miércoles, abril 10, 2024

Congreso para la reunificación de la Hispanidad 2024


El próximo mes de mayo, entre los días 15 a 19, se celebra en Cartagena de Indias el Primer Congreso Internacional para la Reunificación de la Hispanidad.

Un acontecimiento que nos viene a confirmar el aserto de “nunca es tarde si la dicha es buena”; un acontecimiento que debía haberse producido muchos años atrás, pero que vamos a celebrar por un doble motivo: El primero que la idea sigue viva después de doscientos años de división impuesta, y el segundo, que tenemos la enorme posibilidad de ser nosotros protagonistas en tan magno acontecimiento.

Y el acontecimiento, por supuesto, no es el congreso… sino la reunificación.

Una idea que siempre ha estado presente en sectores de nuestra sociedad; una idea y unos sectores que desde siempre ha sido perseguidos por las oligarquías gobernantes de todos y cada uno de los países en que nos dividieron hace doscientos años; oligarquías  que se han esmerado en crear diferencias y fronteras entre los distintos pueblos hispánicos para beneficio exclusivo de quienes desde el principio se han mostrado como sus señores: los enemigos históricos de España, que no es menester nombrar porque todos los tenemos en mente.

La información dominante durante estos dos siglos nos ha presentado los actos separatistas del siglo XIX como un logro de libertades, y quienes se titularon sus protagonistas nos son presentados como “libertadores”.

Y para rematar la cuestión, el estudio de la historia nos ha sido vetado, al tiempo que la información que al respecto hemos recibido ha sido generada al dictado de los intereses de las potencias que siempre se nos enfrentaron y que finalmente en el siglo XIX nos colonizaron.

Hoy, y merced en gran medida a los nuevos medios de comunicación, está surgiendo con fuerza un movimiento historiográfico que está poniendo negro sobre blanco los acontecimientos que se sucedieron a lo largo de todo el siglo XIX y que de forma especial se centraron en destruir el ser y la esencia de España.

Y el análisis de los acontecimientos nos presenta el descuartizamiento metódico de nuestra Patria, que es llevado a cabo desde las mismas instancias de los sucesivos gobiernos, que irremisiblemente están compuestos por elementos al servicio de los intereses de los enemigos de España.

La situación de postración, que se muestra de forma descarnada desde el siglo XIX, arranca de manera determinante el año 1700, a la muerte sin descendencia de Carlos II.

Ya Francia y el emperador de Austria, en vida de Carlos II se habían dividido España, pero ante el bocado mayor de sentar en el trono de España a un Borbón, Francia prefirió quedarse con la totalidad en la cabeza de un títere de Luis XIV: Felipe V.

Y quién brindó esa posibilidad a Francia fue un personaje memorable, el cardenal Portocarrero, que en su momento había destacado primero como virrey de Sicilia, luego como embajador y desde 1679 como consejero de Estado, y en este momento se vio en la responsabilidad de elegir heredero a la Corona de España.

No era tarea fácil tras la extraña muerte del candidato José Fernando de Baviera, y Portocarrero optó por un gobierno fuerte, para lo cual veía imprescindible la alianza con Francia. 

Contra todo principio, el único candidato que cumplía alguna expectativa era nada menos el duque de Anjou, nieto de Luis XIV, miembro de una dinastía históricamente enfrentada a España. 

Y todo porque el otro candidato, el archiduque Carlos de Austria, estaba apoyado por la alianza anti española encabezada por Inglaterra… de la que hasta el momento anterior formaba parte también la Francia de Luis XIV.

El cardenal Portocarrero, que no era un principiante, que conocía al dedillo las políticas europeas y a los políticos europeos, pactó con Luis XIV unas condiciones que garantizasen la integridad de las Españas, y en un principio, las condiciones se cumplieron; a la llegada de Felipe V, el Consejo de Despacho estuvo constituido sólo por españoles, pero desde finales de 1701, los embajadores franceses empezaron a asistir a sus reuniones, y en enero de 1703 Portocarrero dimitió (rara avis) de su puesto en protesta por la deriva del Consejo,  que iba nutriéndose de  franceses enviados por Luis XIV, quién ejercía sobre su nieto Felipe V una influencia que no había sido calculada por Portocarrero, que acabó al margen de toda acción de gobierno.

Ahí arranca el efectivo desmontaje de España. ¿Y por qué Portocarrero no optó por otra solución a la corona?

¿Por qué no fue coronado rey de España Pedro II, rey de Portugal, cuando hubiese sido el único candidato investido con razones históricas para su pretensión a la corona de España?

La respuesta es sencilla. Portugal se había separado de España en 1640 por la acción proactiva de Inglaterra; Portugal era ya en ese momento una colonia efectiva de Inglaterra, que cumplía lo que Inglaterra le ordenaba, hasta el extremo que en América, y para el servicio de Inglaterra, había creado Portugal la Colonia de Sacramento en el río de la Plata, desde donde se hostigaba a la población guaraní para esclavizarla… Y nada más lejos de la voluntad de Inglaterra que ver reunificada España.

Salvado el asunto de la solución sucesoria con el ascenso al trono de un posible candidato portugués, ¿por qué, conociendo como conocía Portocarrero al dedillo la política europea, conociendo como conocía las actuaciones de todas las potencias europeas tendentes a una inminente conquista y atomización de España no optó por una medida extraordinaria? ¿Por qué, en vez de meter en el gallinero al zorro trans, convertido nominalmente en gallina no se coronó a sí mismo como rey?

Esta última pregunta, desde el más encumbrado catedrático hasta el último patán, coincidirán en señalarla como un exabrupto, pero ¿acaso no es mayor exabrupto poner como rey de España a Felipe V? ¿Acaso no era conocedor el cardenal de las actuaciones antiespañolas de toda Europa y de sus principales urdidores?

Conocía perfectamente a Mª Anne de la Tremoille; conocía a Juan Orry, a Montellano, al cardenal Estreés, a Harcourt, a Marsin… Los conocía a todos… Y conocía a Felipe de Anjou; era consciente de su débil condición física, poco mejor que la de Carlos II,  y también era conocedor de la dependencia que éste tenía con relación a su abuelo el rey de Francia…

¿Qué desconocía el cardenal Portocarrero? ¿Qué le impidió, ante esa situación coronarse él mismo rey? ¿Tal vez que eso hubiese conllevado una guerra civil?... ¿Y qué conllevó la coronación de Felipe V, correa de transmisión de las ambiciones de su abuelo Luis XIV, perpetuo enemigo de España?

Si en vida de Carlos II se propuso a sí mismo como solución a los problemas de España, con más razón debía haber hecho lo mismo a la muerte del monarca, máximo teniendo en cuenta que la enemistad de las potencias europeas era más que manifiesta.

Al fin, la extraordinaria labor realizada durante su vida la quemó por falta de valentía en el momento más decisivo de la Historia de España, lo que puso a España entonces, y hasta hoy mismo, en la misma posición alcanzada el año 711… Pero ahora, los invasores eran otros…

Con la casa Borbón asentada ya en España, la labor de desmontaje de España sólo era cuestión de tiempo… Largo por cierto, pues larga es la obra de España.

La primera acción sería el olvido de los tiempos inmediatamente anteriores. Tanto la Casa de Austria como los Reyes Católicos cayeron en la pre historia. Ahora tocaba desmontar lo que habían hecho.

No sería fácil, pero tampoco sería imposible. En principio impondrían algo desconocido en España: el absolutismo, apuntando a la eliminación de las Cortes y de los consejos reales y a la creación de ministerios cuyo desarrollo natural nos lleva a los decretos de Nueva Planta.

Fue entonces cuando  Leopoldo de Austria reclamó al Papa ser coronado rey de Nápoles al tiempo que el 17 de septiembre de 1701 firmaba la Gran Alianza con Inglaterra y con Holanda, con el objeto de conquistar los territorios españoles en Italia y en Europa en su beneficio. A finales de 1701 iniciaba las hostilidades contra los intereses franceses en Italia, y continuarían contra los intereses españoles, cuya defensa estaba encargada a un ejército que ni en número ni efectividad podía compararse al de siglos anteriores.

La Guerra de Sucesión Española, así, en primer lugar, resulta ser un hecho ajeno en esencia a los intereses de España. 

Mientras, todos los reinos reconocían como rey a Felipe V, quién no obstante no tardaría en tener problemas; así, a principios de 1702 surgía en Andalucía un movimiento separatista encabezado por Fernando Meneses de Silva, conde de Cifuentes. 


Acto seguido, la Ilustración hizo acto de presencia en España, desarrollándose durante los reinados de Carlos III y Carlos IV.


Con el despotismo ilustrado se produjo una serie de circunstancias que acarrearían la “desislustración” del pueblo. Obsesionados con la educación, expulsaron a los Jesuítas, y con ellos la mayor parte de educadores. 


Con la Ilustración se abarcarían todos los aspectos; así, se empezó potenciando aquellos aspectos que la Corona española había menospreciado. En principio se potenció el tráfico de esclavos, que tras el tratado de Utrecht sería entregado a Inglaterra, y luego se abordarían las conocidas como “reformas borbónicas”, que abarcaban todos los ámbitos: 

Político administrativos: creación de los virreinatos del Río de la Plata y la Nueva Granada, y la creación de Capitanías generales de Cuba, Venezuela y Chile, con una particularidad: que así como históricamente las altas estructuras estaban compuestas por personas de otros territorios al objeto de controlar la corrupción, las reformas borbónicas pasaron a dar preeminencia a los peninsulares, quienes además vieron incrementada su presencia en puestos de segundo orden que tradicionalmente venían siendo cubiertos por criollos.

En el aspecto económico, en 1778 se habilitaron 24 puertos americanos y 13 peninsulares; se abolió el sistema de flotas, se desarrolló la agricultura, las obras públicas y se incrementaron los impuestos.

Con las reformas educativas que proclamaba la Ilustración, en 1767 se expulsó a la Compañía de Jesús, con el consiguiente descalabro del sistema educativo, que pretendió ser suplido por las masónicas asociaciones de amigos del país, que dieron lugar a la creación de escuelas de artes y oficios, y en compensación por el irreparable deterioro que sufrió el sistema educativo, se llevaron a efecto magníficas expediciones científicas como la de Alejandro Malaspina que en 1789 realizó una expedición con amplísimos objetivos científicos que abarcaban todos los ámbitos sociales, políticos, geográficos, culturales y económicos, o  filantrópicas como la llevada a cabo en 1803 por Fco. Javier Balmis, que con la difusión de la vacuna de la viruela por los cinco continentes, realizó una hazaña sin parangón, en una época que carecía de los medios que hoy conocemos, para la que hizo un derroche de ingenio y de sacrificio con el objetivo de combatir la que es considerada como una de las enfermedades que más muertes ha causado en la población mundial.

Ciertamente, el éxito de estas expediciones es deslumbrante… Tanto que es utilizado para cegarnos sobre la realidad cultural generada por la expulsión de los jesuitas; una realidad que nos muestra un escalofriante descenso del nivel de alfabetización en la población española de una y otra de las vertientes atlánticas, siendo que en la España peninsular, en1874 la alfabetización alcanzaba el 20 % de la población, siendo que en 1856 ese porcentaje era todavía menor. Algo tendría que ver el plan Moyano de 1857. En esas fechas, Cuba contaba también con un analfabetismo profundo, siendo no obstante diez puntos menor que el de la Península. Pero es que a principios del siglo XVII tenía porcentajes cercanos al 50%, y finales del siglo XVIII, la tasa global de alfabetización era del 44,03%; todo muy alejado del 20% de dos siglos después. ¿Qué había pasado por medio?... Muchas cosas; entre ellas, la Ilustración, aliada en esos momentos del absolutismo.


Y en conjunto, las reformas borbónicas, en lo educativo, significaron, si bien es cierto que no de forma generalizada, la aplicación de la segregación racial, algo que nunca se había conocido en el sistema educativo americano; algo que tuvo especial significación en la gobernación del Paraguay, donde acabó dándose al traste con una experiencia social y educativa de primerísimo orden, que a pesar de la subsiguiente represión tiene hoy muestras vivas.


Estoy hablando de las reducciones jesuitas, ubicadas en un territorio inmenso que abarcaba lo que hoy es Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay y algunas regiones del Brasil, donde fueron fundadas misiones que dotaron de una estructura política y administrativa en la que se desarrolló la agricultura, la ganadería, la industria, el comercio… y destacó por el desarrollo del arte, en concreto de la música.

Afición que, debidamente desarrollada, daría lugar a que se copiasen partituras primero, y se escribiesen finalmente magistrales obras que poco... o nada deben envidiar a las composiciones que en aquellos mismos momentos veían su luz en Europa; con una particularidad: también fueron magistrales orfebres que producían órganos, arpas, violines o trompetas. 


Pero la llegada de la Ilustración significó el fin de las reducciones y la dispersión de sus habitantes, que fueron perseguidos y esclavizados, y su obra cayó en el olvido hasta que a finales del pasado siglo fueron descubiertas más de cinco mil partituras y decenas de instrumentos en la iglesia de San Rafael de Chiquitos (Bolivia).


Sus composiciones, así, han sobrevivido y son conocidas como “Barroco Misional”, que mezclaba elementos musicales europeos con los suyos propios, produciéndose un mestizaje también en la música, que se ha mantenido viva en la zona, siendo que en algunos poblados bolivianos la música barroca sigue plenamente vigente, como sucede en Urubichá, un pueblo instalado en las profundidades de la densa selva con un censo de ocho mil habitantes de los que quinientos estudian música en la escuela local. 


Y todo ese entrañable mundo guaraní, ejemplo universal de un trabajo civilizatorio de primerísimo orden, fue destruido con la connivencia de la monarquía borbónica, siendo que el tratado de Madrid de 1750 dejaba a los guaranís privados de sus bienes y de su estatus, y condenados a la esclavitud al ser entregados a la administración portuguesa, o lo que es lo mismo, a la administración inglesa. Y todo firmado por un Fernando VI de Borbón, llamado “el prudente” por la historiografía ilustrada; un Fernando VI que, para dar el paso que ya tenía marcado, pidió al gobernador del Río de la Plata un informe desfavorable sobre el asunto guaraní, prometiendo a cambio mejoras en su fortuna.


El informe no fue atendido, y como consecuencia, el gobernador, defenestrado, como defenestrado fue el marqués de la Ensenada en beneficio del masón Ricardo Wall, y por supuesto, de Inglaterra. 


El caso guaraní es una muestra de las consecuencias derivadas de las reformas borbónicas, pero por supuesto hubo un rosario de consecuencias que finalizarían con la atomización de la España americana en el primer cuarto de siglo XIX.


Entre esas consecuencias es de destacar la revuelta de los comuneros… o la revuelta de Túpac Amaru ocurrida entre 1780 y 1782, con los consiguientes intentos británicos por unir ambas. 


El carácter sanguinario de la revuelta fue marcado desde el principio, cuando procedieron a apresar al corregidor Arriaga, al que ejecutarían seis días más tarde, supuestamente en nombre del rey y bajo la acusación de ser dañino para el reino. Es de destacar que, de forma reiterada, Tupac Amaru manifestó su lealtad al rey, al tiempo que no dejaba la lucha, que tuvo su punto culminante dos meses después de su inicio, con el sitio de Cuzco.


La labor en pro de la revuelta fue secundada por algunos jesuitas, y particularmente por Juan Pablo Viscardo, quién curiosamente se exilió en la protestante Inglaterra, donde se ejercía persecución de todo elemento católico.


Pero las revueltas, que nunca faltaron, nunca alcanzaron una importancia que llegase a poner en peligro la estabilidad política; ahora comenzaron a sucederse de manera muy especial tras la aplicación de las reformas borbónicas, ya que afectaban sensiblemente a los intereses de los naturales… En cualquier caso, seguía siendo nada, si lo comparamos con las consecuencias que sufrieron tras 1824, cuando el poder de España había desaparecido de América y sólo quedaba el poder de las oligarquías locales amparadas por Inglaterra.


Entre tanto, al paso de los años, la situación se crispaba, llegando su punto máximo cuando en 1808 dio comienzo la respuesta del pueblo español a la invasión francesa de la península.


Pero el resultado de esa respuesta, si fue significativo para derrotar a las tropas francesas, no fue ni de lejos determinante de la política nacional, que se encontraba sometida a los poderes extranjeros, en un proceso de sumisión que lejos de decrecer con el tiempo ha ido creciendo con los años hasta haber conseguido todos los objetivos marcados en un ya lejano 1700.


Ahora, ya en el siglo XIX, la dependencia francesa que había quedado más que manifiesta a lo largo del siglo XVIII, pasaba a desaparecer… pero no para convertirse en una independencia nacional, como quiere significarnos la falsa denominación de la guerra iniciada en 1808, sino para someternos como colonia de la potencia extranjera que hasta la fecha había significado para España la imagen del enemigo perfecto: Inglaterra.


Y en el siglo XIX… La hecatombe. El cúmulo de despropósitos que incesantemente va generando el siglo XIX, parece que está encaminado a implosionar España. 


Los primeros veinte años del siglo XIX, siendo impresentables en sí mismos, no son sino la puerta de entrada a lo que después iba a suceder en España. 


Los nombres propios de sus verdugos los tenemos en el callejero de nuestros pueblos y ciudades. 


En 1808, y al frente de una armada en principio destinada a asaltar la España americana, apareció en la Coruña el pirata sir Arthur Wellesley, afirmando que llegaba para ayudar a España en su lucha contra Napoleón.


Se le tomó la palabra y fue convertido en capitán general del ejército español, con cuyo título destruyó los castillos que asediaban Gibraltar, destruyó la incipiente industria nacional, bombardeó ciudades españolas y dio acogida a un florido grupo de militares que acabarían siendo los principales organizadores del separatismo americano. Para finalizar su presencia en España se llevó una importante pinacoteca que hoy está expuesta en Londres, mientras sus herederos forman, hoy, parte de la grandeza de España.


Se había iniciado ya el alboroto del gallinero; un alboroto que en ocasiones con mayor intensidad y en ocasiones más calmado, pero siempre controlado y al servicio de intereses foráneos ha llegado con pleno vigor hasta nuestros días. 


Así, Rafael de Riego, en 1820 sería la cabeza visible de la legión de enemigos que inexorablemente debían descuartizar España, y cuyos principales representantes no estaban alejados de los órganos de gobierno, no sólo americanos, sino incluso principalmente de los órganos centrales de la monarquía… 


Y es que Riego no era la única cabeza; era la cabeza destinada a rodar, como al final rodó. Pero ahí había otras cabezas. Ahí estaba Fernando VII … y ahí estaba la totalidad de la clase política y la práctica totalidad de la clase militar, sin olvidarnos de los periodistas… quienes, en formación cerrada cumplieron los objetivos que les eran marcados por sus superiores británicos… Hasta hubo ministro que, en sesión de cortes agradeció que Inglaterra tuviese a España como protectorado.


Los gobernantes no han dejado, desde estos momentos tratados, y hasta hoy mismo, de seguir las instrucciones emanadas desde Londres, desde las desamortizaciones llevadas a efecto a un lado y a otro del Atlántico, hasta el tratamiento de los medios de producción, o el rechazo del submarino cuando estaba cantada la guerra contra los Estados Unidos.


Estamos hablando de flagrante traición a la patria por parte de toda la clase política… y de la clase militar. Traidor fue Espartero; traidor fue San Martín; traidor fue Mina; traidor fue Maroto; traidor fue Cánovas… Y todos tienen dedicadas calles en Madrid y otros lugares de España.


Y esa es la realidad que se plasmó en el abracadabrismo de la primera república; un experimento grotesco que puede causar la muerte por hilaridad o vergüenza, y que en su momento, efectivamente ocasionó muerte y desolación, y sobre todo, alcantarilla de la que España no acaba de salir y que en estos momentos que vivimos se encuentra más esplendorosa que nunca.


Y para rematar la cuestión, el pueblo español ha preferido dormir el sueño de los justos, avergonzado por todos estos acontecimientos en vez de resolverse a analizar qué era lo que había ocurrido… Y así llevamos dos siglos, hundiéndonos en el desconocimiento, en la mentira, en la humillación, y  sometiéndonos al colonialismo económico y cultural de quienes son nuestros verdugos… y los fabulistas creadores de los textos que nos venden como nuestra historia.


Todo, todo, a un lado y a otro del Atlántico, nos ha sido contado por ellos con lo que han dado el llamar “pos-verdad”. Una pos verdad que nos habla de “nuestros” representantes; de “nuestros” monarcas; de “nuestros” objetivos… o de “nuestra” música y de “nuestra” cultura, cuando la verdad es que nos están hablando de representantas, monarcas, objetivos, música y cultura que nada tienen que ver con nosotros ni con nuestra historia, sino que son elementos al servicio de los intereses del invasor.

Para profundizar en el estudio de todo lo que acabo de relatar, para sacar a la luz y para difundirlo con el objetivo de inocular cultura en una sociedad cada día más mediatizada y cada día más esclava, un puñado de intelectuales de toda la geografía hispánica se reúne en Cartagena de Indias en un Congreso para la reunificación de la Hispanidad entre los días 14 y 19 del próximo mes de mayo.


Son tantos los objetivos marcados que me falta tiempo para enumerarlos.


Los que acabo de relatar son algunos de los que yo mismo estoy encargado de desempolvar. Algunos, entre los que debe destacar la legión de personajes extraordinarios que jalonan toda la historia de las Españas y que son benefactores de la Humanidad entera merced a sus estudios, investigaciones, descubrimientos, inventos, viajes, pensamientos filosóficos, pensamientos económicos o actuaciones militares…


Pero si en cuanto a individualidades merecedoras de estudio por sus grandes aportaciones estamos hablando de centenares de personas que son merecedoras de ver sus nombres escritos en oro y sin embargo son desconocidas, en cuanto a actuaciones colectivas o hechos extraordinarios, es necesario divulgar aquello que nos corresponde; así, conviene hablar de la Edad Media, hablar de las revolucionarias Coretes de León de 1188; conocer lo que fueron capaces de hacer las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco, o la Compañía de Santa Bárbara; no podemos desconocer el Derecho de Indias, como no podemos desconocer la enorme labor cultural y artística llevada a cabo en los virreinatos.


Debemos conocer que si los mares llegaron a ser navegados, fue gracias a la Escuela de Salamanca, que entre otras cosas descubrió algo tan revolucionario como la compaginación de la longitud y de la latitud, lo que permitió el desarrollo mundial del comercio mediando la flota de Indias, que unía España con América, y el galeón de Manila, que unía América con Asia, y que conjuntado con la creación de caminos como el del Alto Perú, el Camino Real de Tierra Adentro y los otros caminos Reales; o el calendario gregoriano, conformaba un mercado global que ponía sedas chinas en San Petersburgo, mercurio en la Nueva España, plata en China, especias procedentes de la India en Flandes y herramientas en Filipinas.


Y si de navegación y comercio hacemos esos apuntes hay otros extremos que no debemos olvidar y que son esenciales para el crecimiento social y personal de las gentes a lo largo de las Españas, espacio que, no nos olvidemos, ocupan medio mundo.


Así, no debemos olvidarnos de la creación de ciudades, del asentamiento de multitud de personas en poblados donde eran instruidos en los más variados temas, desde la agricultura hasta la filosofía, enseñando latín y consiguiendo que en mitad de la selva creciese una escuela de música barroca que nada tiene que envidiar a la música barroca europea.


No debemos olvidar otros aspectos de los que debemos sentirnos orgullosos como españoles. Alguno de esos aspectos tienen nombre propio, y podemos citar alguno como el protector de indios, como el juzgado general de indios, como el juicio de residencia a que era sometido todo oficial real al terminar su mandato, al que especialmente respondían los virreyes; como los tratados de paz firmados con los pueblos naturales de América, que como en el caso del Tratado de Acobamba, nada tienen que ver con los tratados que por ejemplo hizo Inglaterra en Nueva Zelanda, donde en el Tratado de Waitangi, que se resume en cuatro párrafos sin muchas aclaraciones, lo relatado en inglés difiere con lo relatado en maorí.


Es admirable el desconocimiento que tiene el pueblo español de su propia historia, y la labor que tenemos por delante es cubrir precisamente ese hueco. No puede ser que nadie siga cayendo en los tópicos inventados por la leyenda negra y que hasta la fecha ha conseguido que la auto estima del español medio sea la de una persona cuyo padre es un estafador, la madre una perdida y sus antepasados ladrones y piratas.


Esas condiciones las reúnen otros… Los españoles no. Y los españoles debemos ser conscientes que no todos tienen en su bagaje una Escuela de Salamanca; no todos tienen en su bagaje un Tercer Concilio de Toledo, ni una red de hospitales, otra red de universidades, otra de escuelas, otra de bibliotecas, otra de alcantarillado, otra de acometida de aguas… que se diseminaron por todas las Españas, sembrando América y Filipinas de cultura, riqueza y salubridad mientras en Europa tiraban el orinal por la ventana.  


Y no todos tienen la suerte de contar en su historia con una institución como la Santa Inquisición, que de haberse extendido por Europa la hubiese librado de los ríos de sangre que corrieron durante los siglos XVI a XVIII.


Todo ese conocimiento viene el Congreso para la Reunificación a poner en su sitio… Pero no sólo eso; eso es lo que va hacer el más humilde de sus colaboradores, que soy yo, y que como soy yo he desgranado bastante, pero yo, ni de lejos, soy la pieza esencial. Quienes valen mucho más que yo en mi mismo campo forman parte de este mismo proyecto, pero…


Pero tampoco es todo, porque la Historia, siendo de vital importancia, no es la única materia tratada por el IGEE. La geoestrategia cuenta con figuras de reconocida trayectoria. El pensamiento filosófico recupera el reconocimiento por la importancia que tiene en la formación humanista, y la formación en el liderazgo es un capítulo imprescindible para la consecución de los objetivos marcados por el IGEE, todo enmarcado en una especial atención al concepto global de cultura, y todo atendido de forma específica, ya que cada aspecto tiene su función vital en la formación de cuadros para el resurgir hispánico.


Finalmente, sólo animar a los presentes que colaboren con el evento. Toda aportación es válida. Si se trata de presencia física, mejor, y si por cualquier circunstancia la presencia física no es posible, puede ayudarse económicamente.


Tengamos presente que el objetivo inmediato es la creación de una universidad pan hispánica cuyos puestos docentes estarán cubiertos por personas que con toda seguridad son conocidas a través de nuestros medios particulares de difusión. Personas como Pablo Victoria, Patricio Lons o Marcelo Gullo forman parte del elenco de profesores.


Pero lógicamente no son los únicos. El claustro de profesores está formado por personas de probada calidad intelectual, y su procedencia geográfica cubre una gran parte de la Hispanidad, desafortunadamente queda algún territorio que todavía no forma parte… pero con toda seguridad el problema quedará resuelto a lo largo del presente 2024, porque, al fin, la Universidad Blas de Lezo, que es el producto final del IGEE está en crecimiento.


La Universidad Blas de Lezo será una universidad panhispánica que aspira a tener sedes físicas a ambos lados del Atlántico, y en Filipinas. Ese, por supuesto es un objetivo que deberá ser cubierto con la participación directa de nuevo profesorado y por supuesto de alumnado. 


De momento, las clases serán virtuales, a través de internet, y los trámites para dar validez oficial a los cursos impartidos están en avanzado estado, posiblemente la respuesta que corrobore este anuncio sea hecha pública durante la celebración del Congreso para la reunificación de la Hispanidad, a celebrar, como ha quedado señalado  al principio de esta charla entre los días 14 y 19 del próximo mes de mayo en Cartagena de Indias. 


Para finalizar, sólo animar a los presentes para que presten su colaboración al proyecto… cada uno en aquel capítulo que mejor le cuadre, sea como alumno, sea como profesor, sea como benefactor…


El proyecto ya es una realidad. Ahora depende de todos que el niño recién nacido se desarrolle hasta convertirse en un hombre hecho y derecho, en una universidad que amplíe sus facultades, que se abra al estudio del derecho, de la economía, de la filosofía, de las ciencias sociales… y por qué no, en un futuro a la física… y de ahí, al infinito.





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