martes, octubre 27, 2026

Alfonso V el Magnánimo






Alfonso V de Aragón, que pasaría a la historia como el Magnánimo, vio el mundo en Medina del Campo en 1396, hijo primogénito de Fernando I de Antequera y de Leonor de Alburquerque, era hermano de quienes posteriormente serían conocidos como los Infantes de Aragón. 

En agosto de 1412 fue reconocido heredero a la Corona de Aragón, y fue coronado a la muerte de su padre en 1416, cuando los apoyos procedentes de Castilla flaqueaban al compás de las desavenencias. Falleció en Nápoles el 27 de junio de 1458.

Contrariamente a lo actuado por Fernando I, no transigió con la nobleza aragonesa, con la que tuvo enfrentamientos al haber destituido al Justicia Mayor y haber introducido elementos castellanos en la administración. Volcado en la cohesión del Reino, dividió la vida entre sus estados, siendo que, de los 42 años de su reinado, pasó 29 en Italia atendiendo los asuntos de Nápoles, Sicilia, Córcega y Cerdeña y encargando de los asuntos internos de Aragón a su esposa la reina doña María y a su hermano Juan de Navarra, el futuro Juan II.

Como consecuencia del conflicto mediterráneo, en el que la Corona de Aragón tomaba parte de manera principal, la nobleza se opuso en 1416 a conceder ayudas para el mantenimiento de la guerra contra Génova, al tiempo que acosaba a la Corona en defensa de los privilegios feudales que eran combatidos por la Corona con apoyo de la Busca, partidaria de la primacía de la Corona sobre las apetencias nobiliarias.

Otro frente que debió atender fue el Cisma de Occidente que surgido en 1378 se mantendría vivo hasta 1417 con la elección del Papa Martín V, aunque él apoyaba a Benedicto XIII, el Papa Luna, cuyos derechos habían sido defendidos por Vicente Ferrer, el mismo que se significó en el Compromiso de Caspe que a la muerte de Martín el Humano puso en el trono de Aragón a Fernando I, su padre.

Él sería el encargado de comunicar la resolución a Benedicto XIII, que siguió siendo protegido de la Corona, resguardado en el castillo de Peñíscola hasta su muerte en 1423.

En su pulso contra la nobleza apoyó abiertamente a los remensas en sus reclamaciones contra la aristocracia rural y la Biga, que mantenían privilegios cuasi feudales.

Reunidas en San Cugat las Cortes Catalanas el 21 de marzo de 1419, se trasladaron a Tortosa y se alargaron hasta 1420 en medio de dura oposición por parte de la oligarquía organizada en la Biga, que le impedía acudir a la campaña de Nápoles, donde con el apoyo de la familia Sforza optaba a la corona al no tener heredero la reina Juana II, que se encontraba sitiada por Luis de Anjou y había nombrado hijo adoptivo y duque de Calabria a Alfonso V.

El 25 de junio de 1421 era recibido por Juana como libertador, pero finalmente Juana I acabó cambiando de opinión y se coaligó con los nobles descontentos, lo que llevó a Alfonso el Magnánimo a intentar apresarla. Se produjo el enfrentamiento y los españoles debieron retirarse a dos castillos, hasta que llegó una armada aragonesa, con cuyo apoyo se hicieron con Nápoles, pero la reina Juana y su valedor, Sforza, pudieron huir, revocando la sucesión concedida a Alfonso y dándosela a Luis de Anjou. Alfonso acabó volviendo a Barcelona en 1423, no sin antes haber pasado Marsella a saco.

Entre tanto, los conflictos entre los Trastámara castellanos y los infantes de Aragón devinie-ron en enfrentamientos. En 1429, el futuro Juan II de Aragón invadió Castilla en defensa de sus hermanos los Infantes de Aragón, pero la expedición fue abortada por la intervención de María de Aragón, esposa de Juan II de Castilla e hija de Fernando I de Aragón, si bien, el apoyo de Alfonso V el Magnánimo a sus hermanos Enrique y Pedro acarrearía la guerra entre Castilla y Aragón entre los años 1429-1430. Juan II de Castilla embargó los bienes de los infantes de Aragón y encarceló a Leonor, madre de los infantes.

La paz llegó por el encono de las reinas de Castilla y de Aragón, pero la situación seguía siendo sumamente tensa, tanto entre los reinos como entre los nobles y Juan II de Castilla. Las hos-tilidades se prolongaron hasta julio de 1430 cuando se firmó una paz de cinco años que pasaría a ser indefinida el 23 de septiembre de 1436. 

El sueño de Italia no había desaparecido de la mente del Magnánimo, que en 1432 nuevamente fue llamado por los napolitanos. Esta nueva aventura sería definitiva, pero producía un conflicto de intereses que acababa conformando una maraña al darse la circunstancia de que el papa Eugenio aspiraba al reino de Nápoles como feudo de la Santa Sede y Francisco Sforza aspiraba a lo mismo.

. El Papa Eugenio V creó en 1433 una nueva liga con Milán, Venecia y Florencia para combatirlo. Finalmente se produjo un enfrentamiento entre los confederados, lo que ocasionó la huida del papa que para no ser detenido se acogió al resguardo de los españoles, que no obstante vieron frustrado su intento de tomar el reino de Nápoles.

El dos de febrero de 1435 fallecía la reina Juana tras haber vuelto a prohijar a Luis de Anjou, y tras fallecer éste, a su hermano Renato, siempre en detrimento de Alfonso V.

Ante esta situación, Alfonso inició la conquista, y en el sitio de Gaeta comenzó a forjarse el sobrenombre de Magnánimo al acorrer a quienes huían de la plaza. En batalla naval posterior, la flota aragonesa sufrió una gran derrota a manos de la flota genovesa, que tomó preso al mismísimo Alfonso V, y el duque de Milán, Filipo María Visconti dio a los prisioneros un excelente trato, llegando a firmar un tratado frente a franceses y alemanes, lo que a su vez recrudecería la ya profunda enemistad del papa Eugenio.

Al siguiente año, 1436, se celebraron las cortes generales de Aragón, donde además de recaudar fondos para la campaña de Nápoles, acordaron el lugar en que a partir del momento deberían celebrarse las Cortes, y que sería Tortosa para las de Cataluña, Morella para las de Valencia, y Alcañiz para las de Aragón.

Para estas fechas se habían firmado las paces con Castilla, lo que dio pie a que Alfonso V reanudase su campaña en Nápoles, donde se enfrentó a las fuerzas del papa en medio de una sucesión de tratados en los que los señores hacían alianzas y las rompían con una gran alegría; y los retos caballerescos se sucedían, aunque no siempre se llevaban a efecto. Así, se dio el caso que el pretendiente Renato de Anjou retó en batalla al Magnánimo en 1438, pero Renato no apareció en el campo del honor, lo que significó que las ciudades abriesen sus puertas a las tropas de Aragón. Pero en el sitio de Nápoles el resultado fue contrario para las fuerzas aragonesas.

Mientras tanto se manifestaba una clara recesión económica en los reinos, que sufrían convulsiones sociales. La oligarquía urbana, donde existía, se aproximó a los intereses de la nobleza y se puso contra la plebe, a lo que se obtuvo una respuesta popular que tomó cuerpo en la revuelta urbana, que tomó cuerpo en banderías de las facciones ricas y pobres de Barcelona, conocidas con los nombres respectivos de la Biga y la Busca , y que tuvieron especial relevancia durante más de veinte años, los comprendidos entre 1436 y 1458, y cuya composición estaba meridianamente clara; así, la Biga era el grupo de clase alta burguesa, importadores de tejidos de lujo, que se llamaban a sí mismos «ciutadans honrats» y dominaban los organismos de gobierno de Barcelona; éstos deseaban liberalizar el comercio y monopolizar el gobierno urbano.

Frente a ellos se constituyó la que era conocida como la Busca, y que estaba conformada por artesanos acomodados partidarios del proteccionismo comercial y deseosos de compartir el poder municipal.

Y entre ambos partidos surgió el enfrentamiento, que llegó a ser bastante violento, siendo que el rey, si bien de forma tibia, apoyó a la Busca y aceptó sus demandas de reforma social, aunque el éxito fue muy transitorio, ya que la Biga no tardó en recobrar el control de la ciudad.

El 2 de junio de 1442 tomaba Nápoles, que se vio convertida en centro cultural donde brillaron las artes y las letras.

Y en 1447 Alfonso V era el indudable árbitro de Italia; sólo Venecia y Florencia se mantenían en sus posiciones. A todos se impuso el Magnánimo, y todos solicitaron su amistad. El duque de Génova, Demetrio de Rumanía, Jorge Castrioto, de Albania… Hasta que el nuevo duque Sforza de Milán se sometió y nombró a Alfonso heredero del Milanesado, lo que ocasionó un levantamiento en armas contra los catalanes, como conocían en Italia a los soldados de Aragón.

El florecimiento cultural era manifiesto en toda la Corona; así, en 1450 Barcelona dio a luz la Universidad, que se vio dotada con treinta y dos cátedras: seis de teología, seis de jurisprudencia, cinco de medicina, seis de filosofía, cuatro de gramática, una de retórica, una de anatomía, una de hebreo y otra de griego.

Y la importancia de la acción del Magnánimo sobre la amenaza otomana fue de importancia singular. La flota de Bernat de Vilamarí se apoderó de la isla de Castelorizzo, evitando que los turcos tomasen Chipre. 

La acción de Vilamarí se extendió al litoral oriental del Mediterráneo, llegando a remontar el curso del Nilo y pactar con el sultán un acuerdo a favor de la navegación aragonesa.

Entre tanto, el 29 de mayo de 1453 entraron los turcos en Constantinopla, matando al emperador Constantino Paleólogo y a toda la nobleza cristiana, ante la desidia de toda la cristiandad, y con la sola preocupación de Alfonso el Magnánimo, que procuró el socorro de una coalición que no llegó a formarse hasta el año siguiente, muriendo el papa Nicolás V dos meses después, cuando fue sucedido por Alfonso de Borja como Calixto III. Pero la Liga no llegó a perfeccionarse y el Magnánimo quedó solo ante el empuje otomano.

Alfonso V el Magnánimo deseaba la reconquista de Constantinopla con tanto vigor como clamaba por su defensa antes de caer en manos de los otomanos, pero el papa Calixto III le recriminó el no haber iniciado la reconquista, a lo que el Magnánimo protestaba: 


Yo hablé con vosotros los días pasados sobre lo de la empresa de los turcos, y por ser cosa tan grande he esperado cómo se moverían otros, y he diferido el determinarme en ello. Ya veis que los reyes y príncipes cristianos, mirándonos unos a otros, dormimos; y así el ánimo y osadía del enemigo siempre se aumenta y crece.


Y ahí quedó Constantinopla, perdida hasta hoy para la civilización. Alfonso el Magnánimo intentó evitarlo, y su afán sólo le sirvió para enfrentarse con el papa Calixto III.

Al morir Alfonso V el Magnánimo en 1458 sin descendencia, Aragón, Sicilia y Cerdeña fueron heredadas por su hermano Juan II, a la sazón rey consorte de Navarra, y el reino de Nápoles por su hijo natural Ferrante I. 




Bibliografía:


Claramunt Rodríguez, Salvador. Alfonso VI el Magnánimo. En Internet https://historia-hispanica.rah.es/biografias/902-alfonso-v Visita 17-10-2026


Fontanals Pérez De Villamil, Almudena. Catálogo de la colección de documentos de Juan Sanz de Barutell. En Internet https://patrimoniocultural.defensa.gob.es/sites/default/files/2017-03/153_AMN_SanzBarutell_Barcelona_Vol_1.pdf?utm_source=chatgpt.com Visita 17-10-2026

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