La esclavitud, contra lo que muchos puedan llegar a pensar, no es una actuación con la que podamos identificar una época concreta de la historia, un pueblo concreto o una situación.
Es una institución que se pierde en los anales de la historia, que hoy perdura con sus nuevas formas, y que ha sido y es ejercida por todos los pueblos del mundo.
La esclavitud de los negros existió en África mucho antes que en América, siendo que Egipto, en el curso de la historia mantuvo lazos con Sudán y Abisinia, de donde se nutrió gran parte de su mano de obra esclava negra.
Por su parte, en la Grecia clásica, en Roma, y en el extremo oriente mediterráneo, los eslavos fueron durante largo tiempo la base de la población esclava, y el término “esclavo” parece provenir justamente del patronímico de estos pueblos.
Atenas fue tomada por los turcos en 1456; la península de Morea en 1460; Bosnia en 1462... Herzegovina en 1481...
Este avance de los turcos se nutre de la mano de obra proveniente de los pueblos sometidos, cuyos miembros son vendidos en los distintos mercados de esclavos, siendo que, finalizando el siglo XVI, y como consecuencia de las batidas para suministrar el mercado de Constantinopla, se evidenciaba una gran despoblación en Rusia.
Por lo que respecta al centro neurálgico del avituallamiento de América y Europa durante la Edad Moderna, África, hay que tener en cuenta que estaba perfectamente acostumbrado a la trata, siendo que existen datos que confirman la existencia de un puerto esclavista en Kilwa, en la costa de Tanzania, en un periodo tan alejado en el tiempo como el siglo XIII... o en el Mali del siglo XIV, donde existía un amplio movimiento comercial alrededor del esclavo y de productos como perlas, porcelana, perfumes y otros bienes de consumo, en el que tenía una importancia primordial la presencia de comerciantes persas y árabes.
Y el mercado apreciaba tanto los esclavos negros como las esclavas blancas.
El mercado atlántico comenzó en el siglo XV, y ya en el siglo XVI, con la expansión portuguesa, se crearon áreas de influencia donde se establecieron colonias comerciales desde las que se enviaba especialmente oro, y también esclavos.
En ese sentido, aunque el aspecto cuantitativo empieza a ser significativo en el siglo XVI y sobre todo el XVII y XVIII, con la participación en la trata de los países norte europeos, se puede señalar como el origen europeo del comercio organizado e institucionalizado de esclavos negros el año 1441, cuando Antam Gonçalvez llevó12 esclavos negros a Lisboa.
Ese mismo año se fundó la Compañía de Lagos, que en 1450 llevó 200 negros de Arguin a Portugal. Desde ese momento la compañía controló el comercio de esclavos, con un tráfico que en el mismo siglo XV llegó a alcanzar un volumen de hasta 3000 esclavos, cuyo destino era variado, siendo que muchos de ellos eran vendidos en el mismo continente africano a compradores africanos.
Si bien algunos esclavos, y sobre todo en un primer momento, eran tomados en “cabalgadas”, quienes fueron inequívocamente los abastecedores de esclavos eran los propios reyezuelos, caciques o autoridades locales que si atendían la demanda en cuanto al número de esclavos, no lo hacían en cuanto al sexo de los mismos, siendo que el número de hombres excedía largamente al de mujeres, a cuya venta eran normalmente reticentes.
También en el siglo XVI, en plena guerra contra el Islam, corsarios españoles con asiento en las Canarias hacían incursiones en África a la caza de bereberes cuyo destino sería los ingenios de azúcar de las islas.
Por una serie de circunstancias, como el Tratado de Tordesillas de 1494, que trazaba la línea divisoria entre España y Portugal para las exploraciones de nuevas tierras, la Corona de Castilla y de Aragón no tomó parte en el tráfico, pero en 1502 Nicolás de Ovando obtuvo un permiso para trasladar negros del sur de España a La Española.
Estaban ya en España, siendo su procedencia dudosa, siendo probable que hubiesen pasado desde Portugal.
Pero el número de esclavos traficados era forzosamente limitado, a pesar de los intentos de varios personajes que, como Fray Bartolomé de las Casas, instaban para que fuesen importados a la Española para atender el trabajo de las minas.
Esos intentos, siendo que Fray Bortolomé era protegido de la Corona, fructificaron cuando el recién incorporado Carlos I autorizó el traslado de 4000 negros con el fin de suplir la población de La Española que estaba sucumbiendo a los efectos de la viruela, enfermedad a la que la raza negra se mostraba, si no inmune, resistente.
Pero si en estos momentos el tráfico era de baja intensidad, estaba destinado a cambiar el sentido cuando en 1553 salieron de Londres los primeros traficantes ingleses, que no tardarían en cubrir la ruta transoceánica.
Tan sólo nueve años más tarde, el pirata naturalmente inglés John Hawkins, saltándose todas las leyes, transportó a las Antillas el primer cargamento de esclavos africanos, consiguiendo vender su carga a espaldas de las autoridades españolas.
Por este tiempo, el Mediterráneo era un mar abonado para la captura y el tráfico de esclavos. Flotas berberiscas atravesaban el mar combatiendo los navíos cristianos que encontraban y capturando a tripulación y pasaje, que inequívocamente pasaría a los mercados de esclavos del norte de África, desde donde serían distribuidos a sus diversos destino y menesteres, siendo especialmente codiciadas las mujeres, cuyo destino principal sería algún harén, y los jóvenes, que con harta frecuencia serían sodomizados.
Esas flotas de piratas berberiscos no se limitaban a combatir a las embarcaciones que navegaban por el Mediterráneo; también hacían incursiones en las costas con el objetivo del pillaje, sí, pero principalmente con el objetivo de la captura de esclavos, para cuyos menesteres, por lo que tocaba a las costas españolas, recibirían el apoyo sin condiciones de significativas partes de la población musulmana, de los moriscos, que por lo general residían en la costa.
Es digno de ser reseñado que el “Grao”, barrio marítimo de no pocas ciudades costeras valencianas, está alejado del núcleo urbano principal por varios kilómetros. El origen de esa característica es que las ciudades se constituían en el interior al objeto de precaverse contra esos ataques de los piratas musulmanes.
Estas circunstancias fueron las que en 1609, dos días después de haber sido reconquistada Larache en la Hispania Tingitana, provocó que se decretase la expulsión de los moriscos, el 60 por 100 de los cuales se hallaba concentrado en la costa valenciana, constituyendo aproximadamente el 33 por 100 de la población, conformando una quinta columna que resultaba esencial para éxito de las incursiones de los piratas berberiscos que tenían en la zona un filón para la captura de esclavos.
Las incursiones berberiscas, si bien centradas en el Mediterráneo, ocasionalmente llegaron a capturar esclavos hasta en las Islas Británicas.
Como réplica a esta actividad pirática y esclavista, la Armada española destinaba a los piratas capturados al servicio en galeras.
Pero los documentos reflejan que no todos iban a galeras, siendo que en Cerdeña, durante el siglo XVI había mercado saturado de esclavos musulmanes
Queda manifiesto, así, que si durante la Edad Moderna el inmenso tráfico de esclavos negros posibilita la identificación de esclavo con negro, el aserto está al fin falto de realidad, hasta el extremo que el tráfico y comercio de esclavos blancos no era, en los siglos XVI y XVII, menor que el tráfico atlántico de esclavos negros, siendo que cuando Inglaterra comenzó el año 1619 el transporte de negros a sus colonias, en concreto a Virginia, en la misma ya había un importante número de esclavos blancos.
Y es que muchos esclavos ingleses e irlandeses llegaron en esos primeros años como criados contratados, si, pero con contrato de esclavitud que marcaba una fecha de caducidad generalmente no se cumplía sino que se alargaba en el tiempo o acababa con el fallecimiento del esclavo, que era sometido a un trato que lo equiparaba a un animal, y es que estos esclavos eran escogidos por Inglaterra, entre su propia población, por disisencias varias, y el precio pagado por los colonos era testimonial.
Con el curso del tiempo, las enfermedades y el maltrato hicieron que esos esclavos blancos se mostrasen como de poco interés para los esclavistas, que comenzaron a importar mano de obra negra, que mostraba ser más resistente al clima y al maltrato.
Ese destino común hizo que esclavos blancos y negros protagonizasen conflictos que alcanzaron cierta envergadura, y que las autoridades británicas, representadas en la Casa de Diputados de Virginia declarase que los esclavos blancos eran gente de la peor calaña de la que podía esperarse la peor de las actuaciones en connivencia con los esclavos negros.
Y las actuaciones contra ellos fueron contundentes; así en Nueva York, en 1741, se produjo una serie de incendios, de la que fueron acusados los esclavos, blancos y negros, lo que produjo una histeria colectiva que acabó sometiéndolos a un juicio de dudosa limpieza que acabó condenando a ejecución a dos hombres y a dos mujeres blancos y a trienta y un esclavos negros.
Estos movimientos sociales, que evidenciaban confraternización entre los esclavos blancos y negros, provocaron que las autoridades británicas tomasen medidas en vistas a minimizar su efecto; así, la Asamblea de Virginia aprobaba los códigos para la esclavitud, con su disciplina y sus castigos, el puritano Edmund Morgan escribía:
Habiendo proclamado la clase dirigente virginiana que todos los hombres blancos eran superiores a los negros, acto seguido ofreció a sus inferiores sociales (pero blancos) ciertos beneficios que antes se les habían negado. En 1705 se aprobó una ley que obligaba a los amos a dar 350 kilos de maíz, treinta chelines y un fusil a los criados blancos cuando vencían sus contratos, mientras que las mujeres recibían 500 kilos de maíz y cuarenta chelines. A los citados recién liberados se les daba, además, 50 acres de terreno.
Por otra parte, el tráfico interior del continente africano hacia el mundo árabe, y entre el mundo negro, al menos en este periodo, no fue de menor envergadura que el atlántico, siendo que en los siglos XVI y XVII Brasil importó entre 500.000 y 600.000 esclavos negros; el Caribe no ibérico más de 450.000; la América hispana entre 350.000 y 400.000; y las incipientes colonias de Francia e Inglaterra 30.000
En este periodo, sólo los puertos de Cartagena y Veracruz estaban autorizados para la recepción de esclavos. Paulatinamente se ampliarían los puertos, hasta que en 1789 se dio total libertad para el tráfico, que en cualquiera de los casos, en lo relativo a España, se marca una notable diferencia, en cuanto a número y en cuanto a trato, que nada tiene que ver con el resto, si exceptuamos el caso de Cuba y tenemos en cuenta que el desarrollo del fenómeno tuvo lugar en un momento en el que podemos decir sin temor a equivocarnos que España ya tan sólo era una colonia británica.
Ya en el siglo XVI, con la intervención de las potencias europeas, Guinea se convirtió en el gran almacén de esclavos; la trata se practicó a lo largo de 3.500 kilómetros de litoral entre Mauritania y el Congo, en cuyo espacio, las potencias promotoras del tráfico dejaron su impronta: Francia operaba en el Senegal; en 1595 los holandeses envían su primera expedición a Guinea y acaban controlando Costa de Marfil y en 1616 empieza a introducir negros en la Guayana, continuando la labor, que tuvo una singular expresión en 1636, cuando Mauricio de Nassau amplió la presencia holandesa en Pernambuco, lo que reportó más necesidad de mano de obra esclava, que la obtuvo con la conquista de los asentamientos en Uganda a los portugueses; Inglaterra, que era la más activa, y que desde 1612 instala plantaciones de azúcar en las Bermudas, y en 1618 se establece en el río Gambia, en la Costa de Oro, y en 1619 introduce los primeros esclavos en Virginia. En 1625 Los franceses se apoderan de Haití, y en 1630 Inglaterra inicia la industria azucarera en Barbados.
Estos movimientos, que conllevaron un enorme tráfico esclavista, produjeron enfrentamientos que tuvieron su máxima expresión en Benin, donde Francia e Inglaterra mantuvieron disputas por el tráfico. Posteriormente darían lugar al nacimiento de un país artificial, Ghana.
Pero el desarrollo del tráfico fue incrementándose con el tiempo, siendo que el periodo comprendido entre 1700, año en que Inglaterra se hizo con el control del tráfico hasta la supresión de la esclavitud en el siglo XIX, fue el que aglutinó el mayor número de transportes, representando las cuatro quintas partes del total de esclavos trasladados a América en toda la historia de la trata.
Y es que el desarrollo de la Ilustración, del liberalismo hace que, con el desarrollo de las nuevas estructuras productivas, provoca que la demanda de mano de obra pase a relegar la esclavitud blanca con la que Inglaterra inició sus actividades en el Caribe, demandando en su lugar una raza más resistente a las enfermedades y al clima del lugar.
Ese mismo fenómeno queda manifiesto en todas las colonias británicas, incluida Brasil, que si no de derecho sí de hecho ya era colonia inglesa, como lo era Portugal, desde el fatídico año de 1640. Y en el desarrollo de esta actividad, bajo la directriz británica, en 1648, Portugal reconquistó de los holandeses Luanda y Santo Tomé.
Lo mismo pasaría en Cuba, cuando a partir de 1808 España quedó bajo la órbita británica, desarrolló espectacularmente la población negra, muy a pesar de estar prohibido por Inglaterra el tráfico negrero.
Este tráfico negrero estaba encuadrado en el desarrollo del comercio al estilo del liberalismo, que viene a estar representado por el conocido como comercio triangular, un circuito que venía a durar año y medio, y que era seguido por los barcos, que tenía como vértices los puertos europeos, los puertos africanos y los puertos americanos y que funcionaba de un modo muy simple: los barcos partían, por ejemplo de Londres o Liberpul, cargados con mercancías manufacturadas en Inglaterra; esas mercaderías era intercambiadas en África por esclavos que eran transportados a América, donde el barco cargaba productos tropicales que transportaba a Inglaterra. Especial incidencia en el tráfico tuvo el azúcar, que era cultivada por los esclavos. Pero al fin, el comercio triangular no fue invención británica. Sencillamente lo desarrolló hasta límites poco comunes.
Las embarcaciones estaban preparadas para ese trasiego, siendo que una embarcación media tenía capacidad para transportar 450 esclavos, si bien era común que ese número se incrementase hasta en un 50%, con lo que el espacio por esclavo, que de por sí era muy limitado (183x40x40) se veía sensiblemente reducido, viéndose condenados a viajar sentados, encadenados y sin moverse, lo que conllevaba un alto índice de mortandad ocasionada por la insalubridad y las enfermedades.
El siglo XVII es el siglo del desarrollo del tráfico esclavista a niveles de escándalo. En 1637 unos comerciantes franceses de Dieppe construyen el fuerte de San Luis del Senegal, mientras los holandeses reemplazan a los portugueses en Arguin, Gorea y Elmina, y tres años más tarde es Suecia quién se añade a la trata. Su presencia sería reforzada cuando en 1645 construye el fuerte de Christianborg en la Costa de Oro.
Senegambia, Sierra Leona, la Costa de los Esclavos, la Costa del Oro, el golfo de Benín, el golfo de Biafra y el África Central y Occidental, con una costa de unos 5000 km. Eran el punto de partida de las expediciones de esclavos.
La oferta y la demanda hacía que proliferasen los centros de expedición de esclavos, alcanzando unos los primeros puestos en detrimento de otros, siendo que si las expediciones iniciadas desde el golfo de Benín aumentaron rápidamente entre el último cuarto del siglo XVII y el primero del XVIII, fue posteriormente superado por el golfo de Biafra o el África Central Occidental.
Así, el lugar de donde se extrajeron esclavos hasta el siglo XVII era La Costa de Oro y Angola, pero ya en el siglo XVIII, era la Costa de los esclavos, Dahomey y Lagos, donde los ingleses centraron su actuación (Gambia estuvo bajo la supremacía inglesa, de donde más de 3 millones de esclavos fueron enviados a América), y en el siglo XIX sería el delta del Níger, la Costa de los Esclavos, Angola y África Oriental los lugares de suministro tanto para las plantaciones usenses como para Brasil y Cuba.
Y este tráfico era controlado principalmente desde Londres y Liberpul, como los más significativos de Inglaterra, existiendo otros puertos de los que merecen mención el de Roterdam o el de Nantes, siendo éste último especialmente activo en la primera mitad del siglo XIX, cuando Inglaterra había prohibido el tráfico. En este periodo, Nantes llegó a transportar más de cien mil esclavos tomados en el golfo de Biafra.
La trata negrera se llegó a extender desde San Luis de Senegal hasta el sur de Angola, por toda la costa occidental africana. Las regiones más pobladas y activas fueron las de Senegal a Sierra Leona, Costa de Marfil y Costa de Oro, Benin y Níger, y de Congo a Angola.
La guerra entre los traficantes se manifiesta con vigor en estos momentos, siendo que en 1651 la Compañía Británica de las Indias Orientales se hizo con la isla de Santa Elena, hasta el momento dominada por Holanda, y a poco, en 1652, Holanda tomó el Cabo de Buena Esperanza, Inglaterra tomó Jamaica en 1655 y Dinamarca, en 1657, expulsó de Christianborg a los suecos.
Todo ese movimiento bélico estaba encaminado al control de un tráfico humano que en estos momentos alcanzaba niveles épicos. Diversos cálculos llevados a cabo por distintos investigadores señalan que en conjunto, durante el periodo de la trata en Edad Moderna fueron trasladados a través del Atlántico entre 9 y 12 millones de personas, cuyo tráfico es desigual a lo largo del tiempo; así, se calcula que durante el siglo XVI habrían sido trasladados no más de 150.000; en el periodo que ocupa el siglo XVII y la mitad del siglo XVIII, la cifra llegaría hasta los cuatro millones, y desde mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XIX unos seis millones, siendo que llegaron a ser puestas en funcionamiento hasta sesenta y seis factorías, de las que cuarenta eran inglesas, repartíéndose las otras veintiséis entre portugueses, holandeses, franceses daneses y suecos.
Pero como venimos señalando, no se trataba sólo del tráfico de los miembros de una raza concreta; esclavitud y racismo son dos cuestiones distintas.
Tan es así que la mayoría (no una gran parte, sino la mayoría) de los pioneros europeos que arribaron a las costas de Norteamérica lo hicieron como esclavos, siendo su procedencia Inglaterra, Irlanda y Alemania, y su situación se prolongó largo tiempo.
En 1755, los criados blancos todavía representaban el 10% de la población de Maryland.
Inglaterra exportaba esclavos ingleses como exportaba chucherías inglesas. Tan es así, que Nial Ferguson, en su obra “El Imperio Británico” señala que aproximadamente la mitad de los pioneros , que Inglaterra transportó a América entre 1650 y 1780 lo hicieron como esclavos temporales.
Señala el estudioso inglés que Los asentamientos como Williamsburg, la elegante capital colonial de Virginia, dependían en gran medida de esta continua oferta de mano de obra barata, no solo para el trabajo de los tabacales, sino para suministrar todo el espectro de bienes y servicios que la naciente aristocracia colonial requería. Igual que los esclavos, los trabajadores bajo régimen de contrata eran anunciados para su venta en el periódico local.
Y esa cautividad se vio incrementada en 1660 cuando Inglaterra arrebató Jamaica a España, con lo que significaba el hecho para el desarrollo de la piratería, especialmente contra las plazas del continente, y posteriormente del tráfico de esclavos africanos.
La grandeza de las ciudades españolas de América era un bocado que ahora tenían al alcance de la mano, por lo que Cromwell volcó todos sus esfuerzos en crear en Jamaica una base inexpugnable donde las armadas piratas tuviesen un lugar seguro.
Con ese objetivo
Dispuso que se enviasen de Irlanda 1.000 mozos e igual número de doncellas. El gobierno escocés recibió instrucciones para aprehender y remitir a holgazanes y vagabundos, al propio tiempo que se enviaron agentes a Nueva Inglaterra y a las islas de Barlovento y Sotavento con el fin de procurar y atraer colonos.../... èn 1658 la isla contenía 4.500 blancos, amén de 1.500 negros esclavos. (Haring 1925: 87)
Con esa premisa, en breve plazo institucionalizó la prisión y expatriación por deudas, encontrando en la medida solución al problema de la escasez de mano de obra en las colonias puritanas de Norte América y en el Caribe. Los deudores de la plutocracia inglesa fueron condenados a servir en régimen de esclavitud en las plantaciones de los asentamientos americanos, y con el precio de su venta serían atendidas las deudas que habían adquirido.
También desde principio del siglo XVII, las colonias británicas en América sirvieron como lugar de destierro de criminales convictos; tráfico que desde 1788, tras la independencia de los Estados Unidos, sería derivado a Australia y Nueva Zelanda.
Pero además de estos criminales, un número importante de católicos irlandeses siguió su mismo destino, vendidos como mano de obra esclava... como también engrosarían el tráfico un número nada desdeñable de población inglesa que era condenado a ese destierro y a la condición de esclavo por la comisión de delitos menores, como el hecho de robar una manzana, en medio de la Revolución Industrial, cuando grandes masas de población eran condenadas al hambre, como bien deja reflejado Charles Dickens.
El comercio humano comenzó cuando Jacobo II, rey de Inglaterra, vendió 30.000 prisioneros políticos irlandeses como esclavos al Nuevo Mundo. A mediados del siglo XVII, los irlandeses se convirtieron en la principal fuente de ganado humano para los comerciantes ingleses… el 70% de la población total de las islas Antigua y Montserrat eran esclavos irlandeses. En la década de 1650 más de 100.000 niños irlandeses, entre 10 y 14 años, fueron separados de sus padres y vendidos como esclavos en las colonias inglesas de América; 52.000 más, en su mayoría mujeres y niños, fueron vendidos a Barbados y Virginia; 2.000 niños se vendieron a Jamaica… No eran criminales ni tampoco, como se ha tratado de vender, tenían contratos de servidumbre.
Además, en un principio, los esclavos irlandeses (y los ingleses), resultaban más atractivos para los plantadores de las colonias británicas porque eran considerablemente más baratos que los africanos, ya que mientras un esclavo negro llegaba a costar 50 libras, un irlandés podía ser adquirido por cinco.
Pero la sinrazón no acababa ahí. Las tabernas se convirtieron en lugar de reclutamiento de esclavos. Ahí, los proveedores de mano de obra esclava, emborrachaban a jóvenes y mayores que si no acababan como esclavos lo hacían como tripulación de los barcos esclavistas, en unas condiciones que no diferían grandemente de las padecidas por los esclavos transportados.
Con esta circunstancia, los esclavos irlandeses y escoceses, en el siglo XVIII representaban casi las tres cuartas partes de los colonos británicos en América. Eran hombres de las comarcas empobrecidas de las islas británicas, inmersos en la miseria que se veían abocados a contratarse como siervos.
El primer envío de esclavos irlandeses a América se produjo en 1612, bajo el reinado de Jacobo II. Su destino: La Guayana. Sería el inicio de un largo recorrido, ya que pocas décadas después, entre 1641 y 1652, bajo el mandato de Cromwell, Inglaterra infligió un terrible genocidio sobre Irlanda cuyos supervivientes fueron vendidos como esclavos. La población irlandesa cayó desde alrededor de 1.500.000 a 600.000 habitantes, y como los niños quedaban huérfanos, las autoridades inglesas procedieron a raptar a decenas de miles de ellos de edades comprendidas entre los 10 y 14 años para ser vendidos también como esclavos en Virginia y Nueva Inglaterra.
Pero no se trataba sólo de niños irlandeses. También niños ingleses, ya desde 1618 fueron secuestrados para ser destinados a las colonias en régimen de esclavitud. Y su captura se llevaba a cabo en las calles, pero también en los hospicios... y en su domicilio, siendo que llegaron a embarcar hasta diez mil niños esclavos por año.
En esta misma década, otro gran número de adultos fueron vendidos en Barbados y Virginia como mano de obra esclava.
Los hacendados necesitaban mano de obra, y en principio les daba igual el color de la misma por lo que no dudaban en recurrir a cualquier artificio para la consecución de peones para el cultivo de la caña de azúcar y el tabaco. En algunos casos, los aprendices británicos enviados a las Antillas firmaban un contrato que variaba entre los dieciocho meses y los siete años, siendo que, con no poca frecuencia eran nuevamente vendidos, y si no les costaba la vida, llegaban a servir hasta doce años antes de recuperar su libertad.
De hecho, se calcula que dos de cada cinco recién llegados morían durante sus dos primeros años en Virginia, debido por lo general a enfermedades intestinales o a la malaria. Sobrevivir a esas enfermedades era el proceso llamado eufemísticamente «curación». Los que sobrevivían se caracterizaban por su condición enfermiza.
La supervivencia, en cualquier caso, no es uniforme; así, a mediados del siglo XVIII en Virginia, donde habían sido repatriados ciento dieciséis mil personas desde mediado el siglo anterior, acabó formándose una comunidad de colonos de noventa mil, mientras en Barbados, donde fueron repatriados ciento cincuenta mil personas la población se redujo a veinte mil.
Y el traslado de los mismos no difería en absoluto del aplicado a los esclavos africanos. Los pasajeros eran azotados o puestos en el cepo si se comportaban mal para subrayar el grado absoluto de su pérdida de libertad.
Es conveniente señalar que los hijos nacidos de esclavos blancos, a pesar del “contrato”, seguían siendo esclavos incluso en el caso de que su madre obtuviese la libertad.
Por otra parte, y siendo su condición literalmente de esclavos, sucedía que los amos decidieron la cría de nuevos esclavos, para lo que, al objeto de alterar la temporalidad en la esclavitud de los esclavos blancos, procedían a cruzar, a la fuerza, a esclavas blancas con esclavos negros, cuyo resultado, el mulato, seguiría la condición de esclavo.
Estos nuevos esclavos alcanzaron un precio superior al de los esclavos blancos y sin embargo eran más económicos que los negros. Pero pronto se produjo conflicto con los traficantes de negros, siendo que en 1681, la Royal African Company, poseedora del monopolio del tráfico negrero, consiguió la aprobación de la ley que prohibida la práctica.
El origen de esta situación, en cualquier caso, no tuvo lugar sino como consecuencia de la dinámica de la cuestión esclavista que, encontrándose con que el número de mujeres transportadas era escaso en relación con el número de varones, y contraria la administración inglesa al mestizaje, adoptaron la medida de mandar expediciones completas de mujeres. La primera de ellas arribó en 1619 a Jamestown, en Virginia, coincidiendo con la primera llegada de esclavos negros, y en principio lo hicieron con la obligación de casarse con los esclavos ingleses.
El comercio de pioneros tuvo, como vemos, un importante desarrollo, pero el alto índice de defunciones producido por el maltrato físico y por las condiciones climáticas hizo que ya a mediados del siglo XVII comenzase a cuestionarse el tráfico de trabajadores identured, si bien fueron rechazadas por el parlamento británico las propuestas de prohibición de ese tráfico, que incluía hombres, mujeres y niños que tenían acceso por una multiplicidad de razones: contrato, secuestro tras ser embriagados, o rapto, especialmente de niños.
Estas situaciones tienen reflejo en las leyes británicas; así, la Lista de Libertades de Massachusetts, de 1641, declaraba:
Nunca habrá entre nosotros ninguna esclavitud de cuerpo, vecindad o cautiverio, a menos que sea de cautivos hechos legítimamente en una guerra justa y de forasteros que voluntariamente se vendan a sí mismos o se nos vendan ... con tal de que esto no exima a nadie de servidumbre que sea juzgada por la autoridad.»
Pero en los últimos años del siglo XVII, los esclavistas de Virginia acabaron convenciéndose de la fragilidad física de los esclavos ingleses, pasando a preferir mayoritariamente la mano de obra negra.
Una circunstancia que tuvo algún peso en la determinación de limitar al fin el uso de esclavos blancos fue que las relaciones existentes entre esclavos blancos, esclavos negros e indios, llegase a que los tres grupos pudieran llegar a unirse para combatir al reducido número de amos, y es que llegaron a producirse fugas de esclavos de esos tres colectivos, lo que tuvo reflejo en las leyes aprobadas para el efecto.
Y es de estas leyes de donde surge el racismo, que en principio parece que no era el eje sobre el que se asentaba el esclavismo.
Edmund Morgan, basándose en su profundo estudio de la esclavitud en Virginia, no ve el racismo como algo "natural" en la diferenciación blanco-negro, sino algo que nace del desprecio de clase, un artefacto realista para el control. "Si los hombres libres desesperados hicieran causa común con los esclavos más temerarios, los resultados podrían ser peores que lo ocurrido con Bacon. La respuesta al problema... era el racismo, para separar, con una pantalla de menosprecio racial, a los blancos libres más peligrosos de los esclavos negros peligrosos".
Es en esta época cuando el tráfico negrero empieza a ocupar el primer puesto en cuanto a número de miembros. Y en la prosecución de esos objetivos, el fin de la Guerra de sucesión en España abría las posibilidades de extender el mercado a toda América.
Pero si la eclosión del tráfico negrero tuvo especial significado desde 1713, la situación se venía gestando desde la cuarta década del siglo XVII, con el desarrollo de la industria azucarera y tabaquera en Brasil y en el Caribe, y no es de importancia menor este asunto en la guerra de separación de Portugal, organizada y dirigida bajo la batuta británica, que vería cumplidos sus objetivos el 13 de febrero de 1668.
Y para redondear el asunto, en 1713, al finalizar la Guerra de Sucesión al trono de España, Inglaterra, a cambio de reconocer a Felipe V, exigió la firma de un tratado comercial que abarcara la Península y las Indias, con la cláusula de nación más favorecida, y el monopolio de la trata de negros.
Pero el desarrollo del tráfico negrero no representó el fin de la esclavización de la población inglesa, siendo que en 1717, el Parlamento institucionalizó la deportación al Nuevo Mundo como castigo legal para los crímenes cometidos. Después de esa fecha,
se enviaron decenas de miles de reos a Virginia, Maryland Jamaica y las otras colonias.
No obstante, el peso específico de los esclavos blancos comenzó un rápido declive merced a la extraordinaria capacidad inglesa de transportar esclavos negros, más vigorosos y adaptados al clima y al duro régimen de trabajo que tan letales resultaban para los esclavos ingleses.
Tan es así que en algo más de medio siglo había cambiado radicalmente la constitución racial de los asentamientos ingleses, donde los naturales habían sido exterminados, y la mayoría de la población era negra, siendo que si en las colonias continentales el porcentaje era superior al cincuenta por ciento, en Jamaica multiplicaba por diez a la población blanca.
Con el siglo XIX se iniciaría el segundo capítulo del tráfico. En 1807 el Parlamento Británico aprobó la Ley para la Abolición del Comercio de Esclavos, por la cual todo traficante que fuese abordado sería severamente penado, y en 1833 dictó la Ley Abolicionista que liberó todos los esclavos del Imperio Británico.
Inglaterra había creado una nación títere, Sierra Leona, donde deportó a los negros que vivían en Inglaterra al tiempo que, considerándola insalubre para los esclavos ingleses, deportaba a éstos a Australia y a Nueva Zelanda, y en 1821 la American Colonization Society desembarcaba en la Costa de los Granos el primer cargamento de negros libres que dio origen a Liberia, otro estado libre creado a base de dinero, y sobre todo presión de las armas.
Con estas leyes que perseguían el tráfico, principalmente Brasil, pero también Cuba, quedaron como únicos lugares de destino para el tráfico, que era llevado a cabo por armadores radicados en Brasil y en Cuba, y que eran suministrados de buques por los traficantes usenses.
El número de barcos negreros con bandera usense se fue incrementando de forma que recordaba el incremento de la armada negrera británica de principios del siglo XVIII. Y como para esas fechas el tráfico también estaba prohibido en los Estados Unidos, caso de ser interceptados por la marina usense, no dudaban en izar en su lugar la bandera española.
Pero si esta situación se estaba dando en el Atlántico bajo las instrucciones británicas, en la India, y bajo las mismas instrucciones, continuaba a buen ritmo el tráfico esclavista. Y es que, a pesar de la abolición de la esclavitud, Inglaterra continuaba usándola a buen ritmo en sus posesiones de Asia y de Oceanía, lugar de destino éste último, de millares de ciudadanos británicos que sobraban en la metrópoli como consecuencia de la Revolución Industrial.
El fin del tráfico, no obstante, era inminente; en 1848 Francia decretaba la abolición de los esclavos en el Caribe Francés y fundaba la colonia de negros libres Libreville; en 1867 llegaba del último barco de esclavos a Cuba, y en 1873 se decretaba la abolición de la esclavitud en Puerto Rico.
En Cuba sería abolida en 1880, y en 1886 el patronato en que derivó aquella. Brasil la aboliría en 1888.
Ya estaba en significativo desarrollo la esclavización moderna, en la que el esclavo asume la responsabilidad de su vivienda, su vestido y su manutención... Y ahí estamos...
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