Todas las razas, todas las civilizaciones, todos los continentes, todos los momentos de la historia, y particularmente el actual, se encuentran lastrados por el esclavismo, pero hoy nos centraremos en los siglos XVII, XVIII y XIX.
Un momento en el que se gesta el hecho esclavista de la forma que hoy es generalmente conocido. Así, debemos ser conscientes que en África, mucho antes de las primeras incursiones europeas para la adquisición de esclavos, la esclavitud era una institución corriente, siendo que, de tiempo inmemorial existía un comercio interno de esclavos que cubría las distintas necesidades militares y económicas de los propios pueblos subsaharianos y muy especialmente del mundo musulmán, siendo que si la guerra fue la principal fuente de sometimiento, no es menos cierto que existió otra multitud de razones para la misma, entre las que estaba el pago de deudas, el castigo por crímenes o el sometimiento por hambre.
Esa tradición, que no era ni peor ni mejor que la existente en otros lugares de la Tierra, daba varias categorías a la situación de los esclavos.
Y esa tradición, ya en los siglos centrales del trasiego esclavista a América, los reyezuelos locales no se encontraron al margen del tráfico, sino que, bien al contrario, tuvieron la necesaria habilidad para aprovecharse del incremento del negocio, que si hasta la fecha se había centrado en el tráfico trans-sahariano, encontraba en el tráfico atlántico un incremento que alcanzaba dimensiones desconocidas.
Los reyezuelos locales actuaban en nombre propio suministrando el material humano que les era demandado, y lo hacían como buenos conocedores del mercado, obligando la adquisición conforme a sus necesidades y quedando en segundo término la voluntad del demandante, que debía conformarse con lo que le era suministrado. Así, el número de mujeres esclavizadas no era proporcional al de hombres, y en cualquier caso su precio era superior.
Pero la esclavitud estaba ligada inexorablemente al trabajo; era la mano de obra no cualificada que atendía los menesteres de menor entidad... y en algunos lugares, como había sucedido en Roma, otros de calidad que tenían relación, por ejemplo con la educación de los niños. Y siempre presente la manumisión, que hacía que antiguos esclavos llegasen a tener el poder económico suficiente para hacerse con otros esclavos.
En el mundo musulmán, parece que había un trato algo diferente al de Roma, aunque nos encontramos con generales del ejército, como por ejemplo Tárik, conquistador de España, que era liberto de Musa Ibn Nusair.
Así, conviene que para interpretar el hecho de la esclavitud nos deshagamos de los juicios primeros que tengamos sobre la misma. En principio se trató de una medida piadosa para con los vencidos en la guerra, que en lugar de ser ejecutados, pasaban a la condición de esclavos, lo cual era un evidente avance.
En la Edad Media, y hasta la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453, la economía de Occidente estaba preocupada por los suministros que tradicionalmente venían del Mediterráneo oriental, y que desde principios de siglo se habían resentido muy notablemente.
Escaseaba el cereal, el azúcar, el oro,... y Portugal, libre ya de la Reconquista, se volcó en África en busca de esos recursos.
Los tratantes europeos obtenían la inmensa mayoría de esclavos mediante la compra o negociación con jefes locales, mercaderes o nobles.../... Los africanos que proporcionaban la mayoría de esclavos a los europeos los conseguían como en la antigüedad mediterránea o en el Medievo europeo: primero, como resultado de guerras; segundo, como castigo a las personas afectadas; tercero, por la pobreza, que obligaba a vender los propios hijos o hasta a venderse uno mismo, y cuarto, por secuestro, tan frecuente entre los africanos como raro entre los europeos.
Y en la Edad Moderna, en particular a partir del siglo XVIII, la mercancía empleada para pagar esos esclavos representaba dos tercios del costo del equipamiento.
La mano de obra que debía cubrir la esclavitud negra, en un principio era limitada. Fue a partir del siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión en España cuando el tráfico atlántico llegó a alcanzar cifras de escándalo. Así, Minas Gerais, en Brasil, acabaría recibiendo hasta dos millones de esclavos entre 1720 y 1810, siendo que , contrariamente a lo acaecido en las colonias europeas, gran parte de ellos fueron manumitidos y se mezclaron con la población no negra.
El desarrollo de la minería de oro en Brasil, que desde su separación de España en 1640, y como sucedería con el resto de España en 1808, ya era, en rigor, colonia inglesa, estaba intervenido directamente por Inglaterra.
Pero también en rigor, las Antillas Menores (Barbados, S. Kitts, Antigua, Santa Lucía, Martinica y Guadalupe) eran las principales sociedades esclavistas del Caribe. Mediado el siglo XVIII, la Jamaica británica y el Santo-Domingo francés se habían convertido en los mayores y más brutales centros de explotación, acumulando un volumen de esclavos que rivalizaba con el de Brasil, siendo que geográficamente se trata de dos regiones incomparables, y acumulando unos índices de mortandad y de baja natalidad sin parangón, consecuencia de los abusivos sistemas de trabajo, que llevaban a los esclavos a la extenuación.
El alto índice de defunciones y la baja natalidad posibilitó que, en 1750, el Parlamento británico diese libertad al comercio de negros, como esclavos, desde y hacia cualquier parte de África entre Sallee, en el sur de Berbería, y el Cabo de Buena Esperanza, a todos los súbditos del rey de Inglaterra, y como consecuencia, en 1754 las colonias británicas tenían una mayoría absoluta de población esclava y los puertos de Londres y de Bristol eran los más importantes del mundo en este comercio.
Entre 1756 y 1763 tiene lugar la guerra de los siete años. En el curso de la misma, el comodoro Augustus Keppel tomó para Inglaterra Gorée, en el África Occidental, a los franceses. Otro puerto de embarque esclavista de primer orden quedaba así al servicio de Inglaterra.
Se estaba desarrollando una guerra comercial de envergadura en la que Inglaterra, Holanda, y en menor medida Francia y Suecia, tenían especial interés, poniendo a su servicio las flotas piratas que atestaban los mares.
Pero la labor había empezado antes... En 1553 (dos siglos antes) salen de Londres, rumbo a África, los primeros barcos ingleses que inaugurarían el largo y tortuoso camino de la esclavitud negra en manos de Inglaterra, y nueve años después, conjugando a la perfección la piratería con la trata de esclavos, el pirata Hawkins, en defensa de los intereses económicos de la corona británica, roba y vende subrepticiamente, de contrabando, un pequeño grupo de esclavos africanos. De los esclavos blancos se encargarían otros funcionarios.
En 1600 fue creada la Compañía Británica de las Indias Orientales, y dos años después la VOC , o Compañía Holandesa de las Indias Occidentales; ambas con un carácter mercantil y militar; se trataba de sociedades por acciones, siendo la VOC la primera a nivel mundial que hacía público su balance, y con capacidad para declarar la guerra, acuñar moneda, firmar tratados y establecer colonias.
La acción combinada de piratería y esclavismo era de gran rendimiento para Inglaterra... y también para Holanda, que en 1625 tomó Bahía por breve tiempo, y en 1630 Pernambuco, donde instaló importantes plantaciones e ingenios azucareros con mano de obra esclava, lo que provocó la creación de una poderosa colonia en la zona, para lo que destinó como gobernador al conde Mauricio de Nassau, descendiente de Guillermo de Orange, que sin embargo no pudo mantener la colonia ante el empuje de Portugal, que resolvió favorablemente la situación expulsando a los holandeses.
Para 1669, la VOC era la empresa privada más rica en la historia de la humanidad, con más de 150 buques mercantes, 40 buques de guerra, 50.000 empleados, un ejército privado con 10.000 soldados y ganancias del 40% sobre la inversión inicial.
La edad de oro de la piratería y el esclavismo había llegado de la mano de holandeses e ingleses. En 1629, el pirata Piet Heyn, almirante de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales aliado con Moisés Cohen Henriques, capturaba la flota de la plata; en 1630, 56 navíos al mando de Diederik van Waendenburgh y Hendrick Lonck toman Recife. En 1635 toman el Fuerte Nazaret, y en 1637 Mauricio de Nassau consolida la colonia, e intenta retomar Salvador de Bahía.
Y en 1634 a conquista de Curaçao, en el Caribe venezolano significó, además de la presencia holandesa en el Caribe venezolano, la formación de un conglomerado de plantaciones azucareras que en diez años absorbió la importación de unos treinta mil esclavos africanos que cruzaron el Atlántico transportados por esclavistas holandeses.
Estamos hablando de una intrincada acción que se desarrollaba a la vez en varios frentes: el económico, el militar y de las ideas...Y la esclavitud era para la corona británica, según declaraban en documentos de 1663, conforme nos relata Eric Williams:
La fuerza y el músculo de este mundo occidental.
Toda la operación marítima, comercial y de piratería estaba dirigida por piratas británicos adscritos a la administración británica. Tal era la Company of Royal Adventurers, encargada de comerciar en África los productos manufacturados en Inglaterra (desde armas hasta textiles o herramientas de todo tipo) con un contrato que concedido en 1663 debía tener una validez de mil años, periodo que se vio drásticamente acortado nueve años después cuando se creó la Compañía Real Africana, como monopolio para la trata de esclavos, pero ese monopolio duraría sólo veinticinco años, cuando el tráfico de esclavos fue reconocido como un derecho fundamental y natural de los ingleses... si bien no de todos los ingleses, porque miles de ellos fueron protagonistas del hecho esclavista, si, pero no como traficantes, sino como traficados.
El año 1625, una orden real estipuló que los prisioneros políticos irlandeses se venderían como mano de obra forzada a las plantaciones de las Islas Orientales. Sería el inicio de una gran deportación que se contaría en cientos de miles de personas (hombres, mujeres y niños). Pero la práctica ya había sido conocida en 1612, en la Guayana.
Sólo sería el principio. Como consecuencia de la revolución irlandesa de 1641, que se mantendría candente durante once años, la población de Irlanda descendió de aproximadamente un millón y medio de habitantes a poco más de seiscientos mil. El motivo fue el genocidio llevado sobre ellos por Inglaterra, que comparado con lo que vino después debía parecer una situación idílica.
Y es que entre 1650 y 1660 la dictadura de Cromwell instaló el que fue conocido como Reinado del Terror, que de forma proactiva agudizó el genocidio que ya venía conociendo la población irlandesa y católica.
Pero el pragmatismo británico supo tomar la medida del asunto y supo calibrar hasta dónde debía seguir con el genocidio y hasta dónde con la esclavización. Así, en 1650, llegaron a las plantaciones caribeñas de Saint Kitt 25.000 esclavos irlandeses.
Carecemos de datos tan siquiera aproximativos, pero se calcula que en esta década la corona británica secuestró a unos cien mil niños irlandeses de entre 10 y 14 años y los llevó a las plantaciones del Caribe, Virginia y Nueva Inglaterra.
Cromwell murió en 1660, pero el pragmatismo británico no defenestró su figura. Su sucesor Carlos II, hijo del decapitado Carlos I (decapitado por Cromwell), no dudó en mantener el negocio de la trata, con el compromiso de entregar al menos 3.000 esclavos anuales a la Real Compañía de Aventureros.
Estos traficantes de esclavos detentaban altas posiciones sociales en Inglaterra. Una lista que, conforme señala Eric Williams estaba encabezada por la realeza e incluía tres duques, ocho condes, siete lores, una condesa y veintisiete caballeros.
Y la toma de Jamaica en 1655 fue, sin lugar a dudas, un punto de inflexión en el tráfico negrero atlántico. A partir de este momento se dispararía el tráfico, que si hasta el momento poco difería de lo actuado siglos atrás, donde el esclavo podía ver su desventura como algo pasajero, ahora, bajo una mentalidad puramente economicista, accedía a una situación sin vuelta atrás donde el horizonte era la esclavitud perpetua o la muerte inmediata.
En los barcos esclavistas británicos empezarían los esclavos a conocer el hacinamiento; en los barcos esclavistas británicos se producirían sublevaciones de esclavos (en un 20% de los transportes); algo que jamás ocurrió en los barcos portugueses; en los barcos esclavistas británicos se tirarían esclavos al mar, como lastre, cuando la sublevación o el temporal ponían en peligro la embarcación.
Mark D.Welton señala que sólo los buques ingleses transportaron dos millones de esclavos africanos a Norte América entre los años de 1680 y 1786.
Se puede decir que ya en estos momentos todo el mundo económico británico dependía de la trata y de la explotación de esclavos en las plantas azucareras, algodoneras, o tabaqueras, representando la base sobre la que finalmente sería llevada a cabo la Revolución Industrial, y es que, en estos momentos, aproximadamente la mitad del P.I.B. del momento dependía de la esclavitud, siendo que aproximadamente el 15% del esfuerzo de sus astilleros, y sus productores de los diversos avituallamientos dependían del suministro a la población esclava.
Cuando en 1698 la Compañía Real Africana perdió el monopolio para la trata de esclavos surgieron nuevas compañías en las que se reubicaron los socios de aquella. La West India Company, la Royal African Indian Company, la Virginia Company, fueron las principales nuevas iniciativas que, impulsadas desde el estado, sirvieron de nueva ubicación para la alta nobleza y para la pujante burguesía.
Como en el caso de la VOC, estas compañías estaban dotadas de autonomía propia, con potestad para aplicar justicia y para tratar negocios multilaterales, y por supuesto para apoderarse de territorios.
Por su parte, en el comercio triangular , los productos obtenidos en las colonias llegaban a la metrópoli, desde donde se distribuían a los mercados de Inglaterra, Francia y Holanda, lugares donde asimismo la dependencia del esclavismo era manifiesta, siendo que si en Inglaterra el 75% del trabajo portuario estaba ligado al tráfico en su conjunto, en Francia representaba el 12%.
En este periodo, el consumo anual de azúcar en Inglaterra pasó de 2,7 kg por habitante en 1710 a 10,5 kg en los años 1770, y comenzó a generalizarse el uso del té, del café, del chocolate y del tabaco.
Y la banca, inexorablemente estaba detrás de todas las operaciones tanto de movilidad de esclavos como de adquisición y puesta en cultivo de terrenos. Con el inmenso capital acumulado posteriormente financiarían la revolución industrial.
La eclosión del liberalismo era ya manifiesta, y sus métodos, las sociedades por acciones, que ya llevaban décadas en desarrollo, se manifestaron con fuerza en el primer cuarto de siglo XVIII en Inglaterra, siendo que, según señala Hug Thomas, la Compañía del Mar del Sur, contaba en 1720, con cuatrocientos sesenta y dos miembros de la Cámara de los Comunes; cien de la Cámara de los Lores... y toda la familia real.
La evolución del tráfico, lógicamente, siguió creciente; para hacernos una idea, debemos tener en cuenta que la Compañía Real Africana transportó en seis años, entre 1680 y 1686, unos 35.000 esclavos. Tomando un periodo idéntico de nueve años para operaciones llevadas a término por las nuevas compañías, destaca que, sólo los comerciantes de Bristol embarcaron 160.950 negros a las plantaciones azucareras. Y la flota esclavista, que en 1720 estaba compuesta por ciento veinte buques, en 1760 contaba al menos con 146, con una capacidad para 36.000 esclavos. Y en 1771, el número de barcos había aumentado a 190, en cuyas bodegas trasladaron a 47.000 esclavos.
Todo ello comportaba pingües beneficios, hasta el extremo que a mediados del siglo XVIII todo el comercio y la manufactura británicas estaban conectados, de uno u otro modo, con el comercio triangular, siendo que las ganancias obtenidas sirvieron, de una manera directa, para la financiación de la Revolución industrial, que en 1750 conoció un importante empuje con la creación de la conocida como Compañía de Comerciantes, que tenía participación prioritaria en el comercio triangular y controlaba el tráfico.
Y las colonias de las Antillas eran el eje del Imperio Británico, con una inmensa capacidad productiva. El contrabando y la piratería eran las otras dos patas del banco que sustentaba el ser de Inglaterra.
Y es que cerca de la mitad de los beneficios comerciales británicos dependía de la economía esclavista atlántica. El beneficio obtenido era enorme, pero además este modelo empujaba su industria. El 15% de la construcción naval se destinaba al tráfico.
Por eso el tráfico siguió creciendo en importancia, y los beneficios se mostraban en Inglaterra de manera ostentosa, hasta el extremo que en la Bolsa de Liverpul, ciudad que en 1795 gestionaba las tres séptimas partes de todo el tráfico esclavista europeo, se exhibían relieves de cabezas de africanos, y los mercaderes hacían pública ostentación, siendo que las inversiones alcanzaban cifras muy importantes.
Señala Joseph E.Inikori, que entre 1750 y 1807, los tratantes de esclavos británicos invirtieron más de ocho millones de libras en la construcción, la reparación y los pertrechos de sus barcos, en astilleros ingleses.
Y los beneficios generados, que estaban en consonancia con las inversiones realizadas, fueron la base de los bancos ingleses actuales.
Pero esa generación de recursos no se limitaba al tráfico negrero, sino que aprovechando la ruta del esclavo se abrían rutas para el contrabando de todo tipo de bienes. Así, a mediados del siglo XVIII, esa actividad ilegal estaba afectando gravemente a la economía española, siendo que la Casa de Contratación de Sevilla informaba de las dificultades que encontraban los comerciantes españoles a la hora de vender sus productos en América como consecuencia de la enorme cantidad de mercancías inglesas que al amparo del Tratado de Utrecht, y sobrepasando ampliamente lo en él estipulado, entraban en los puertos americanos.
La Corona española tomó medidas impidiendo que llegase oro o plata a los puertos donde atracaban los ingleses al tiempo que creaba una pequeña flota de guardacostas con base en Cartagena y en La Habana destinada a interferir el contrabando, lo que acabó ocasionando una nueva guerra con Inglaterra, la conocida como la de la oreja de Jenkins, al haber mutilado una oreja a este pirata, pillado in fraganti.
Pero centrándonos en el hecho del tráfico de esclavos, es el caso que la intensidad de la demanda de mano de obra esclava hizo que en 1766 Inglaterra autorizase la trata directa de África a Florida, territorio que era colonia británica desde 1763.
Por otra parte, la flota inglesa tomó La Habana en agosto de 1762 y la mantuvo en su poder durante once meses. En ese tiempo trasladó a la isla no menos de once mil esclavos e implantó un régimen comercial al estilo británico. Y lo que es peor: cuando finalmente abandonó la isla, lo hizo militarmente, pero dejó todo un tejido mercantil y esclavista que fue el que convirtió la isla en uno de los últimos destinos de los traficantes de esclavos africanos.
Inglaterra era, sin lugar a dudas, el más importante país en el comercio de esclavos de todo el mundo (y eso ciñéndonos al tráfico atlántico y dejando al margen la India). Entre 1756 y 1786, Bristol envió 588 barcos a África; Liverpool, 1.858. Y entre 1795 y 1804, Liverpool mandó 1.099 naves, Londres, 155 y Bristol, 29, y a finales del siglo XVIII, todas las clases de la sociedad inglesa presentaban un frente unido en lo referente al tráfico de esclavos; La monarquía, el gobierno, la iglesia, la opinión pública en general, apoyaban el tráfico de esclavos. Había pocas protestas y éstas eran ineficaces, y curiosamente, en estas fechas, Adam Smith señalaba la nula rentabilidad del trabajo esclavo. Al amparo de esta idea, en 1765 se fundaba en Inglaterra la Sociedad Antiesclavista.
Evidentemente, algo estaba pasando, y la visión comercial británica no estaba lejos de ello.
Se estaba tramando el cambio en el concepto de esclavitud, más acorde a los métodos que anunciaban los teóricos del liberalismo, y en 1787 Thomas Clarkson fundaba en Londres la British Antislavery Society, que fue la base de asociaciones similares en los demás países europeos y americanos.
Mientras tanto, los métodos permanecían incólumes; así, a finales del siglo XVIII la producción de barcos negreros en Inglaterra conoció un especial auge, en parte merced al establecimiento en Cuba de toda una estructura esclavista bajo control británico. El comercio esclavista desarrolló su actividad de tal forma que, en 1806, de los 62 barcos entrados en el puerto de La Habana que se dedican al negocio de la trata, todos consignados por casas locales, 58 eran de bandera y tripulación norteamericana...
Es el caso que en la octava década del siglo XVIII, más de medio millón de esclavos trabajaban en las condiciones señaladas en el Caribe británico, y de hecho, la idea de que la esclavitud era legítima era común, entendiéndose que sin ella no sería posible la supervivencia del sistema económico británico... y sin embargo, en 1807 Inglaterra prohibió el comercio de esclavos y el 1 de agosto de 1838, los esclavos de las colonias inglesas se vieron libres al haberse decretado la abolición de la esclavitud.... Pero en el interín, el número de esclavos residentes se había duplicado con relación a los existentes sesenta años antes.
En cumplimiento de la nueva situación, Inglaterra había llevado a cabo una serie de acciones; así, mientras el crecimiento del número de esclavos en la Antillas se aceleraba, ocupó Sierra Leona en 1787, para destinarla a recibir a los esclavos negros repatriados. Los primeros fueron los residentes en la metrópoli. Los esclavos ingleses no serían destinados a Sierra Leona, ya que el sitio, calificado como idóneo para los negros, era calificado de inhóspito para ellos. En su lugar serían destinados a Australia y a Nueva Zelanda.
No fue casual la creación de la Sociedad Antiesclavista, como no fue casual que en esas mismas fechas se crease un cinturón sanitario con los traficantes de Liverpul. El motivo no era humanitario sino económico. Liverpul se había convertido en el principal puerto esclavista, pero las actividades estaban dando pérdidas que entre 1772 y 1778 se cifraban en 700.000 libras. De treinta casas importantes que dominaban el tráfico de esclavos desde 1773, doce habían ido a la bancarrota hacia 1788.
Y es que el desarrollo del comercio y de la industria había hecho que el marco que desarrolló la explosión esclavista iniciada a mediados del siglo XVII, fuese perdiendo fuerza un siglo después. El mercado, el centro de las actuaciones británicas, había llegado a un punto (finales del siglo XVIII) en el que los precios se iban ajustando. Los proveedores de esclavos africanos exigían cada vez más, y las posiciones militares en África no tenían capacidad de control, y aumentar el precio final del esclavo resultaba inasumible, motivo por el que las ganancias se habían visto reducidas a menos del diez por ciento en un siglo, a pesar de las medidas aplicadas en los transportes que habían reducido la mortandad del 24% al 6%.
En esa situación, la competidora principal de Inglaterra, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales presentaba unos balances aún peores: declaraba en esos momentos unos beneficios que apenas llegaban al 3%. Todo señalaba que el momento para abogar por la abolición de la esclavitud estaba servido.
Y a esa labor se volcó Inglaterra utilizando para ello la que sin lugar a dudas era la principal Armada del mundo.
Pero no quedaría resuelta la cuestión con esa medida, porque los males tradicionales de Inglaterra (la miseria, la desigualdad social, el trabajo infantil y la explotación de su pueblo) comenzaron a desarrollarse al compás de la Revolución Industrial, como deja magistralmente manifiesto Charles Dickens.
La inseguridad ciudadana, los crímenes de todo tipo, se adueñaron de aquellos lugares que no hacía mucho lucían orgullosos su riqueza conseguida a costa de sangre ajena, y las medidas para cortar semejante situación fueron del corte ya tradicional en la política inglesa: sangre y deportación.
Como consecuencia, en 1770 fue dictado el Código Sanguinario en el que se marcaban 222 tipos de crimen, casi todos contra la propiedad, que conllevaban la pena de muerte.
Un robo con valor superior a 5 chelines estaba sancionado con la pena de muerte; cortar un árbol conllevaba la pena de muerte; cazar un conejo estaba condenado con la muerte... y sin límite de edad; así, Michael Hammond y su hermana Ann, dos niños de 7 y 11 años fueron ahorcados por robo.
Y para librarse de la carga que representaban los esclavos negros, como medidas iniciales, en 1772 es abolida la esclavitud en el territorio de las islas británicas, primer paso para deportar a la población negra residente, que finalmente sería desembarcada en Sierra Leona cuando fue ocupada en 1787; lugar al que en principio estaban destinados los ciento cincuenta mil súbditos ingleses que tenían alguna condena, y que finalmente fueron trasladados en los buques negreros a Australia y a Nueva Zelanda; el mismo año fundaron la Sociedad Antiesclavista Británica; en 1791 se produce una rebelión en Haití que lleva a la liberación de los esclavos.
Pero el movimiento abolicionista tiene sus particularidades; así, en el primer cuarto de siglo, los cuáqueros, cuyo fundador Jorge Fox era propietario de esclavos en Pensilvania, condenaban la esclavitud, dando lugar a la creación de la Sociedad Antiesclavista en Inglaterra, lo que llevó a que en 1775, mientras en las Trece Colonias quedaba nominalmente prohibida la trata, una comisión parlamentaria británica calentase los ánimos en pro de la abolición.
Señala Hug Thomas que la última venta pública de un negro en Inglaterra se llevó a cabo en Liverpool en 1779. En 1777, una declaración real prohibió la entrada de negros en Francia, porque «se casan con europeos, infectan los burdeles, y se mezclan colores.
Cecil Wray, William Paley, William Wilberforce, Thomas Clarkson, fueron los nombres más destacados en la campaña abolicionista preparada por los cuáqueros en Inglaterra, dedicándose a demostrar lo poco beneficiosa que resultaba la trata desde el punto de vista económico, al tiempo que animando a la apertura de nuevos mercados donde obtener las materias primas y donde poder abrir mercados para los productos ingleses. Adam Smith, contemporáneo y comprometido intelectualmente en los mismos objetivos no dudaba en dejar señalado que el relativismo era el principio que marcaba la actuación del movimiento abolicionista británico.
En 1788 Inglaterra inició la dominación de Australia en la actual Nueva Gales del Sur con el arribo de una flota de 11 navíos con casi 1.500 ingleses a bordo. Convictos por los delitos más nimios que habían sido deportados en régimen de esclavitud, y durante más de 80 años unos 165.000 convictos fueron transportados a los presidios. Los últimos convictos que fueron trasladados a la fuerza a Australia llegaron en 1868.
La deportación en muchas ocasiones formaba parte de un proceso de selección física para el trabajo duro. En cierto sentido el sistema de convictos era una forma de esclavitud, aunque los convictos podían esperar su liberación tras haber cumplido su sentencia, y sus hijos eran libres desde su nacimiento. Muchos se enriquecieron y pasaron a formar parte de la clase de los colonos, y su turbio origen a menudo era convenientemente olvidado o encubierto... Y muchos infelices no sobrevivieron para contarlo, siendo víctimas de un régimen disciplinario difícil de calificar.
Pero los aborígenes australianos y neocelandeses lo pasaron aún peor que los esclavos ingleses. A principios del siglo XIX, cuando la misma Inglaterra estaba llevando a cabo una política activa para la supresión del tráfico, tuvo lugar la Guerra (o genocidio) de Tasmania conocida en la historiografía británica como Black War. En esta guerra se recompensaba económicamente por cada tasmano cazado a cambio de su piel, poniendo así fin a la esclavización a que habían estado sometidos desde 1772.
Por otra parte, no debemos olvidar que el movimiento abolicionista se centró en el ámbito atlántico, pero justo en ese momento, además de lo ya señalado, estaba muy presente en la India, siendo que en 1833 el parlamento británico rechazó aplicar la abolición en estas colonias, y en la década de 1840 continuaba con un régimen esclavista, con un intenso tráfico al amparo de la corona británica.
Y en los Estados Unidos también seguían jugando con dos barajas.
No obstante, las circunstancias económicas habían variado ostensiblemente, e Inglaterra mostraba su capacidad de adaptación, pues en ello radicaba la posibilidad de transformar tanto el sentido de la esclavitud como el del dominio territorial. A partir del momento los dos conceptos encontrarían sensibles variaciones y demostrarían que las nuevas formas garantizarían los mismos beneficios y posibilitarían su incremento al hacer recaer los costos que hasta la fecha reportaba el esclavismo sobre los mismos que, convertidos en “libres” se verían igualmente sometidos merced a los leoninos tratados de amistad y libre comercio que garantizaban el control absoluto sobre aquellas sociedades que accedían a la “libertad” a la sombra de Inglaterra.
Con ese objetivo, en 1807, abolido el tráfico en casi todas sus colonias, iniciaría una actividad internacional tendente a la abolición en todo el orbe al compás del sometimiento de los mercados a los intereses y a las quincallas procedentes de Inglaterra. La revolución industrial permitía suplantar la mano de obra esclava por las máquinas.
Adam Smith, sofista del liberalismo entraba en el juego y demostraba que el sistema esclavista era económicamente lesivo para la economía. Señalaba que era necesario conseguir que el productor fuese parte implicada en el crecimiento de la economía, extremo que se lograría cuando se viese forzado a buscar su propia manutención. Señala en “la riqueza de las naciones”:
Creo que la experiencia de todos los tiempos y naciones demuestra que el trabajo de los esclavos, aunque parece costar sólo su manutención, es en última instancia el más caro de todos. Una persona que no puede adquirir propiedad alguna no puede tener otro interés que comer el máximo posible y trabajar el mínimo. Es sólo mediante la violencia, y nunca por su propio interés, que se puede extraer de esa persona un esfuerzo superior al suficiente para comprar su propia manutención. (Smith)
El mismo año que Inglaterra ocupaba Sierra Leona, Estados Unidos prohibía la esclavitud en el territorio al norte y oeste del río Ohio, y tres décadas después, en 1820, eran ya doce los estados que habían abolido la esclavitud.
Vermont la prohibió en 1777; Massachusetts en 1783; en 1784 Rhode Island decide la liberación progresiva. Pero llegó 1787 y se redactó la Constitución, en la que quedaba reflejado que los negros no eran ciudadanos.
Asumido ese principio como directriz principal, entraba en cuestión cual debía ser el destino que debía aplicarse a la mano de obra nativa excedente que no podía ser reconducida en su totalidad como carne de cañón. Las guerras napoleónicas habían terminado y el alistamiento de tropas destinadas a conformar el grueso de los ejércitos “libertadores” de la España americana no absorbía la totalidad de mano de obra sobrante.
Su destino sería Sierra Leona. Se trataba de una purga social que acabaría extirpando aquellos sectores sociales que si bien en otro tiempo habían resultado útiles, en los tiempos de la Revolución Industrial resultaban una lacra.
Pero finalmente, los antiesclavistas acabaron señalando que Sierra Leona era un lugar insalubre para esta población, por lo que Henry Smeathman, el mismo naturalista que determinó esa insalubridad, señaló la derrota que deberían llevar los barcos.
Sierra Leona sería el obligado destino sólo para los miembros de raza negra que Inglaterra controlaba fuera de sus colonias, pero la idea simplista de que África era el lugar propio de toda persona de raza negra parece que sólo cabía en la mentalidad británica y no en los habitantes de Sierra Leona, que no recibieron de muy buena los aportes de nuevos habitantes forzados.
Esa circunstancia obligó a convertir en colonia el territorio que en principio debía estar bajo el exclusivo control administrativo y empresarial de quienes habían adquirido el territorio.
Sólo bajo esas condiciones consiguieron asentar entre 1808 y 1860, en un estrecho perímetro alrededor de Freetown, alrededor de 70.000 esclavos liberados.
La iniciativa de Inglaterra sería continuada por los Estados Unidos de Norteamérica, también con la intermediación de una sociedad privada, la American Colonization Society, que en 1821, mediante una pequeña inversión económica apoyada con la amenaza de las armas acabó adquiriendo un trozo de territorio en el que fundó un asentamiento al que daría el nombre de Monrovia en honor al presidente usense James Monroe.
Pero el tráfico esclavista tradicional continuó activo, con intereses económicos directos de la reina Isabel II de España hasta la década de los 80 del siglo XIX.
Otra circunstancia a destacar es que la abolición del tráfico a que nos estamos refiriendo, se limitaba a la llevada a cabo en el hemisferio norte, y no en el hemisferio sur, donde los intereses británicos en Brasil exigían el mantenimiento del tráfico.
Fue también en estos momentos, sobre 1820, cuando los países surgidos de la diáspora hispánica comenzaron a proclamar la abolición sin que ello comportase problema alguno dada la poca significación histórica del fenómeno esclavista y la dilatada costumbre de la manumisión.
Y para completar la parodia, en 1821 Se constituye en Inglaterra la Sociedad Antiesclavista, presidida por William Wilberforce, y el mismo año, la American Colonization Society desembarca en la Costa de los Granos el primer cargamento de negros libres que dio origen a Liberia.
Ni Locke, ni Voltaire, ni Diderot, ni Rousseau, ni por supuesto Wilberforce y tantos otros materialistas que se manifestaron contra la institución esclavista, sentían otra cosa que desprecio por quienes estaban sometidos a ella, a quienes con dificultad les reconocían su condición de persona.
Es el caso que, como consecuencia del nuevo panorama impuesto, a partir de 1849 se desarrolló en Jamaica un importante movimiento anti esclavista que anunciaba actividades que podían alcanzar carácter bélico. Inglaterra, declaraban categóricamente, había ido a la guerra por causas menos justificables.
Y no les faltaba razón en el aserto. Incluso podían defender que Inglaterra había iniciado guerras por causas manifiestamente innobles, y para ello no les hubiesen faltado ejemplos anteriores… y futuros. Tan innobles como la por aquel entonces aún caliente Guerra del Opio, que tuvo lugar entre 1839 y 1842, y cuyo desencadenante fue la exigencia británica de que la compañía británica de las Indias Orientales, administradora de la India pudiese introducir opio en China.*/*/*/*/
El movimiento abolicionista iba extendiéndose, y en 1863 era Holanda la que lo aplicaba. Ese mismo año Estados Unidos también liberó a los esclavos, siendo que la ley no tuvo efecto hasta el final de la Guerra de Secesión, en 1865, afectando a cuatro millones de personas que pasaron de la esclavitud formal a un régimen de segregación.
Pero se hace necesario destacar que estos abolicionistas no lo eran por cuestiones humanitarias, y esa afirmación tiene como base las ideas de los mismos, de las que podemos empezar a entresacar algunas.
Para Jefferson, del mismo modo que existen graduaciones entre las razas animales y distintos estadios en la evolución, los negros eran notablemente inferiores a los blancos, sin dejar por ello de ser seres humanos. (Aparisi 1990:)
Y es necesario hacer hincapié en el dato, no vaya a pasar desapercibido: En 112 años exterminaron al 90% de la población nativa americana.
El final del régimen esclavista estaría sometido al dictado de los amos, cuyas motivaciones eran estrictamente economicistas, y a ello se volcó Abraham Lincoln combinando a la perfección las necesidades del empresariado, la ambición política del partido republicano, y la retórica del liberalismo.
El mercado europeo era demasiado pequeño para absorber la oferta generada como consecuencia del desarrollismo. Evidentemente, la supresión de la esclavitud conforme era entendida perseguía ampliar el mercado a los productos manufacturados.
Por otra parte, nunca se atendió el desarrollo de los pueblos suministradores. Ni los esclavistas negros suministradores ni los blancos implicados en la trata atendieron la explotación de los recursos naturales, lo que resulta altamente extraño si tenemos en cuenta las enormes inversiones llevadas a cabo por las naciones traficantes. Y ello conllevó graves problemas de hambrunas una vez suprimida la trata; aspecto que tampoco fue atendido cuando se desarrollaba el movimiento abolicionista ni cuando se impuso la abolición.
En principio, si hasta el momento las economías de los pueblos africanos estaban directamente ligadas a la exportación de mano de obra esclava, se vieron de pronto privados de esa fuente de ingresos. Duele hablar en esos términos, pero esos términos son, a lo que parece, los determinantes de la situación.
Desde el secundo cuarto del siglo XIX hasta mediado el siglo XX, fueron debilitadas hasta el límite todas las estructuras sociales y económicas de los pueblos suministradores de esclavos, que pasaron a carecer de cualquier reserva para hacer frente a los fenómenos del clima, cuyo rigor les hace preciso mantener unas reservas de las que los colonialistas les privaron, dando lugar a terribles hambrunas que inexorablemente fueron sufriendo... y aún hoy colean quienes fueron forzados a integrarse en un mercado mundial en que necesariamente debían ser dependientes.
Pero es que, además, cuando Inglaterra proclamaba en 1825 que los súbditos ingleses que participasen en la trata serían condenados a muerte y a incautación de sus bienes por piratería, además de sonrojar a cualquiera sabiendo que era justamente Inglaterra la principal actora del tráfico, no tuvo ningún efecto, ya que un número importante de traficantes ingleses continuaron ejerciendo su labor sin que ninguno de ellos acabase siendo jamás juzgado por ningún tribunal.
Con la Ilustración, con el Liberalismo, la actuación colonialista se especializó, procediendo a llevar a cabo a nivel mundial una gigantesca reconversión de la economía que exigía arrebatar sus tierras a los indígenas. Ahí, en lo tocante al mundo hispánico, el mal infligido es sangrante, pues a los indios les fueron arrebatadas las tierras cuya propiedad les había sido reconocida por la Corona española, que pasaron a manos de títeres de Inglaterra, que las dedicaron a cultivar lo que les demandaba el mercado británico (azúcar, algodón, café, tabaco, cacao, arroz, etc.), donde sus antiguos propietarios pasaron a convertirse en siervos.
Algo similar llevarían a término en África y en Asia, donde, como sucedió en América, pasaron a ser súbditos del libre comercio internacional, lo que daría pie a la creación del conocido como Tercer Mundo. Triste destino para todos, y muy en concreto para los antiguos súbditos de la Corona Española, que de súbditos libres y propietarios de tierras devinieron en mano de obra sin cualificar, con el añadido no pequeño de convertir una América segura donde cualquiera podía ir caminando de Lima a México, con sus bienes y sin temor a ser asaltado, en una de las zonas más inseguras del mundo.
A partir de ese momento más del 80% de la población mundial pasó a depender de las decisiones políticas ajenas que sólo atienden su propio desarrollo económico.
Resulta curioso, que, como señala Niall Ferguson, En el siglo XVIII, los británicos se mostraron tan fervientes en adquirir y explotar esclavos como lo hicieron posteriormente al tratar de erradicar la esclavitud; y durante mucho más tiempo aún practicaron formas de discriminación y segregación racial que hoy se consideran aborrecibles. Cuando la autoridad imperial era desafiada (en la India en 1857; en Jamaica en 1831 o 1865, y en Sudáfrica en 1899) la respuesta británica solía ser brutal.
Y la negación del humanismo en la actuación británica queda manifiesta justamente en estas fechas cuando, mientras estaba llevando a cabo estas medidas, condenando a los antiguos esclavos a la indigencia con la entrega de parcelas de terreno ridículas, donde quienes antes trabajaban literalmente hasta morir, ahora estaban condenados a morir de inanición y sometidos a una minoría blanca que dominaba el poder. Y además, organizaba y daba respaldo militar al tráfico de estupefacientes.
Pero si esta motivación parece corta, es necesario señalar que el tráfico de esclavos continuaba realizándose desde África Central y Oriental a Arabia, Persia y la India. Ese tráfico, a pesar de las leyes, alcanzó unos niveles similares a los del tráfico atlántico, siendo que durante el siglo XIX fueron traficados unos dos millones de africanos.
Pero en cualquier caso, la mano de obra seguía siendo necesaria en las colonias atlánticas; tan necesaria como antes, y para conseguirla, los métodos habían variado... pero sólo superficialmente.
El objetivo de tener mano de obra sin límite y sin obligaciones se hizo realidad con el aporte de una inmigración que tenía un gran parecido, si no físico, sí de condiciones laborales, con los esclavos ingleses transportados a las Antillas en el siglo XVII, pero probablemente en peores condiciones, ya que serían ellos mismos quienes se preocupasen de sus propias necesidades.
Millones de personas de distintos orígenes, chinos, indios... se convertían en inmigrantes voluntarios que adquirían un estatuto de asalariado que era totalmente legal... y fraudulento. Personas que firmaban con la huella digital un contrato de trabajo que sólo tenía parangón con el Tratado de Waitangi, en Nueva Zelanda, donde las tribus ágrafas firmaron con Inglaterra un tratado que, para mayor escándalo no se correspondía lo escrito en inglés con lo escrito en maorí.
Y ese esclavismo asiático traficó más de millón y medio de indios entre 1820 y 1920 hacia
las colonias del Caribe, África, del Índico y el Pacífico, desde las plantaciones de caucho en Malasia hasta los ingenios azucareros de Fidji, siendo que las condiciones en que viajaban y trabajaban a menudo eran tan malas como las que sufrieron los esclavos africanos hacía un siglo.
En 1861 dio comienzo la Guerra de secesión en los Estados Unidos, en la que el objetivo claramente marcado de los vencedores no era acabar con la esclavitud, cuyo objetivo no pasó de ser un señuelo para reclutar soldados negros, sino para obtener el control del territorio, de sus recursos naturales y de su mercado.
Tan es así que tras la Guerra, en 1865, los hacenderos sureños se vieron obligados a abandonar sus haciendas, que fueron ocupadas por los blancos del norte, mientras los esclavos negros, ya libres, padecían la nueva situación en condiciones que en nada se apartaban de las que habían tenido hasta el momento.
En palabras de un periodista negro "A los esclavos los convirtieron en siervos de la tierra y los ataron a ella. En esto quedó la tan cacareada libertad del hombre negro a manos del yanqui"
El sur de los Estados Unidos, si bien producía una amplia gama de bienes de consumo (azúcar, arroz, tabaco, maíz), tenía su economía centrada muy especialmente en el cultivo de algodón , que si en 1800 producía 320.000 balas, en 1861 eran 4.000.000. Y la mano de obra estaba compuesta por esclavos negros, cuyo número, en ese mismo periodo, había pasado de medio millón a cuatro millones.
Así, aunque la importación legal de esclavos a los Estados Unidos quedó prohibida en 1808 y la esclavitud ilegalizada en numerosos estados a comienzos del siglo XIX, permaneció vigente en el sur hasta la década de los años 1860, cuando la enmienda 13 de la Constitución la declaró extinta. Pero la verdad es que no fue hasta el final de la II Guerra Mundial cuando se adoptaron medidas determinantes. No cabe duda que el proceso de Nuremberg tuvo sus secuelas; una, la citada, y otra, en Oceanía, el fin de la caza de aborígenes. Y es que resultaba sarcástico que los autores de estas actuaciones dilatadas durante siglos fuesen justamente la acusación de los crímenes juzgados en Nuremberg.
Por otra parte, si la esclavitud estaba prohibida en los estados norteños, lo era de forma nominal. Los negros libres no tenían la misma libertad que el resto de la población, hasta el extremo que, para 1860, los negros, para poder votar, debían demostrar la posesión de bienes por valor de 250 dólares, exigencia que no era aplicable a los blancos.
Es en estos años cuando se produce un rosario de supresiones nominales, tanto de trata como de esclavitud. Finalmente, la esclavitud había cambiado de nombre, y las actuaciones al respecto, también.
Llegamos al final y la existencia de esclavismo y de traficantes españoles queda sin atención... y es que, en el conjunto del hecho esclavista, en el que España, naturalmente, tuvo también parte, tiene una relación más que marginal... salvo en el siglo XIX, cuando ya totalmente sometida a Inglaterra, encontramos a Isabel II con intereses en empresas de tráfico....
Así, la relación estratégica de los grandes empresarios catalanes con el tráfico negrero convirtieron a la ciudad de Barcelona en un emporio donde se inició un espectacular desarrollo económico y urbanístico; de ahí partió la creación del Ensanche barcelonés y de la industria textil, así como la creación de entidades bancarias. El Banco Hispano Colonial, fundado el 1876 por un grupo de esclavistas entre los que destacaba Antonio López y López fue uno de los catalizadores de la riqueza producida por el esclavismo, que se plasmaría en la financiación de infraestructuras como el “metro” de Barcelona, la Sociedad General de Aguas, o el trazado de la Vía Layetana de Barcelona.
Miguel Biada y Bunyol, principal promotor de la primera línea de ferrocarril en la Península, la de Barcelona Mataró, inaugurada en 1848, había amasado su fortuna en Cuba, con su compañía, la Biada y Cía., entre cuyas actividades se encontraba la trata de esclavos africanos.
Y si esas circunstancias se produjeron en España, en África, como hemos señalado, se oponían a la abolición, que les acarreaba la ruina, al tiempo que aumentaba la inseguridad en sus territorios.
Por otra parte, la labor de Inglaterra en pro de la abolición tenía exclusivamente una motivación económica; por eso, mientras perseguía el tráfico marítimo, mantenía el tráfico terrestre en sus colonias de Asia... Pero los esclavos no eran negros.
Motivación económica evidente pero no declarada; algo que desconcertaba, por ejemplo, a los esclavistas negros, que seguían con el tráfico en el mundo musulmán... Y algo que no entendían los musulmanes, que interpretaron la medida como un ataque al Islam.
Pero parece que las dudas se resuelven en el materialismo. El esclavista estaba cambiando los métodos al compás de las necesidades que iba creando la Revolución Industrial; así, mientras en 1821 se constituía en Inglaterra la Sociedad Antiesclavista, la misma Inglaterra comenzaba la consolidación de sus posiciones en África, en España a un lado y otro del Atlántico, en India, en China, en Australia y Nueva Zelanda, estas dos como penales donde remitir la población sobrante de la metrópoli.
Y en los Estados Unidos seguirían los mismos pasos; en 1821 La American Colonization Society desembarcaba en la Costa de los Granos el primer cargamento de negros libres que dio origen a Liberia, pero la idea de trasladar nuevamente a África a toda la población existente en Norteamérica resultó de todo punto inviable, por el volumen de población que representaba, y por la desconfianza surgida en la comunidad negra ante una medida que veían descabellada.
En este tiempo, Gambia, Costa de Oro y Ghana paulatinamente pierden interés para los británicos, sobre todo con la abolición de la esclavitud, y Sierra Leona mantiene cierto interés como punto de destino de los esclavos que con la nueva situación les resultaban lesivos para su economía.
No obstante, estas posesiones, junto a la colonia de El Cabo, acabarán sirviendo como plataforma de lanzamiento para la colonización del continente y el sometimiento a los nuevos regímenes de esclavitud que estaban implantando en el mundo entero. Pero ese proceso se alargaría sine die.
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