jueves, 16 de junio de 2016

Los intereses europeos en la destrucción de España (1)

Los españoles del siglo XIX no podían concebir cómo pudo producirse la destrucción del Imperio, y en el siglo XXI, al menos éste español tampoco puede concebirlo… salvo para entender que lo que sucedió no es otra cosa que un proceso de metamorfosis. Ahora, según esa teoría, la Hispanidad está en estado de “pupa”, de la que necesariamente debe surgir una bella mariposa.

Mientras tanto, la situación de abatimiento da sensación de muerte. Pero la conformación de ese capullo en que la vida de la Hispanidad sigue latente está conformado por aspectos que ya han sido desarrollados en otros capítulos de este repaso histórico. Ahora vamos a intentar desentrañar los hilos con los que se conformó la pupa: los intereses europeos.

El 4 de Julio de 1808, después de la invasión napoleónica de España y Portugal, se firmó la paz entre España e Inglaterra. Inglaterra cesó las hostilidades contra España en América. Ahora le preocupaba, más que continuar en el acoso de su eterno enemigo, parar los pies al emergente peligro representado por Napoleón; sí, el ejército que debía invadir Hispanoamérica fue derivado a la Península para ayudar a la resistencia portuguesa y española. Curiosa situación que presentó como aliado a su eterno enemigo: España, postrada, e Inglaterra, triunfante.

¿Cuál era el fin de la ayuda inglesa? Torpes seríamos si por un momento creyésemos que se trataba de apoyar a España. Bien al contrario, sería una importante base para conseguir su destrucción.

Debemos ser conscientes con Jorge Luna Yepes, que “el liberalismo y la masonería no sólo actuaban directamente por medio del influjo sobre los independentistas o patriotas, sino que se infiltraban en la misma Península y tomaban posiciones, maniatando a España en su defensa contra la revolución emancipadora, y así vemos a secuaces de ellos, como el general Riego, sublevarse en Cabezas de San Juan cuando se disponía a embarcarse hacia América para debelar la revolución. Inglaterra y Francia contaron con el liberalismo y la masonería como aliados poderosos para someter a los políticos españoles a sus fines nacionales, aunque ello fuera en mengua de los intereses de España. La misma expulsión de los jesuitas de América, golpe fatal para la obra de España en nuestros países, fue algo en que tuvo bastante que ver la masonería.” 

Pero no debemos ver una actuación macabra en el sólo hecho de la expulsión de los jesuitas; también hubo actuaciones de la Compañía de Jesús que coadyuvaron la adopción de posturas cercanas a la Ilustración y a los intereses de las potencias europeas enemigas de España, con un añadido que resultaba sumamente perjudicial: Como consecuencia de una actuación encomiable durante los siglos anteriores, la compañía tenía una alta credibilidad entre los creyentes, superior a la autoridad del rey y de la corona, que estaban infestados de Ilustración y liberalismo. Yecyd Alfonso Pardo Villalba señala que “no es nada raro que ellos hubiesen colaborado con ideas de revolución en los criollos y se haya creado un ambiente de zozobra en el cual el rey está en contra de Dios y de sus ministros”.

En otro ámbito, los criollos, como los ilustrados peninsulares, también se habían imbuido de las mismas ideas en Europa, bebiendo de las fuentes de la Ilustración y militando en sectas masónicas. Esas ideas y el desarrollo del mercantilismo al margen de cualquier otra consideración, que era la estratagema británica para hacerse con el control del comercio, hizo nacer en la oligarquía criolla el espejismo de una prosperidad que se le prometía la órbita británica. Como consecuencia se dio lugar a la creación de logias que exigían el control local de los aspectos económicos; algo que la corona había evitado, no sólo en América, sino en todo el Imperio, con el fin manifiesto de, en lo posible, evitar corruptelas.

Pero desde la Guerra de Sucesión española (1700-1714), en la que la armada española quedó desarbolada y España se vio forzada a permitir a Inglaterra el asiento de negros en el Tratado de Utrecht, primero Inglaterra, luego Francia y en menor intensidad Holanda, serán quienes controlen de manera efectiva el mercado hispanoamericano. Esta dependencia económica será la que, finalmente, posibilitará la introducción de los principios mercantilistas de la Ilustración en la oligarquía criolla. No obstante, será un quiste que no trascenderá más allá de sus propios círculos sino en 1820, gracias a la actuación decidida de Inglaterra en un doble frente: la actuación de sus esbirros masones en ambos lados del Atlántico y el aporte de aventureros y material de guerra en apoyo de los rebeldes “libertadores”. Apoyo que, por supuesto no llegó nunca a ser gratuito.

0 comentarios :

 
;