martes, 2 de junio de 2015

ESPAÑA BAJO EL ISLAM I


La situación que venía enquistada enfrentando a la nobleza visigoda en los dos clanes Wamba-Egica y Chindasvinto-Recesvinto tenía visiblemente debilitada la estructura nacional española; aspecto que no pasó desapercibido a los invasores musulmanes, quienes tiempo atrás venían haciendo incursiones informativas cargadas de regalos para comprar los intereses del clan que acabaría posibilitándoles la invasión, y todo sin olvidar la inestimable colaboración de los judíos, que si habían sufrido un endurecimiento de las leyes con Egica, con Witiza tuvieron libertad de movimiento. Resulta curioso, no obstante, que acabaron poniéndose del lado del sector que más había atacado sus intereses y quienes los habían sometido a servidumbre, salvedad hecha de Witiza, que los protegía. Esta colaboración fue de vital importancia, ya que estaban asentados en las principales ciudades del reino (Narbona, Tarragona, Sagunto, Elche, Lucena, Elvira, Córdoba, Mérida, Zaragoza, Sevilla y en la capital, Toledo.)

La confianza que de ellos hicieron los sarracenos al tiempo de la conquista prueba que obraban ya de concierto los sectarios de Mahoma y los secuaces de la ley de Moisés. En manos de los judíos dejaron Toledo; en manos de los judíos dejaron Tarragona, y los hebreos volvieron a desarrollar su actividad en el tráfico de esclavos.
Otro asunto se aliaba contra España: El hambre había hecho presa en los últimos tres años y se había llevado a la mitad o más de la población. Y hay que añadir que la sociedad española estaba profundamente sumida en una desmoralización que multiplicaba el número de suicidios; las plagas de langosta eran reincidentes y se prolongaban durante lustros. Todo ello, sin duda, debió pesar a la hora de enfrentarse (o como es el caso, de no enfrentarse, al invasor).
Muza, que estaba al servicio del califa Aludid y había ocupado la práctica totalidad del territorio del norte de África, incluida Tánger y las plazas fuertes de los visigodos, con quienes habían pactado que éstos siguiesen al mando, y siguiendo las indicaciones de Julián, señor de Ceuta y de otra ciudad de España que cae sobre el estrecho y se llama Al-Hadrá [La Verde] , y de los hijos y hermanos de Witiza, mandó a Tárif con una fuerza de 500 hombres, que desembarcó en la antigua Tartesio, robando todo lo que tuvo a mano.
El historiador árabe coincide en reafirmar la traición de Julián por los mismos hechos relatados en el romancero, y que se circunscribe a la violación de su hija por parte de Rodrigo. El historiador árabe asegura que fue directamente Julián quién condujo los barcos invasores hasta Gibraltar, engañando las escasas vigías existentes en España, que confiaron dado que, a lo que se ve, Julián acostumbraba a navegar sus barcos entre Ceuta y Gibraltar con objetivos diversos, presumiblemente comerciales o de pesca.
Continuará...

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