jueves, abril 30, 2026

La esclavitud en España

 





La esclavitud es un fenómeno que hinca sus raíces en el tiempo y absolutamente en todas partes, incluida España, donde curiosamente, nunca el tráfico tuvo significado.

Ya era conocida una minuciosa legislación en el mundo visigodo, y posteriormente, con las Cruzadas se dio empuje en todo el ámbito mediterráneo al surgimiento de mercados internacionales en los que tomaban parte todas las comunidades ribereñas de Mediterráneo. 

Así, en el siglo XI, existían en Barcelona esclavos sarracenos y mercaderes de esclavos, del mismo modo que existen documentos de manumisión de los que se infiere que el esclavo podía pagar su propia libertad.

Estamos hablando del siglo XI… pero podíamos hacerlo de un tiempo anterior… o posterior, siendo que ese mercado de esclavos se desarrolló de forma muy especial en el siglo XIV.

Tan es así que se generó una legislación que impedía el comercio de esclavos de origen griego, si bien a finales del siglo XIV se aplicó la instrucción papal de Urbano V por la que se estipulaba la liberación de los esclavos griegos, aunque finalmente, Martín I de Aragón, “el Humano”, acabó revocando todos los privilegios que habían sido otorgados a estos esclavos.

Y en 1424, Barcelona contaba con una población esclava que rondaba entre 3.500 y 5.000 individuos sobre una demografía total que se movía entre los 35.000 y los 40.000 habitantes.

Y este dato nos remite a una pregunta: ¿De cuántos esclavos estamos hablando? 

Parece ser que durante los siglos VIII al X Al Andalus importó un número importante  de esclavos cristianos que seguiría en importancia al tráfico desarrollado en Egipto en los siglos XIII y XIV, donde llegaron a comerciarse hasta 10.000 esclavos al año. 

Teniendo bien presente estos precedentes, analizaremos los siglos XV a XIX en España.

El color de la piel del esclavo comenzó a cambiar en el siglo XVI  con el cambio de control en el Mediterráneo. Al respecto, la literatura española del Siglo de Oro refleja la naturalidad de la presencia de esclavos, y ya en esta ocasión, de esclavos negros. Sirva como ejemplo el pensamiento que tiene Sancho en el capítulo XXIX de la primera parte de Don Quijote, donde dice Cervantes:


Sólo le daba pesadumbre el pensar que aquel reino era en tierra de negros, y que la gente que por sus vasallos le diesen habían de ser todos negros, a lo cual hizo luego en su imaginación un buen remedio y díjose a sí mismo: ¿Qué se me da a mí que mis vasallos sean negros? ¿Habrá más que cargar con ellos y traerlos a España, donde los podré vender, y adonde me los pagarán de contado, de cuyo dinero podré comprar algún título o algún oficio con que vivir descansado todos los días de mi vida?


Lo extraño de la negritud no era para los autores españoles, sino para los autores europeos,  para quienes el negro era un ser exótico, ajeno a su sociedad. Para los autores ibéricos el esclavo negro es conocido de antiguo merced a la relación existente con el mundo árabe, en el que estuvo presente durante siglos ya sea como soldado ya como servidor en distintas funciones.

Y debemos volver a remarcar que en el siglo XV la esclavitud era normal en  todas las sociedades. Tenía plena vigencia en toda Europa, y en el marco Mediterráneo, donde la lucha entre el Islam y el Cristianismo estimulaba la llegada de un torrente de esclavos en ambos sentidos. 

Cuando uno de los bandos capturaba prisioneros, éstos eran inmediatamente esclavizados. 

Lo que llama profundamente la atención que fue justo en esos momentos  cuando surgió una visión distinta del asunto en España, donde la Corona comenzó a dar la consideración de súbditos a los indígenas de las nuevas tierras descubiertas, con la consiguiente admiración y extrañeza por parte de todos.

A la luz de los siglos transcurridos, y analizando la legislación generada al respecto, lo que no deja de extrañar es por qué unos sí y otros no. No acabamos de entender por qué la legislación española reconoce a los indígenas americanos unos  derechos de ciudadanía, una libertad más que encomiable a la que en algunos aspectos no tenían acceso el resto de españoles, y sin embargo se mantiene la esclavitud de otros, como los moros, cuestión que, dado el permanente enfrentamiento y la mutua generación de población esclava podemos llegar a entender,… pero sobre todo no es comprensible por qué no era abolida también la esclavitud de la raza negra, que estaba ahí, con una relación que pudo haber sido como la iniciada con los indígenas americanos, pero que no fue así, y que entre los siglos XVII-XIX acabó siendo el paradigma de la esclavitud merced al mercantilismo de las potencias noreuropeas, y a la pasividad cómplice de una España que dejaba de ser punta de lanza en la creación de una nueva sociedad y cedía el testigo a los principios de la Ilustración.

Hay autores que se hacen la misma pregunta, y hay quién señala que pudo ser por la cercanía geográfica del Islam y la negritud, algo que tuvo reflejo en las bulas Rex regum de 1436 y 1443. 

Habrá que adentrarse en ese asunto, pero de momento nos encontramos con que los esclavos negros, que en el mundo árabe tenían una presencia notable, eran introducidos en Europa por un explorador portugués, Antón Gonsalvez, cuando el año 1442 regresó a Lisboa con un pequeño grupo que había sido comprado a los moros en Río de Oro.

Sería el principio de una actividad que movía muchos recursos y que venía a suplir las necesidades de mano de obra que se generaban como consecuencia del avance turco, que acabaría tomando Constantinopla en 1453, y que cortaba las rutas comerciales con Oriente. 

Y al abandono del Mediterráneo oriental y de sus rutas comerciales, acabaría sumándose la toma del reino de Granada, con lo que quedaban suprimidas las dos principales fuentes de la esclavitud blanca, lo que posibilitó que el protagonismo esclavista recayera en la esclavitud negra.

En ese devenir y circunstancias, Enrique el Navegante llegó a las costas de Senegal en 1446, y cuatro años más tarde desembarcó en Portugal la primera expedición de doscientos esclavos. Se daba comienzo a la trata de africanos por parte de europeos; una labor que tenía ya una larga trayectoria de siglos de esclavitud llevada a cabo por árabes que transportaban sus esclavos a través del desierto a lugares bien distantes, y por los propios negros, que tenían su propio mercado de esclavos.

Pero es que la esclavitud no era ni debe ser sinónimo de negritud, porque en el mundo árabe existía un importantísimo número de esclavos europeos y españoles, y en Europa, y principalmente en España, había un buen número de esclavos musulmanes.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XV, Portugal sigue su actividad descubridora en busca de la ruta marítima a las Indias, y en 1460 Diego Gomes descubre Sierra Leona. En la década siguiente es descubierto el delta del Níger, Fernando Poo y Gabón, y en 1485 se descubre el Congo trece años antes que Vasco de Gama alcanzase el Cabo de Buena Esperanza.

Y el desarrollo de la esclavitud seguía el mismo ritmo, con la consecuencia de que ahora, el color del esclavo en Europa empezaba a dejar de ser uniforme.

En este punto, ante la debacle poblacional de La Española, en 1502 Nicolás de Ovando obtiene permiso para trasladar a la isla un primer contingente de negros no ligados estrictamente a la Conquista, y que, como aquellos, no procederán directamente de África, sino de España, y además debían ser cristianos y nacidos en la Península.

Pero el aporte de mano de obra negra no sería mínimamente significativo hasta 1518, cuando Carlos I, cediendo a las presiones de Fray Bartolomé de las Casas, autorizó un  primer contingente de cuatro mil africanos, para cuya labor encargó a Lorenzo de Garrevod, que no lo completó.

Parte de este contingente de esclavos no quedaría en La Española, ya que en 1526, Lucas Vázquez de Ayllón, que se dedicaba a encontrar un camino para alcanzar las Islas de las Especias, exploró los actuales estados de Virginia y Carolina del Norte, donde trató de establecer una colonia con la ayuda de 100 esclavos negros.

Pero pronto habría en América otros puntos de destino para la esclavitud procedente de África, ya que en 1531 Portugal daba comienzo a la colonización de Brasil.

¿Y quién hacía uso de esta mano de obra esclava? Sencillamente todo aquel que podía: europeos ricos y pobres, indígenas ricos y pobres… negros y mulatos libres… Todos deseaban mostrar su alcurnia poseyendo esclavos. La esclavitud no era tenida como algo inaceptable, y no era un  hecho de discriminación racial. 

Además hay que considerar que fueron bastantes los conquistadores de  América que eran de raza negra y que, tras las empresas de colonización, ocuparon diversos oficios en los ayuntamientos e incluso llegaron a ser poseedores de encomiendas, las mismas que eran combatidas por Bartolomé de las Casas, quién proponía que el trabajo de los indios en las mismas fuese sustituido por el trabajo forzado de esclavos negros.

Era, sin lugar a dudas, el signo de los tiempos, y tener un esclavo no era pecado mortal siempre que el trato dispensado fuese humanitario.

Mientras tanto, los europeos estaban expectantes. Tardarían aún dos décadas en tomar decididas cartas en el asunto, y no fue sino en1553 cuando los primeros comerciantes negreros de Londres embarcaron rumbo a África.

La piratería, base de la marina y del comercio internacional ingleses, sería la primera encargada de poner las bases del comercio transatlántico de esclavos, siendo el famoso pirata John Hawkins quién en 1562 trasladó el primer cargamento de negros.

Dos décadas después esa misma actividad sería iniciada por los holandeses, quienes en el asunto de la piratería y del esclavismo serían el complemento perfecto de Inglaterra, y en 1580, en sus merodeos por el mundo hispánico, tomaron tierra en la Guayana, donde acabarían asentándose.

A pesar de todo, hay que tener en cuenta que los traficantes en general, y por lo general, acudían a África, no a capturar y secuestrar esclavos, sino a comprarlos a quienes se los suministraban, que no eran sino esclavistas negros.

Los traficantes ibéricos, en esencia portugueses, exigían que los esclavos lo fuesen por motivos de guerra, lo cual era al fin una situación piadosa, pues la esclavitud era la alternativa a la muerte. 

Por el lado principal del tráfico estaban los traficantes europeos, para los que el asunto de conciencia ibérico siempre les ha parecido un  remilgo impropio, y que, actuando en esencia igual que los traficantes ibéricos, acudían a la costa y compraban a negros de alguna tribu los negros que les eran vendidos.

El trato dispensado también era distinto en general entre los protestantes y los católicos. Se deduce de las instrucciones y de las formas que ingleses y holandeses trataban peor a los esclavos, llegando a tratarlos literalmente, no ya como semovientes, que sí, sino como pura carga sin vida.

En el sentido del tráfico, y en este periodo, había una actuación distinta de Portugal, que por el Tratado de Alcazobas de 1476 se había quedado con la exclusividad de la costa africana, con relación al resto de España. El traslado de esclavos africanos a la España americana era un goteo que si no cesaba, carecía de mayor importancia. La Corona controlaba exhaustivamente su introducción y cobraba un impuesto a los traficantes europeos.

Fue en 1595, con la unión de las dos coronas ibéricas por Felipe II cuando se llevó a cabo una operación de gran envergadura si la comparamos con las anteriores: se concedió el asiento para transportar 38.000 “piezas de indias”  al judío converso portugués Pedro Gómez Reynel, lo que acabó creando un serio problema porque no llevó a término el traslado contratado, y facilitó el arribo de quienes tenían prohibida la entrada en América: los judaizantes.

Por lo que respecta a Filipinas, que por lógica se regía por leyes similares, una Cédula de 1530 emitida por  Carlos I impedía la tenencia de esclavos, pero al fin, la costumbre es una cuestión con la que no siempre pueden las leyes, y esa costumbre contemplaba la posibilidad de convertirse en esclavo por deudas y por un tiempo convenido, motivo por el cual siguió existiendo una esclavitud de tipo voluntario mantenida por unos naturales que consideraban lesivo para sus intereses acceder a la libertad, por lo cual, amo y esclavo llegaban a acuerdos particulares al margen de la ley.

A la existencia de esta costumbre se sumaba el arribo de esclavos en barcos portugueses (los europeos no habían navegado todavía por el Pacífico), que eran vendidos con normalidad aún en medio de las protestas de los frailes. Y es que, al fin, la esclavitud estaba vigente en el resto de España. 

Pero además en Filipinas existía el problema con los moros de Mindanao, lo cual acabaría afectando a las órdenes que Felipe II había trasladado a Legazpi en lo tocante a que no estaba autorizado a esclavizar a los naturales.

Esta instrucción se vería truncada cuando los moros de Mindanao iniciaron una serie de acciones de claro cariz pirático en las que además esclavizaban a los naturales de las Bisayas. La consecuencia fue que éstos moros de Mindanao podían ser sometidos a esclavitud.

La política llevada por España, el sí pero no, tenía consecuencias reales; la demanda tenía una intensidad que no era cubierta por el asiento y era suplida por los piratas ingleses, a cuya actividad se sumó la de los piratas holandeses, que hicieron una incursión pirático esclavista en Guinea.

Esas actuaciones de delincuencia internacional, como posteriormente en el siglo XIX la guerra del opio, estaban amparadas por las leyes inglesas y holandesas. A su amparo, en 1600 se creó en Londres la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, que perviviría como tal hasta 1858; Holanda hizo lo propio en 1602 con la Compañía Holandesas de las Indias Orientales (o VOC), mientras los franceses esperaron hasta 1664 para constituirla. La VOC, que llegó a contar con ochenta mil empleados entre marinos (25%), militares (12,5%) y civiles , tenía poderes comerciales, políticos y militares, incluso para declarar la guerra.

El poder de estas compañías era omnímodo y presumiblemente autónomo, teniendo facultad para crear factorías y nombrar gobernadores, su objetivo primordial era favorecer el comercio de los súbditos de las provincias holandesas y de Inglaterra, y en hacer la guerra a los españoles (incluidos los portugueses).

En el desarrollo de estas actividades de piratería y de tráfico de esclavos, los ingleses de establecen en las islas Bermudas el año 1612, y en 1616 los holandeses se instalan en la Guayana.

Evidentemente ya habían encontrado la brecha que no llegarían a abandonar. En esa marcha, en 1618 los ingleses tomaron posiciones en el río Gambia y el año siguiente introdujeron los primeros esclavos en Virginia.

Francia no dejó escapar el tren, y en 1637 construyó el fuerte de San Luis del Senegal, operación que concluiría a plena satisfacción cuarenta años más tarde, en septiembre de 1678, con ocasión la firma de la paz de Nimega, por la cual se hacía con  el dominio del Franco Condado, de una serie de ciudades en Flandes… y con la mitad de La Española, Haití, que acabaría convirtiéndose en un núcleo del esclavismo francés.

En el curso de ese periplo, en 1637 los holandeses reemplazan a los portugueses en Arguin, Gorea y Elmina; en 1640 inicia Suecia la trata y construye el fuerte de Christianborg en la Costa de Oro; en 1652 los holandeses toman el cabo de Buena Esperanza; en 1655 Inglaterra se apodera de Jamaica. 

La Paz de los Pirineos, consecuencia de la Guerra de los Segadores y de la ambición de políticos como Pau Claris, acabó costando a España Dunquerque, Jamaica, el Rosellón y la Cerdaña.

El presente de Jamaica y de Haití de 2024, así, se fraguó en el siglo XVII, entre los tratados de Nimega y de los Pirineos, quedando manifiesto por otra parte, que la consolidación del esclavismo se acrecentaba al compás del decrecimiento del poder de España.

Paralelamente, en 1663 el asiento recae en los italianos Domingo Grillo y Ambrosio Lomelin para transportar 24.000 esclavos a América, a razón de 3.600 por año.

A este asiento se le unió en 1664 el de Sebastián de Silíceo que había de durar cinco años, y en 1682, también por cinco años el de Juan Barroso del Pozo y Nicolás Pordo, que transfirieron la concesión al holandés Baltasar Coyman, y en 1692  fue Bernardo Martín de Guzmán quien tendría el contrato de asiento.

Aún participarían en el negocio los intereses franceses de la mano de Felipe V hasta que con el Tratado de Utrecht y la nueva mutilación sufrida por España, Inglaterra impuso a España una nueva humillación consistente en que el asiento de esclavos pasaba a ser cosa exclusivamente británica.

 Con lo que los años veinte del siglo XVIII se produjo una intensificación del tráfico hacia Brasil, como consecuencia del desarrollo de la minería, mientras el desarrollo de las plantaciones azucareras en Cuba, y consiguientemente el tráfico negrero, se vio favorecido de manera esencial con la toma de la Habana por parte de Inglaterra el año 1762, que si en 1763 abandonó militarmente la isla, la dejó sembrada de comerciantes que acabaron controlando su economía al amparo del despotismo ilustrado lo que posibilitó que diez años después Jerónimo Enrile y Guerci obtuviese el privilegio de introducir en Cuba esclavos negros, aspecto que se vio favorecido en 1777  con la firma del Tratado de San Ildefonso, que a la sombra de Inglaterra fue firmado entre las coronas de España y Portugal. 

Pero en 1786 Jerónimo Enrile es desplazado por la casa Baker y Dawson, que mantuvo el privilegio  hasta 1789, año en que se liberaliza la introducción  de esclavos en las provincias de la España americana.

Vemos cómo el desarrollo del tráfico esclavista en los territorios hispánicos se vio fuertemente incrementado tras la Guerra de Sucesión y el consiguiente Tratado del Asiento;  son estos los momentos en que la trata comienza a tener auténtica envergadura, centrada principalmente en Cuba, donde  resultará creciente a lo largo de las siguientes décadas, en medio de discusiones que anunciaban la abolición de la esclavitud, y en medio de amenazas, justamente de Inglaterra, que era la que estaba controlando el mercado del azúcar, concretamente en Cuba; la misma Inglaterra que había desarrollado espectacularmente el tráfico de esclavos.

A finales del siglo XVIII era evidente el cambio en el sentido de la esclavitud. Los esclavistas con visión de futuro estimaban que la trata de esclavos y su mantenimiento debía ser sustituida por una forma más sutil de esclavismo, que debía ser reclamado por los propios esclavos como ideal de libertad. 

Ese extremo estaba siendo llevado a cabo en el centro neurálgico del esclavismo, Inglaterra, sin que por ello los intereses en el esclavismo tradicional dejasen de estar debidamente atendidos…

Y sería desde la colonizada España desde donde Inglaterra mantendría el tráfico de esclavos, y siendo que en 1791 se sublevaban los esclavos en Haití; en 1801 se proclamaba la libertad de los esclavos en Santo Domingo; en 1803 Dinamarca prohibía el tráfico de esclavos; en 1807 Inglaterra abolía la trata en sus colonias; en 1808 prohibía la entrada de esclavos; en 1811 se establecían los tribunales contra la trata en Sierra Leona, y entre 1814 y 1820, Holanda, Portugal, Suecia, Francia y España suprimían la trata…

De los aproximadamente 800.000 esclavos llevados a Cuba a lo largo de la historia, más de 600.000 arribaron durante el siglo XIX, cuando España ya estaba subordinada a Inglaterra. Subordinación que era reconocida públicamente en 1843, por el secretario del Consejo de Ministros Vicente Sancho.

Para apoyar los intereses comerciales británicos en torno a la esclavitud y salvaguardar la ley británica  que perseguía el tráfico, traficantes británicos hispanizaron sus nombres al tiempo que enrolaban en su proyecto a un nutrido grupo de personas como Leopoldo O’Donell, Cánovas del Castillo, Joan Güell i Ferrer, Josep Xifré, primer presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona, la familia Vidal-Quadras, Pablo Epalza, futuro fundador del Banco de Bilbao (BBV).

La relación estratégica de los grandes empresarios catalanes con el tráfico negrero convirtieron a la ciudad de Barcelona en un emporio donde se inició un espectacular desarrollo económico y urbanístico; de ahí partió la creación del Ensanche” barcelonés y de la industria textil, así como la creación de entidades bancarias. El Banco Hispano Colonial, fundado el 1876 por un grupo de esclavistas entre los que destacaba Antonio López y López fue uno de los catalizadores de la riqueza producida por el esclavismo, que se plasmaría en la financiación de infraestructuras como el “metro” de Barcelona, la Sociedad General de Aguas, o el trazado de la Vía Layetana de Barcelona.

Miguel Biada y Bunyol, principal promotor de la primera línea de ferrocarril en la Península, la de Barcelona Mataró, inaugurada en 1848, había amasado su fortuna en Cuba, con su compañía, la Biada y Cía., entre cuyas actividades se encontraba la trata de esclavos africanos. Y otros como la familia Prat de la Riba, y la familia Mas también formaban parte del entramado… Y la casa real tenía parte directa en el negocio.

En medio del maremagno que es en sí el siglo XIX, la trata se va suprimiendo paulatinamente; en 1838 cesa la esclavitud nominal en los dominios británicos; entre 1840 y 1845 cesa en Colombia, Venezuela y Ecuador; en 1847 son destruidas las factorías negreras de la costa de Sierra Leona y Liberia; en 1849 es abolida la esclavitud en Francia; en 1863 es Holanda quien la suprime.

España la suprimiría definitivamente  en 1886, y en 1888 sería abolida en Brasil.

A la Historia ha pasado que el último lugar donde se suprimió la esclavitud fue justamente en el Mundo Hispánico… Y lo peor es que sobre el papel es literalmente cierto.

Por ello se hace necesario recurrir a autores ajenos a la Hispanidad para darse cuenta de que la literalidad de los papeles no siempre obedece a la verdad absoluta, sino que en ocasiones, como es el caso, obedece a una verdad relativa que sirve para sustentar la gran mentira.

Un autor no precisamente pro hispánico, Henry Gregoire, tengamos en cuenta que fue usado por Juan Antonio Llorente como base de sus argumentaciones contra la Inquisición, dice cosas como la que siguen en su obra “De la literatura de los negros, o estudios sobre sus facultades intelectuales:


Los españoles y los portugueses son las naciones que mejor han tratado a los negros. En ellos el cristianismo inspira un carácter de paternidad que coloca a los esclavos a muy poca distancia de los señores. Estos no han establecido la nobleza del color y no desdeñan unirse en matrimonio con los negros, facilitando a los esclavos los medios de conquistar la libertad. 


BIBLIOGRAFÍA:


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