jueves, 4 de agosto de 2016

Sertorio, el primer separatista



Cesáreo Jarabo Jordán
pensahispa@gmail.com


Introducción

Debemos ser conscientes que España no estuvo siempre en el orden de la civilización. Para llegar a la misma fue necesario un largo proceso que duró siglos, y en ello se volcó Roma con especial dedicación.

La naturaleza de las personas que habitaban España a la llegada de la civilización romana era muy variada; así, “en la edad del Hierro, oleadas de gentes de raigambre indoeuropea (celta), había penetrado en la península ibérica a través de los Pirineos. El tronco étnico-cultural Celta, constituyó la base principal de la población del interior y del occidente de la península. Los celtas llegaron a tierras burgalesas a partir del siglo VIII a.C., eran pastores y guerreros con tendencia a expandirse. Entre sus virtudes estaba la independencia, y el heroísmo, caracterizándose por su arrogancia… Es muy probable que las tribus celtas asentadas en la península ibérica, practicaran un culto con las cabezas cortadas de sus enemigos más destacados. Dichas cabezas las mostraban con orgullo manteniendo su aureola de grandes guerreros. No eran simples trofeos si no un reconocimiento al valor y coraje del caído y el deseo de participar de su valor.”1

Principios de orgullo, como el honor y el heroísmo convivían con principios bárbaros como el culto a las cabezas cortadas. Roma llegaba a eliminar esos extremos. Cierto que Roma tenía otros problemas que serían el cáncer que acabaría con el Imperio, pero la civilización romana sería lo que acabaría sacando de la barbarie a aquellos hispanos.

“Desde la segunda mitad del siglo IV a.C. se produjo un rápido proceso de renovación cultural que afecto a amplias zonas del interior peninsular y que conocemos con el nombre de “celtiberización”. Sobre las poblaciones celtas del interior se llevó a cabo un proceso de influencia cultural de los pueblos iberos más desarrollados. Eran pueblos fundamentalmente dedicados a actividades agrícolas y al pastoreo, vivían en aldeas fortificadas y se organizaban en tribus, basadas en lazos de sangre. Los romanos según fueron conociendo a las tribus celtiberas las fueron denominando de una forma más concreta: Astures, Cantabros, Vettones, Autrigones, Turmogos, Vacceos, Pelendones, Arévacos, etc..” 2

La antropofagia estaba presente entre las tribus indígenas de Hispania.

La presencia romana se hace efectiva el año 232 antes de Cristo, pero la intención primera no era poblarla, sino expulsar a los cartagineses. Poco después fundarían Tarraco, el año 218 a.C.

Cuando ya Roma estaba volcada en la conquista, Hispania estaba enfrentándose a la misma;  Viriato era aupado caudillo el año 147 a.C., y conseguía firmar un tratado de paz el año 140 por el que Roma concedía la independencia a Lusitania a la que reconocía amiga de Roma. Pero Viriato fue traicionado y asesinado un año más tarde.

También el año 133 a.C. se produjo un hecho que sería utilizado por los cartagineses como arma política contra Roma: el sitio y exterminio de Numancia, que llevaba veinte años enfrentándose con éxito a las legiones romanas. Es de señalar que, sin pretender quitar responsabilidad del hecho al Imperio, los tristes y sucios acontecimientos de Numancia tuvieron un célebre protagonista: Yugurta, comandante de las tropas auxiliares de Publio Cornelio Escipión, númidas que años después acarrearía serias complicaciones al Imperio en África, donde finalmente Yugurta sería derrotado por Mario, otro protagonista de los acontecimientos de Hispania, aunque en un  segundo término y más en el campo de las ideas que de la acción directa, ya que había fallecido cuando sucedió la sublevación de Sertorio.

Afirman quienes culturalmente se encuentran en nuestras antípodas que “Diversos malentendidos, provocados muchas veces por los historiadores españoles y los hispanistas, conducen al neófito a llamar ‘españoles’ tanto a Viriato —en vez de lusitano—, a Pelayo —en vez de godo—, a Averroes y Maimónides —en vez de andalusíes.”3 Personalmente reafirmo la tendencia; son españoles, porque independientemente del momento en que llegaron a nacer; independientemente de su voluntad política, forman parte esencial de una trayectoria cultural y humana que los reconoce como españoles; del mismo modo podemos reconocer como español a Moctezuma o a los Banu Qasi, y del mismo modo nunca podrá ser reconocido como español, por ejemplo, Abderraman III o Almanzor, aunque por sus venas corriese sangre tan española como la nuestra. La diferencia, además de la señalada, estriba en que Viriato combatió en lo que ya era conocido como Hispania, y era por tanto hispano, además de lusitano; Pelayo luchó por la reconquista del reino visigodo de España, y Averroes y Maimónides entran en el ámbito de lo filosófico… y de lo filosófico producido a través de la sangre hispana que corría por sus venas y por sus pensamientos. Razonamientos de la misma índole son aplicados a los otros nombrados… y a los que permanecen en la historia aunque aquí estén callados.

Hablar de cada uno de estos personajes nos lleva a contradecirnos a nosotros mismos; nos lleva a enfrentarnos a nosotros mismos, porque cada uno de ellos representa un hecho esencial de la Hispanidad, de la Romanidad. ¿Cómo una persona totalmente romanizada puede sentirse profundamente admirador de Viriato?... Porque es la actitud de Viriato lo que admira y asume, como admirada era por el propio Imperio. Lógicamente a Viriato le tocaba luchar y morir como luchó y como murió… Es el espíritu ibérico. Pero si acaso Viriato hubiese tenido la posibilidad de conocer mínimamente el interior del espíritu de lo que entendemos por romanidad, jamás se hubiese enfrentado a Roma, sino que, como hiciese Moctezuma siglos después con relación a España, con toda seguridad hubiese abrazado el espíritu de Roma.

¿Y cual hubiese sido el resultado?... Con toda seguridad el mismo que sufrió el mismo Moctezuma… Ser asesinado por aquellos mismos antiguos colaboradores que se aferraban al error glorioso de su afirmación como pueblo, que no veían la gloriosa posibilidad que les brindaba el mestizaje, que antes había sido ibero-romano, y luego mexica-español.

¿Recriminables Viriato o Moctezuma?... En absoluto. Los dos son perfectamente asumibles por la Hispanidad. ¿Imitables? En absoluto. Viriato porque no supo ver las posibilidades, y Moctezuma porque no supo servir de puente.

Por otra parte, los escritores nacionalistas ponderan sobremanera las cualidades de los caudillos, sin caer en la cuenta que no es más amante de la patria quién mejor canta con la lira del lugar en la mano las excelencias de la fuente que calma la sed de la aldea. Así, autores como Benito Jerónimo Feijoo4 no dudan en insultar al imperio con tal de ensalzar las cualidades de Viriato o de Sertorio. Flaco servicio le hace a la Patria cuando denuesta las virtudes de quienes la constituyó como tal: Roma.

Y no es Feijoo el único que encumbra a un personaje como Sertorio. Plutarco, movido por su animadversión a Sila, llega a torcer la verdad histórica de la traición llevada a cabo por Sertorio al aliarse con Mitrídates cuando dice de él: “se hallará haber sido más contenido que Filipo en el trato con mujeres, más fiel que Antígono con sus amigos, más humano que Aníbal con los contrarios, y, no habiendo sido inferior a ninguno en la prudencia, fue muy inferior a todos en la fortuna, la que siempre le fue más adversa que sus más poderosos enemigos, y, sin embargo, desterrado y extranjero, nombrado caudillo de unos bárbaros, fue digno competidor de la pericia de Metelo, de la osadía de Pompeyo, de la fortuna de Sila y de todo el poder de los Romanos.”5

Es mucha la literatura, muchas las investigaciones profundas y serias sobre un personaje como Sertorio. ¿Qué pretende aportar este trabajo?... Nada. Pura divulgación de la Historia; puro ánimo de procurar el interés por el estudio de la Historia… de Roma, de España y de la Hispanidad, porque en Roma, en España y en la Hispanidad veo a mi Patria, y al comprobar la triste situación en que se encuentra hoy, no puedo sino realizar un acto de introspección histórica, porque sólo el conocimiento de la historia de la Patria nos dará la capacidad de llegar a ser libres; porque sólo el conocimiento de la historia de la Patria nos llevará a conocer sus errores y sus virtudes, y nos llevará a amarla hasta derramar hasta la última gota de nuestra sangre, bien luchando por ella con las armas, bien luchando por el ella con el conocimiento y contra la torpeza de quién desde el más absoluto desconocimiento niega, por comodidad, pereza y felonía la grandeza que ha permitido la propia existencia de quién estúpidamente reniega de su Patria, la más generosa que jamás se ha señoreado del mundo y que hoy está postrada por la incompetencia de sus propios hijos.




Sertorio




La Segunda Guerra Púnica comenzó el año 218 y duró hasta el año 201. La presencia romana en Hispania había empezado antes, en los principios de la década del 230, y tras la primera Guerra Púnica, que no afectó a la Península Ibérica. La Segunda Guerra Púnica sí afectaría al territorio hispano.

Pero ese es un aspecto más en la integración de Hispania como provincia del Imperio. Otros aspectos también influirían de manera directa. “La ruina del campesinado, la concentración del latifundio en pocas manos, la agudización de las diferencias sociales y la puesta en marcha de los procesos de colonización son sólo algunas de las consecuencias –tal vez las más “anónimas” y, a la vez, las más “sociales”– del desarrollo y maduración del imperialismo romano durante los siglos III y II a. C.”6

La romanización de Hispania no fue un camino de rosas; fue, tal vez, la campaña más costosa en tiempo y en batallas. Los indígenas de Hispania no se avenían a las invasiones, y lo mismo plantaban cara al invasor cartaginés, que provocaba un asunto tan sucio como el acaecido en Sagunto, como al conquistador romano, que provocaba un  desastre como el acaecido en Numancia. Uno y otro hechos serían utilizados respectivamente por romanos y cartagineses como arma política contra quienes lo habían posibilitado.

En estos momentos de la historia, “La organización social en la Hispania romana era compleja debido a la diversidad de individuos que la poblaban, que podían ser desde romanos, latinos, itálicos, establecidos como colonos, a indígenas que tenían diferentes relaciones con éstos. La jerarquía social existente en Hispania durante la República podría ser la siguiente:

- aristocracia, formada por patricios, descendientes de los patres o fundadores de Roma, y equites, o industriales y comerciantes de gran poder económico. En el caso de los últimos, la concesión del cargo dependía muchas veces de la compra del puesto.

- Plebeyos: está formado por el proletariado que de forma libre trabaja en las actividades económicas de la República.

- Libertos: se trata de esclavos que se han ganado la libertad, bien pagándosela, bien por concesión del dueño. Suelen adquirir el Nomen de la familia que los ha liberado.

- Esclavos: se trata de siervos sin ninguna libertad dependientes de los estratos libres. En Hispania se dedicarán a la minería, a la artesanía y al comercio. También destacarán en el desarrollo de la agricultura extensiva.

Otra cuestión es la del papel según el origen de la persona:

- hay personas que tienen la ciudadanía de pleno derecho; se les da tierras de explotación productiva.

- las hay que carecen de ciudadanía en un lugar, pero que la poseen en otro. A éstas se les suele entregar tierras solo de subsistencia.

- hay indígenas, normalmente dirigentes, que disponen de derechos.

- otros indígenas no disponen de derechos.

- en la parte ibera existe una relación de servidumbre comunitaria de una ciudad frente a otras ciudades romanas, lo que desaparecerá con el esclavismo.

- en la parte céltica se encuentran los devoti, que son grupos sociales que se someten voluntariamente a otros, lo que indica la existencia de una cierta marginación social.

La romanización afectó de diferente manera a las zonas célticas que a las iberas. Así, en las oppida libera o foederata la romanización será igual de rápida en una cultura que en otra, debido a la inserción dentro de las comunidades y a la romanización de las instituciones de gobierno. En el caso de las oppida stipendiaria, el caso será diferente; lo que existirá será una romanización más rápida en las ciudades iberas que en las célticas. Esto se debe a la estructuración social de las últimas, con gentes agrupadas en gens o gentilias lo que hará que las tradiciones continúen por un tiempo mayor. La sociedad ibera resultó además repetidamente destruida por las conquistas, primero cartaginesas y luego romanas.”7

Pero lo que queda manifiesto ya desde un  primer momento es que la conquista de Roma no tiene carácter de colonia. Hispania será una provincia, no una colonia. Ya “en el año 171 se asentaban en Carteia 4000 personas, fruto de la unión de soldados romanos y mujeres hispanas.”8

En el año 94, los iberos, en su larga lucha de resistencia contra Roma, llevan a cabo una degollina de legionarios en Cástulo (ciudad ibera cercana a Linares), de donde milagrosamente sale vivo Quinto Sertorio, quién es capaz de reorganizar el ejército, que acaba arrasando Cástulo. Esta acción daría a Sertorio gran prestigio en Roma.9 Este hecho posibilitaría que el año 90 a.C Sertorio fuese “nombrado cuestor de la Galia Cisalpina, en esa época recién había estallado la Guerra Social, (91-88 a.C), entre Roma y sus aliados italianos que pedían tener derecho a la ciudadanía romana.”10

Sertorio militaría como aliado de Mario y favorable al sector partidario de ampliar el derecho romano a los aliados italianos.

“Tras finalizar la Guerra Social en el 88 a.C, Sila fue elegido cónsul y fue encargado por el Senado de dirigir la guerra contra el rey Mitrídates del Ponto, el cual había aprovechado la guerra interna de Roma en Italia para expansionarse a costa de sus vecinos. Mitrídates odiaba el poder de Roma y harto de que ésta hiciera de árbitro en los conflictos de Oriente, ordenó el asesinato de todos los romanos que habitaban Asia Menor, muriendo cerca de 80.000 personas en un atroz genocidio.“11

Pero el asunto, lejos de apaciguar la situación social en Roma, la enervó, avivando las ansias de poder de Mario quién, “envidiando el poder y prestigio que podría alcanzar Sila en la campaña contra Mitrídates, influenció al Senado para que le quitara el mando a Sila y se lo diera a él. Sila no aceptó la intromisión de Mario y usó sus seis legiones para avanzar sobre Roma, iniciándose así la Guerra Civil entre los partidarios de Mario y de Sila.” 12

Por su parte, el sector de Mario estaba conformado por una serie de personajes que acaparaban un fuerte sector de poder. Entre ellos se encontraba Sertorio, que estaba enfrentado a Sila porque“Pidió el tribunado de la plebe; pero, oponiéndosele la facción de Sila, quedó desairado; por lo que parece fue desde entonces enemigo de éste.”13

Los unos (los populares) acusaban a los otros de acumular todos los privilegios en detrimento de los primeros (y tenían razón), y los otros (los optimates), se agarraban a esos mismos privilegios, llegando a formar una férrea oligarquía. Pero ni unos ni otros actuaban en beneficio del interés público, sino en exclusiva de su casta… de su clase.

Mientras fue a reducir a Mitrídates del Ponto, Sila dejó el cargo de Roma a los cónsules Lucio Cornelio Cinna y Gneo Octavio, pero “En el año 87 el cónsul Gneo Octavio destituyó a su colega L. Cornelio Cinna, porque éste quería extender el derecho de voto a los italianos, y desterró y mató a muchos te sus partidarios. Cinna reunió un ejército con la ayuda te Mario, Carbón y Sertorio, y puso cerco a Roma. Tras diversas vicisitudes, el Senado entregó la ciudad y Octavio fue ejecutado.”14 Por su parte, Sertorio “se convierte en uno de los más significados hombres de vanguardia en el asalto de Roma dirigido por Mario y Cinna.” 15 

Con la ejecución de Octavio, Cinna y sus colaboradores iniciaron en Roma una gran degollina. “se entregaron a actos salvajes y, tras de ellos, a espectáculos impíos, matando cruelmente, cercenando los cuellos de hombres ya muertos, y ofreciendo estos horrores a la vista de todos ya sea para causarles miedo o consternación, o como un espectáculo aborrecible a los dioses... A persona alguna le estaba permitido celebrar exequias a ninguno de los muertos, sino que las aves y los perros despedazaron los cuerpos de tales hombres.”16
De estos hechos libera Plutarco a Sertorio cuando señala que “Terminóse la guerra; y entregados Cina y Mario a toda crueldad e injusticia, tanto que a los Romanos les parecían ya oro los males de la guerra, se dice que sólo Sertorio no quitó a nadie la vida, por aversión, ni se ensoberbeció con la victoria, sino que antes se mostró irritado de la conducta de Mario; y hablando a solas a Cina e intercediendo con él logró ablandarlo. Finalmente, como a los esclavos que tuvo Mario por camaradas en la guerra, y de quienes se valió después como ministros de tiranía, les hubiese dado éste más soltura y poder de lo que convenía, concediéndoles o mandándoles unas cosas, y propasándose ellos a otras con la mayor injusticia, dando muerte a sus amos, solicitando a sus amas y usando de toda violencia con los hijos, no pudo Sertorio llevarlo en paciencia, y hallándose reunidos en un mismo campamento los hizo asaetar a todos, que no bajaban de cuatro mil.”17
En cualquier caso bárbaras actuaciones. Es de señalar también que Plutarco salva a Sertorio no sólo en esta actuación, sino en las relaciones de alta traición que mantuvo con Mitrídates. El caso es que Sertorio representó el sector de Mario quién “Unos meses después de su vuelta, en el 86 a.C, y justo cuando tenia el triunfo al alcance de la mano, Mario murió sorpresivamente, dejando a su hijo Mario el joven como sucesor en el consulado. Tras su muerte, Cinna obtuvo el otro consulado y consolidó su poder, pero cuando dirigía sus tropas hacia Grecia, fue asesinado en un motín. El liderazgo del bando de los populares pasó entonces a los hijos de Mario y la familia de los Escipiones. En el 83 a.C, Sertorio, que no aguantaba al hijo de Mario y viendo próxima la vuelta de Asia del victorioso Sila, decidió marchar a Hispania como pretor.” 18
Pero la decisión de marchar como pretor no dependía de él, naturalmente. Con su marcha lo que sucedía es que el sector opositor a Sila resguardaba el control de una importante parte del Imperio. Qué acciones se llevarían desde esa posición es lo que determinaría si se trataba de una voluntad de regenerar el Imperio o de una voluntad de medro personal. Lo que sí parece cierto es que  “En la historia de las luchas políticas romanas durante los años 82 a. C. al 72 a. C., Hispania ocupa un lugar destacado por la aventura de Sertorio, …  gozando ya de fama como hábil guerrero desde la represión de Cástulo con Didio, diez años antes.”19
Por otra parte, la degollina llevada a cabo por Mario y sus parciales acarrearía muy graves consecuencias, pues la represión iniciada por los vencedores en el enfrentamiento conllevaría la represalia de Sila, que acabaría instaurando una dictadura, y no parece que hiciese distingos entre Mario y Sertorio.

Corría el año 83 y Roma llevaba un siglo afianzada como potencia civilizadora del mundo.

Al volver Sila victorioso de su campaña contra Mitrídates en Grecia, fue uniendo a sus tropas a quienes habían huido de la degollina de Cinna y Mario. En los alborotos que siguieron a la noticia del regreso de Sila fue muerto Cinna, tomando Carbo el cargo de cónsul. 20

Sila acometió la conquista del poder, y a su lucha se unieron Metelo, el joven Pompeyo que acabaría siendo honrado con el sobrenombre de Magno, y otros. Por otra parte, quienes habían colaborado con Cinna, temiendo la represalia de Sila, reclutaron un ejército para enfrentarse a él. 21 La guerra civil estaba servida, y con una particularidad: Sila iba con la intención de liquidar sin ninguna consideración a quienes habían colaborado con Cinna y Carbo. “contra los supervivientes Sila no ahorró ningún tipo de crueldad, tanto contra los individuos como contra las ciudades, hasta que se convirtió a sí mismo en el único dueño del Estado romano en su totalidad por cuanto tiempo deseó y quiso serlo.” 22 La guerra duró tres años en Italia, pero en España continuaría incluso tras la muerte de Sila, y si a Pompeyo “se le dio la dirección de la guerra contra Sertorio siendo simple particular, fue porque ninguno de los cónsules quiso tomarla, y L. Filipo declaró que le enviaba en lugar de los dos cónsules y no como procónsul.”23 El motivo de esa diferencia es que Pompeyo era muy joven y por ese motivo no podía acceder al cargo de cónsul.

Cuando triunfó, Sila impuso la dictadura; imagen de gobierno sobradamente conocida desde que era aplicada en Grecia. No obstante, Sila aplicó una nueva variante, ya que lejos de preverse para un corto periodo, “por primera vez, al llegar a ser ilimitado en su duración devino en auténtica tiranía”. 24

El desarrollo de la contienda hizo que Sertorio marchase a Hispania, en el conocimiento pleno que Sila exigía su cabeza. Metelo fue enviado a Hispania para combatir a Sertorio. La lucha sería larga y costosa. Duraría ocho años. “Antes de partir hacia España, Sertorio permaneció en Italia el tiempo suficiente para contemplar los inicios del desmoronamiento de la resistencia de los partidarios de Mario ante Sila.”25

“Cinna que había confiado en su triunfo envalentonado, por el número de nuevos ciudadanos, al ver que, contra lo que esperaba, había prevalecido el arrojo de la minoría, se lanzó por la ciudad concitando a los esclavos en su ayuda bajo la promesa de libertad. Sin embargo, como no acudió ninguno, se apresuró hacia las ciudades cercanas, que no hacía mucho tiempo que habían obtenido la ciudadanía romana, Tíbur, Preneste y cuantas se extienden hasta Nola incitándolas a todas a sublevarse y haciendo acopio de dinero para la guerra. Mientras llevaba a cabo estos preparativos y planes huyeron a su lado aquellos senadores de su partido, Gayo Milonio, Quinto Sertorio y otro Gayo Mario.”26

¿Qué eran los enfrentamientos entre estas dos banderías? “Sila no creía en nada y mucho menos en la posibilidad de mejorar a sus semejantes. El amor que tenía por sí mismo era tan grande que no le quedaba para ellos. Les despreciaba y estaba convencido de que la única cosa a hacer era mantenerles en orden. Por esto creó un formidable aparato policiaco y lo dejó en arriendo a la aristocracia: no porque la estimase, sino porque estaba convencido de que los otros, los populares, eran aún más despreciables y de que cada reforma suya habría empeorado las cosas.”27

No parece que Sila representase la cabeza de un poder regenerativo del Imperio. Tenía sus valedores, como fue Cicerón, pero habrá que analizar en otro lugar la bondad o perversidad de sus métodos e intenciones.
Es el caso que “Sila derrotó a Mario el joven y sus aliados, entrando en Roma en el 82 a.C y tras asegurarse su dominio absoluto del poder, inició una terrible represión sobre el bando de los “populares”, ejecutando a 3000 prisioneros e iniciando las “proscripciones” o persecuciones a muerte e incautación de bienes de todos sus enemigos: 80 senadores, 1600 equites y 4.700 ciudadanos murieron durante el régimen de Sila. Las fortunas incautadas permitieron enriquecerse a los partidarios de Sila, entre ellos los posteriormente famosos Craso y Pompeyo Magno.” 28
Al leer esa información nos alarmamos, máxime cuando las formas en que son relatadas, y contrariamente a lo que sucede en otros relatos, parecen responder a la exacta realidad.

Lucio Cornelio Sila, optimate, había logrado, de un modo bastante sangriento, acabar con sus dos oponentes populares: Cayo Mario (el vencedor de Yugurta) y su lugarteniente, Lucio Cornelio Cinna, pero Quinto Sertorio (sobrino de Mario), se negó a reconocer a Sila y se refugió en Hispania, donde tras sufrir la derrota de las legiones enviadas contra él, partió a África, desde donde volvería dos años después para reconquistar Hispania obteniendo unos triunfos militares espectaculares con la colaboración de los naturales y con el apoyo de un nuevo militar romano, Marco Perpenna.29 Hispania pasó a ser de ellos durante diez años, hasta el año 72; los lazos con Roma, supuestamente, se diluían. 

Al tomar Sila el poder, “inmediatamente destituye a Sertorio, pues este fue partidario de Mario y Cinna, y nombra en su lugar a Cayo Annio Lusco, a quien envía hacia la Península junto a Valerio Flaco. Enterado de su destitución, Sertorio decide no someterse a la nueva autoridad e intenta detener a Annio Lusco bloqueando los pasos pirenaicos con 6.000 hombres bajo su cuestor M. Livio Salinátor. Es posible que ya desde ese momento Sertorio buscara la alianza de las tribus ibéricas, en este caso de las tribus ceretanas”.30
“El general Cayo Annio, tras vislumbrar las fortificaciones de Sertorio, decidió no atacarlas y prefirió usar la sutileza, sobornando a un soldado para que asesinara a Salinator. Muerto el lugarteniente de Sertorio, el resto de tropas se rindió y abrieron los pasos para que el ejército de Annio entrara en la Península tranquilamente. Sertorio solo contaba con 3000 hombres restantes y por tanto decidió no plantar batalla y escapar a Cartago Nova, para embarcarse de allí a Mauritania, a la cual llegó tras toda una odisea de viaje marítimo en el que le pasó de todo y en el que tuvo contacto con los piratas cilicios.”31
“Sertorio se embarca en la actual Cartagena y huye a la Mauritania norteafricana con tres mil hombres (Plutarco, libro IV). De allí pasó a Ibiza, subyugó la isla y probablemente incorporó a sus tropas la guarnición hasta entonces bajo control de Annio Lusco. Ante la inminente llegada del general silano, Sertorio pasa de isla en isla y finalmente desembarca en la Península, cerca de la desembocadura del río Betis (actualmente Guadalquivir).” 32

En su huida acaba recalando en Canarias, de las que Plutarco hace un relato extraordinario. De allí nuevamente pasó a la Hispania Tingitana (que es el territorio comprendido desde Gibraltar hasta el río Muluya) con capital en Tingis (Tanger), y que siguió siendo parte de Hispania hasta la extinción del poder romano el año 430, y parcialmente bajo el reino visigodo.

“Finalmente, en la primavera del año 80 a.C. Sertorio cuenta con un ejército suficientemente numeroso y regresa a Hispania reclamado por los lusitanos para encabezar una nueva rebelión contra los abusos romanos. Es posible que Sertorio percibiera la rebelión como una oportunidad de restaurar la legalidad republicana en Roma. De este modo, y tras el fracaso de la rebelión de Lépido y las proscripciones silanas en Italia, Hispania se convertía en el único escenario de la lucha ideológica por el control de Roma.” 33

“Construyó una calzada de 200 kilómetros desde el Guadiana a Gredos para facilitar la movilización y pasó el año 80 a. C. en preparativos bélicos. El año 79 a. C llegó a la Ulterior el nuevo procónsul, Quinto Cecilio Metelo, con orden de Sila de hacer a Sertorio la guerra sin cuartel. ”34

Poco después moriría Sila el año 78. A pesar de la muerte del dictador, que había abandonado su puesto quedando como simple particular, la lucha continuaría en Hispania.

“Aunque llegó a desplazarse por toda la Península, ganando incluso la costa mauritana en una ocasión, el centro de operaciones sertoriano se encontraba en la provincia de la Citerior. En esta provincia se concentraban la mayoría de sus tropas y sus principales apoyos entre los indígenas. Bien porque estuviera de acuerdo en considerarlas injustas, o porque entendiera su potencial diplomático, Sertorio bajó los impuestos y las cargas que pesaban sobre las comunidades hispanas, lo que le atrajo rápidamente la adhesión de muchos indígenas.”

Por otra parte, “la alianza de Sertorio con los piratas cilicios y otros navegantes del África mauritana le permitió disponer de una importante flota, útil para los combates navales, aunque no la utilizó extensamente, bien por dudar de la fidelidad de los piratas o por entender que buscar la supremacía naval no garantizaba sus objetivos militares.”35

Para el suministro de los piratas contaba con los puertos de Sagunto, Valencia, Sucro (Júcar), Denia y Cartagena.36

Por otra parte se encontraba latente el problema agrícola. La agricultura en Hispania era de subsistencia, y con el aporte de las legiones, la producción no daba para todos; por otra parte, los patricios, con grandes propiedades agrícolas en Italia, agudizaban la penuria de los agricultores itálicos, que se empobrecían como consecuencia de los grandes latifundios propiedad de los patricios, que eran mantenidos con mano de obra esclava procedente de los distintos puntos del imperio, y con los que aquellos no podían competir.
“Tras su llegada a España, Sertorio se hizo muy popular entre las comunidades hispanas al corregir los excesos tributarios y al librarles de la obligación de dar alojamiento a las tropas romanas, circunstancias que habían hecho muy impopular la dominación romana” 37 . Contrariamente a lo acaecido con las tropas imperiales, “al año siguiente Quinto Sertorio era ya el amo de todo el valle del Guadalquivir y de la Lusitania, cuyas levantiscas tribus se le habían unido de un modo entusiasta.”38
Durante todos estos años, Hispania se convirtió en un refugio para los proscritos del bando popular que se habían visto obligados a huir de Roma. Con el tiempo, el número de estos proscritos llegó a ser tan elevado que Sertorio pudo formar con los más nobles una especie de senado paralelo, cuya sola existencia servía para deslegitimar a la curia romana; fundó una academia en Osca (Huesca) para que los hispanos aprendiesen derecho y latín y, ya que estaban, abandonasen sus bárbaras costumbres. Los valientes guerreros indígenas, por su parte, fueron internados en campamentos genuinamente romanos, equipados como tales e instruidos en sus sofisticadas artes bélicas. 39 El motivo no era otro que el separarse de Roma, romper el imperio para crear un lugar en que la oligarquía disidente pudiese ejercer su poder. Justa y consiguientemente fue declarado enemigo público de Roma. Reunía todas las cualidades para ello.
Sertorio creó de facto “un gobierno autónomo de la metrópolis romana, rechazando las incursiones militares que pretendían restaurar el dominio romano durante al menos ocho años. En este tiempo, las instituciones republicanas, ya en franca decadencia en el resto del imperio, fueron mantenidas en el territorio peninsular.”40

En todo este tiempo Sertorio se hizo muy popular y querido de sus partidarios. “Siendo costumbre de los íberos que quienes forman en la batalla en torno al jefe mueran junto a aquél si este cae (y a esto los bárbaros de allí lo denominan consagración), el resto de los jefes tenía pocos escuderos y compañeros, pero a Sertorio le acompañaba un sinnúmero de individuos que se le habían consagrado. Y se dice que, en una derrota durante el ataque a una ciudad y cuando el enemigo se acercaba, los íberos, no haciendo cuenta de su integridad, salvaron a Sertorio: elevándolo sobre sus hombros de uno a otro lo subieron hasta los muros. Y una vez que su jefe estaba a salvo, entonces cada cual se dio a la fuga.”41

A ese favor popular debió contribuir la actitud de Sertorio, de quién hay quién afirma  que “Mientras la España sufría el yugo de gobernadores altivos y avaros, Sertorio la trataba con justicia y humanidad; era hombre exento de las pasiones de los demás jefes del pueblo, hábil en la guerra minuciosa a que tan bien se presta España, riguroso en la disciplina entre los suyos, y cortés e indulgente con los Españoles. Habiéndole ofrecido Mitrídates treinta mil talentos y 40 galeras para hostigar a los Romanos, contestó que no los quería en detrimento de la república. Supo resistir a muchos ejércitos romanos, hasta que contra él militó Cneo Pompeyo.”42

Lo que es cierto es que Sertorio llegó a tener relaciones con Mitrídates VI del Ponto, un tirano que mantuvo en jaque a Roma en tres guerras consecutivas entre los años 88 y 65 a. C; relaciones tendentes a coordinar los ataques a Roma. En cuanto al contenido del tratado, ”parece que no hay duda de que Mitrídates ofrecía a Sertorio dinero y barcos, pero las contrapartidas que ofrecía Sertorio no están claras, sobre todo en lo que se refiere al consentimiento de que el rey se apoderase de los países vecinos del Ponto, cuando los rebeldes se hubieran hecho con el poder en Roma.”43 “En cualquier caso, se considera que el envío de ayuda por parte de Mitrídates llegó a Hispania demasiado tarde como para que pudiera inclinar la balanza a favor de Sertorio, que moría a mediados del 73.” 44
Un nuevo enfrentamiento militar contra Sila, protagonizado por Lépido, y la derrota de éste, condujo a su lugarteniente, Perpenna, a retirarse a Hispania al frente de un ejército que acabaría sirviendo a Sertorio. 45

Sertorio supo mantener a raya al imperio en la Galia Narbonense al tiempo que se enfrentaba al procónsul Cecilio Metelo, si bien podemos observar que las tropas imperiales, aunque sin obtener una victoria clara, iban ganando terreno y reduciendo el poder de Sertorio que, no obstante, se mantenía invicto. 

“Alcanzó su máximo poder en torno al año 77, pero la llegada entonces de Pompeyo con abundantes tropas supuso un punto de inflexión en la guerra. Derrotadas las tropas sertorianas en Lusitania y en Levante, los focos de resistencia quedaron reducidos paulatinamente al valle del Ebro, particularmente a las ciudades de Osca, Termes, Clunia, Uxama y Calagurris.”46El año 73 fue asesinado Sertorio, y el año 72 cayó Calagurris en poder de Pompeyo.

La acción militar de Roma conllevaría la creación de Cáceres y de Medellín, sede de los distintos campamentos de Metelo, así como posteriormente sería fundada Pamplona por Pompeyo. “A partir de Sertorio y de Pompeyo, la política de prestigio personal tuvo que descansar no sólo en la lealtad de los indígenas y de las tropas acaudilladas por el imperator de turno sino también en las concesiones de ciudadanía que, a partir de entonces, serán un elemento fundamental para entender la política de Roma en las Hispanias.”47

La guerra contra Sertorio comportó otros asuntos que no dejaban que la tranquilidad se aposentase en Roma. Pompeyo tenía necesidades económicas y militares que no acababan de ser atendidas, por lo que llegó a amenazar con Invadir Roma si no eran atendidos sus requerimientos: “Las condiciones del ejercito enemigo y  las mías son idénticas; pues ni a el ni a mi nos dais la paga, y uno y otro, el que sea vencedor, puede venir a Italia. De modo que os pongo sobre aviso y ruego que lo tengáis en cuenta y no me obliguéis, forzado por las necesidades, a tomar decisiones por mi cuenta y riesgo. La España citerior, que no es ocupada por los enemigos, la hemos esquilmado nosotros o Sertorio hasta la saciedad, excepto las ciudades marítimas, que para nosotros son, encima, motivo de gastos y de cargas. La Galia sustentó el año anterior con sus pagas y su trigo al ejército de Metelo, y ahora, por mor de sus malas cosechas, apenas se mantiene ella misma. Yo he gastado no solo mi patrimonio familiar, sino también mi crédito. Solo quedáis vosotros; si no me ayudáis, aunque no es mi deseo, os aviso, el ejercito y con el toda la guerra de España pasaran de aquí a Italia.”48

Pero ni la desatención de Roma a su ejército, ni el éxito personal de Sertorio ni las extrañas alianzas de éste conseguían que su proyecto llegase a buen puerto. “Muchos soldados de Sertorio se pasaron a Metelo y aquél, irritado por este hecho, ultrajó de modo bárbaro y salvaje a muchos y se granjeó su odio… les recomía, el hecho de que, habiendo llegado a ser infieles a su patria por causa de Sertorio,  no fueran considerados fieles por éste, y no les parecía justo que, por causa de los desertores, fueran condenados los que habían permanecido fieles.”49

“Para la campaña del 76 a. C., ante la amenaza romana, dividió su ejército en tres cuerpos: uno mandado por Perpena bloqueó el paso del Ebro, con 20.000 infantes y 1.500 jinetes y una reserva al mando de Heremio; el de Hirtuleyo en Lusitania, para inmovilizar a Metelo, y el suyo, en el país de los berones (La Rioja), para acudir en ayuda de cualquiera de los otros. En ese mismo año y el 75 a. C. cambian los planes y la guerra se traslada a Levante, donde se libran los grandes combates del 76 a. C., en el curso bajo del Turia, vía de penetración a los llanos, en los del Júcar y el Palancia. ”50

“Una aproximación a la relación de fuerzas en este momento sería la siguiente: Las tropas sertorianas estarían divididas en tres grandes cuerpos de ejército, uno con Perpena a la cabeza de 20.000 infantes y 1.000 jinetes en el bajo Ebro, un segundo cuerpo de ejército bajo Hirtuleyo con 15.000 infantes y 200 jinetes en la Lusitania hostigando a Metelo, y un tercer cuerpo bajo Sertorio con 20.000 infantes y 500 jinetes. En el bando senatorial Metelo contaría con alrededor de 40.000 infantes y varios miles de auxiliares y Pompeyo inició su presencia en Hispania con unos 30.000 legionarios, 1.500 jinetes y, al igual que Metelo, varios miles de auxiliares, que posiblemente incluiría algunos vascones.”51

La situación en que se encontraban las fuerzas de Sertorio el año 73 a.C. era complicada. La práctica totalidad de Hispania estaba recuperada por los ejércitos romanos, estando limitado el control sertoriano en el triángulo que tiene como vértices a Calahorra, Huesca y Lérida; el Valle del Ebro, más Tarragona y Denia.52

A partir del cuarto año de sublevación, Sertorio “sufría continuas derrotas y se hizo en extremo irascible a causa de sus sospechas de todo tipo, cruelísimo en los castigos y lleno de recelo hacia todos, hasta el punto de que Perpenna, que había venido de manera voluntaria junto a él procedente de la facción de Emilio y con un gran ejército, temió por su propia seguridad y planeó una conspiración con otros diez hombres.”53
Viéndose acorralado y abandonado de sus aliados, asesinó a un número importante de los estudiantes iberos que tenía como rehenes en Osca, y los supervivientes fueron vendidos como esclavos.54

Sobre este asunto dice Plutarco que Sertorio “En premiar los servicios usaba de largueza y magnificencia, siendo benigno en castigar las faltas; sin embargo, lo ejecutado cruel y sañudamente con los rehenes hacia el fin de sus días parece que descubre que su carácter no era el de la mansedumbre, sino que por reflexión lo sabía comprimir, cediendo a la necesidad. Por lo que hace a mí, nunca creeré que una virtud decidida y bien cimentada en la razón pueda por ningún caso de fortuna degenerar en el vicio opuesto; con todo, no considero imposible que los mejores propósitos, y los caracteres más formados a la virtud, hagan mudanza en sus costumbres por desgracias y calamidades injustamente padecidas; y fue lo que me parece le sucedió a Sertorio, que, cuando se vio abandonado de la fortuna, irritado por los mismos acontecimientos se hizo cruel contra los que le ofendían”.55

En relación a la conspiración de Perpenna,“una vez que algunos de estos hombres fueron descubiertos, unos fueron castigados y otros lograron escapar, pero Perpenna, que, contra lo que se esperaba, no fue descubierto, puso aún mayor empeño en su proyecto, y como Sertorio no se separaba nunca de su guardia personal, le invitó a un banquete y, después de haberle emborrachado a él y a la guardia que rodeaba la sala del banquete, le dio muerte al acabar la fiesta.”56

Pero la acción no había sido orquestada con la anuencia del ejército romano, sino que sencillamente era un ajuste de cuentas entre traidores a la Patria. Perpenna pretendía sustituir a Sertorio en su posición de caudillo frente a Roma.

Pero “muerto Sertorio y disuelto su ejército, sólo seis ciudades continuaron una resistencia inútil: Uxama (Osma), Clunia (Coruña del Conde), Termarntia (Tiermes), Osca (Huesca) y Calagurris (Calahorra). Esta última superó en la resistencia las gestas de Sagunto y Numancia, llegando los defensores a comer carne de mujeres y niños, hasta encontrar muerte en la pelea.”57
Con Pompeyo se produce la primera unidad de España, en el seno del Imperio Romano, que aporta su cultura, su lengua y sus costumbres como principales elementos de civilización. Pompeyo acabaría posteriormente con la rebelión de Espartaco, que se iniciaba justo cuando estaba combatiendo a Sertorio, y con Mitrídates.
La forma de actuación de Pompeyo fue de suma prudencia, pues “A Perpena lo llevaron a su presencia, y le mandó quitar la vida, no con ingratitud y olvido de lo ocurrido en Sicilia, como le acusan algunos, sino conduciéndose con la mayor prudencia y tomando un partido que fue la salud de la república, porque habiéndose apoderado Perpena de la correspondencia de Sertorio mostraba cartas de los principales personajes de Roma que, queriendo trastornar el sistema vigente y mudar el gobierno, llamaban a Sertorio a la Italia. Temeroso, pues, Pompeyo con este motivo de que se suscitaran otras guerras mayores que las apaciguadas, quitó de en medio a Perpena y quemó las cartas sin haberlas leído.”58

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