jueves, 4 de agosto de 2016

Sertorio, el primer separatista (4)

Con la ejecución de Octavio, Cinna y sus colaboradores iniciaron en Roma una gran degollina. “se entregaron a actos salvajes y, tras de ellos, a espectáculos impíos, matando cruelmente, cercenando los cuellos de hombres ya muertos, y ofreciendo estos horrores a la vista de todos ya sea para causarles miedo o consternación, o como un espectáculo aborrecible a los dioses... A persona alguna le estaba permitido celebrar exequias a ninguno de los muertos, sino que las aves y los perros despedazaron los cuerpos de tales hombres.”

De estos hechos libera Plutarco a Sertorio cuando señala que “Terminóse la guerra; y entregados Cina y Mario a toda crueldad e injusticia, tanto que a los Romanos les parecían ya oro los males de la guerra, se dice que sólo Sertorio no quitó a nadie la vida, por aversión, ni se ensoberbeció con la victoria, sino que antes se mostró irritado de la conducta de Mario; y hablando a solas a Cina e intercediendo con él logró ablandarlo. Finalmente, como a los esclavos que tuvo Mario por camaradas en la guerra, y de quienes se valió después como ministros de tiranía, les hubiese dado éste más soltura y poder de lo que convenía, concediéndoles o mandándoles unas cosas, y propasándose ellos a otras con la mayor injusticia, dando muerte a sus amos, solicitando a sus amas y usando de toda violencia con los hijos, no pudo Sertorio llevarlo en paciencia, y hallándose reunidos en un mismo campamento los hizo asaetar a todos, que no bajaban de cuatro mil.”

En cualquier caso bárbaras actuaciones. Es de señalar también que Plutarco salva a Sertorio no sólo en esta actuación, sino en las relaciones de alta traición que mantuvo con Mitrídates. El caso es que Sertorio representó el sector de Mario quién “Unos meses después de su vuelta, en el 86 a.C, y justo cuando tenia el triunfo al alcance de la mano, Mario murió sorpresivamente, dejando a su hijo Mario el joven como sucesor en el consulado. Tras su muerte, Cinna obtuvo el otro consulado y consolidó su poder, pero cuando dirigía sus tropas hacia Grecia, fue asesinado en un motín. El liderazgo del bando de los populares pasó entonces a los hijos de Mario y la familia de los Escipiones. En el 83 a.C, Sertorio, que no aguantaba al hijo de Mario y viendo próxima la vuelta de Asia del victorioso Sila, decidió marchar a Hispania como pretor.” 

Pero la decisión de marchar como pretor no dependía de él, naturalmente. Con su marcha lo que sucedía es que el sector opositor a Sila resguardaba el control de una importante parte del Imperio. Qué acciones se llevarían desde esa posición es lo que determinaría si se trataba de una voluntad de regenerar el Imperio o de una voluntad de medro personal. Lo que sí parece cierto es que  “En la historia de las luchas políticas romanas durante los años 82 a. C. al 72 a. C., Hispania ocupa un lugar destacado por la aventura de Sertorio, …  gozando ya de fama como hábil guerrero desde la represión de Cástulo con Didio, diez años antes.”

Por otra parte, la degollina llevada a cabo por Mario y sus parciales acarrearía muy graves consecuencias, pues la represión iniciada por los vencedores en el enfrentamiento conllevaría la represalia de Sila, que acabaría instaurando una dictadura, y no parece que hiciese distingos entre Mario y Sertorio.

Corría el año 83 y Roma llevaba un siglo afianzada como potencia civilizadora del mundo.

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