jueves, abril 09, 2026

La conquista de América y la cultura




¿Es compatible la conquista con la cultura?

Manifiestamente entiendo que sí, y no sólo porque todo el que conquista lo hace con su cultura, sino porque en el caso de la conquista de América, como en el caso del Imperio Romano, el asunto guarda unas características que se nos pueden antojar como diferentes.

Y bueno, ¿había cultura en la América pre hispana? La respuesta es que si bien es cierto que gran parte de la población de América vivía en la Edad de Piedra, no es menos cierto que también existían civilizaciones que conocían un interesante desarrollo cultural y científico. Tal es el caso del Tahuantinsuyo y de Tenochtitlan.

Pero además, España llevó a cabo una importante labor de investigación sobre las culturas prehispánicas de la que tenemos muestras como el Códice Borbónico, el Códice Durán, el Códice Mendocino, el Códice Telleriano-Remensis, el Códice Ríos o el Códice Aubin, y sobre todos ellos la Historia general de las cosas de Nueva España, realizado entre 1575-1577 en la ciudad de Tlatelolco por Bernardino de Sahagún y un grupo de coautores nahuas. Fue redactado en náhuatl y español y es un extraordinario trabajo que deja de manifiesto la importancia que la cultura tenía en la América pre hispánica… y la importancia que la misma tenía para España.

Pero es que la cultura, la educación, era un arma de primerísima importancia en la Conquista, y aunque esa palabra no era bien vista, el desarrollo de la misma la ha convertido en una palabra y un concepto benéfico en el mundo hispánico; algo que no sucede en el mundo anglosajón,  donde es muy peyorativo el uso del término conquista. Nosotros lo ponemos en mayúscula porque entendemos que nuestro concepto de Conquista es Humanista, y como tal, respetuoso hasta el extremo con los conquistados. Conquistada fue España por Roma, de lo que estamos agradecidos, y conquistada fue América por la Nueva Roma, España.

Por otra parte, la doctrina negro legendaria  sostiene que España no mantuvo en América una política educativa, en el empeño de mantener en la ignorancia a las gentes al objeto de garantizar su sumisión.

Bien al contrario, los documentos se obstinan en demostrar que la Corona tenía una gran preocupación justo por lo contrario, y es que la educación de la población aborigen, entendida como vehículo de integración, fue esencial como justificación de la Conquista. Y una educación encaminada tanto a la alfabetización y capacitación en oficios mecánicos como a la socialización y a la interiorización de los valores que se consideraban esenciales.

Y esas medidas fueron determinantes para la Conquista, siendo que la misma recaía principalmente en la acción formativa, que conseguía pacificar minimizando la intervención militar.

Escuelas primarias daban acceso a escuelas secundarias reservadas no sólo a los hijos de caciques, sino a todo aquel que destacase, a quien se le enseñaría, entre otras cosas, a leer y a escribir en su propia lengua… y en latín.

¿Y qué sucedía con quienes no destacaban en esas áreas?... Recibían formación en artes y oficios, en cuya función prontamente destacó la escuela de San José de los Naturales, dirigida por franciscanos en la ciudad de México, y Tiripetío, en Michoacán, erigida por los agustinos.

La buena experiencia significó la creación de una escuela de estudios superiores, encargada de enseñar Humanidades y Filosofía, siendo que el 6 de enero de 1536 era creado el colegio de Santa Cruz en México, donde sus alumnos colaboraron en la redacción de la historia y tradiciones de su pueblo, lo que facilitó la labor de frailes historiadores como  fray Bernardino de Sahagún o fray Juan Bautista entre otros religiosos.

Tenochitlan había sido conquistado en 1521 y Perú en 1532. En septiembre de 1551, se fundaban las universidades de Lima y México.

¿Había fallos en la extensión de la educación? Por supuesto. Era imposible educar a todos los indígenas, por lo que se optó por atender principalmente la educación de los jóvenes, y dentro de este grupo, se prefería escoger a aquellos que tuviesen relación con los caciques quienes, una vez formados, podrían transmitir formación dentro de su entorno, ampliando así la acción en círculos concéntricos.

Y todo a partir de la parroquia y de los conventos, donde desde 1503 la Corona dispuso la creación de escuelas en La Española. Nicolás de Ovando ordenó reunir a los niños dos veces al día para enseñarlos «a leer y a escribir y santiguar y signar y la confesión y el Pater Noster y el Ave María y el Credo y el Salve Regina».

En ese sentido,  en 1511 Diego Colón llevó a Puerto Rico cuarenta indios «ladinos» para la enseñanzas de los boricúas, y en 1516 hizo lo propio en Tierra Firme, y en 1519 los jerónimos seleccionaron a los indios más cultivados para que se trasladasen a los pueblos libres que habían erigido.

Esas actuaciones se reflejaron en las Leyes de Burgos de 1512, que señalaban la necesidad de que al menos los hijos de los caciques fuesen capaces de leer y escribir. En 1513 existían internados donde se formaban jóvenes indios, para quienes era común trabajar con cartillas de gramática suministradas desde la Península.

Las órdenes religiosas inventaron métodos novedosos para transmitir los conocimientos. Se sirvieron de pictogramas, de danzas, de música, de teatro… Métodos que nos presentan como novedosos en la pedagogía moderna.

Pero como en todas las épocas, había quién ponía palos en las ruedas de la educación; así, el Tercer Concilio Mexicano celebrado en 1585 prohibía la ordenación sacerdotal de los indios, lo que no obstó para que pudieran cursar  gramática latina, derecho y medicina en la Universidad.

La medida del Concilio Mexicano sería revocada en 1697 cuando una pragmática real recordaba que los indígenas debían ser tratados “según y como los demás vasallos en mis dilatados dominios de la Europa, con quienes han de ser iguales en todo”, con derecho a ocupar puestos eclesiásticos, políticos y civiles, siendo que se creaban becas para los seminaristas indios.

A principios del siglo XVIII, dos siglos después, seguían creándose escuelas primarias. ¿Llevaba una marcha lenta la progresión de la educación? Si atendemos las extensiones territoriales, la cantidad de pobladores y el número de personas formadas capaces de llevar adelante el proyecto, evidentemente no. Para 1754 había escuelas en 281 pueblos de indios en el arzobispado de México, y en 1773, de los 4088 pueblos de indios había 1015 con escuela, lo cual no quiere decir que el 75% de los pueblos estuviesen desatendidos en el campo de la educación, ya que se procuraba que sus habitantes acudiesen a las escuelas instauradas, que se veían reforzadas con la labor llevada por los frailes en cada uno de los lugares.

Se calcula que había una escuela por cada 160 niños entre seis y doce años de edad, con las variables que podamos imaginar, siendo que el número de escuelas para niñas era menor que el de varones. En la Nueva España, a finales del siglo XVIII, existen datos que confirman la existencia de escuelas e internados para niñas en México, Veracruz, Puebla y Durango, careciendo de datos sobre otros lugares, y estos datos son extrapolables a los otros Virreinatos.

Y sí, cuando indicamos que había colegios de niños y de niñas, en los mismos incluimos blancos e indios. Y la educación incluía el castellano, la lectura, la escritura, la lengua del lugar, las matemáticas y la música. 

La enseñanza diaria en la parroquia era por lo general impartida en la lengua indígena.

Y si en cuanto a educación esos son datos constatables, en cuanto al desarrollo del arte debemos prestar esencial atención, porque su uso sirvió para mucho más que para satisfacer los sentidos. 

La difusión del derecho necesitaba el aporte decidido de la evangelización, y ésta, como argamasa que unía, la aplicación del arte en todas sus vertientes.

Las inconmensurables diferencias existentes entre dos mundos que se encontraban debían ser limadas, y el arte sería instrumento principal para conseguir el objetivo. Con él llegarían a establecerse códigos de comunicación que permitiesen crear espacios comunes.

Serían las autoridades civiles las que llevasen a efecto la construcción de grandes y pequeños edificios; la creación de ciudades que sirviesen a la comunidad y a las personas, aplicando un arte arquitectónico que sería completado con la erección de conventos, capillas, hospitales, catedrales, universidades, colegios… que hoy nos dan testimonio de esa realidad. 

Pero la labor no era sólo de las autoridades. El arte subyace en todos los estadios humanos, y los naturales tenían conocimiento previo del mismo; así, la pintura conoció un importante desarrollo con los nuevos aportes llevados por España.

Ciertamente, en un principio, las relaciones fueron las justas, pero pronto los gustos del Renacimiento y del Barroco calaron en los naturales, que no obstante mantuvieron sus propias características que curiosamente acabaron centrándose en temas religiosos, sin duda animados por la actuación de los frailes, que tenían como misión la evangelización y utilizaban la pintura como método catequético. 

Pero esa circunstancia no implicó la erradicación de las culturas preexistentes, siendo que, bien al contrario, tomaba elementos de las religiones y culturas preexistentes, dando lugar a obras como la catedral del Cusco, donde las representaciones de María tienen la forma de una montaña, que no es otra que la del Potosí. La pintura utilizaba la imagen para atraer la voluntad de los indios, que daban culto a las montañas.

Pero también otros detalles eran utilizados en el arte como medios catequéticos; así, en Quito, en la Capilla de las Madres de San Diego, podemos encontrar un cuadro de la Última Cena donde un cuy, roedor que es parte de la dieta andina, sustituye al cordero pascual.

Licencias que permitían el acercamiento. Y licencias que permitían las críticas, como representaciones del infierno donde quedan reflejados todos los estamentos sociales, desde los altos dignatarios virreinales hasta los caciques, sin olvidar los eclesiásticos. 

También en la catedral de Lima encontramos pinturas de los reyes del Perú, donde se suceden los Incas, y donde tras Huascar encontramos a Carlos I y a Felipe II.

Pero había más… Objetos de adoración india, como el sol, la luna, el puma o el mono se encuentran representados en los templos… y no se trata de un engaño que “colase” el sincretismo de los naturales, sino algo que previamente había sido discutido por los responsables religiosos.

Y es que el arte americano, aún cuando se enmarcaba en las corrientes europeas, reúne características propias que se reflejan, por ejemplo, en la diferencia de tamaño entre el personaje central, pensemos en Jesucristo o en la Virgen, y quienes le rodean.

Era su modo de representar la fe, y esta afirmación nos lleva a que la sentían como propia. La evangelización había triunfado. Y ese triunfo queda reflejado, además, en iglesias donadas por caciques, como, por ejemplo, la Iglesia de San Pedro  de Tiahuanaco, en La Paz, concluida en 1612, en la que junto a un retablo de madera tallado por indígenas se incorporan elementos de la mitología precolombina, siendo que se encuentran esculpidos motivos incaicos como la cara de serpiente con boca de pez, o en la parte inferior de las columnas que flanquean el pórtico de entrada, monos, animales que en la mitología incaica sustentaban los edificios.

Pero no sólo trataron temas religiosos, y no todos los artistas fueron anónimos. Artistas como Diego Quispe Tito desarrolló un genero paisajístico que tuvo gran repercusión en los pintores anónimos del siglo XVIII.

Y en el campo de la literatura, El Inca Garcilaso escribió y publicó en 1609 la primera parte de sus Comentarios reales, dedicada a la historia de los incas, sus antepasados.

Arquitectura, pintura, literatura… Música que fundía lo europeo y lo americano, dejando amplio espacio para las lenguas propias del Nuevo Mundo. "Apu Yaya Jesucristo" es suficientemente popular, y las misiones guaraníes han dejado un legado cuya riqueza es menester rescatar, con una música barroca que no tiene que envidiar a la música barroca europea.

Y en el campo del teatro, donde las producciones anteriores a la conquista son muy escasas y al parecer sin gran repercusión, tuvo un gran desarrollo que se extendió por toda América, desde el Cusco, hasta Lima, desde Quito hasta Nueva España.

La orfebrería de la plata conoció gran auge, elaborándose en este metal objetos litúrgicos y objetos de uso doméstico.

En cuanto a la escultura fue normal que indígenas, mestizos y criollos se formaran al lado de un escultor llegado de la península, desarrollando los estilos del momento: renacentista, barroco, neoclásico, dando lugar a estilos propios y a escuelas que, como la de Guatemala destacó por la platería y la imaginería, que exportaba a toda España, la americana y la europea. Y la tradición alfarera se desarrolló espectacularmente, alcanzando grandes producciones.

Y en cuanto a la imprenta… Se desarrolló desde su llegada a Perú el año 1584.

Como muestra del resultado de esta acción cultural encontramos personajes como  Carlos de Sigüenza y Góngora, astrónomo, matemático, filósofo; Sor Juana Inés de la Cruz (poetisa y escritora); Juan Ruiz de Alarcón (dramaturgo);  Manuel Tolsá, arquitecto ; Baltasar de Echave Orio y Baltasar de Echave Ibía, Pintores; Cristóbal de Villalpando, pintor; Miguel Cabrera,  pintor; Francisco Guerrero y Torres, arquitecto de la Catedral Metropolitana y de la iglesia del Pocito en la Villa de Guadalupe… etc. etc. etc.

Y en el campo de la música merece especial atención el caso guaraní, obra magna de la Compañía de Jesús, que tuvo inicio en 1604, cuando Paraguay fue designada por el Papa Clemente VIII como provincia  jesuítica.

El territorio de las misiones era inmenso, abarcando lo que hoy es Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay y algunas regiones del Brasil, y en el mismo fueron fundadas misiones que dotaron de una estructura política y administrativa en la que se desarrolló la agricultura, la ganadería, la industria, el comercio… y destacó por el desarrollo del arte, en concreto de la música.

Los habitantes, de la etnia guaraní eran nómadas y estaban extendidos por los bosques tropicales cerca del río Amazonas. 

Con esta población y con estas circunstancias, los misioneros supieron atraerse la atención de los guaranís mediante el uso, enseñanza y difusión de la música, a la que éstos se mostraron particularmente aficionados.

Afición que, debidamente desarrollada, daría lugar a que se copiasen partituras primero, y se escribiesen finalmente magistrales obras que poco... o nada deben envidiar a las composiciones que en aquellos mismos momentos veían su luz en Europa; con una particularidad: también fueron magistrales orfebres que producían órganos, arpas, violines o trompetas.

Ciertamente, serían los misioneros los autores de algunas de ellas, pero otras fueron compuestas por músicos indígenas, que destacaron tanto en el ámbito de la composición como de la ejecución artística, que, gracias al trabajo de investigadores actuales han sobrevivido y son conocidas como “Barroco Misional”.

Sus actuaciones estaban cotizadas y pagadas, siendo que en las cuentas de la catedral de Asunción, existen anotaciones de pagos a indios músicos y cantores, y aunque la política jesuita fomentaba el anonimato como servicio a la sociedad, ha trascendido el nombre de alguno de los artistas más afamados: Joaquín Giochimbotui, de San Javier, es celebrado como el “mejor violinista”; Ignacio Paica, constructor de trompetas y virtuoso de todos los instrumentos; Gabriel Quirí, músico de Santo Tomé, constructor y reparador de órganos, o Nicolás Yapuguay, autor de las obras “Explicación del catecismo en lengua Guaraní” y “Sermones y ejemplos en lengua guaraní”.

Este Barroco Misional mezclaba elementos musicales europeos con los suyos propios, produciéndose un mestizaje que enriqueció tanto a los guaranís como a los europeos, siendo que si sus composiciones han permanecido en el olvido la obra material no siguió la misma suerte; sus órganos siguieron presentes en ciudades como Santa Fe y Córdoba … y otros eran exportados a Europa.

Hablamos que han sobrevivido las obras, porque éstas fueron ocultadas cuando en el siglo XVIII la Ilustración expulsó a los jesuitas y sometió a persecución a los guaranís. Pero si las partituras sobrevivieron ocultas, la tradición musical se ha mantenido viva en la zona, siendo que en algunos poblados bolivianos la música barroca sigue plenamente vigente, como sucede en Urubichá, un pueblo instalado en las profundidades de la densa selva con un censo de ocho mil habitantes de los que quinientos estudian música en la escuela local. 

Y es que, desde el primer momento de la Conquista, la música fue el acicate que llevó a los guaranís a tener una participación activa en las ceremonias, lo que era tenido como un privilegio… que llegó a ser efectivo, ya que los músicos, como los niños, mujeres y ancianos, estaban exentos de tributo.

No se concebía una misión sin la existencia de coros y orquestas que actuaban asiduamente en las celebraciones religiosas, pero participaban también activamente en las celebraciones cívicas y religiosas de ciudades como Asunción, Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba.

Pero la llegada de la Ilustración significó el fin de las reducciones y la dispersión de sus habitantes, que fueron perseguidos y esclavizados, y su obra cayó en el olvido hasta que a finales del pasado siglo fueron descubiertas más de cinco mil partituras y decenas de instrumentos en la iglesia de San Rafael de Chiquitos (Bolivia).

Posteriormente, en Moxos aparecieron cuatro mil partituras más, algunas cuyo autor era Domenico Zipoli, cuya obra había desparecido en Europa. 

Una memoria olvidada que merece toda la atención. Una memoria olvidada más de la grandeza llevada a cabo por España en su lucha titánica en pro de la justicia y de la libertad.


La memoria de una grandeza que si su nombre máximo es inequívocamente España, tiene nombres propios de hombres y mujeres que con su esfuerzo lo hicieron posible.

Personas que destacaron por su esfuerzo, y estamos hablando específicamente de cultura, donde queremos rescatar grandes nombres que han sido condenados al olvido no se sabe exactamente por qué.

Ahí tenemos un científico como Cosme Bueno y Alegre, alumno que fue de la Universidad de San Marcos de Lima, de la que en 1750 sería catedrático de medicina y de matemáticas, fundador de la “Escuela Clínica” y destacando en el estudio de la astronomía, las matemáticas, la física, la química, la climatología, la historia, la geografía, la vulcanología, la zoología, la botánica, la ecología, entre otros... habiendo alcanzado renombre por sus aciertos farmacológicos, llegando a ser conocido como el “Newton peruano”, que además destacó en otros aspectos como en la búsqueda de la vacuna contra la viruela o descubriendo las propiedades clínicas de la quina. 

Cosme Bueno es una muestra del alto grado de desarrollo de la ciencia del Perú en el siglo XVIII. 

Algo que no fue una casualidad, porque podemos dar un salto atrás, hasta el siglo XVI y tropezar con Bernardino de Sahagún, un franciscano leonés que sirvió en la Nueva España, donde aprendió náhuatl e investigó pormenorizadamente los usos y creencias de los naturales.

Se significó como el primer literato en náhuatl, en la que en 1583 daría a luz su “Psalmodia cristiana y sermonario de los Sanctos del Año”. 

Luego escribió la  “Historia general de las cosas de Nueva España”, en la que aplica un exhaustivo método de investigación. Redactada en náhuatl entre 1547 y  1569, es precursora de la metodología etnográfica.

Compuso el “Vocabulario trilingüe: castellano, latino y mexicano”, elaborado en 1583, para cuya confección efectuó una labor de investigación entre los ancianos del lugar, a quienes les informaba conforme a sus métodos tradicionales, como las pinturas que les resultaban propias.

Junto a fray Andrés de Olmos, padre de la etnografía y la gramática indígena, y fray Juan de Gaona entre otros, fundó el Colegio Imperial de Santa Cruz de Tlatelolco, inaugurado el 6 de enero de 1536, y que sería base de la futura Universidad de México, fundada en 1551, y que estaba destinado a educar a los hijos de la nobleza indígena.

Los jóvenes indígenas aprendían gramática española y latina, música, historia sagrada y universal, literatura clásica y filosofía, así como aspectos como la farmacología tradicional, la historia y la sabiduría de Mesoamérica.

Sus aportaciones son imprescindibles para el conocimiento del México pre hispánico, y es considerado el padre de la moderna antropología cultural.

Ejemplos de una actividad cultural que, como la de conquista, la de creación de ciudades, universidades u hospitales, se nos presenta como titánica. Empresa en la que podemos encontrar un ejército de innovadores como Bartolomé Medina en el campo de la minería, eruditos como Antonio León y Gama, descubridores como Antonio de Alaminos o Andrés de Urdaneta; cosmógrafos como Alonso de Santa Cruz, que posibilitó con sus estudios la medición de la longitud terrestre, con lo que posibilitó la navegación que permitiría circunnavegar la Tierra y que han sido privados de sus descubrimientos para la historia; humanistas, geógrafos y educadores como Alonso de Veracruz; literatos como sor Juanas Inés de la Cruz, Juan Ruiz de Alarcón o Garcilaso de la Vega; filólogos como Juan de Betanzos o Domingo de Santo Tomás; científicos como Francisco Javier Balmis Berenguer, responsable de haber librado de la muerte a millones de personas gracias a la expedición de la viruela por él dirigida; Félix de Azara, naturalista que fue capaz de descubrir la adaptación de las especies al medio; Fausto y Juan José Delhuyar Lubice, científicos descubridores del tungsteno; humanistas y gobernantes como Antonio Huitzimengari o Isabel Moctezuma; etnólogos como José de Acosta, que desarrolló su ciencia en el siglo XVI en América cuando todos los manuales señalan que la misma fue creada en el siglo XVIII en Inglaterra.

El campo que abarca la cultura en América, así, no puede ser abarcado ni en una charla ni en un millar de charlas. No obstante, estamos intentando abrir caminos para que otros sientan curiosidad y los sigan; estamos anotando personajes cuya grandeza es inconmensurable, y que sin embargo duermen la paz del olvido colectivo.


De entre ellos, y ateniéndonos al más estricto concepto de lo que es cultura, aunque el resto, como queda señalado también lo es, es conveniente resaltar la figura de sor Juana Inés de la Cruz, una mujer del siglo XVI, hija natural, mexicana, que destacó amplísimamente por sus dotes de escritora, poetisa, bibliófila, latinista y compositora que acabaría convirtiéndose en una referencia de primer orden en la literatura española del Siglo de Oro, en la que entró con sus composiciones poéticas realizadas en español y en náhuatl, idiomas en los que cultivó tanto la prosa como el teatro, la lírica o el auto sacramental, alcanzando tal calidad de composición que sería reconocida como la “Décima Musa”. 

Asentada en la corte virreinal, acabaría convirtiéndose en el centro de la actividad cultural, alcanzando el grado de poeta oficial de palacio, donde era el centro de un esplendor literario que no se centraba exclusivamente en sor Juana Inés. Otros novohispanos como Juan Ruiz de Alarcón y Carlos de Sigüenza y Góngora, hacían relucir las artes literarias con propio resplandor.

Sor Juana Inés de la Cruz alcanzó una inmensa fama, y no sólo en la Nueva España. Sus obras fueron reeditadas varias veces, y en 1700 fue publicado en la Península Fama y obras póstumas, edición extraordinaria que la consagraba con un honor que sólo Lope de Vega obtuvo antes que ella. Ya sus obras eran conocidas y celebradas por la edición llevada a cabo en Barcelona en 1691 y en Sevilla en 1692.

Pero es que, sumamente popular, atendía las peticiones para componer diversas obras, religiosas y mundanas, destacando en la composición de villancicos o sonetos varios, y otros, entre los que destaca “Hombres necios que acusáis...”, un firme alegato en defensa de la formación intelectual de la mujer, o “El divino Narciso”, donde aborda temas tan candentes como el libre albedrío y la predestinación. Esta actividad la llevó a ganar dos premios en el certamen universitario del Triunfo Parténico. 

Pero lo que acaba encumbrándola más es su espíritu hispánico, cuando en pleno éxito literario, en 1694 se deshizo de todo lo que la había encumbrado al Parnaso de la cultura. Vendió su biblioteca para repartir entre los pobres lo que obtuvo por ella y entregó  sus instrumentos de música y ciencia al arzobispo de México, para dedicarse al cuidado de los afectados por una grave epidemia de cólera que sacudía en esos momentos el virreinato, en el curso de la cual  se contagió y murió el 17 de abril de 1695.

Y sor Juana Inés, como Garcilaso o como Juan Ruiz de Alarcón sólo son una muestra del desarrollo de la cultura que en todos los ámbitos se desarrolló en la España americana y que permitió dar grandes pasos a la humanidad… y pequeños pasos, como la posibilidad de llevar a efecto tratados entre pueblos como los firmados en Acobamba en 1566, con el que se alcanzaba la paz en el Tawantinsuyu; tratado que pudo ser llevado a cabo porque ambas partes eran capaces de reflejar las ideas en un papel, y eran capaces de interpretarlas; algo que medio siglo atrás hubiese resultado imposible. 

Y si hablamos de sor Juana; si nos limitamos a apuntar una mínima muestra de la literatura americana, ¿Por qué no tratar también de la minería? ¿Por qué no hablar de un personaje desconocido? ¿Por qué no hablar de Jerónimo de Ayanz?

¿Y quién era Jerónimo de Ayanz?... Uno más que está oculto en la historia. Una mente superdotada que en 1597 fue nombrado administrador general de las minas del reino, que en aquel momento eran 550 en la Península más las que se explotaban en América. Recorrió los yacimientos mineros y practicó ensayos de los minerales con procedimientos de su invención. Como consecuencia de haber sufrido un accidente por el que estuvo a punto de morir por los gases tóxicos desprendidos durante una inspección minera, llegó a idear sistemas para poder respirar en aire viciado. 

La contaminación en el interior de las minas fue un asunto que le llevó a inventar un sistema de desagüe que permitía aprovechar la energía generada por el agua contaminada por el lavado del mineral para elevar el agua acumulada en las galerías, aplicando el principio de presión atmosférica. 

En esencia la fuerza del vapor era un principio conocido de antiguo, siendo que su utilización como fuerza motriz está documentada en el siglo I, y en el siglo XII existía un órgano en la catedral de Reims que funcionaba con vapor. Lo novedoso de  Ayanz es que utilizó esa fuerza para impulsar fluidos que eran extraídos de manera continua, al tiempo que introducía aire fresco. Una aplicación que puso en práctica a principios del siglo XVII en la explotación minera de Guadalcanal.

Y es que con la máquina de vapor creó un sistema parecido al del aire acondicionado, utilizando nieve para generar aire fresco, consiguiendo crear una corriente en la mina, para la que fue ideado, pero que era de aplicación igualmente exitosa en cualquier otro habitáculo, como de hecho hizo en su propia casa.  

También ideó molinos de viento y  hornos metalúrgicos para usos domésticos, industriales y militares; una campana para bucear que probó en Valladolid el 2 de agosto de 1602 en presencia de Felipe III, en los que un buzo pudo estar debajo del agua por tiempo indefinido y que acabó siendo aplicado para los buscadores de perlas en 1605 y que funcionaba mediante el diseño de lo que posteriormente llamaríamos la botella de aire comprimido, inventada 250 años después por James Elliot y McAvity Alexander … e incluso llegó a diseñar un submarino. 

El ámbito de sus aportaciones a la ciencia y a la industria abarca otros aspectos: métodos metalúrgicos, balanzas de precisión, hornos, destiladores, sifones, instrumentos para medidas de rendimiento en máquinas, molinos hidráulicos y eólicos, molienda por rodillos metálicos que se desarrollarían en el siglo XIX, presas de arco y bóvedas, bombas hidráulicas de husillo y para achique de barcos o eyectores y máquinas de vapor, bombas para el riego; la estructura en arco para las presas de los embalses; un mecanismo de transformación del movimiento que permite medir el denominado «par motor», es decir, la eficiencia técnica, algo que solo siglo y pico después iba a volver a abordarse.

De gran interés fueron también los equipos de desagüe y el horno para destilación de agua de mar aplicados en los barcos. 

Todos los avances tecnológicos llevados a cabo por el inventor, 48 en total, fueron realizados entre 1598 y 1602, y en todos queda manifiesta su preocupación por resolver cuestiones como la eficiencia energética o la salud de los mineros.

El 13 de noviembre de 1610 presentó una invención que había realizado para determinar la longitud de un barco en alta mar y demostró la imposibilidad de las agujas de marear fijas, aduciendo razones que se adelantan a la teoría del magnetismo terrestre.

Sencillamente una mente privilegiada… Pero es que hay mucho más que no cabe en esta pequeña charla y que necesita bibliotecas enteras; aspectos como el protector de indios, que entra de lleno en los aspectos jurídicos, no deja de tener una importancia capital en la cosmovisión que se quería transmitir a los nuevos súbditos de la Corona, y que, entre otras cuestiones, enlazaba la realidad de los territorios recién descubiertos, con instituciones como el Justicia de Aragón o el Defensor de la Plebe romano.

 

Y es que para la monarquía hispánica, consciente de la diferencia cultural existente, los indios fueron objeto de un tratamiento especial en aras de establecer un equilibrio social. Los indígenas fueron reconocidos vasallos libres de la Corona, en igualdad jurídica con los otros vasallos, del mismo modo que los caciques eran equiparados a los nobles peninsulares.

Esas medidas de ciudadanía llevaban anexas otras cuestiones, como el reconocimiento de la propiedad y de los derechos específicos anteriores a la conquista... y a los surgidos con posteridad. Sólo estaban prohibidas las prácticas contrarias a la fe católica tales como los sacrificios humanos o la antropofagia, siendo considerados sus derechos como derechos personales a los que no tenían acceso quienes no eran miembros de las comunidades preexistentes. No era otra cosa que el reconocimiento de sus fueros, de manera similar a lo acaecido en la península durante la Reconquista.

La legislación española se hizo presente desde el mismo momento del descubrimiento de América. Luego, las Leyes de Burgos de 1512 y más tarde las Leyes Nuevas de Indias reconocerían privilegios a los indios que por mor de la diferencia de culturas eran desconocidos  por los beneficiarios, lo que en la práctica hacía que quedasen al albur de las circunstancias, que en no pocas ocasiones significaba su sometimiento a abusos por parte de desaprensivos que eludían el control del virreinato.

Preocupada la Corona por esa circunstancia, generó y potenció una administración fuerte y ajena a los intereses de los colonizadores, por lo que se procuró la formación de un cuerpo de funcionarios jóvenes y educados en derecho, que poco a poco fue cubriendo las necesidades de la administración virreinal, primero en la Nueva España y posteriormente en el virreinato del Perú.

Y entre esos jóvenes no faltaban indios, como el licenciado Luis Ximénez de Mendoza, cacique de Tlaxcala y sacerdote, que fungió como representante de su pueblo ante la Audiencia.

En principio, la protección de indios estaba encomendada a todos y cada uno de los oficiales de la Corona, sin que existiese la figura jurídica propiamente dicha, que como tal sería creada por Carlos I en 1516, ligada a la figura de los obispos, pero Felipe II acabaría asignando la función a las audiencias, que crearían una red que abarcaba todo el territorio. No obstante, el primer laico que ejercería la función lo haría en 1531 en Perú, el capitán Gabriel de Rojas.

Y para 1532, ya era conocido el protector de indios, que debía velar en concreto por el cumplimiento de la real cédula de 2 de mayo de 1530 que prohibía esclavizar a los naturales aun en guerra justa, comerciar con esclavos y recibirlos de los gobernantes indios.

Pero la realidad se sobreponía a la capacidad de actuación no reglada. Para salvaguardar esa realidad, la Corona promulgó una serie de disposiciones y creó instituciones encargadas de velar por el cumplimiento de las mismas; así, fueron creados los corregidores de indios, los protectores de naturales o el Juzgado General de Indios, oficiales reales a los que se acudía en primera instancia, que resolvían los casos menores y en caso de apelación  trasladaban los autos a las audiencias reales, donde serían asistidos por el protector de indios, siendo que la causa podía llegar al Consejo de Indias… y en última instancia hasta el rey.

Y las funciones propias del Protector de indios, que quedan reflejadas en la Recopilación de Leyes de Indias de 1680, el Título VI de su Libro VI eran: Velar por los indios, conocer la situación de los mismos en su jurisdicción, evitar tratos injustos, controlar la justa aplicación de tributos, elaborar proyectos de ley a favor de los indios. 

Y los indígenas eran admitidos al desarrollo del cargo; así, a modo de ejemplo podemos citar a Lorenzo Paxiguana Alay Quiroz, cacique principal de Yanque, que en 1735 fue nombrado protector de naturales en Collaguas.

En cuanto a los casos legales, la casuística es muy amplia, pero esa misma casuística nos señala que fueron mayoritariamente curacas y comunidades las que hicieron uso efectivo y apasionado de los fueros.

Y es que los curacas o caciques indígenas eran hábiles litigantes, siendo que en el siglo XVIII hicieron sentir cada vez más su presencia como un grupo con intereses políticos bien definidos.

Por otra parte, estaba prohibido cobrar por la actuación de abogados o cualquier otro servicio, y se creó la figura del Agente de Indios, encargado de representar a los mismos, tramitar sus causas y asesorarles tanto en español como en nahuatl.

Acababa de conformarse un ejército burocrático compuesto por el virrey, un asesor, dos secretarios de gobernación y de cámara, dos abogados -uno para cada sala, civil y criminal- dos procuradores y solicitadores y un relator, un notario, un intérprete y un alguacil, siendo que a finales del siglo XVIII, alcanzaba el medio centenar de funcionarios.

Y los gastos generados por semejante maquinaria  serían sufragados por los naturales, a quienes se les imponía un tributo especial: el medio real de ministros, que debía ser satisfecho por cada cabeza de familia. Algo que fue reclamado por ellos mismos, al negarse a que ese costo fuese atendido, no como incremento de impuesto, sino tomado del cómputo total de tributos. 

La enorme actividad que llevó a cabo esta institución estaba nutrida por las disputas que ciertamente existían entre naturales y españoles, pero no fue ésta, quizá, la que mayor cuota de trabajo representó, sino los litigios por tierras y linderos, cuestión en la que los indígenas exigían el cabal cumplimiento del derecho castellano, siendo que muchas de estas disputas tenían un origen prehispánico, y los registros pictográficos eran exhibidos con relativa frecuencia.

Y el Juzgado, por lo general, y cuando el asunto no estaba con claridad meridiana, solía sentenciar salomónicamente; así, nos encontramos con disputas sobre tierras en las que ninguna de las partes aportaba pruebas convincentes… la tierra era dividida, y cuando se reclamaba por "cobros excesivos" por parte de los funcionarios virreinales, por lo general la sentencia resultaba favorable para el demandante.

Pero llegó la Ilustración; llegaron las reformas borbónicas, y el Juzgado General de Indios comenzó a ser atacado con un discurso que la presentaba incompatible con los nuevos ideales políticos. Las reformas borbónicas del XVIII arremetieron contra estos fueros aduciendo que eran legislaciones discriminatorias contra los naturales. Aserto en el que no coincidían los naturales, que los estimaban como fueros que amparaban sus derechos, por lo que dificultaron su desmantelamiento, que no se produjo sino en 1821 por parte de las Cortes del Trienio Constitucional.


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