sábado, 15 de agosto de 2015

GUERRA DE SUCESIÓN. UNA NUBE DE ADVENEDIZOS




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GUERRA DE SUCESIÓN


UNA NUBE DE ADVENEDIZOS



La corte de Carlos II fue un hervidero de intrigas internacionales. Una vez cambiada la dinastía, aquellas intrigas se convirtieron en una guerra internacional extendida por media Europa. Pero las intrigas no se desvanecieron en la corte del nuevo rey, sino que ésta pasó a ser el centro neurálgico de los advenedizos, franceses y afrancesados por una parte y españoles por otra, cuyas miras personales se sobreponían a las miras de interés nacional. Curiosamente, al final del periodo, sería Felipe V quién, como en un espejismo, diese una sensación de dignidad patriótica.

Sería extremamente reduccionista señalar a un personaje como paradigma de la intriga, pero a la vez sería demostrar una ceguera absoluta dejar de señalar a una persona como la máxima expresión de esa intriga.
Si en tiempos de Felipe II destacó en ese capítulo la princesa de Éboli, con la dinastía francesa sería otra mujer, curiosamente portadora de título similar, quien concentrase en su persona la máxima expresión de la ambición política y la máxima expresión de la intriga. Era Mª Anne de la Trémoille, princesa de los Ursinos; una mujer enviudada en dos ocasiones que heredó el título de su segundo matrimonio con Flavio degli Orsini, y cuya ambición la llevó a mantener litigios de envergadura con su familia, a quién finalmente debió ceder el ducado de su segundo esposo.

Cuando el 16 de noviembre de 1700 subió al trono Felipe V, Mª Anne de la Trémoille, sería nombrada por Luis XIV de Francia camarera mayor de aquel, con el encargo de tutelar al joven rey; posición que sería confirmada cuando Felipe casó con Maria Luisa Gabriela de Saboya, el once de Septiembre de 1701.

Situada en su puesto de control absoluto se rodeó de sus adeptos quienes, como es el caso del conde de Montellano y de Juan Orry, acometieron reformas tendentes a limitar las corruptelas que infestaban la corte. Se pretendió hacer una profunda reforma administrativa bajo la dirección de Orry, que redactó detallados informes donde aconsejaba la centralización de la administración así como la reforma del sistema de gobierno basándose en el modelo francés, apuntando la eliminación de los consejos reales y la creación de ministerios, aspectos que alarmaron a la enquistada nobleza, y cuyo desarrollo natural nos lleva a los decretos de Nueva Planta.

Pero el carácter conflictivo que la de los Ursinos había demostrado en Italia con relación a su familia la acompañaría también en esta ocasión, lo que dio lugar a enfrentamientos sonados con el cardenal Estreés, embajador de Francia y con su sobrino el abate Estreés, así como con Louville y con el confesor del rey, Daubenton, enemigos ambos de la de los Ursinos.

Pronto los enfrentamientos se generalizaron, siendo importante el existente entre el cardenal Portocarrero y Estreés. Estas intrigas acabarían costando el puesto a Mª Anne de la Trémoille, decisión pronto revocada, si bien con la orden de que se sometiese a Estreés. La persistencia de los enfrentamientos acabó provocando la separación del prelado, lo que acarreó la renuncia de Portocarrero y el fortalecimiento de la de los Ursinos, que conformó el gobierno a su gusto, excluyendo a los franceses del gobierno.

Era tal el control ejercido por la de la Tremoille que en 1703, llegó a anular todos los despachos de Felipe V, excepción hecha del secretario de estado. En este punto, habiendo sido informado Luis XIV sobre la situación, y siendo que era manifiesto tutor de la monarquía española, escribía a su nieto: “Os amo con sobrada ternura para decidirme a abandonaros, y sin embargo, me obligareis á ello, si no me hallo enterado de lo que pasa en vuestro consejo; lo que tendría que suceder, si quitais al cardenal Estreés la franca entrada que hasta ahora ha tenido, no solo a él, sino tambien al duque de Harcourt y Marsin; en este caso me veré en la necesidad de suprimir el destino del embajador en Madrid.”[1]

La desfachatez era absoluta, y en absoluto ocultada. El rey de Francia exigía al rey de España ¡le mantuviese informado de lo que sucedía en el Consejo de Estado!

Las instrucciones que emitía Luis XIV eran determinantes; por ejemplo, “el embajador de Francia ha de ser ministro de Su Majestad Católica, y es preciso que, sin tener el título, ejerza las funciones, ayudando al rey de España a conocer el estado de sus negocios y a gobernar por sí mismo.” [2] Pero la influencia sería mayor. “La otra vía principal para hacer llegar la autoridad de Luis XIV fue la correspondencia dirigida a Felipe V. Aunque el envío de estas cartas se había iniciado con la partida de éste de Versalles, al igual que ocurría con la mantenida con otros miembros de la familia real –en especial con su padre, el Delfín; sus hermanos, los duques de Borgoña y Berry; o madame de Maintenon–, las urgencias de la guerra desde finales de 1701 otorgarían mayor trascendencia a este canal de comunicación entre ambos monarcas. A partir de esas fechas y hasta bien avanzada la Guerra de Sucesión, Luis XIV utilizó este recurso para tratar de gobernar la Monarquía española y orientar las decisiones políticas de su nieto. A veces el tono empleado es claramente conminatorio, fundamentalmente cuando estaban en juego importantes intereses franceses o se censuraban posiciones de Felipe V y sus ministros no compartidas en Versalles.” [3]

(EL TEXTO COMPLETO DE TODA LA OBRA SE PUBLICARÁ MÁS ADELANTE)


[1] Henao y Muñoz, Manuel. Los Borbones ante la revolución. Pag. 217
[2] Guillamón Álvarez, Fco. Javier y Julio David Muñoz Rodríguez. Educando al Príncipe Correspondencia privada de Luis XIV a Felipe V durante la Guerra de Sucesión. Pag. 49
[3] Guillamón Álvarez, Fco. Javier y Julio David Muñoz Rodríguez. Educando al Príncipe Correspondencia privada de Luis XIV a Felipe V durante la Guerra de Sucesión. Pag. 49

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