jueves, mayo 21, 2015

El pensamiento político en el Corán

Cesáreo Jarabo Jordán

Participación política según el artículo 23 de la declaración de los derechos humanos en el islam, proclamados en El Cairo por la Conferencia Islámica celebrada del 31-7 al 5-8 de 1990:
Artículo 19d: No hay crimen ni castigo sino según los preceptos de la sharia.
Artículo 23-b: Todo ser humano tiene derecho a participar directa o indirectamente en los asuntos políticos de su país, así como el derecho a asumir funciones políticas según estipulen los preceptos de la sharia.
Artículo 24.- Todos los derechos y deberes estipulados están sujetos a los preceptos de la sharia.
Art. 25.- Idem
Etc.

Si tuviésemos que hablar del pensamiento político en los Evangelios, acabaríamos hablando de extremos cuya referencia a los Evangelios sería colateral, y ello estaría basado en los mismos Evangelios, ya que Jesucristo nos manifiesta que hay que dar a Dios lo que es de Dios y al César  lo que es del César.
Mientras el cristianismo sólo exige coherencia a los cristianos a la hora de conformar su pensamiento político, y sólo exige la salvaguarda de los principìos teológicos (y humanistas) que emanan de la doctrina y que coinciden con el derecho natural, y da libertad en cuanto a todo lo demás, pretender buscar en el Islam algo similar es tarea condenada al fracaso.
Encontrar en el islam una  expresión que quiera parecerse, aunque sea de muy lejos a lo que encierra la sentencia de Nuestro Señor, es tarea harto complicada, porque si bien es cierto que el cristianismo pone a Dios como cima de todas las cosas, no es desdeñable en absoluto el camino que nos marca Jesucristo en lo relativo a las cosas terrenas, y en concreto a las cosas políticas.
En base a esa premisa, queda manifiesto que  cada miembro de la sociedad tiene un conjunto de opiniones y de actuaciones que no tienen por qué interferir con Dios. Son cuestiones de cada quién.
Con el Islam no sucede lo mismo. En principio no parece que en el Islam se reproduzca ese mismo precepto de independencia, donde todo está férreamente supeditado a lo dictado en el Corán; con una particularidad: Es francamente difícil separar en el Islam los derechos civiles de los derechos religiosos, ya que los derechos de cualquier miembro de la sociedad civil no son iguales a los demás, sobre todo si se trata de un no islamista.
Sin embargo, algo llevan por delante los islamistas sobre los cristianos: No secularizan la religión, sino que impregnan con su fe el orden social. El Islam se mantiene como orden de vida, mientras los cristianos somos incapaces de hacer lo propio con el cristianismo, siendo que el cristianismo da libertad absoluta mientras que en el islam todo es esclavitud; todo está regulado bajo las leyes del Corán y de la sharia (que está compuesta por el corán y la Sunna del profeta), que controlan hasta lo más nimio, hasta aspectos de higiene o de mal gusto… y en esos casos no siempre imponiendo lo que podemos entender como más correcto.
En el Islam, lo que podríamos entender como parlamentarios está reservado a los “ulemas”, y los ulemas son personas poseedoras de conocimiento de la ley. Bajo este concepto, hay pensadores musulmanes que defienden que un físico, un químico, un economista… son ulemas, y como tales, dotados para conformar algo que podemos entender como parlamento… siempre y cuando se muestre sometido a la sharia.
No seré yo quién critique que los aspectos políticos deban someterse a los aspectos morales. Hay que dar a Dios lo que es de Dios, y en eso, personalmente, tengo plena coincidencia con la teoría del islam…
Pero es que, además, hay conceptos como el referido de dar al César lo que es del César, que quedan reiteradamente suprimidos, y con ellos el menor atisbo de autonomía personal, y ahí, como cristiano, me rebelo. Así, si no es reprobable que el Corán anime a comer con moderación (Sura 7: aleya 31) o a guardar la buena apariencia (7:32), también las tradiciones del profeta señalan otros aspectos menos comprensibles como  “que un creyente fuerte es más amado por Alá que un creyente débil” (Tradiciones del profeta o “Hadiz” relatado por Muslim, Ahmad, Ibn Mayah y Al Baihaqui), y señala obligaciones que entran más en el ámbito de la autonomía personal, como el baño corporal, que es obligatorio al asistir a las oraciones de los viernes (“Hadiz” transmitido por Bujari.) así como el uso de perfume, cortarse las uñas, afeitarse el pubis y depilarse las axilas (“Hadiz” relatado por Bujari y Muslim), o no recriminar a nadie porque se lance una ventosidad...
Y es que los “Hadiz” tienen gran importancia, porque hay cuestiones que no quedan reflejadas en el Corán, y que sin embargo son tenidas en cuenta para la ley islámica porque han sido transmitidas como tradiciones del profeta; cuestiones sobre las que Mahoma actuó u opinó de forma tácita. Para dar valor a estos “Hadiz”,que alcanzan valor de ley, se recurre a quienes los han relatado. Cuanto mayor sea la lista, mejor.
El Islam es meticuloso en asuntos que nos pueden llegar a parecer extremadamente curiosos, pero es que, según el Islam, el hombre debe someterse completamente a la voluntad de Dios. Por eso Islam significa “someterse” y sus devotos, los musulmanes, son “aquellos que se someten”. Pero… ¿Es realmente por eso?, porque como cristianos debemos estar totalmente de acuerdo con la idea de someterse completamente a la voluntad de Dios… Y sin embargo, el cristianismo no hace especial hincapié en el concepto de sometimiento, sino más bien en el de filiación, dando lugar a la autonomía. Ahí, parece, radica el principio diferencial entre una ideología sincretista como la musulmana y una religión como la cristiana.
Y es que, si algo destaca en el Corán es el concepto de sometimiento, manifiesto en afirmaciones como la siguiente “Y entre Sus signos está el haberos creado esposas nacidas entre vosotros, para que os sirvan de quietud”, si bien también anima al hombre a ser afectuoso y bondadoso. Corán Sura  30:21; en concreto es obligatorio que el hombre mantenga a su esposa y a sus hijos, proporcionando alimento, vestido y vivienda; es su protector y debe darle buen trato…. Prácticamente el musulmán está obligado a dar a su mujer y a sus hijos el mismo trato que a los animales de carga.
Sometimiento que se representa, lógicamente, hasta en el último eslabón social.  Según la tradición islámica (o hadiz) dijo Mahoma que el mejor consuelo en este mundo es una mujer piadosa,[82] por lo tanto debe mostrar respeto y obediencia siempre que no sea pecado; no le está permitido admitir la entrada en la casa a alguien que desagrade a su marido, obedecer a alguien en contra de éste y acudir a su lecho cuando éste la requiera.[83]
A los ojos de una mente occidental y cristiana, este asunto chirría, puesto que, si por un lado es cierto que para un hombre occidental y cristiano el mejor consuelo es una mujer piadosa, no es menos cierto que para una mujer occidental y cristiana el mejor consuelo es un hombre piadoso; por supuesto, para personas occidentales y cristianas, el respeto también debe ser mutuo, y la obediencia, ¡por qué no!, también mutua para aquellas cuestiones que uno domine mejor que el otro.
Otro asunto que también chirría es que, siendo aceptable de todo punto la idea de no admitir la entrada en la casa de alguien que desagrade al marido, nada diga de hacer lo mismo con alguien que desagrade a la esposa… Y no hablemos ya de la obligación que tiene la mujer de acudir al lecho cuando sea requerida, sin tener en cuenta su libre voluntad.
Y volviendo al tema de los hijos, éstos tienen el deber de fidelidad y obediencia a los padres que sólo cesa en el caso de que estos quisieran alejar a sus hijos de la fe musulmana.
No obstante, debemos convenir que, aunque observemos en el Corán el más puro y duro sometimiento, no por ello vamos a encontrar permanentemente consejos perversos. En absoluto. Hay consejos que son positivos, y no son pocos. Debemos convenir que, en definitiva, la voluntad manifiesta es el bien. Otra cosa es que los caminos que se marcan para el bien sean exactamente los que corresponde a una mente libre.
Si hemos dado una pincelada en lo relativo a la relación de familia, en cuanto a la relación con los vecinos, el Corán prescribe continuamente tratarlos bien,[86] y prohíbe incomodarlos o perjudicarlos,[87] comer hasta saciarse mientras el vecino tiene hambre,[88] y cuenta la tradición que Mahoma dijo que aquél cuyo vecino no esté a salvo de su maldad no entrará al Paraíso.[80
Debemos convenir que los mandatos del Corán en este sentido son positivos, y en algún punto encomiables, como la citada prohibición de saciarse mientras el vecino tiene hambre.
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Al intentar profundizar en el asunto titular de esta exposición nos encontramos con que algunos eruditos musulmanes dicen que una nación islámica se basa en cuatro pilares:[53]  La ley de Ala, la Ciudadanía, el Territorio y la Autoridad.
Veamos cómo se desarrolla cada uno de estos aspectos:
La ley de Alá, es una legislación que caracteriza a la nación islámica y el Corán ordena que se juzgue con ella.,[54] De la misma manera reprende a quien no legisle con ella describiéndolo como  impío,[55] perverso[56] o infiel.[57]
Pero hay que ver qué entiende el Islam por “piedad”, siendo que la ley abarca todos los aspectos de la vida; desde las cuestiones económicas hasta las cuestiones penales, y tiene una fuerte base en la ley del talión. Así, la sura 5 aleya 45 reza:  “Les hemos prescrito en ella: «Vida por vida, ojo por ojo, nariz por nariz, oreja por oreja, diente por diente y la ley del talión por las heridas». Y si uno renuncia a ello, le servirá de expiación“.
Algunos de los delitos que son castigados con la muerte en aplicación de la sharia (o camino al manantial) son: violación de niños, (la violación de mujeres es de probanza casi imposible, y quien termina ejecutada suele ser la mujer violada por adulterio), brujería, tráfico de drogas, asalto a mano armada y homosexualidad.
Ordena flagelación contra el fornicador y la fornicadora (sin distinción) (sura 24 aleya 2ª). Y sentencia que el fornicador no podrá casarse más que con una fornicadora o con una asociadora.[1] La fornicadora no podrá casarse más que con un fornicador o con un asociador. (sura 24 aleya 3)
En la sura 24 aleya 4ª ordena el castigo de  quienes difamen a las mujeres honestas sin poder presentar cuatro testigos. No obstante, el testimonio de un hombre equivale al testimonio de dos mujeres. Además, la supeditación de la mujer queda manifiesta nuevamente en la aleya 6, donde afirma que quienes difamen a sus propias esposas sin poder presentar a más testigos que a sí mismos, deberán testificar jurando por Alá cuatro veces que dicen la verdad. Evidentemente, la mujer, aunque jure cuarenta veces, y aunque aporte testigos, no le resultan válidos.
Eso sí, en la aleya 8 de la misma sura se da a la mujer una vía de escape al castigo si jura por Alá cuatro veces que el esposo miente. Y en la Aleya 23 lanza una maldición a quienes difamen a las mujeres honestas.
Pero la sharia no se limita a las relaciones personales. Y es que el Islam, como el cristianismo, es una religión total, que pretende estar en todos los ámbitos de la vida; por lo mismo no entienden que se pueda separar la religión de la economía , y como el cristianismo, no prohíbe que la sociedad crezca económicamente, todo lo contrario, promueve que haya un desarrollo económico igualitario y justo para todo; por ello, establece como principio básico en las transacciones que se realizan entre la gente, el Iman (la fe), la Taqwa (el temor a Alá, la complacencia de Alá) y la moral, aspectos sobre los que debe prosperar todo sistema económico y financiero.
Estos principios pueden coincidir con los principios cristianos, incluso el Corán se manifiesta abiertamente contrario al préstamo con intereses (2:275) (30:39)
Pero al fin estos aspectos, que son importantes, acaban teniendo una importancia menor ante otras cuestiones que prevalecen; por ejemplo, en la aleya 19 se marca algo preocupante, cuando menos: “Quienes deseen que se extienda la torpeza entre los creyentes, tendrán un castigo doloroso en la vida de acá y en la otra. Alá sabe, mientras que vosotros no sabéis.”
¿Y qué es la torpeza? Ahí estriba el asunto de la cuestión, porque el castigo doloroso será infligido sobre quienes sean torpes, y son torpes, sobre todo… los infieles…, pero no sólo los infieles.
Dejamos por el momento el primero de los pilares de la nación islámica, o lo que puede ser lo mismo, del pensamiento político islámico.
Pasemos pues al segundo pilar.
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La ciudadanía:
La sharia, o ley de Alá señala que los ciudadanos deben ser musulmanes, aunque también pueden ser no musulmanes. Esta aceptación es una muestra de benevolencia; no es el reconocimiento de ningún derecho, sino la concesión de un privilegio cargado de cortapisas.
En el caso de los ciudadanos no musulmanes, manifiestamente ciudadanos de tercera categoría, se dividen en dos tipos: Ahlu-dimah y musta´minun. Los  Ahlu-dimah son los judíos y cristianos que acceden a  un acuerdo con el gobierno para que su religión no sea perseguida a sangre y fuego (la sharia, al respecto habla de protección de la religión) y sus bienes no sean incautados; entre sus obligaciones está el pagar la "yizia", no vender cosas prohibidas en el islam y no prohibir que si alguien de sus familiares quisiera convertirse al islam lo haga. Por su parte tienen prohibido hacer acólitos, y la apostasía del islam está sancionada con la muerte (Sura XVI, 106) .  Por su parte, los musta´minun son de cuatro tipos: mensajeros, comerciantes, arrendatarios y turistas o quienes tienen alguna necesidad en la nación; no tienen la obligación de pagar la "yizia" debido a que residen en el territorio sólo por un tiempo determinado, y por supuesto no pueden dar ninguna muestra externa de pertenencia a otra religión que no sea el Islam.
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El tercer pilar es el Territorio: es donde vive la ciudadanía; los alfaquíes dividen los territorios en dos: territorio islámico y territorio no islámico.
En el territorio islámico será de aplicación la sharia, y en territorio no islámico, los islamistas deberán seguir las instrucciones emanadas del Corán: “Que no tomen los creyentes como amigos a los infieles” (3:28) (4:144). Y más “Los infieles son para vosotros un enemigo declarado” (4:101) Y más: “para los infieles tenemos preparado un castigo humillante” (2:90) ideas idénticas: (2:104) (4:151) (1:161) (9:3) (39:71) (41:27) (41:50) (42:26) (48:25) (58:4)(58:5) (67:29) ¡Que no crean los infieles que van a escapar! ¡No podrán! (8:59). Combate contra los infieles (9:73) (9:123) No obedezcas, pues, a los infieles y lucha esforzadamente contra ellos (25:52) (33:1) (33:48) Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra (47:4) ¡Combate contra los infieles y los hipócritas! ¡Muéstrate duro con ellos! (66:9) Para los infieles hemos preparado cadenas, argollas y fuego de gehena. (76:4) Ese día, los creyentes se reirán de los infieles (83:34)
La relación de aleyas es de aquellas que el Corán indica una acción concreta; una orden de actuar a los musulmanes. Hay muchas más referencias condenatorias, vejatorias y demostrativas de odio; literalmente demostrativas del odio que lleva implícito el Corán; odio que con esa misma palabra es manifestado de manera reiterada como sentimiento de Alá en concreto hacia los infieles.
No es que los infieles se encuentren discriminados políticamente de los fieles; es otra cosa.
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El cuarto pilar es la autoridad. En cuanto al asunto de la autoridad se adopta un concepto más cercano a la aristocracia que a la democracia, aunque con el añadido del sometimiento absoluto, la figura del mandatario, y desde los concepto clásicos, el sistema de gobierno más que aristocrático bien puede entenderse como tiránico.
Históricamente, tras la muerte de Mahoma el 8 de Junio del año 632, En el territorio islámico, es  nombrado califa Abu Bakr y a la muerte de éste, en 634 es nombrado Umar, que junto a su sucesor Utman constituyen el grupo de califas ortodoxos, y es a ellos, al emir y al  imam a quién debe obedecer el pueblo musulmán; el Corán encomienda que se les obedezca,[58] siempre y cuando no contradigan las leyes del islam. Así, la sura 4, aleya 59 señala: “¡Creyentes! Obedeced a Alá, obedeced al Enviado y a aquéllos de vosotros que tengan autoridad. Y, si discutís por  algo, referidlo a Alá y al Enviado, si es que creéis en Alá y en el último Día. Es lo mejor y la solución más apropiada.”
La forma en que son elegidos son tres: por consulta o elecciones entre los eruditos de la ley (de ahí mi afirmación primera de gobierno aristocrático), si bien la costumbre es que  el emir elige a su sucesor, o a través de un golpe de Estado, y estas son las formas históricas más asentadas (motivo por el que señalo que es tiranía).
La autoridad político-religiosa máxima en el islam es el califa, elegido entre los creyentes. El último califato, el otomano, desapareció en 1924. En segundo lugar se sitúan los emires, que son los distintos príncipes islamistas (pensemos en los emiratos árabes), y a continuación le siguen el jeque, que es un título aplicado a líderes religiosos o políticos a nivel local , el alcalde y el imán, que en principìo puede ser cualquiera que dirija bien la oración, y que lo será sólo mientras dirija la oración, aunque en la práctica no es exactamente así. En la mente de todos está la existencia de Imanes que se han significado en otro sentido; de hecho, para los chiíes, el Iman sí es un personaje dirigente, un guía religioso que generalmente es nombrado por la propia comunidad. Existe de todos modos una serie de sabios, los ulama y alfaquíes, que tienen el mismo tipo de autoridad social y religiosa que el clero en otras religiones.
¿Y dónde queda la “Consulta” que últimamente es destacada por algunos?. Respecto a este asunto la Sura 42 aleya 38 dice: Escuchan a su Señor, hacen la azalá, se consultan mutuamente… Pero así como otras cuestiones son remarcadas en el Corán hasta en centenares de ocasiones, ésta tiene sólo esta única referencia.

Sí, una única referencia en el Corán. No obstante es digna de ser tenida en cuenta por la importancia que la misma está teniendo en los últimos tiempos. Es en esta única referencia en la que se basan los “hermanos musulmanes” para decidir que un gobierno islámico es una democracia representativa  limitada por la “sharia”[2]. Pero es el caso que aplican condiciones sumamente interesantes, como es el hecho de que las campañas no las puede dirigir cada candidato, sino que son expuestas por un ente neutral, lo cual garantiza igualar las posibilidades de los candidatos, a quienes se les exige integridad moral (integridad moral musulmana, por supuesto). Pero es la forma la que quiero reseñar como novedosa.

Cuatro pilares de representación, que, en principio, parecen de una lógica más aceptable que otros conceptos representativos que se nos presentan como inamovibles.
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Pero sigue resultando difícil determinar estrictamente un pensamiento político, porque al fin y al cabo, El Corán es el producto literario de una mente no cultivada en exceso; de una persona implicada directísimamente en luchas armadas tribales, sangrientas, vengativas, en no pocas ocasiones profundamente injustas y cargadas de odio.
Mahoma no conoció otra estructura social que la de la tribu; el pensamiento político, así, se enmarcaba estrictamente en el concepto de tribu, y por supuesto, si Mahoma acabó siendo la cabeza visible de un gran y terrorífico imperio fue gracias a varias cuestiones:
  • La estructura mental de un pueblo acostumbrado al sometimiento.
  • La extrema violencia aplicada sobre quién no se sometía.
  • Los éxitos obtenidos en sus razzias militares
Así, la religión que inventó acabó siendo impuesta tan sólo porque se había hecho temer, y como consecuencia, el Corán parece encajar más en la concepción estrictamente política que en cualquier concepción religiosa. Y en una concepción de política estrictamente tribal, que en ocasiones guarda cierta compostura y humanidad, pero en muchas ocasiones muestra crueldad, rencor, venganza, engaño, asesinato.
A los oídos occidentales suena muy fuerte la última aseveración, pero para corroborar lo afirmado no hace falta otra cosa que acudir a la lectura del Corán y la Sunna. Así, la sura 3, aleya  169 dice “Y no penséis que quienes han caído por Alá hayan muerto. ¡Al contrario! Están vivos y sustentados junto a su Señor. 3:170 Contentos por el favor que Alá les ha hecho y alegres por quienes aún no les han seguido, porque no tienen que temer y no estarán tristes, 3:171Alegres por una gracia y favor de Alá y porque Alá no deja de remunerar a los creyentes.3:172A quienes escucharon a Alá y al Enviado, luego de la herida recibida, a quienes, entre ellos, hicieron el bien y temieron a Alá, se les reserva una magnífica recompensa”.
Es una clara llamada al atentado personal, con premio celestial para el que se inmola. Una clara llamada al terrorismo. Una llamada al asesinato que se realiza a lo largo del Corán; así, en la sura 5:33 Retribución de quienes hacen la guerra a Alá y a Su Enviado y se dan a corromper en la tierra: serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra., y en la Sura 8:12: ¡Cortadles del cuello, pegadles en todos los dedos!»… y en la Sura 47:4 Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra.
Y sólo un  ejemplo más: Sura 9:5 Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores (los idólatras, los cristianos)[3] dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!
No es que no haya más ejemplos; es que resulta tedioso continuar con ellos. Pasemos a ver el ejemplo, no ya literario, sino físico de Mahoma: Resulta que, tras la batalla de Badr, donde se produjo tal matanza que el propio Mahoma tuvo que intervenir a fin y efecto de que la misma no le impidiese hacerse con esclavos, manifestó su deseo de que lo librasen de Asmä bint Marwan que componía versos que le desagradaban. Un acólito se encargó de asesinarla y no dudó en presentarse ante su amo  para comunicárselo, a lo que Mahoma le respondió: <¡Tú has ayudado a Alá y a su Enviado, oh Omayr>".
Más ejemplos singulares han pasado a la historia, como el asesinado del poeta Abú Àfak o el de Kaab ibn 'Áshraf que fueron condenados a muerte por Mahoma por haber manifestado diferencia de criterio. La biografía que de Mahoma escribió Ibn Is´háq, trata ampliamente las campañas y expediciones de los musulmanes en la época del profeta. Entre las expediciones cuenta numerosos asesinatos políticos.
Eso es la génesis de la doctrina musulmana. Más adelante, en el siglo VIII, los califas abasíes harían de Mahoma un profeta rodeado de toda perfección y convirtiendo su violencia en mística religiosa.
Y pensamos… ¿No hablábamos del pensamiento político en el Corán?  Seguimos.
Mahoma, a los 49 años, casó con una niña de 6 años, a la que respetó… hasta que cumplió nueve… y para celebrarlo realizó la Hégira, por la cual acaba controlando la ciudad de Medina.

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Analizando más aspectos del Islam podemos descubrir algunas otras diferencias sustanciales con la concepción cristiana de la vida.
Ya hemos señalado alguna diferencia en el trato de la mujer… y de los hijos... y de los enemigos… y de…
¿Y de la esclavitud?, ¿qué opina el Corán sobre la esclavitud?
El Corán asume como un hecho normal la esclavitud, si bien ordena tratar con humanidad a los esclavos. En ese aspecto, todo parece semejante al derecho romano, y si fuese así, debemos reconocer que, en algunos aspectos, llevarían ventaja a las relaciones laborales existentes en el mundo liberal capitalista, con los sindicatos incluidos. Pero no vamos a introducirnos en este tema, que daría para largas disputas.
Lo importante en el islam es la concepción de la esclavitud, que a pesar de lo expresado habría que compararla con la concepción de la esclavitud en el Imperio Romano, aspecto que tampoco vamos a abordar en este momento.
Pero para ubicarse en estos conceptos dentro del ámbito islámico, podemos preguntarnos si, por ejemplo entenderíamos que Cristóbal Colón o Hernán Cortés, por poner dos ejemplos, hubiesen actuado como esclavos de un señor determinado, llámese Reyes Católicos, llámese Carlos I, o llámese como se llame. Si no tuviésemos capacidad para entender ese extremo, entonces, difícilmente seríamos capaces de comprender la concepción islámica a este respecto; al respecto de la esclavitud.
Y me temo que es el caso. Porque, por poner un ejemplo, Tárik, el artífice de la conquista de España, no era sino un esclavo de Muza Ibn Nusair. Un  esclavo que acabó traicionándolo y que no acabó siendo castigado por su amo gracias a que el califa Sulayman le privó de ese derecho como consecuencia de que a su vez él le perdonó la vida.
Pero la esclavitud… ¿qué límite tiene la esclavitud?, ¿puede la mujer considerarse libre en el Islam? «Vuestras mujeres son un campo para vosotros. Id a ellas como os parezca», dice en el sura 2, v. 223. El hombre puede forzarla a obedecer, puede mandarle e incluso puede pegarle (sura 4, v. 38/34)… Y puede repudiarla, mientras ella no; ya hemos visto que el testimonio de la mujer vale exactamente la mitad del hombre, y en las herencias pasa otro tanto….
Pero hay más… La mujer no puede orar cuando tiene la menstruación, y siempre lo hará totalmente tapada. La mujer no tiene obligación de acudir a la mezquita, y cuando lo hace se queda detrás de los hombres.
A la hora de rezar la mujer debe hablar en tono más bajo que el hombre, y se situará detrás de él.
Y aún así, el Islam representa una ventaja jurídica para la mujer árabe.
Para finalizar: Pensamiento político es todo el Corán, ya que difícilmente puede ser considerado religioso un texto que destila odio y más parece un tratado de terrorismo que una doctrina religiosa. Cierto es que a lo largo de la obra, que tiene un total de 127136 palabras se cita 1650 veces a Alá; 104 veces la palabra “dios”…y 167 veces la palabra “perdón”… pero relativa a la negación del mismo se repite hasta en 19 ocasiones, siendo la reiteración de ideas, en ocasiones hasta con las mismas palabras, en torno a cincuenta.
Es de señalar que en los textos cristianos que he utilizado, compuestos por cinco autores (los cuatro evangelistas y San  Pablo), en un texto que consta de 128827 palabras, el nombre de Dios es citado en su conjunto, en 958 ocasiones. Me permito al respecto recordar el segundo mandamiento de la ley de Dios.
Como última muestra, consideremos la Sura 9 Aleya 80: Da lo mismo que pidas o no que se les perdone. Aunque lo pidieras setenta veces, Alá no les perdonaría, porque no han creído en Alá y en Su Enviado. Alá no dirige al pueblo perverso. (De remarcar es la cifra que da de setenta veces que se pida perdón y que Alá no perdonará. Recordemos que Jesús dice que hay que perdonar no ya siete veces, sino setenta veces siete),
Podríamos seguir desmenuzando el texto del Corán, y personalmente aconsejo que se haga a nivel individual. Es francamente aleccionador, y lamentablemente, la gente no lee, cuando el peor enemigo que puede encontrar el Corán es, precisamente, que sea leído.





[1] asociar, según la doctrina islámica, es un falseamiento de la realidad por miedo o debilidad. Asociar sería equivalente a aferrarse a falsos ídolos, falsos dioses, falsas promesas, falsas esperanzas, falsos protectores y falsos refugios. El asociador difiere del idólatra y del politeísta, pues asocia a un dios principal uno a más dioses menores o secundarios (Corán 15-96).
[2] Política e Islamismo. Ferrán Izquierdo . http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA65%20Nov.08/PoliticaIslamismo.htm
[3] asociar, según la doctrina islámica, es un falseamiento de la realidad por miedo o debilidad. Asociar sería equivalente a aferrarse a falsos ídolos, falsos dioses, falsas promesas, falsas esperanzas, falsos protectores y falsos refugios. El asociador difiere del idólatra y del politeísta, pues asocia a un dios principal uno a más dioses menores o secundarios (Corán 15-96).

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