desplazan a los criollos antes dominantes) es denunciada en todas partes como afirmación del monopolio de Cádiz.”

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