domingo, 1 de abril de 2018

La familia, base de la sociedad (texto completo)







LA FAMILIA Y LAS LEYES EN ESPAÑA AL CAMBIAR DE MILENIO








                                             Martirio Aguado Fernández









ÍNDICE
                                                     Pág.
1.- INTRODUCCIÓN                                     5
2.- LA FAMILIA, SU ORIGEN Y SU REALIDAD           8
2.1.- Origen de la familia                                   8
2.2.- Algunas concepciones políticas sobre la familia en la sociedad  9
2.3.- Pérdida del norte por parte de la sociedad. Agravios a la familia 11
3.- CONCEPTO DE FAMILIA EN DIVERSAS CULTURAS 13
3.1.- En la cultura griega                                 13
3.2.- En cultura de Roma                                 16
3.3.- En Oriente                                         19
3.4.- En África                                         22
3.5.- En las culturas amerindias                         25
3.6.- En el Corán                                         26
3.7.- A la luz de la doctrina cristiana                         28
3.8.- Influencia del Cristianismo en la cultura familiar         31
3.9.- Conclusiones al Concepto de Familia                 32

4.- IMPORTANCIA DE LA FAMILIA EN LA SOCIEDAD 35
4.1.- Como socializadora de personas                          35
4.2.- Como garantía de supervivencia de la sociedad          37
4.3.- Como razón de existencia de la sociedad                  67
5.- DIFICULTADES DE LA FAMILIA EN LA SITUACIÓN
     LEGISLATIVA ACTUAL                                  69
5.1.- Familia y trabajo                                          69
5.2.- Familia y divorcio                                          73
5.3.- Maltrato doméstico                                  75
5.4.- El bienestar de la familia, objeto de un Estado justo          77
6.- CONCLUSIONES                                  81
6.1.- Debate cultural sobre el matrimonio y la familia          81
6.2.- Debate social sobre el matrimonio y la familia          83
6.3.- Debate jurídico sobre el matrimonio y la familia          86
6.4.- Anotaciones para una política familiar humanista                  88
7.- BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN                  96
7.1.- Textos del magisterio de la Iglesia                          96
7.2.- Textos legales                                          98
7.3.- Bibliografía esencial                                101
7.4.- Otra bibliografía relacionada                                104





















1.- INTRODUCCIÓN
Para conocer la realidad concreta sobre el matrimonio y la familia actualmente en España debemos contemplar tres extremos: la cultura, la sociedad y el derecho, ya que “la cultura es el marco de la experiencia vital de lo humano, cualquier realidad en la que nos desenvolvemos tiene un carácter construido desde lo social, desde la racionalidad humana” .
No obstante, antes debemos plantearnos otra cuestión mucho más concreta: ¿Qué es el matrimonio y qué es la familia desde una perspectiva cultural, social y jurídica? Ningún modo mejor de responder que aludir al magisterio del profesor José Alfredo Peris Cancio, señalando que “La familia de fundación matrimonial no se encuentra en el orden de las elecciones, ni de las creatividades humanas. Antes que una pregunta es una respuesta acerca de lo que conviene al ser humano, lo que lo eleva, lo que lo embellece” .
Siendo un poco analíticos la pregunta sería: ¿cómo conseguir que la dinámica del amor que orienta a un hombre  hacia la mujer, y la mujer hacia el varón  se consolide y responda  a sus verdaderas expectativas, al tiempo que  el fruto natural de esa unión sea  concebido, gestado, recibido, nutrido, cuidado y educado de modo acorde  con su condición de ser humano y de persona consiguiendo que en esa perpetuación de generaciones  quede garantizada la supervivencia del hombre, el legado moral y la cultura de los pueblos?
La respuesta a esta pregunta es elemental: el matrimonio, ya que como dice Juan Pablo II : La familia está fundada sobre el matrimonio, esa unión intima de vida, complemento entre un hombre y una mujer, que está constituida por el vínculo indisoluble del matrimonio libremente contraído, públicamente afirmado, y que está abierta a la transmisión .de la vida.
De ahí, que a  la hora  de estudiar cualquier tipo de cultura  no podamos prescindir del  logro social  que supone la institución del matrimonio, porque como afirma el documento Familia y Derechos Humanos del Pontificio Consejo para la Familia, refiriéndose a ésta, “los bienes que le son esenciales se pueden realizar sólo cuando un hombre y una mujer se entregan el uno al otro con una donación total en el matrimonio, comunidad de amor y de vida, y están dispuestos a acoger plenamente, en la procreación y en la educación, el don de una vida nueva” .
Sin embargo, y “aunque en el plano biológico pueda pensarse que el matrimonio es anterior a la familia, en el plano social, la familia es anterior a la institución conyugal: todo ser humano nace en una familia que ya existe. La sucesión de familias en el tiempo es lo que hace necesario el matrimonio para que así unas generaciones vayan sustituyendo a otras. El hombre, la mujer no son autonomías individuales sino que la dimensión de humanidad de una sociedad se calcula en la medida en que la trama familiar se halle más o menos desarrollada en la esfera social más amplia” .
Pero aún nos hace falta entender la diferencia existente entre cultura y civilización, que se podría definir de la siguiente forma:
- Civilización: conjunto de elementos organizativos de la vida de una sociedad que facilita la resolución y la sustentación  de sus necesidades como grupo o, mejor, como constelación de grupos humanos, o según la RAE, “estadio cultural propio de las sociedades humanas más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas y costumbres” .
- Cultura: conjunto de elementos que permiten al ser humano desarrollarse, educarse, y crecer  como tal en el marco de una civilización, como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta religión normas de comportamiento, y sistemas de creencias.. Desde otro punto de vista se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano o, según la RAE, “estadio cultural propio de las sociedades humanas más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas y costumbres” .
Por tanto la cultura no sólo se encuentra dentro de la civilización sino que además está por encima de ella. De este modo puede que haya civilizaciones muy complejas con poca cultura y civilizaciones muy sencillas con mucha cultura. La cultura se prueba en lo que es capaz de hacer en el alma humana, esencialmente comunicativa en todo aquello que es bueno para  el ser humano. Por tanto, la familia, que es formadora de seres humanos, que es el lugar donde los individuos se desarrollan como personas, es también la transmisora de la cultura, y al mismo tiempo, la cultura conforma el ser mismo de la familia. Es una simbiosis imprescindible, pues “La familia es una precondición de la adquisición cultural y elemento clave en la socialización de los individuos a cualquier edad. Solidaridad, tolerancia, respeto y valor del trabajo solo pueden ser traspasados eficazmente a la siguiente generación desde la vivencia sincera y cotidiana de la experiencia familiar. El ámbito del privado familiar donde la acción social propia es el don, la reciprocidad social, éste se erige en el molde de la comunicación de los valores capaces de construir la sociedad de lo humano” .

2.- LA FAMILIA, SU ORIGEN Y SU REALIDAD
2.1.- Origen de la familia
La familia es el núcleo social primero , al servicio del cual se han ido creando, a lo largo de los siglos, las distintas organizaciones sociales.
El hombre, en un primer momento de la existencia y de la historia, se encuentra en un medio que, si bien por una parte le suministra todo lo que precisa para subsistir, por otra le presenta una serie de inconvenientes que debe ir superando. Para la superación de esos inconvenientes, en algunos casos le basta a la persona su propio esfuerzo, pero conforme se van complicando, precisa inexorablemente de la cooperación de otras personas.
La propia naturaleza hace que estas situaciones no se encuentren disociadas, sino profundamente entrelazadas, de forma y manera que para el nacimiento de esa persona es imprescindible la unión previa de otras dos personas, y no dos personas cualquiera, sino justamente de un varón y de una mujer. A partir de esta situación empieza a constituirse todo el entramado social, que ya es perfecto en el seno de lo que se ha creado: la familia.
La familia, así, en el más puro estilo naturalista, podría subsistir sin la existencia de otro tipo de sociedad, y ese es un paso de suma importancia, porque supera las propias aspiraciones del individuo, que por sí solo es incapaz de conseguir el objetivo de perdurar.
No obstante, esa familia, sola, llegaría a situaciones no deseadas, y por lo mismo acaba conformando entes de mayor dimensión como la tribu; sociedades menores que van conformando un ente superior, la sociedad. Y no crean ninguno de esos instrumentos sociales para poder servir a esos instrumentos, sino para que esos sirvan a la familia como la familia sirve a la persona.
La familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, posee unos derechos propios que son inalienables y  constituye una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad .
La doctrina de la Iglesia Católica es reincidente en señalar este aspecto: he aquí, pues, la familia o sociedad doméstica, bien pequeña, es cierto, pero verdadera sociedad y más antigua que cualquiera otra, la cual es de absoluta necesidad que tenga unos derechos y unos deberes propios, totalmente independientes de la potestad civil .
Tan es así que la Declaración Universal de los Derechos Humanos hace referencia a la familia en varios artículos, y en concreto en su artículo 16.3 afirma: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.

2.2.- Algunas concepciones políticas de familia e la sociedad
Siendo que la persona debe ser el centro principal de preocupación social, la familia, de la cual nace la persona, es fuente de todas las cosas buenas de la sociedad. Es también, sin lugar a dudas, la fuente de la riqueza; la veta por la cual la sociedad subsiste también económicamente, y la fuente sin cuyo concurso el sistema de Seguridad Social quedaría totalmente desecado. Existen pensamientos políticos humanistas, cristianos, que defienden estos mismos conceptos, pero hoy son rechazados, de forma maniquea, por una sociedad que ha perdido el norte. En este sentido, pensamientos sociales como los siguientes: “La construcción de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, y pasar por sus unidades orgánicas, y así subiremos del hombre a la familia, y de la familia al municipio…desmontaremos el aparato económico de la propiedad capitalista para sustituirlo por la propiedad individual, por la propiedad familiar” .
Como contrapunto a esta doctrina, Federico Engels nos indica que “Si la estricta monogamia es la cumbre de la virtud, hay que ceder la palma a la tenia solitaria, que en cada uno de sus cincuenta a doscientos anillos posee un aparato sexual masculino y femenino completo y se pasa la existencia entera cohabitando consigo misma” .
Éste es el principio imperante en la sociedad liberal capitalista que vivimos, en poco diferente a la concepción socialista, donde el hombre no pasa de ser un ente económico sometido a intereses sociales, ajenos o incluso contrarios a los intereses humanos. En una sociedad donde la deshumanización alcanza todos los niveles y todos los límites, debemos cuestionarnos qué estamos haciendo con sus miembros; qué estamos haciendo con la familia.
Reclamamos como derecho algo que sólo debía existir para cubrir necesidades extremas: residencias de ancianos y guarderías, cuando las residencias y las guarderías deberían contemplarse como un mal menor. Y es que “las personas ancianas tienen el derecho de encontrar dentro de su familia o, cuando esto no sea posible, en instituciones adecuadas, un ambiente que les facilite vivir sus últimos años de vida serenamente, ejerciendo una actividad compatible con su edad y que les permita participar en la vida social” ; no obstante, éstas instituciones no deben existir como “norma”, sino que deben ser el cayado que sirva para paliar las deficiencias sociales.


2.3.- Sociedad sin norte. Agravios a la familia
Otro ítem de la sociedad deshumanizada es el permanente agravio comparativo que sufre la familia, sobre todo si es numerosa, con relación a otro tipo de situaciones. En el terreno puramente económico, resulta que quienes más capital humano aportan, las familias numerosas, acaban siendo los pecheros sociales a la hora de contribuir al mantenimiento de los ancianos.
Que la familia deba mantener a sus ancianos entra en la lógica propia de la familia, y entre otras funciones, esa es una de carácter primordial. La dificultad surge cuando, como sucede en nuestra sociedad, el número de ancianos desborda todas las capacidades.
En las sociedades no complejas, no existe problema, como tampoco debe existir en una sociedad compleja bien estructurada. Económicamente no debe importar que existan ancianos sin hijos; éstos deben ser atendidos normalmente por la sociedad procurando que la merma afectiva por falta de hijos y nietos no signifique también un abandono social.
No obstante, la sociedad debía distinguir perfectamente las distintas situaciones, y no consentir que quienes se encuentran en esa situación por estricto egoísmo personal, y no por servicio a la sociedad o por circunstancias de la naturaleza o por accidentes indeseados, sean una lacra económica para otros.
Y es que, tal como están estructuradas las cosas, quienes no han querido tener hijos, e incluso quienes han asesinado a sus hijos, tienen más derechos a la hora de percibir subsidios de vejez que quienes sí han tenido hijos, siendo que son precisamente éstos quienes deben atender con su aportación la subsistencia de aquellos.

Parece bastante evidente que en la actualidad, en España, nos encontramos en una sociedad rebosante de derechos que en la práctica no son aplicados; en una situación donde finalmente quienes debían ser finalistas de los derechos están prácticamente marginados de los mismos.
Para un cristiano, son las leyes las que deben someterse a los intereses humanos y de la sociedad. Nunca al contrario. Así, “todos aquellos que quieren casarse y establecer una familia tienen el derecho de esperar de la sociedad las condiciones morales, educativas, sociales y económicas que les permitan ejercer su derecho a contraer matrimonio con toda madurez y responsabilidad” .
Y es que, como la doctrina de la Iglesia insiste, “La familia, pues, tiene inmediatamente del Creador la misión, y, por lo tanto, el derecho de educar a la prole, derecho inalienable por estar inseparablemente unido con una estricta obligación, derecho anterior a cualquier otro derecho de la sociedad civil y del Estado, y por lo mismo inviolable por parte de toda potestad terrena” .
Por eso, la legislación de una sociedad justa no puede obviar el hecho de la existencia de la familia, y más, de las familias amplias y de las familias numerosas, porque no es lo mismo una familia de cinco que una familia de diez. Parecería más lógico que las ventajas fiscales, laborales y sociales que no se reflejan en la ley, fuesen parejas al número de hijos, variando con cada uno de ellos, usando un baremo similar a los aplicados en la declaración de la renta, y considerando en ambos casos que no exista tope, como el impuesto para quienes tengan más de siete hijos.


3.- CONCEPTO DE FAMILIA
3.1.- En la cultura griega
En la estructura social micénica —hacia el S. X-XI antes de Cristo— tenía una importancia capital la familia, que era su base y se estructuraba en el “genos” o familia patriarcal. Estaba constituida por personas de una misma descendencia y en ella asumía la autoridad la persona de más edad —el pater—, encargado de sus relaciones con los demás y con los dioses.
Era la familia una unidad social y religiosa establecida en torno al hogar, donde se mantenían las cosas en común y la posición de cada uno estaba determinada conforme al grado de relación con el pater. El Estado estuvo edificado sobre el genos .
Como fuese que en las sucesivas invasiones eran absorbidos los miembros de éstas, que prioritariamente estaban compuestos por mujeres ya que los hombres fallecían en mayor número en los combates, la mujer absorbida aportaba su cultura que, inexorablemente era transmitida a la descendencia .
La mujer ocupa un papel principal ya que el hombre se encarga prioritariamente de la caza y de la guerra. Es una clara muestra de la fortaleza de la estructura familiar .
Esta realidad se trasluce en documentos históricos, como en la Odisea, donde la esposa de Dolios es el centro de la familia . Tan es así que la palabra griega hermano no es el antiguo término indoeuropeo phrater, sino adelphós, literalmente couterino , lo que revela una importancia de la familia.
Con la aparición de la polis, surgida en el s. VII a de C. como elemento de defensa frente a los ataques de enemigos foráneos, que no podían ser efectivas en las aldeas, la estructura social dio un paso adelante. El genos desaparece como centro exclusivo cediendo parte de su autonomía a fin y efecto de que la polis garantice su seguridad frente a terceros. Pasa así a ser la polis el servidor del genos, pasando a la polis las tradiciones de aquellos, de forma que el cargo de sacerdote estaba siempre ligado a un linaje . Así, en Atenas, la sacerdotisa de Atena Políade y el sacerdote de Poseidón-Erecteo eran del linaje de los Eteobútadas .
Las tierras de labor, fuente de subsistencia, en muchas ocasiones precaria, pasaba de padres a hijos, procurando que no pasasen a otros gené.
Pero la importancia de la familia iba mucho más allá. Así, si alguien asesinaba a un tercero, el asesino y la familia del fallecido podían llegar a un acuerdo; del mismo modo, si el asesino fallecía sin haber sufrido pena, la responsabilidad recaía sobre sus descendientes . La evolución de los distintos conceptos de gobierno fueron modificando también los modelos de aplicación de la justicia, llegando el siglo V cuando pasa a ser competencia exclusiva del Estado, de la polis, siendo que es el Estado el que asume las formas y los conceptos de los gobernados, salvo en el tipo de gobierno conocido como tiranía y parcialmente en la democracia, puerta de la tiranía según Platón .
Según la legislación ateniense, la sociedad no estaba compuesta exclusivamente por individuos, sino por núcleos familiares u oikos, y que lo integraban el kirios, su mujer, los hijos legítimos, y otros parientes, entre los que destacaba la madre viuda del kirios y sus hermanas solteras .
Los hijos que se casaban aportaban al oikos a su esposa, si bien el kirios de la nueva familia pasaba a ser el hijo desposado.
Una excepción debe marcarse en el concepto de familia de la Grecia antigua: Esparta, donde la vida familiar parece que era casi inexistente. El matrimonio y la familia servían únicamente para la procreación de los hijos… Y hubo un alto índice de pederastia .
A partir del siglo V, las leyes reconocían el divorcio y el repudio de la esposa sin necesidad de alegar motivo alguno, si bien el kirios de la novia podía demandar al esposo la devolución de la dote, con un interés del 18% . La mujer tenía a su cargo el cuidado de los hijos y de los esclavos y no participaba en los negocios públicos.
Cada familia continuaba siendo una unidad de vida, pero también era, en lo económico, una pequeña empresa dedicada especialmente al autoconsumo. De ese modo de entender la vida económica al servicio de la familia deriva la palabra economía.
A una esposa se le exigía fidelidad, pero no así al marido. Se podía solicitar el divorcio en el caso en que el esposo detectara adulterio y el seductor podía sufrir un severo castigo. Es interesante observar cómo la pena por violación era tan solo económica, fijada por Solón en 100 dracmas, mientras que la pena por seducción a una esposa era mucho más severa. El marido ofendido podía incluso llegar a matar al seductor, aunque lo más usual sería un castigo corporal, siendo el preferido el de «presionar rábanos contra su ano y cortarle el pelo púbico .
No obstante, en el siglo IV antes de Cristo, tras la derrota de los Treinta Tiranos, las leyes a este respecto habían variado sensiblemente, de forma que el marido burlado que mataba al seductor podía ser condenado a muerte.
Tan es así que en la Grecia antigua, cuando se condenó a  Sócrates a cicuta, el sofista y promotor de la democracia, Lisias, que sobrevivía ejerciendo la ilegal profesión de logógrafo, redactaba discursos para que fuesen argumentados por personas que, ya como acusación o como defensa, carecían de argumentos propios. En uno de ellos, en el “Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes”, Eufileto, el acusado, procedió a su defensa con un discurso redactado por Lisias en el que justifica el asesinato del amante de su esposa a fin y efecto de librarse de la condena a muerte por el mismo .
Y es que las leyes, según lo relatado en el citado discurso, permitían incluso el asesinato del ofensor, argumento que los sofistas, y muy particularmente Lisias convirtieron en “el legislador les impuso la muerte por castigo” . A lo largo del discurso Lisias se burla de las leyes que impusiera Solón.

3.2.- En la cultura de Roma
Al igual que los griegos, los etruscos tenían como base social la familia, organizada de forma similar en la polis, que eran gobernadas por miembros destacados de las familias más influyentes .
La esencial diferencia existente entre los etruscos y los griegos de los siglos VI y V a.C. era que aquellos compartían fiestas y banquetes con las mujeres, cuestión que escandalizaba a los griegos. Otro hecho significativo a destacar en estos prolegómenos de Roma es el uso del nombre de la familia a título de apellido .
Ulpiano dice que “llamamos familia al conjunto de personas que están bajo una misma potestad, sujetas a ellas por nacimiento, o por un acto de derecho, como el cabeza de familia, la madre de familia, el hijo y la hija de familia y los sucesivos, como nietos y nietas, etc. Se llama padre —o cabeza— de familia al que tiene dominio en la casa, y se le llama así propiamente aunque no tenga hijo, pues el término no es sólo de relación personal, sino de posesión de derecho”  .
La unidad familiar se manifiesta independiente en aspectos que abarcan desde el campo espiritual hasta el campo económico. No se puede entender la familia romana sin hablar de los lares  —dioses protectores del hogar doméstico—, en lo espiritual, y sin hablar del fundo familiar con todas sus pertenencias, desde esclavos hasta aperos de labranza, en lo económico.
La familia para los romanos, es la “base y fundamento de la organización política” , y sólo el paterfamilias podía entrar en las asambleas populares, y Cicerón considera a la familia como principio de la sociedad.
Este Estado en su vicisitud histórica estaba cimentado en la tradición, el respeto a los mayores, y en la religión, el respeto a los dioses. Las generaciones eran educadas en una doble dirección: en el respeto a la familia (formación del individuo), en donde domina la relación del padre (pater) al cual hay que respetar y obedecer ciegamente; y en la fidelidad a la comunidad (formación del ciudadano), a la cual hay que servir para su mayor engrandecimiento. La religión también ocupó un lugar importante en la formación del ciudadano romano, dado el lugar predominante que ocupaban en los fundamentos del Estado Júpiter, Marte y Quirino (trinidad del Estado y fuente de la división entre lo lícito y lo ilícito) .
El paterfamilias tenía sobre los hijos la patria potestas; sobre la mujer que entra en la familia, la manus, y sobre los esclavos la dominica potestas. La patria potestas sólo se extinguía con la muerte del paterfamilias, o cuando el hijo era dado en adopción o se emancipaba —siempre con autorización paterna—, y cuando la hija se desposaba.
Esta potestad se basaba en la bondad y en la protección ejercida por el paterfamilias sobre los demás. Así, “desde los tiempos primitivos, la mujer formaba con el marido una comunidad de bienes y de cultos, en una plena unión de voluntades” .
El matrimonio, según Modestito, “es la unión de hombre y mujer en comunidad plena de vida y en comunicación del derecho divino y humano” , extremo que, llegado el cristianismo, se perfecciona con la indisolubilidad del matrimonio.
En el derecho romano antiguo existía el derecho de vida o muerte ejercido por el paterfamilias, pero siempre sometido a la decisión del consejo de familia. También existía el derecho a vender como esclavo.
Todo acto realizado en torno al matrimonio, y que hoy es conocido como hecho fútil, tiene su base en un profundo reconocimiento de derechos a las esposas; desde la promesa o esponsales, que en origen eran unas estipulaciones formuladas entre el paterfamilias de la novia y el paterfamilias del novio, y que vinculaban en firme con sanciones más o menos graves en caso de incumplimiento, y se exigía, según Ulpiano, consentimiento de las partes , además de otras circunstancias entre las que destaca la recíproca voluntad de permanecer unidos en matrimonio.
Desde los tiempos primitivos, la mujer formaba con el marido  una comunidad de bienes y de cultos, en una plena unión de voluntades. Según el derecho romano, matrimonio es la unión de hombre y mujer en comunidad plena y en comunicación del derecho divino y humano. El matrimonio se consideraba  como un hecho social  que para tener relevancia jurídica debía ser conforme a la ley o al derecho.
En cuanto al divorcio, que la legislación romana contemplaba, hay que distinguir entre los tiempos de la antigüedad, cuando prácticamente no existía y  las causas de divorcio se limitaban a “adulterio, ingerir abortivo, el beber vino o sustraer llaves para beber vino” , y el final de la República, decadente y corrupta, donde proliferaban los divorcios, que dependían de la voluntad de los cónyuges, y que da lugar, definitivamente al repudio.
Todo esto cambia radicalmente con el cristianismo, cuando el emperador Justiniano ordena que “si un hombre jura sobre el Evangelio que tomará a una mujer en matrimonio no puede después divorciarse”, y Constantino reconduce el repudio o divorcio “limitándolo a tres motivos por parte del marido o de la mujer” .

3.3.- En Oriente
Hasta la llegada del marxismo a China, en 1949, la idea imperante era el confucianismo, vigente desde el siglo VI a de C. Éste promueve una auténtica veneración por los ancianos y por la familia, a la que considera centro y principio de la sociedad , si bien el orden no era otro que un estricto patriarcado y los matrimonios los arreglaban los padres, sin intervención alguna por parte de los nuevos esposos. El tráfico de mujeres estaba normalmente vinculado al matrimonio y a las hijas. Desde la cuna hasta la madurez, los niños eran comprados y vendidos, hasta el extremo que muchos niños de muy corta edad y de ambos sexos eran entregados a la familia con la que se había convenido el nuevo matrimonio, y el luto por los difuntos alcanzaba muy largas temporadas.
La Ley de Matrimonio de 1950 declaraba la igualdad de derechos sin distinción de sexo, no reconocía a un “jefe de familia" y prohibía los matrimonios pactados, la interferencia en el matrimonio de las viudas, el compromiso de los niños y el pago de dote .
El papel de la mujer, a pesar de estar plenamente sometida al marido, era de considerable importancia, porque la madre de familia era la responsable tanto de sus propios hijos como de los hijos de las concubinas de su marido, y la familia extensa ha tenido y tiene una importante relevancia.
La familia es una institución básica, y plenamente concebida en su sentido amplio, y hasta el advenimiento del marxismo —y con Mao hasta 1970—, el concepto de familia numerosa era tenido en consideración. Así, Confucio señala que “Una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente” . Queda así manifiesta la importancia de cada uno; del padre, de la madre, y de los hijos.
Para Confucio, la virtud debe brillar en el alma de las personas, y el gobernante, cuya primera etapa se encuentra en la propia familia, debe ser sincero, tolerante y bondadoso, capaz de dar buen ejemplo. La familia es así, para Confucio, base de la sociedad.
Por su parte, otro filósofo de vital importancia en Oriente es Lao Tse, fundador del taoísmo, en el siglo VI a. de C., quién también destaca la importancia de la familia, y llega a afirmar que cuando el Tao se olvida degenera el deber y justicia. Entonces, la sabiduría y la sagacidad se pierden bajo la hipocresía. Cuando se deshacen las relaciones familiares, el respeto y la devoción degeneran; cuando una nación cae en el caos, han de nacer la lealtad y el patriotismo .

Confucionismo y taoísmo son conceptos filosóficos que no se circunscriben a China, sino que se diseminan por todo Oriente.
Por otra parte, la costumbre de asesinar a las niñas recién nacidas es ancestral en Oriente, y en la actualidad está provocando que en China exista un amplio porcentaje de varones que no logran encontrar esposa y es que en la actualidad, la norma en las ciudades es la familia nuclear y se calcula que la componen 3,27 personas. El 98,6% de las parejas tienen un solo hijo. Estos niños no tienen hermanos, no viven con los abuelos, y eso limita sus oportunidades de convivencia y puede ser un obstáculo para su socialización. Se habla de niños mimados, caprichosos, sobreprotegidos, de “pequeños emperadores” a los que tanto padres como abuelos vuelcan toda su atención .
Y es que en una sociedad mayoritariamente rural y en la que no había seguridad social en el campo, es imperativo tener hijos varones que se encarguen de la manutención de los padres en su vejez. Es por eso que como es bien conocido las consecuencias de esta política que fue aplicada sin que la acompañara una reflexión que  tomara en cuenta la situación social, fueron desastrosas y culminaron en muchos casos, sobre todo en el campo, en infanticidios femeninos, abandono de niñas y maltrato hacia las mujeres .
A pesar de todo, en China “La familia es la institución social básica, ya que permite la reproducción tanto de sus miembros como de las creencias y valores de la sociedad a la cual pertenecen. Este hecho es especialmente relevante en las sociedades agrícolas y no podemos olvidar que la región del Asia oriental ha sido una zona fundamentalmente agraria hasta hace relativamente poco tiempo” .


3.4.- En África
En la mayor parte de África, las sociedades son culturalmente agrícolas y, al igual que en otras sociedades preindustriales, la familia tiene una concepción de "familia extensa o extendida", en el sentido de que, a diferencia de la familia nuclear de las sociedades post-industriales constituidas por la pareja y los hijos, aquellas están compuestas por todos los parientes que , en muchos casos, suele incluir a los antepasados como miembros que siguen perteneciendo y participando en los asuntos de la familia .
El matriarcado y el patriarcado dividen la conformación del modelo familiar, dependiendo de la etnia a que pertenezca cada grupo familiar. Dependiendo de cada modelo familiar, los nuevos esposos pueden continuar viviendo en casa de sus respectivos padres, quedando la mujer encargada de la custodia de la prole. La poligamia y la poliandria son aspectos propios de algunas de estas culturas.
Así, el modelo familiar de los lozi, que con una población de unas setecientas mil almas se ubica entre Namibia, Zambia, Zimbabwe y Botswana, la familia nuclear constituye la unidad económica básica de la sociedad. En el caso de matrimonios polígamos cada esposa tiene una vivienda separada y sus propios huerto y animales. Es libre de disponer del producto de su trabajo y recibe una porción del producto del marido. La cooperación en la producción y consumo entre las esposas no es siempre habitual. El ideal tradicional es que cada esposa sólo produce para su marido y sus hijos, pero hay una tendencia constante a alejarse de este ideal. Por ejemplo, es normal que una esposa prepare la comida para toda la familia. Los matrimonios son legitimados mediante el pago de una dote pequeña .
La mayor de las esposas tiene privilegios en la distribución de la comida producida por el marido, pero no tiene autoridad sobre las otras esposas. El índice de divorcios es alto, y es normal que una Lozi haya tenido varios compañeros durante su vida. Aunque se prohíben los matrimonios entre los parientes íntimos, se dan algunos entre primos, pero con la condición de que tales matrimonios no pueden ser disueltos por divorcio .
En el caso de los Mambwue, un grupo humano compuesto por cerca de cuatrocientas mil personas y asentado entre Tanzania y Zambia, constituyen una sociedad patrilineal, los niños son preferidos sobre las niñas porque ellos continuarán el nombre familiar. El marido ejerce autoridad en la casa y la poligamia no es rara. La separación es casi desconocida. El divorcio viene como resultado de problemas diversos entre la pareja, siendo la causa más habitual la falta de hijos. La esterilidad se ve como una maldición y puede traer muchos problemas dentro de un matrimonio .
En el caso de los Turkana, tribu compuesta por unas cuatrocientas mil personas y ubicada entre Etiopía y Kenia, viven en grupos familiares extendidos, y el awi familiar suele estar dividido en dos cercados separados. Uno es el napolon que es el cercado principal donde vive el cabeza de familia con la esposa principal. El otro es el abor, donde viven las demás esposas con sus hijos, así como los hijos casados. La entrada principal del hogar se sitúa siempre hacia el este. En el lado izquierdo se sitúa la vivienda de día de la esposa principal (ekal) y a la derecha la vivienda nocturna (akai). Las familias Turkana construyen a menudo sus awi junto a los awi de otras familias formando barrios que son las comunidades básicas en la organización social del pueblo Turkana .
Los matrimonios Turkana tienen un periodo de prueba de tres años y no se considera definitivo el matrimonio hasta que el primer hijo comienza a andar. El precio de la novia (pagado por el novio) normalmente consiste en varias cabezas de ganado (vacas o camellos) procedentes del ganado del novio, de su padre, de los hermanos de su padre o su madre, o de sus compañeros del mismo grupo de edad. La esposa ocupa una posición importante en el awi, y mantiene lazos íntimos con su marido y su padre y hermanos .
Los Khoisan, que se extienden por Angola, Botswana, Namibia, Sudáfrica y Tanzania, constituyen una sociedad de más de trescientos mil individuos que viven en unidades que rondan las cien personas.
Los primeros matrimonios son preparados por los padres y pueden conllevar una década de intercambio de regalos antes de que los niños se casen realmente. La forma típica de arreglar un matrimonio se hace de la forma siguiente: la madre de un muchacho se acercaría a la madre de una muchacha y propondría un matrimonio. Si la familia de la muchacha está de acuerdo se apalabran los esponsales con el Kumasi - intercambio de regalos entre los padres de los novios- .
Una muchacha no puede casarse con un primo de primer o segundo grado, o con un muchacho con los nombres de su padre o hermano y  un muchacho no puede casarse con una muchacha con el nombre de su madre o hermana, y para conocerse mejor, el novio va a vivir con la familia de la novia durante un periodo de varios años y caza para ellos .
La mayoría de matrimonios es monógama. Según un estudio hecho en 1968: en una muestra de 131 hombres casados, 122 (93%) estaban viviendo de forma monógama, 7 (5%) estaban viviendo polígamamente (6 con 2 esposas y 1 con 3), y 2 hombres (2%) estaba viviendo de forma de poliandria: 2 hombres con 1 mujer, si bien, estas situaciones se producen entre personas en edad no fértil .


3.5.- En las culturas amerindias
En el caso de los Mayas, los jóvenes de ambos sexos tenían  total libertad para mantener relaciones sexuales con quien les placiese, libertad que terminaba cuando se producía el matrimonio, que era monógamo. En este punto, el varón pagaba una dote a los padres de la mujer o les realizaba trabajos durante un periodo determinado .
En la cultura Azteca, claramente patriarcal, los jefes, comerciantes y guerreros tenían permitida la poligamia, si bien, una era esposa y el resto concubinas, debiendo ser monógama el resto de la población. A la hora de concertar matrimonio, los padres del novio enviaban legado a la casa de la novia, que aceptaba o rechazaba el ofrecimiento .
Los lazos conyugales no pueden ser disueltos por deseos de cualquiera de las partes, sólo el hombre podía repudiar a su mujer. Se le otorgaba un derecho de infidelidad sancionado, se trata de un derecho que se ejerce cada vez más a medida que progresa la evolución social.
En el caso de los Incas, las clases superiores sometían a toda la población a una servidumbre que llevaba a que las élites seleccionasen aquellas muchachas que les parecían bien, para ser instruidas en escuelas especiales que desembocaban en el concubinato .
El pueblo se organizaba en ayllus, que no era sino una comunidad de personas unidas por vínculos familiares, que tenían antepasados comunes y ocupaban un territorio.
Las familias estaban organizadas al servicio del Inca, y carecían de cualquier tipo de propiedad, y funcionaba como una unidad productiva, con una mínima división del trabajo.
Las mujeres eran responsables de la preparación de los terrenos de cultivo y siembra, y en menor medida en la limpieza, riego y deshierbe. Y en la cosecha participaba con el varón.  Varón y mujer participaban en las tareas domésticas y en la socialización de los hijos que se basaba en el trabajo desde los 5 o 6 años de edad y en relaciones afectivas muy intensas. La mujer participaba en las decisiones familiares según su capacidad de poseer tierras.

3.6.- En el Corán
La familia de la sociedad musulmana es esencialmente patriarcal; el padre de la familia ejerce su poder sobre la esposa, los hijos y los criados; la poligamia antes era corriente entre los ricos, pero los pobres eran y son monógamos por necesidad. El Corán reconoce el repudio de la mujer, debiendo buscar dos testigos para efectuar el mismo .
La mujer carece de autonomía, ya que “no puede ser dada en matrimonio sino con el consentimiento de su tutor matrimonial o de otra persona de juicio en su familia, como un varón de su tribu o el sultán.”  Para que un matrimonio pueda ser reconocido como legal, debe ser realizado con un tutor o wali, con dote o sadaq, y con dos testigos honrados que deben estar presentes en el momento del contrato, ya que de otro modo, no podrá consumarse el matrimonio . No obstante, cuando la mujer no es virgen, tiene derecho a dar su consentimiento en el matrimonio, y no es admitida imposición de nadie .
Reconoce la poligamia: “Casaos con las mujeres que os gusten. Dos, tres, cuatro, pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas” . Discrimina a la mujer: “Alá os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras. Si éstas son más de dos, les corresponderán dos tercios de la herencia. Si es hija única, la mitad. A cada uno de los padres le corresponderá un sexto de la herencia, si deja hijos; pero, si no tiene hijos y le heredan sólo sus padres, un tercio es para la madre. Si tiene hermanos, un sexto es para la madre” .
“Está permitido al hombre, libre o esclavo, casarse con cuatro mujeres libres, musulmanas o del Libro” , y los conversos que se conviertan teniendo más de cuatro esposas, deberán repudiar a las que exceden de tal número .
Reconoce el repudio por deshonestidad. “Llamad a cuatro testigos de vosotros contra aquéllas de vuestras mujeres que cometan deshonestidad. Si atestiguan, recluidlas en casa hasta que mueran o hasta que Alá les procure una salida”.  También reconoce el repudio por placer o desidia: “Y si queréis cambiar de esposa y le habíais dado a una de ellas un quintal, no volváis a tomar nada de él. ¿Ibais a tomarlo con infamia y pecado manifiesto?” .
Admite la promiscuidad: “Os están permitidas todas las otras mujeres, con tal que las busquéis con vuestra hacienda, con intención de casaros, no por fornicar. Retribuid, como cosa debida, a aquéllas de quienes habéis gozado como esposas. No hay inconveniente en que decidáis algo de común acuerdo después de cumplir con lo debido” .
El patriarcado queda manifiesto: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Alá manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas” .
Reconoce el divorcio: “Si teméis una ruptura entre los esposos, nombrad un árbitro de la familia de él y otro de la de ella. Si desean reconciliarse, Alá hará que lleguen a un acuerdo. Alá es omnisciente, está bien informado”,  e incluso impone el divorcio en caso de que uno de los esposos apostate del Islam, así como si alguien casado con una infiel abraza el Islam y ésta no hace lo propio, salvo que ella pertenezca a las Gentes del Libro (judíos y cristianos).  También la mujer puede acceder al divorcio mediante la entrega de la dote o si se trata de una esclava manumitida y casada con otro esclavo .
Y a las mujeres también les reconoce derechos; así, “el que sea incapaz de copular podrá intentarlo durante un año y si lo consigue, bien estará, pero si no, ambos cónyuges se separarán a petición de la mujer”. También la mujer que sufra  cuatro años de ausencia continuada del esposo podrá volver a casarse .

3.7.- A la luz de la doctrina cristiana
En el Cristianismo, la familia es concebida como el entorno natural de la persona; el lugar donde recibe el legado de su ser como persona humana, como ser social, como hijo de Dios.
El elemento indispensable es el matrimonio; la unión entre un hombre y una mujer, de cuyo amor surge la vida y se constituye lo que propiamente entendemos como familia. “en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” .
Una unión indisoluble — “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer” . — que garantice la paz individual y la paz social.
“Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. Él, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla. Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.
Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” .
Marca responsabilidades serias a los esposos, y en concreto al varón cuando señala que “el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer” .
En el concepto de mujer, es de destacar que el cristianismo reconoce la misma dignidad al hombre que a la mujer — “Honrarás a tu padre y a tu madre”  —, e incluso le reconoce tratamientos de gran calado, como en el caso de la Virgen, cuando en el Ave María rezamos: “Bendita eres entre todas las mujeres”, o cuando afirma: “En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra” .
Ese reconocimiento de igualdad entre hombre y mujer se ve reflejado en toda la doctrina cristiana, desde el principio de su concepción: “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” .
El propio Jesús, en su vida terrena manifestó reiteradamente esa igualdad en dignidad: “Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados” .
Y el mandato “No fornicarás”, no es dirigido a ninguno de los dos sexos en concreto, sino a ambos a la vez, del mismo modo, la igualdad se encuentra marcada en la siguiente expresión: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” .
El cristianismo perfecciona el derecho romano dándole  al matrimonio una dignidad superior puesto que  “al transmitir  a sus descendientes la vida humana, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan de una manera única en la obra del Creador” .
Jesús nace y crece en el seno de una familia y su doctrina es la creación de una Familia, cuyo Padre es Dios. A lo largo de su vida exalta los valores de la familia, en Belén, en las bodas de Caná, y en la constitución de la Iglesia. No satisfacía al Redentor haber creado los tipos aislados del hombre y la mujer, sino que necesitaba reunirlos formando una familia, modelo práctico y permanente de todas las demás sociedades domésticas.
Desde la  encíclica Arcanum divine sapientiae (10.II.1880) de León XIII, hasta  Evangelium Vitae de Juan Pablo II (25-3-1995) se observa  una doble dinámica complementaria: por un lado, la constatación del crecimiento  de errores morales que conlleva el alejamiento de la cultura cristiana y por el otro, la necesidad de profundizar en el misterio de Cristo para mejor comprender la belleza y la bondad de la realidad matrimonial.
La perfección por una parte es sobrenatural, y por otra es natural, pero con la proyección de la luz divina. Es decir, en su primera fase es un hecho religioso, pero se proyecta sobre la naturaleza,  donde el católico intentará actuar ordenándola según el espíritu del evangelio, dando lugar a  un estilo peculiar de cultura que llamamos católica.
La cultura matrimonial y familiar es la genuina cultura católica. El Papa Juan Pablo II en sus  Catequesis sobre el amor humano  dice: el cometido último del matrimonio y la familia es hacer comprender al ser humano sus claves existenciales, que es un ser que viene del amor de Dios Padre, que no se puede vivir sin amor y para eso ha de abrir las puertas al corazón de Cristo. Por tanto,  la verdad última del ser humano sólo puede ser vivida si las personas aprenden a amarse  entre sí, y es en el  matrimonio y en la familia donde esta realidad puede ser vivida.

3.8.- Influencia del cristianismo en la cultura familiar
Durante la caída del Imperio Romano, fue  el cristianismo quien cubrió los vacíos institucionales que los reinos bárbaros, por su organización elemental, no podían llenar. Convirtió a los pueblos paganos a la fe católica, y junto con ellos y los valores subyacentes grecorromanos, construyó la cristiandad.
El segundo gran momento de esta cultura es el de las  Universidades del siglo XIII. En este contexto surgió la gran figura de Tomás de Aquino. Santo Tomás dio base al espíritu doctrinal  del catolicismo encontrando los fundamentos que permiten  integrar fe con razón; es decir dio al catolicismo rango de corriente filosófica, respondiendo a las preguntas de la fe mediante la razón, y al mismo tiempo llegando a  encontrar un significado razonado a la fe.
Durante la expansión cultural de España en los siglos XV, XVI, XVII se evangelizaron todas las tierras conquistadas, especialmente en América y Filipinas, y la cultura familiar de los pueblos se vio beneficiada por el cristianismo, pues éste les dio dignidad y perfección a los conceptos familiares preexistentes.
Lo que España le descubre a la Hispanidad es su cultura católica y misional que conlleva lo griego, lo romano, y lo ibérico, respetando y asumiendo lo que de benéfico tiene cada una de las culturas descubiertas.
De toda esta exposición de diversas vivencias familiares a lo largo del Mundo y de la Historia se deduce que “Como se declara en la Carta de Derechos de la Familia promulgada por la Santa Sede, la experiencia de diferentes culturas a través de la historia ha mostrado la necesidad que tiene la sociedad de reconocer y defender la institución de la familia. La sociedad, y de modo particular el Estado y las Organizaciones Internacionales, deben proteger la familia con medidas de carácter político, económico, social y jurídico, que contribuyan a consolidar la unidad y la estabilidad de la familia para que pueda cumplir su función específica” .

3.9.- Conclusión al Concepto de Familia
La familia es la base de toda sociedad humana, desde la más tradicional hasta la más moderna. La investigación antropológica muestra que no existe forma alguna de sociedad conocida donde se manifieste otra realidad. Es decir, la familia compuesta cuando menos por los padres e hijos es una unidad o hecho social universal que adopta muchas formas según cada momento histórico, tipo de sociedad y cultura particular.
A una misma sociedad o cultura las respuestas obtenidas en cuanto al tipo de familia no son idénticas, puesto que se producen diversas variables de tipo educativo, económico, demográfico.
Atendiendo a su composición pueden distinguirse las siguientes unidades familiares :
- Familia nuclear: compuesta por el matrimonio y los hijos.
- Familia extensa: en ella se agregan otros parientes: abuelos, tíos, primos, sobrinos, entre otros.
- Familia monoparental: puede tratarse de familia nuclear o extensa, que podemos calificar de capitidisminuida, donde existe un solo progenitor como consecuencia del fallecimiento, separación o por abandono familiar.
- Familia agregada: constituida por parientes entre los cuales no existe vínculo matrimonial ni filial. Un ejemplo sería la familia que acoge como hijo, sin adoptarlo, a un sobrino.
En todos los casos señalados como muestra, así como en los que hemos dejado fuera de la selección, podemos destacar que las funciones que desarrollan prioritariamente son las siguientes :
- Función reproductiva o demográfica. La familia trae hijos al mundo y con ello garantiza la continuidad de la especie humana
- Función asistencial a los niños, a los ancianos y a los enfermos. La familia es el lugar donde todos los miembros reciben una atención personalizada basada en el amor; una atención que es más delicada en los más débiles, que son los que más la necesitan.
- Función socializadora o educativa: La socialización es un proceso por el que las nuevas generaciones  hacen suya la cultura de su sociedad. La familia juega un rol muy importante y esencial al transmitir, formal e informalmente, a los hijos las normas, valores, patrones de comportamiento, habilidades y destrezas para actuar en sociedad. Esta misión es primordial en la formación de la personalidad de los niños. En el proceso de socialización también intervienen otras personas e instituciones: los amigos, la iglesia, la escuela, los medios de comunicación, entre otros.
- Función de protección económica: En cuanto a la alimentación, el vestido, la salud, la vivienda y la educación.
- Función de afectividad: En ningún sitio fuera del seno de la familia pueden experimentarse sentimientos tan profundos de amor  y ternura, emociones que permiten mantener relaciones gratas con otras personas y facilita la confianza y la autoestima. “La familia es el lugar donde se encuentran diferentes generaciones y donde se ayudan mutuamente a crecer en sabiduría humana y a armonizar los derechos individuales con las demás exigencias de la vida social” .
- Función de seguridad: Tanto física como emocional. El hecho de que el niño se desarrolle en una familia estructurada y coherente  le ayudará a adquirir una integridad emocional que le permitirá adaptarse (y en ocasiones a enfrentarse) a la sociedad y a resolver los pequeños y grandes problemas que surjan de lo cotidiano.
- Función recreativa: la labor diaria, que el niño la entiende como un juego, lo forma para la vida, y posteriormente las actividades recreativas de la familia le darán descanso, estabilidad y equilibrio.

4.- LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA EN LA SOCIEDAD
4.1.- Como socializadora de personas
Juan Pablo II, en el  preámbulo de la Carta de los Derechos de la Familia, señala que los derechos de las personas, aunque expresados como derechos del individuo, tienen una dimensión fundamentalmente social que halla su expresión innata y vital en la familia, que está fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, y que está abierta a la transmisión de la vida .
La familia es la primera socializadora de personas, —no nos importe ser reiterativos—; en ella, todos los miembros tienen una importancia capital, así, la madre, por sus propias condiciones fisiológicas es la primera dedicada a esas labores.
Sin embargo, a la mujer le han hecho creer que para ser libre debe renunciar  a aquello que es la base de su máxima expresión humana: la maternidad. “Si se debe reconocer también a las mujeres, como a los hombres, el derecho de acceder a las diversas funciones públicas, la sociedad debe sin embargo estructurarse de manera tal que las esposas y madres no sean de hecho obligadas a trabajar fuera de casa y que sus familias puedan vivir y prosperar dignamente, aunque ellas se dediquen totalmente a la propia familia” .
La madre que decida voluntariamente trabajar fuera de casa, necesariamente tiene que estar protegida mediante unas políticas familiares adecuadas, con unos horarios de trabajo compatibles con el cuidado de los hijos, porque si tanto el padre como la madre trabajan fuera de casa, el hijo debe ser cuidado por manos diferentes a las de sus padres. Para solucionar este problema se han creado las guarderías, que en principio deben ser una ayuda a la familia, no la sustitución de la misma.
El niño, en su más tierna infancia, más que atenciones profesionales, necesita los brazos de sus padres, especialmente los de su madre… “Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro. Tal remuneración puede hacerse bien sea mediante el llamado salario familiar —es decir, un salario único dado al cabeza de familia por su trabajo y que sea suficiente para las necesidades de la familia sin necesidad de hacer asumir a la esposa un trabajo retribuido fuera de casa— bien sea mediante otras medidas sociales, como subsidios familiares o ayudas a la madre que se dedica exclusivamente a la familia, ayudas que deben corresponder a las necesidades efectivas, es decir, al número de personas a su cargo durante todo el tiempo en que no estén en condiciones de asumirse dignamente la responsabilidad de la propia vida” .
No es necesario incrementar la oferta de servicios públicos y privados de atención infantil para favorecer a la familia, sino en todo caso para favorecer un supuesto encauzamiento de la fuerza de trabajo femenina, no hacia intereses propios de la mujer; no hacia intereses propios de su familia, sino para satisfacer la avidez de producción y el abaratamiento de la misma, como lógica de la ley de oferta y demanda en la que nuestra sociedad está sumida.
Es evidente que la liberación de la mujer no puede pasar por la anulación de la maternidad liberadora ni de la función socializadora de primer orden que la maternidad comporta.
En ese mismo orden, Juan Pablo II señala que “La sociedad, y de modo particular el Estado y las Organizaciones Internacionales, deben proteger la familia” , y eso, aunque sólo fuese por la afirmación que sobre el tema efectúa el profesor Nicolás Sánchez García, que dice: “Si las relaciones con los padres y con los demás miembros de la familia están marcadas por un trato afectuoso y positivo, los niños aprenden por experiencia directa los valores que favorecen la paz: el amor por la verdad y la justicia, el sentido de una libertad responsable, la estima y el respeto del otro .
Pero no parece que el Nuevo Orden Mundial sea proclive a estas ideas. Bien al contrario, y aunque la sociedad, y más en concreto la Iglesia, se obstine en cerrar los ojos, las mentes directoras de las políticas globales, y muy en concreto de las políticas relacionadas con el ámbito estrictamente humano, no parecen estar por la labor de crear unas políticas familiares que favorezcan a la familia, a los individuos que la componen, y en definitiva a la propia sociedad, sino todo lo contrario.

4.2.- Identificación de “la familia”. Comparación con el derecho positivo del último siglo.
Si bien las legislaciones existentes hablan de la protección a la familia, la sociedad actual interfiere en los asuntos más íntimos de la persona y de la familia, sometiéndolos a su arbitrio y dando por sentado que la familia es una institución que entra dentro de sus ámbitos de competencia, y que están capacitados para modelarla a su antojo.
Así, aunque la Constitución española declara que “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia” , la realidad es que la legislación final no ha cumplido las expectativas que de esos textos pudiera deducirse, de forma y manera que las administraciones van ocupando sectores que no les corresponde.
En primer lugar, comienzan por situar a la familia dentro de un conglomerado de actuaciones administrativas que va en claro detrimento del sentido de la familia, que por sí es merecedor de otros ámbitos de actuación más específicos. Así, el artículo 15 de la Ley 5/1997, de 25 de junio de la Generalitat Valenciana, reguladora del sistema de Servicios Sociales en el ámbito de la Comunitat Valenciana, señala que “A los servicios sociales especializados les corresponde la potenciación de actuaciones tendentes a la protección, promoción y estabilización de la estructura familiar, así como de las demás unidades de convivencia alternativa, como pilar social fundamental en la que se produce el nacimiento y desarrollo de la infancia y la juventud, con el objetivo social de favorecer el desarrollo armónico de niños y niñas y jóvenes dentro de la sociedad”.
Por si esto queda poco claro, en el artículo 11 de la Ley Orgánica 5/1982, de 1 de julio de Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana, la Generalitat se abroga el derecho de regular la participación de las personas en el seno de la familia , y en su artículo 2, competencia exclusiva para adoptar medidas de asistencia a determinados grupos o sectores sociales, entre ellas, las destinadas a familias cuando por su situación estén requeridas de especial protección , pero no indica qué condiciones deben reunirse para entender que una familia esté requiriendo especial protección, quedando así al arbitrio del legislador, como queda demostrado en la interpretación que el mismo legislador hace de su propia ley.
Pero estas interpretaciones de ámbitos de actuación, que acaban siendo lesivos para la familia, no se limitan a lo expuesto; así, en el Decreto 99/1998, de 14 de julio, del Gobierno Valenciano, de creación del Observatorio Permanente de la Familia de la Comunitat Valenciana, si bien recuerda que “la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama en su artículo 17.3 que la familia es un elemento natural y fundamental de la sociedad y por ello tiene derecho a la protección social del Estado”

En el citado texto legal se indica, asimismo, que “la familia como institución social básica tiene, entre otras, dos vertientes fundamentales, por un lado la función socializadora al ser un instrumento básico para la formación de la personalidad de los individuos y sus niveles de responsabilidad, llegando incluso a competir, en dicho efecto socializador, con otros factores como son, entre otras, la escuela, los medios de comunicación, las diferentes confesiones religiosas, los partidos políticos, entre otros agentes sociales.
Hay que tener en cuenta, por otra parte, que la familia en la actualidad desempeña un papel central en las estructuras sociales, económicas y políticas. Los hogares familiares se han convertido en las principales unidades de consumo de bienes con lo que la familia ha pasado a ser una de las principales palancas instrumentales de las políticas públicas tanto en la gestión de la demanda agregada como en lo relativo al fomento de empleo y crecimiento económico”.
Parece poco lógico que la familia sea entendida sólo como “un instrumento básico de socialización”, cuando a la familia debe reconocérsela como el instrumento básico para la formación de la personalidad y de la socialización. Ciertamente, otros factores en principio extraños son también determinantes en este sentido, pero equiparar a la familia con esos agentes es desvirtuar y minimizar la función de la familia.
Sería ridículo atreverse a decir que la familia incluso llega a competir en el aspecto socializador, con otros factores como son, entre otras, la escuela, los medios de comunicación, las diferentes confesiones religiosas, los partidos políticos, entre otros agentes sociales.
La misma calificación merece el aserto siguiente, “Por otro lado la familia en la actualidad desempeña un papel central en las estructuras sociales, económicas y políticas”. Resulta tan peregrina —por evidente, histórica y consustancial— la afirmación, que es de difícil refutación. ¿Acaso es sólo en la actualidad cuando la familia desarrolla ese papel? ¿No es acaso histórico el desarrollo del mismo?, ¿o es que la voluntad del legislador, acaso, era introducir en el texto el adverbio todavía?
Parece, cuando menos, lamentable el trato que el legislador da a la familia. Sencillamente como un ente económico a ser tenido en cuenta en el desarrollo total de la economía; extremo que también es la familia, pero como subproducto de su función principal.
Pero que el tratamiento que recibe la familia es de mero ente económico resulta evidente en la Recomendación de 21 de enero de 1998, donde el Consejo de Europa recomienda la aplicación de este tipo de legislación, basándose en el coste social y económico de las separaciones y los divorcios.
En este orden, es de destacar que la preocupación de los políticos por la familia en España es una cuestión sumamente novedosa. Así, mientras en la legislación anterior se manifestaba que el Estado reconocía y amparaba la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos y deberes anteriores y superiores a toda ley humana positiva , en el Plan Integral de Apoyo a la Familia, parece que los legisladores quieren corregir algo de lo actuado en las últimas décadas, y proclaman que su preocupación por la familia.
La citada preocupación se ha plasmado en “la ley de conciliación de la Vida Familiar y Laboral aprobada en 1999, la aprobación del “coste cero” para las cotizaciones de la Seguridad Social de los contratos de sustitución por maternidad, la reforma del IRPF del año 1999 y la mejora de la protección familiar de la Seguridad Social”, y que tales extremos “son una muestra de que el Gobierno ya ha venido situando a la familia como eje de su labor” .
Pero la realidad es que, hasta llegar a la redacción de ese PIAF, y hasta ahora mismo, el trato legislativo que ha dado el sistema democrático a la familia ha sido, como mínimo, penoso, si no de claro matiz antifamiliar, habiendo sido derogadas leyes de protección a la familia que habían sido iniciadas por Antonio Maura por ley de 27 de Febrero de 1908, mejorada en 1923 con el Subsidio de Maternidad, que nuevamente fue mejorado en 1929, llegando a su mejor momento con la implantación del Seguro de Vejez (1 de septiembre de 1939) y del Seguro Obligatorio de Enfermedad (14 de diciembre de 1942).
Según el Decreto de 1929, a cada mujer asalariada que diese a luz se le concedería un subsidio, subvención o premio de 50 pesetas. Se le daba por cada parto, y, por tanto, el hecho de tener en él dos o más hijos no le daba derecho a dos o más subsidios, sino a uno , y el motivo de conceder el mismo era que el Estado español reconocía que se daban a España hijos que la defendían y brazos que la enriquecían.
Alegaba el decreto que no hacerlo era un grave daño para España entera, porque, “según la ciencia médica, aumenta su mortalidad y su morbilidad, es decir, es causa de que haya en España más muertos y más enfermos, aumenta, por tanto, el presupuesto de su miseria y de su dolor; disminuye, en fin, su masa, su fuerza y su bienestar.
Por eso es justo que todos contribuyan a evitarlo, y por eso está muy bien que el Estado, que nos representa a todos, gaste alguna partecita de su presupuesto en dar a las madres, que trabajan por un salario o un sueldo, un subsidio que disminuya el daño” . El mismo decreto deja claro quién da el subsidio: “Les da este subsidio el Estado, es decir, se lo damos y pagamos entre todos los españoles, porque el Estado español no tiene más dinero que el que los españoles le dan o le han dado” .

En lo tocante a políticas familiares, el régimen surgido del 18 de Julio volcó todos sus esfuerzos en el reconocimiento de los derechos que son propios de la familia, no sólo en lo tocante a la maternidad, sino en todos los ámbitos.
En este sentido, en fecha 2 de Febrero de 1940 se establece un régimen de subsidio de vejez ; El 18 de Abril de 1947 se crea la Caja Nacional de Seguro de Vejez e Invalidez , que permitía a la persona que había enviudado, la percepción de más de una pensión, si había cotizado debidamente para ello, lo que permitía vivir con algo más de holgura a algunas personas.
Esta posibilidad fue cortada en 1990 , cuando los beneficiarios se vieron obligados a renunciar a una de las dos pensiones que percibían. Eso sí, eran libres de elegir a cual de ellas renunciaban.
Los pensionistas del Régimen General no necesitaban período previo de cotización para tener derecho a las asignaciones de protección a la familia por contraer matrimonio y por nacimiento de hijos .
En función de los Pactos de la Moncloa, las ventajas reconocidas en 1942 fueron extinguidas en 1978, con la publicación del Real Decreto Ley 36/1978, de 16 de Noviembre.

En la misma se extinguían los siguientes organismos : Instituto Nacional de Previsión, Servicio del Mutualismo Laboral, Mutualidades Laborales y demás Entidades Gestoras de estructura mutualista y los siguientes Servicios Comunes del Sistema de la Seguridad Social:
- Caja de Compensación del Mutualismo Laboral.
- Comisiones Técnicas Calificadoras.
- Fondo de Garantía de Accidentes de Trabajo.
- Fondo de Pensiones de Accidentes de Trabajo.
- Fondo Compensador del Seguro de Accidentes de Trabajo y Enfermedades     Profesionales.
- Asistencia a los Pensionistas.
- Recuperación y Rehabilitación de Minusválidos.
- Los Servicios Sociales de Empleo y Acción Formativa, Promoción Profesional Obrera, Universidades Laborales y de Higiene y Seguridad en el Trabajo.
Alguno de los cuales no tuvieron el menor reflejo en la nueva legislación. Sencillamente desaparecieron, como es el caso de las Universidades Laborales.
Hasta 1983, se hacían efectivas, con anotación pertinente en el libro de familia, asignaciones de protección a la familia de pago único, por matrimonio y por nacimiento de hijos. Asignaciones que desaparecieron en aras de la aplicación de las políticas familiares emanadas desde entonces.

Finalmente, en 2003, la ley 52/2003 de 10 de Diciembre, de manera tímida parece dar a entender que los políticos empiezan a sentir, aunque de manera bastante tibia el daño que vienen causando a la familia, y dan a luz una prestación económica de pago único a tanto alzado por nacimiento o adopción de tercer o sucesivos hijos y una prestación económica de pago único por parto o adopción múltiples . Evidentemente, no se trata de una medida que saque de ningún apuro a la inmensa mayoría de las familias.
Con un matiz discriminador de envergadura: según el Real Decreto 1368/2000 de 19 de Julio, serán tenidos en cuenta para el cómputo del tercer hijo, todos los hijos, con independencia de su filiación, comunes o no comunes, que convivan en la unidad familiar y estén a cargo de los padres . Evidentemente, la discriminación es hacia la familia que permanece unida y abierta a la vida, que además de haber visto manifiestamente recortados sus derechos más elementales, ve cómo las familias rotas están mejor consideradas por las leyes.
Las leyes no parecen, en absoluto, tender a su obligación principal, que no es otra que servir a su señor natural: la familia. Bien al contrario, en el orden de control social y eliminación de autonomía individual y familiar que el sistema establecido lleva a efecto, han creado el que llaman Observatorio Permanente de la Familia , cuyos objetivos declarados son:
- Conocer el estado de situación y la calidad de vida de las familias dentro de la Comunitat Valenciana y llevar un seguimiento de la evolución en los mismos.
- Formular recomendaciones y propuestas tendentes a promover mejoras en los diversos ámbitos que afecten a la familia y a los miembros que la componen.
- Evaluar el impacto en la sociedad de las políticas y medidas dirigidas a la familia.
- Realización de estudios generales sobre la familia.
El citado decreto, en su artículo sexto desarrolla el consejo rector, compuesto por 27 miembros, de los que sólo tres tienen relación con asociaciones familiares, 14 son de designación expresa de la Administración, y el resto, miembros de entidades íntimamente relacionadas con la administración. La Comisión Ejecutiva está compuesta por 10 miembros, cinco de la propia Administración, y los otros cinco elegidos por el Consejo Rector, de entre sus miembros.
Parece así que el objetivo del decreto no sea otro que el control social de la familia por entes que son absolutamente ajenos a la familia. Ese control queda reflejado en multitud de otros lugares, por ejemplo en la Ley de Conciliación de la vida familiar y laboral, donde sin rubor marca  que el Gobierno impulsará campañas de sensibilización pública al objeto de conseguir que los hombres asuman una parte igual de las responsabilidades familiares, y de manera especial se acojan, en mayor medida, a las nuevas posibilidades que esta Ley ofrece para compartir el permiso parental .
Queda demostrado en esta aseveración que no es que la ley vaya detrás de la costumbre, como en el Derecho Natural procede que sea, sino que bien al contrario, es la ley la que pretende sentar costumbre sobre la población manipulando debidamente a través de los medios de comunicación —las campañas de sensibilización señaladas—.
Esa manipulación viene reforzada por el hecho de que, normalmente, la maldad de la ley viene encriptada en la promulgación de conceptos evidentemente buenos, que coarta la acción contraria que positivamente merecen.
En esa misma ley, y abonando su justificación, se proclama que la incorporación de la mujer al trabajo ha motivado uno de los cambios sociales más profundos de este siglo y que este hecho hace necesario configurar un sistema que contemple las nuevas relaciones sociales surgidas y un nuevo modo de cooperación y compromiso entre mujeres y hombres que permita un reparto equilibrado de responsabilidades en la vida profesional y en la privada.
No obstante, debemos preguntarnos qué circunstancias son las que han propiciado tal realidad, que lo es. Podemos llevarnos una sorpresa nada grata si analizamos las mismas circunstancias y la situación económica de un sistema social y político que cada día más depende de aspectos ajenos a la persona y más cargados de intereses, económicos y otros que siguen siendo ajenos, si no contrarios, a la persona humana.
Así, tanto la ley citada como el Plan Integral de Apoyo a la Familia, aprobado el 8 de Noviembre de 2001 por el Consejo de Ministros, manifiestan que el legislador es consciente de la realidad familiar existente en España, lo cual, es preocupante ya que a pesar de esa circunstancia, no parece dispuesto a reconducir la situación, sino a perpetuarla y empeorarla.
El Plan comienza dando un dato significativo: “de un total de 39.852.651 españoles, 38.848.133 viven en familia” y que “la valoración que el español da a la familia, es un 9’37 sobre 10, por encima de cualquier otra circunstancia” . Esta cifra, no obstante, parece un poco inflada, si se tiene en cuenta la existencia de un importante colectivo de ancianos que se encuentra en los asilos, relegados de los hogares familiares, por poner un caso entre otros.
Pero acto seguido, manifiesta cual es la voluntad del Plan 2001-2004 para garantizar el principio de continuidad demográfica. No se trata en ningún caso de hacer políticas que interfieran en la vida de las familias, sino de facilitar que éstas puedan tener la seguridad y estabilidad necesarias para tomar sus propias decisiones .
La afirmación contiene un importante contrasentido. Por una parte señala lo único que evidentemente preocupa al legislador: garantizar el principio de continuidad demográfica, gravemente dañada a lo largo de los últimos lustros, y por otro dice que pretende facilitar que la familia tome sus propias decisiones. Contradicción que se refuerza si nos adentramos en la ley de conciliación…
Es el caso que el legislador, en el pleno conocimiento de la evolución del árbol de población; es más, culpable directo de la evolución del mismo, sabía perfectamente en 1980 que la población laboral de 2020 sería absolutamente incapaz de mantener el sistema de Seguridad Social y de Pensiones, y no sólo no hizo nada por remediarlo, sino que bien al contrario, gestionó una política antifamiliar que abonaba el gasto por el gasto, el disfrute sin límites, y lo que es peor, la creación de la peor prensa hacia el matrimonio, y muy especialmente hacia la mujer casada que se dedicaba exclusivamente a la educación de sus hijos.
En esas fechas, toda la banca se lanzó a una vorágine de captación de fondos en planes de pensiones, y para convencer a los posibles clientes no dudaba en usar el árbol de la población y con los datos del Instituto Nacional de Estadística en la mano, invertir el mismo, con lo cual significaba que la base productiva no podría sostener al sistema de previsión, y conseguía del cliente los fondos que buscaba.
Hoy en día, quién más quién menos, tiene asumido que si quiere tener una vejez mínimamente plácida, debe contratar un plan de pensiones con una entidad financiera. Y la entidad financiera, naturalmente, se frota las manos con un negocio que, con la colaboración desinteresada del Estado, que paga con el dinero de todos, es casi la única actividad que obtiene beneficios.
Es evidente que la gente comprende y apoya a la familia, en cuyo seno se ha criado. Sin embargo, los poderes públicos parecen no darse cuenta de esa situación. Es cierto que últimamente empiezan a tomar conciencia de la baja natalidad, y eso, más que el propio hecho de la familia, es lo que parece ser el objeto de su preocupación.
Las personas, al margen de la situación, tampoco saben exactamente ni qué hacer, ni por supuesto saben a qué o a quién sirven unos poderes públicos, cada día más distantes y creadores de legislaciones que difícilmente parecen estar dictadas para servir a las personas. De lo que sí se dan cuenta es que la sociedad está envejeciendo, y por consiguiente, en un plazo no muy lejano, disminuirá el número de votantes. Y eso, la inexistencia de votantes, la inexistencia de mano de obra, es lo que realmente preocupa. No les preocupa la familia, ni les preocupa la salud de sus miembros.
Por eso favorecen realidades antinaturales como el divorcio, la homosexualidad, la eutanasia o el aborto, en detrimento de una sociedad que permanece inerme ante el ataque de que es objeto por parte de quién debía estar a su servicio. Desvirtúan el concepto de familia hasta todos los límites. Así, la Ley de Renta Garantizada , en su artículo quinto reconoce como unidad familiar la constituida por una única persona: “Se considera hogar independiente el marco físico de residencia permanente, donde residen exclusivamente la persona o personas que componen la unidad familiar o de convivencia”.
Con su falta de previsión se les ha ido la mano en el control social; se les ha ido la mano en la política antifamiliar llevada a cabo a lo largo de treinta años; en un sistema educativo que ha formado generaciones de incompetentes; y se les ha ido la mano, es de suponer,  en otras muchas cosas que no vienen ahora al caso.

En la Exposición de Motivos que encabeza la Ley de Conciliación de la Vida Familiar y Laboral de 1999, en su primer párrafo se afirma que “La Constitución española recoge en su artículo 14 el derecho a la igualdad ante la ley y el principio de no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión u opinión o cualquier otra condición. En el artículo 39.1, el texto constitucional establece el deber de los poderes públicos de asegurar la protección social, económica y jurídica de la familia y, en el artículo 9.2, atribuye a los poderes públicos el deber de “promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integran sean reales y efectivas; y remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud facilitando la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social” .
En su segundo párrafo continúa diciendo que “la incorporación de la mujer al trabajo ha motivado uno de los cambios sociales más profundos de este siglo. Este hecho hace necesario configurar un sistema que contemple las nuevas relaciones sociales surgidas y un nuevo modo de cooperación y compromiso entre mujeres y hombres que permita un reparto equilibrado de responsabilidades en la vida profesional y en la privada” .
Parece como si hasta 1999 no hubiese existido familia. Parece como si la familia fuese un producto del Estado, cuando lo cierto es que si el Estado no sirve a la familia, el Estado debe desaparecer, porque el Estado es consecuencia de la familia, y no a la inversa.
Por pura naturaleza, el Estado debe reconocer y amparar a la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos anteriores y superiores a toda ley humana positiva, como reiteradamente manifiesto en este trabajo.
Pero por el contrario, en España la protección a la familia se entiende estrictamente desde un punto economicista, que no parece responder en su totalidad al principio de justicia, ya que la protección económica a las familias “se instrumenta a partir de una doble modalidad: los subsidios familiares están destinados a las familias con menores recursos y las desgravaciones fiscales a las capas sociales medias y altas. En lo que respecta a los subsidios familiares, un abismo nos separa de las tendencias del conjunto de los países europeos, que, por término medio, gastan unas siete veces más en este capítulo. Su bajo importe, unido a que son concedidos bajo condición de recursos, les brinda un carácter asistencial que contrasta con la pauta dominante en Europa. Por otra parte, mientras que el importe de las asignaciones por hijo a cargo no se actualizó durante el último decenio, la cuantía de las deducciones fiscales se fue revalorizando regularmente, con lo cual se había ido equiparando poco a poco el valor de ambas prestaciones.
Con la nueva Ley del IRPF de 1998 la diferencia entre la protección económica de las familias de clase media y alta y las de condición más modesta se amplía. En efecto, tras la puesta en vigor de la nueva ley, las familias obligadas a declarar tienen una desgravación de la base imponible de 200.000 pesetas para el primer y segundo hijos y de 300.000 pesetas para el tercer y posteriores hijos, con una prima de 50.000 pesetas para los hijos de menos de 3 años y de 25.000 para aquellos que tienen entre 3 y 16 años.
Aun teniendo en cuenta la reciente subida de las prestaciones familiares por hijo a cargo, el tratamiento de los declarantes del IRPF es más favorable, ya sea porque los beneficios fiscales de las desgravaciones pueden ser superiores en el caso de las familias con rentas más elevadas, porque su importe varía con arreglo al rango y a la edad del hijo y porque pueden ser alegadas para hijos solteros dependientes de hasta 25 años, mientras que sólo son causantes de los subsidios familiares los hijos de hasta 18 años, recibiendo todos ellos la misma prestación independientemente de su rango. Este conjunto de circunstancias contradice el mismo espíritu de la reforma de 1990 de favorecer a las familias más pobres dedicándoles mayores recursos.
Pero, si se quiere entender cabalmente el sistema de apoyo económico a la familia, debe tenerse en cuenta que, en España, éste no pasa tanto a través del pago de asignaciones o de la aplicación de desgravaciones por hijos a cargo, sino sobre todo a través de otras transferencias que nominalmente no tienen carácter familiar. Me refiero básicamente a las desgravaciones por adquisición de vivienda, que benefician especialmente a los contribuyentes con rentas medias y altas, y a la prestación y subsidio por desempleo, cuyos perceptores son trabajadores fijos en paro.
Esta distorsión tiene consecuencias graves porque tiende a favorecer diversos rasgos tradicionales de la familia, que pueden hallarse en desacuerdo con los objetivos declarados de otras políticas públicas y los deseos expresados por una amplia mayoría de ciudadanos” .
DEDUCCIONES RELACIONADAS CON LA FAMILIA EN EL IRPF. 1982 1987 1995
% % %
Tipo de deducción
   --
General 22,7 20,62    --
Matrimonio 13,28 14,26    --
Variable    -- 6,08    --
Descendientes solteros 17,73 16,69 16,21
Gastos de guardería    --    -- 0,11
Edad del s/p o de ascendientes 1,73 2,03 5,18
Gastos de enfermedad 5,89 1,64 6,23
Invalidez o minusvalía 1,28 1,28 3,5
Seguros de vida o invalidez 6,16 1,07 0,97
Gastos de alquiler    --    -- 3,07
Vivienda propia 9,58 10,3 16,43
Total deducciones familiares 77,92 73,97 51,71
Rendimientos del trabajo 10,49 15,78 37,68
Otros tipos de deducciones 11,59 10,25 10,61
Total deducciones 100 100 100
Nota:
No se incluyen País Vasco y Navarra

Fuentes
- Antonio Giménez Montero, El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas en España 1979-1987
- Instituto de Estudios Fiscales, Memoria de la Administración Tributaria 1995 y 1996; y elaboración propia.
Como se ve por lo que refleja la tabla expuesta, en 1995 la familia queda relegada todavía mas, ya que se eliminan las deducciones preexistentes y se da más importancia a otros aspectos, cual es el de alquiler, y muy especialmente al de rentas de trabajo, lo que abona lo ya expresado a lo largo de todo el presente trabajo.
Pero es que con esas leyes, presentadas como la panacea, lo único que se ha hecho es desclavar alguna de las injusticias con que la familia estaba clavada. Ahora queda terminar de desclavar, y a continuación, dar las atenciones que merece la familia. El Estado debe cumplir, como fiel siervo, con las obligaciones que tiene con la familia, porque el siervo debe ser el Estado, ya que de otra manera, en  lo que se convierte es en tirano.
Y eso parece correcto. Apoyar a la familia, facilitar la vida a la familia, hacer carreteras, puentes, hospitales, pantanos, colegios, todo ello para la familia, es lo que debe hacer el Estado.
El Estado debe limitarse a cumplir con su obligación, que no debe ser otra que el amparo de los derechos de la persona, de la familia y de la sociedad y la promoción de un orden social justo en el que todo interés particular quede subordinado al bien común, en el bien entendido que jamás el bien común podrá ser contrario al bien de la familia.
Mientras las instituciones no manifiesten claramente que conocen la realidad de la relación que debe existir entre la familia y el Estado, todo queda en palabras huecas. Y es que no es lo mismo dar servicio a un extraño que servir a quién se debe servir. Y muy distinto es dar un servicio a alguien del que se pretende sacar algo. En estos términos, quién únicamente debe dar es el Estado y quién únicamente debe recibir es la familia.

Que no se tiene en cuenta a la familia en la organización laboral, como certeramente apuntan, es una evidencia, pero es que no existe capítulo en la vida donde no se tenga olvidada a la familia. Ya he señalado mi pensamiento sobre la inclusión de la mujer en el proceso laboral, y es una cuestión que considero evidente, sin la cual, como también he señalado, es factible la destrucción de éste modelo de sociedad.
El sistema necesita que eso sea así; por eso no existen leyes que amparen a la familia, ni tan siquiera a la maternidad en el trabajo, donde la legislación existente, sobre la que últimamente vienen remarcando los derechos que tienen las trabajadoras al respecto, lo único que hace es conseguir que las mujeres se retraigan más en el hecho de tener hijos, porque las exigencias de las empresas deshumanizadas, son muy legalistas y no contravienen ninguna ley y no contratan a quién pueda ocasionar algún tipo de problema, y ya está contratado, no le prohíben que ejerza sus derechos, pero el trabajador tiene la espada de Damocles de la marginación y del estancamiento profesional; del que no cuenten con él en el devenir de la empresa. Y es que hoy, más que nunca, el trabajador está falto de derechos.
Pero la legislación utiliza unos argumentos ideológicos que dan la sensación de servir a los intereses colectivos; así afirman que “para contribuir a un reparto más equilibrado de las responsabilidades familiares, se reconoce a los padres el derecho a un permiso y una prestación por paternidad, en los términos previstos en la normativa laboral y de Seguridad Social.” .

Pero estamos cayendo en el terreno de discusión que ellos quieren; ya hemos asumido que la mujer debe trabajar inexorablemente fuera de casa… Y es el caso que la perjudicada, sin lugar a dudas, es la familia, y en ella, la primera, la familia numerosa. Un dato que viene a corroborar lo afirmado —se podrían dar otros datos de aspectos radicalmente diferentes— son las investigaciones realizadas por el Instituto Nacional de Estadística en 1999 .

POBLACION: COLECTIVO TOTAL (CIFRAS ABSOLUTAS)
NUMERO DE HABITACIONES NUMERO DE HIJOS NACIDOS VIVOS
  TOTAL    NINGUNO      UNO        DOS       TRES      CUATRO   CINCO O MAS
TOTAL 10.165.237 4.738.369 1.580.253 2.674.505 868.432 197.807 105.871
UNA 163.677 127.707 20.514 10.106 4.109 1.239           --
DOS 1.405.557 562.223 465.072 321.644 50.132 4.166 2.319
TRES 5.441.177 2.485.382 767.887 1.584.055 477.740 85.574 40.539
CUATRO 2.411.291 1.188.144 253.855 589.823 250.780 80.159 48.529
CINCO 529.382 271.126 60.737 106.299 58.746 20.259 12.215
SEIS Y MAS 214.153 103.786 12.186 62.578 26.924 6.409 2.270

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Estas investigaciones indican que el número de familias españolas con más de cinco hijos cuya vivienda tiene tres o cuatro habitaciones —dejamos aparte las 2319 familias que con ese número de hijos tienen una vivienda con dos habitaciones—, es de 89.060, mientras matrimonios sin hijos con viviendas de más de cinco habitaciones hay 374.912; matrimonios sin hijos con viviendas de tres o cuatro habitaciones, 3.673.526.

Cuya media es la siguiente :

POBLACION: COLECTIVO TOTAL (CIFRAS RELATIVAS)
NUMERO DE HABITACIONES       NUMERO DE HIJOS NACIDOS VIVOS
TOTAL NINGUNO UNO    DOS     TRES CUATRO CINCO O MAS
 TOTAL                               100.00 46,61 15,55 26,31 8,54 1,95 1,04
 UNA                                 100.00 78,02 12,53 6,17 2,51 0,76        -
 DOS                                 100.00 40,00 33,09 22,88 3,57 0,30 0,17
 TRES                                 100.00 45,68 14,11 29,11 8,78 1,57 0,75
 CUATRO                               100.00 49,27 10,53 24,46 10,40 3,32 2,01
 CINCO                               100.00 51,22 11,47 20,08 11,10 3,83 2,31
 SEIS Y MAS                           100.00 48,46 5,690 29,22 12,57 2,99 1,06

Fuente: Instituto Nacional de Estadística
No obstante, es de destacar que, dando por supuesto que el mayor número de hijos lo tienen las mujeres que se dedican a las labores del hogar y las pensionistas —1,97 y 1,52 de media, respectivamente— , las mujeres que trabajan por cuenta propia tienen una media de 1,46 hijos, y las empleadas por cuenta ajena, 1 hijo como media.
Es evidente por tanto que la justificación es errónea. Ninguno de los grupos relacionados cubre  las necesidades sociales. Ninguno llega al umbral de renovación social, con lo que el aserto, todos los asertos del Ejecutivo, no son del todo acertados.
Lo que es evidente es que la inmensa mayoría de las familias españolas (el 87%), indistintamente de que trabajen o no los dos cónyuges, indistintamente de que posean una vivienda con más o menos  dimensiones, indistintamente de su poder económico, no tienen los hijos necesarios para que la sociedad siga siendo.

El 46,61% de la población no tiene hijos; el 15,55% de esa misma población tiene un hijo; el 26,31% tiene 2 hijos; el  8,54 cumple con la ley de reposición social teniendo tres hijos; y tan sólo el 2,94% de la población, por supuesto con porcentajes que alejan considerablemente al que tiene cinco hijos del que tiene trece, nutren a la sociedad de contribuyentes.
POBLACION: COLECTIVO TOTAL (CIFRAS ABSOLUNTAS)
ACTIVIDAD ECONOMICA DEL CONYUGE O PAREJA   NUMERO DE HIJOS NACIDOS VIVOS
  TOTAL   NINGUNO      UNO        DOS     TRES CUATRO     CINCO O MAS
TOTAL 7.251.828 2.189.736 1.410.788 2.542.179 822.731 184.331 102.062
OCUPADOS                             6.292.052 1.761.217 1.278.364 2.308.823 717.335 148.663 77.649
POR CUENTA PROPIA                 1.430.674 302.469 256.363 596.469 219.183 39.801 16.390
ASALARIADOS                       4.768.775 1.420.805 1.004.440 1.688.436 493.107 102.356 59.631
FIJOS                           3.416.283 809.602 741.826 1.374.289 377.980 70.444 42.142
TEMPORALES                       1.352.492 611.202 262.614 314.147 115.127 31.912 17.489
OTRA SITUACION                     92.602 37.944 17.561 23.918 5.045 6.506 1.628
PARADOS BUSCANDO EMPLEO             458.306 132.739 82.889 141.077 67.209 19.948 14.444
ESTUDIANTES                         224.088 221.805 2.283           --          --          --           --
JUBILADOS, PENSIONISTAS             135.776 16.965 23.633 48.594 29.438 13.006 4.139
OTRA SITUACION                       141.607 57.010 23.619 43.685 8.749 2.714 5.830

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Esta circunstancia da lugar a agravios comparativos notorios, como puede ser el despilfarro de medios privados por parte de ese 46,61% citado, por ejemplo, que, sin embargo piensa en su jubilación; en una jubilación dorada que estará alimentada por los hijos de ese 2,94% de población que sufre lo indecible para poder mantener a lo que sin lugar a dudas podemos calificar como esclavos del futuro.
POBLACION: COLECTIVO TOTAL (CIFRAS RELATIVAS)
ACTIVIDAD ECONOMICA DEL CONYUGE O PAREJA   NUMERO DE HIJOS NACIDOS VIVOS
TOTAL NINGUNO UNO DOS TRES CUATRO CINCO O MÁS
TOTAL                               100 30,20 19,45 35,06 11,35 2,54 1,41
OCUPADOS                             100 27,99 20,32 36,69 11,40 2,36 1,23
POR CUENTA PROPIA                 100 21,14 17,92 41,69 15,32 2,78 1,15
ASALARIADOS                       100 29,79 21,06 35,41 10,34 2,15 1,25
FIJOS                           100 23,70 21,71 40,23 11,06 2,06 1,23
TEMPORALES                       100 45,19 19,42 23,23 8,51 2,36 1,29
OTRA SITUACION                     100 40,98 18,96 25,83 5,45 7,03 1,76
PARADOS BUSCANDO EMPLEO             100 28,96 18,09 30,78 14,66 4,35 3,15
ESTUDIANTES                         100 98,98 1,02        --          --               --            --
JUBILADOS, PENSIONISTAS             100 12,50 17,41 35,79 21,68 9,58 3,05
OTRA SITUACIÓN                       100 40,26 16,68 30,85 6,18 1,92          --

Fuente: Instituto Nacional de Estadística


La ley de Conciliación de la vida familiar y laboral de 1999 afirma que: “Al mismo tiempo se facilita que los hombres puedan ser copartícipes del cuidado de sus hijos desde el mismo momento del nacimiento o de su incorporación a la familia”.
El legislador de los últimos tiempos parece haberse investido de unas cualidades que a lo largo de la historia no le han sido propias. Ha pasado de interpretar las necesidades sociales a instituir necesidades sociales, aboliendo cuestiones que se escapan a cualquier persona, ya que entran dentro del campo estricto de la biología. Además, ¿qué hombre cabal, a lo largo de la historia, no se ha sentido copartícipe del cuidado de sus hijos?
Teniendo en cuenta  lo relatado en párrafos  anteriores, parece que esta afirmación no acaba de ser totalmente correcta. Queda manifiesto que el núcleo de población con mayor número de hijos está constituido por 89.068 familias  cuya vivienda tiene tres o cuatro habitaciones, no más.
Esta situación es claramente demostrativa de que esas familias no tienen capacidad económica suficiente, y sin embargo, prefieren renunciar al fregaplatos; al coche en mejores condiciones; por supuesto a la segunda vivienda; al cine, a las cortinas y a tantas cosas normales, porque su amor a sus hijos es superior a los contravalores hoy dominantes en una sociedad vacía de conceptos humanos.
No parece del todo acertado aseverar que la mejora de la situación económica favorezca la natalidad; lo que favorece la natalidad es la existencia de valores; la creencia en la trascendencia del hombre; el patriotismo; el entendimiento del hombre no como un  ser de consumo, sino como un ser portador de valores eternos, capaz de salvarse o de condenarse.
Tan sólo los valores son capaces de conseguir que un matrimonio acepte feliz la venida de los hijos; la merma de sus capacidades económicas y los inconvenientes que acarrea un nuevo miembro de la familia. Tan sólo los valores hacen que no se vean las dificultades, que no se vean los inconvenientes económicos y sociales. Tan sólo los valores, enfrentados a los contravalores que el sistema establecido difunde por doquier, permiten que un matrimonio, con medios económicos cada día más exiguos, afronte la crianza  de sus hijos, que son el sostén de la misma sociedad que los persigue.
Hemos hablado que un 46,61% de la población no tiene hijos. Ese 46,61% de la población, se permite los lujos orientales que sus ingresos, combinados con su capacidad profesional les facilitan. Sin embargo, un padre de cinco, de seis hijos…, con las mismas condiciones profesionales que un soltero, o que un casado sin hijos, paga a Hacienda mucho más que un soltero o que un casado sin hijos.
Para referencia, nada más cercano que la declaración de renta  presentada en Junio de 2002 y relativa al año 2001. Concretamente, 7.200,-€, es lo que una persona casada y con cinco hijos paga  menos a Hacienda, si comparamos su situación fiscal con otra persona que tenga sus mismos ingresos e inversiones, y se encuentre sin cargas familiares. Con una condición: mismas inversiones significa una vivienda con unas dimensiones que, en el caso de un soltero, pueden ser sinónimo de lujo oriental.
La cifra de 7200 euros con los cuales se justifica que, a la edad de jubilación, sus cinco hijos paguen la pensión de la persona soltera, quién además de un plan personal de pensiones que habrá podido crearse, y de haber realizado hasta el menor capricho, tendrá prevalencia sobre los servicios sociales pagados por los hijos de quién los ha tenido, en atención a que el soltero —o casado sin hijos— no tiene hijos que le puedan cuidar.
No parece justo que los jóvenes deban pechar con el costo de las pensiones de quienes, como la cigarra, no han sido previsores. Cierto es que quienes no han querido tener hijos, han demostrado su libérrima voluntad, y dentro de su libérrima voluntad, han disfrutado una juventud de jolgorio y fiesta permanente, si así lo han deseado, porque no han precisado dedicar sus medios a la crianza de nadie.
También es cierto que muchos que sí han tenido hijos que criar, no han podido permitirse el lujo de unas vacaciones, no han podido salir a cenar con unos amigos, o se han conformado con un vehículo peor, entre otras circunstancias.
Llegada la edad de jubilación de unos y de otros, de ese 46,61% de la población que ha decidido no tener hijos y gastárselas en lo que ha preferido y de ese sector de la población que representa el 2,94% de la población, ¿es justo que los hijos del segundo segmento —que representan el 50% de la nueva población cotizante— se hagan cargo de las necesidades del 46,61% de la población que en su momento les brindó la más “comprensiva” de las sonrisas cuando aquellos manifestaban la necesidad de apoyo social?
Ciertamente, el gobierno detecta que unas unidades familiares cada día más exiguas deben atender a un mayor número de ancianos. Lo que no resulta admisible es que otras unidades familiares que no son exiguas deban cargar con la responsabilidad de atender a quienes anteriormente les abandonaron en la más estricta necesidad.
La Seguridad Social, que es un elemento en el que todos hemos cotizado, no puede convertirse en un medio de esclavitud para con los hijos de familias numerosas.
Pero es que, profundizando en el Plan Integral de Apoyo a la Familia, no paramos de encontrarnos con sobresaltos. El plan afirma que tiene 4 grandes objetivos: 1) Incrementar la calidad de vida de las familias; 2) Fomentar la solidaridad intergeneracional; 3) apoyar a la familia como garante de la cohesión social; 4) Prestar apoyo a las familias en situación de riesgo social y otras situaciones especiales .
Evidentemente, se trata de unos enunciados ejemplares; enunciados que no acaban de cuadrar con las políticas que, de todo tipo, son aplicadas en nuestra sociedad.

En cuanto a incrementar la calidad de vida de las familias, si empezamos por la legislación educativa que padecen nuestros hijos, el entramado familiar es socavado; si nos fijamos en los medios de comunicación, el entramado familiar es socavado; si nos fijamos en los medios de diversión utilizados por nuestros jóvenes y puestos a disposición por el sistema, el entramado familiar es socavado;…
Pero es que en otro ámbito de cuestiones, no es mejor la situación. Fomentar la solidaridad intergeneracional es, para el legislador, la creación de guarderías y de asilos de ancianos, medidas que cuadran a la perfección con los interminables horarios de trabajo a que es sometida la población laboral, y que en pura lógica acaba justificando guarderías y asilos.
Y en cuanto a prestar apoyo a las familias en situación de riesgo, ¿qué medidas aplica el legislador? Ninguna otra que el divorcio exprés. Y no es que el legislador sea desconocedor del hecho, porque es el propio legislador quién reconoce que desde la aprobación de la legislación reguladora de la separación, el divorcio y la nulidad matrimonial en 1981, se ha producido un incremento gradual y progresivo de casos de rupturas  matrimoniales .
Bien al contrario, fomenta la promiscuidad y el hedonismo a través de todos los medios que controla, que son absolutamente todos…, con lo cual consigue alterar todo el orden de las cosas naturales; desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por la diversión honesta, el respeto por uno mismo y por los demás. En lo tocante a la natalidad, afirma el documento que las respuestas de las mujeres que no tienen hijos, sobre cuántos les gustaría tener ofrecen la esperanza de un posible aumento de la natalidad .

Esperanza que, a la postre, se ve truncada por la realidad social y laboral en que viven; un menoscabo de la maternidad por parte de las instituciones, por parte de las empresas, y por parte de los compañeros y amigos fuerzan a la mujer a incorporarse al mercado laboral, con lo que consigue dos cosas principales: truncar sus expectativas como mujer y abaratar el mercado de trabajo. En el segundo logro satisface las expectativas de terceros.
DISTRIBUCION DE LAS MUJERES SEGUN SU INTENCION DE TENER HIJOS EN EL FUTURO Y SU RELACION CON LA ACTIVIDAD ECONOMICA
POBLACION: MUJERES CASADAS O CON PAREJA ESTABLE, EXPUESTAS AL RIESGO DE EMBARAZO O EMBARAZADAS (CIFRAS RELATIVAS)
INTENCION DE UN NACIMIENTO FUTURO
ACTIVIDAD ECONOMICA
TOTAL
TIENEN INTENCION NO TIENEN
INTENCION
TOTAL                           100 47,08                      52,92
OCUPADAS 100 51,84 48,16
POR CUENTA PROPIA 100 39,04 60,96
ASALARIADAS 100 54,86 45,14
          FIJAS 100 48,80 51,20
          TEMPORALES 100 64,87 35,13
OTRA SITUACIÓN 100 50,14 49,86
PARADAS BUSCANDO EMPLEO 100 59,88 40,12
ESTUDIANTES 100 92,37 7,63
LABORES DEL HOGAR 100 22,60 77,40
JUBILADAS, PENSIONISTAS 100 6,70 93,30
OTRA SITUACIÓN                       100 62,84 37,16

Fuente: Instituto Nacional de Estadística
Una medida que un Estado justo y conocedor de la situación de la familia podría poner en ejecución es reducir el horario laboral a uno de los cónyuges, preferentemente a la madre, y fomentar las excedencias laborales, para aplicarse a la atención de los hijos.

En España existen 6.280.467 mujeres entre 20 y 39 años , 1.324.269 entre 15 y 19 años, y 1.343.937 entre 40 y 44 años. Sin embargo no nace el número suficiente de hijos. Las razones principales por las que algunas parejas no quieren tener hijos son: económicas (83%), cargas que implican los hijos (28%), que la mujer trabaja fuera de casa (22%) y el pesimismo ante la situación económica y social (17%) .
Total De 15 a 19 años De 20 a 24 años De 25 a 29 años De 30 a 34 años De 35 a 39 años De 40 a 44 años De 45 a 49 años
Total 10.165.237 1.324.269 1.591.015 1.612.647 1.582.180 1.494.625 1.343.937 1.216.564
Andalucía 1.901.307 274.734 310.370 309.288 301.628 272.159 233.119 200.009
Aragón 281.739 33.877 42.021 43.488 43.941 43.080 39.341 35.991
Asturias 269.170 32.419 40.674 40.386 38.900 40.191 39.906 36.694
Baleares 189.896 24.204 28.130 29.201 29.529 28.653 26.244 23.935
Canarias 442.068 59.752 69.011 74.004 72.155 65.042 54.547 47.557
Cantabria 137.013 17.499 21.191 20.573 20.458 20.249 19.421 17.622
Castilla y León 601.675 75.948 91.841 94.640 96.287 91.878 80.619 70.462
Castilla-La Mancha 414.030 56.332 64.582 66.502 67.464 62.958 51.785 44.407
Cataluña 1.544.589 188.153 238.512 241.873 234.505 225.906 213.471 202.169
Comunitat Valenciana 1.030.649 136.140 163.176 162.395 159.103 150.918 135.446 123.471
Extremadura 264.177 37.498 41.472 42.595 42.969 39.941 32.358 27.344
Galicia 681.785 91.321 109.900 106.824 101.350 96.861 90.684 84.845
Madrid 1.343.046 163.561 205.877 213.062 207.330 197.729 183.191 172.296
Murcia 290.170 41.398 47.420 47.582 46.131 41.294 35.333 31.012
Navarra 135.098 16.076 20.215 21.251 21.479 20.435 18.654 16.988
País Vasco 539.714 62.270 81.384 83.871 83.501 82.099 76.230 70.359
Rioja (La) 64.350 7.986 9.863 9.748 9.843 9.826 9.072 8.012
Ceuta 17.120 2.756 1.912 2.596 2.342 3.287 2.531 1.697
Melilla 17.641 2.345 3.464 2.768 3.265 2.119 1.985 1.694

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Encuesta de fecundidad. Año 1999
Preferencias y motivaciones en cuanto a tamaño de la familia. Mujeres 15-49 años
Mujeres expuestas al riesgo de embarazo o embarazadas CCAA de residencia intención nacimiento futuro.
Unidades: Cifras absolutas
Total Tienen intención No tienen intención
Total 8.851.337 4.912.645 3.938.692
Andalucía 1.646.784 953.545 693.239
Aragón 248.426 142.281 106.145
Asturias 234.518 113.529 120.989
Baleares 172.040 70.538 101.502
Canarias 384.266 222.541 161.725
Cantabria 117.244 52.754 64.490
Castilla y León 526.478 285.669 240.809
Castilla- Mancha 379.217 206.382 172.835
Cataluña 1.332.727 750.502 582.225
Com. Valenciana 904.789 490.187 414.603
Extremadura 238.742 131.561 107.181
Galicia 612.104 346.203 265.902
Madrid 1.149.821 629.709 520.113
Murcia 255.936 143.457 112.479
Navarra 116.182 67.452 48.731
País Vasco 443.477 260.711 182.767
Rioja (La) 59.802 28.746 31.056
Ceuta 13.890 8.280 5.609
Melilla 14.893 8.600 6.293

Fuente: Instituto Nacional de Estadística
Evidentemente, unas unidades familiares cada vez más reducidas en cuanto a su composición, tendrán que hacer frente de manera creciente a problemas de dependencia . Pero, ¿quién se encargará? Naturalmente los hijos de las familias numerosas. Éstos constituyen el 13% de la población, y son de quienes la sociedad española se enriquece demográfica y económicamente .

Es el PIAF, sin lugar a dudas, una clara manifestación por parte del legislador, de estar al corriente de la realidad social que el legislador ha creado. En el mismo afirma que existe violencia entre la pareja, maltrato de niños, maltrato de ancianos , violencia de los hijos hacia sus padres , y afirma que el objetivo prioritario del gobierno es mejorar la calidad de vida de todas las familias españolas: estabilidad, autonomía, comprensión, acceso a la educación y a la cultura .
Situaciones que parece que, si bien no han sido creadas por el legislador, han sido incubadas, protegidas y difundidas. Protección y difusión que se sigue manifestando en el propio PIAF cuando señala que su objetivo es  fomentar las nuevas relaciones intrafamiliares , al tiempo que hace un brindis al sol cuando pide reconocimiento y la gratificación expresa de la labor solidaria que la familia realiza dentro de la sociedad  y cuando proclama que el Estado y todos los niveles de la Administración Pública deberán asegurar que tanto el hombre como la mujer puedan acceder al mercado de trabajo, sin discriminaciones de ningún tipo y sin verse obligados a abandonar sus responsabilidades familiares. Para ello, se deberán seguir “las directrices y recomendaciones para el empleo de la Unión Europea .
Que el PIAF persigue intereses contrarios a los intereses de la familia y de la persona queda permanentemente manifiesto, y concretamente manifiesto en su voluntad de incrementar los servicios de atención a la primera infancia… para niños y niñas menores de 3 años hasta cubrir la demanda existente . Demanda que es generada por el propio sistema para cubrir los intereses del propio sistema, nunca de los administrados, que se ven abocados a la realización de una serie de acciones que les obliga a reclamar lo que la administración quiere que le sea reclamado: guarderías y asilos y aborto y eutanasia.
El PIAF da la puntilla cuando aconseja la creación de un grupo de trabajo específico sobre la familia dentro del consejo estatal de la ONG .
EVOLUCIÓN DE LAS PRINCIPALES MAGNITUDES 1976-2002
Años   Matrimonios Nacimientos Defunciones Crecimiento vegetativo Tasa de nupcialidad Tasa de natalidad Tasa de mortalidad
1976 260.974 677.456 299.007 378.449 7,23 18,76 8,28
1981 202.037 533.008 293.386 239.622 5,35 14,12 7,77
1986 207.929 438.750 310.413 128.337 5,4 11,39 8,06
1991 218.121 395.989 337.691 58.298 5,6 10,17 8,68
1996 194.084 362.626 351.449 11.177 4,94 9,23 8,95
1997 196.499 369.035 349.521 19.514 4,99 9,38 8,88
1998 207.041 365.193 360.511 4.682 5,25 9,26 9,14
1999 208.129 380.130 371.102 9.028 5,25 9,59 9,37
2000 216.451 397.632 360.391 37.241 5,42 9,96 9,03
2001 206.254 403.859 358.856 45.003 5,12 10,03 8,91
2002 209.065 416.518 366.538 49.980 5,09 10,14 8,92

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

4.3.- Como razón de existencia de la sociedad
El Estado es imprescindible en la sociedad moderna, pero se ha de organizar de tal manera que cumpla su función de servicio al individuo y no de aparato de dominación del individuo. Tras la II guerra mundial el crecimiento del sector público era la máxima expresión del Estado social. Hoy esta idea está en crisis debido a los niveles de gasto público elevados y la baja eficiencia en muchas de sus actividades .
Pero dadas las circunstancias y la legislación actualmente vigente, no parece que sea ese el camino seguido por la sociedad. Bien al contrario, las ideologías dominantes, que  parecían haber sido relegadas al olvido gracias a filosofías que desde Sócrates, Aristóteles, San Agustín, o el Humanismo cristiano, habían aportado un escudo protector a la Humanidad, han sido y son condenadas a la cicuta del silencio y del olvido por parte del liberalismo, el producto de los nuevos sofistas, que invade todo y que impone como ley el más absoluto de los relativismos.
Desde esa filosofía, la humanista, se explica y se comprende la existencia de la sociedad ya que, como se manifiesta a lo largo del presente trabajo, es producto directo de la familia. Cierto que existen otras sociedades, pero no la sociedad.
Pretender desvincular la sociedad de la familia es destruir la sociedad; es crear otra cosa; algo desvinculado de lo humano, y como consecuencia, y dado que inexorablemente la sociedad estará compuesta por personas, algo que se limitará a esclavizar a las personas; algo que está ya esclavizando a las personas.
Cuando se piensa en la persona integral, se piensa como ente autónomo, pero esa autonomía, curiosamente, debe realizarse en comparación directa con el entorno; es así el hombre una dicotomía entre ser individual y ser social; ambos de vital importancia; ambos absolutamente necesarios y complementarios, tendentes en cualquier caso al beneficio último de la persona humana, que debe ser el referente.
Sin embargo, esta concepción nada tiene que ver con el concepto liberalista que pretende, no salvaguardar el interés de la persona humana, sino del individuo, Siendo que el concepto individuo, según el diccionario de la R.A.E. de la lengua es, entre otras acepciones, la persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se quieren decir . En el concepto humanista del término, sin embargo, la persona es un ser que combina a la perfección la cualidad de ser individual y de ser social, que comprende los servicios que como persona puede y debe prestar a la sociedad, y que como persona debe exigir a esa misma sociedad, creada no para satisfacer sus caprichos, sino para facilitar su existencia, para facilitar la relación humana con otras personas que son tan dignas como ella misma.
Así, no es cierto que la libertad personal acabe cuando comienza la del prójimo, sino que la libertad personal es una simbiosis entre la libertad individual propia y la libertad individual ajena. Esa simbiosis nos libera de la esclavitud del individualismo e impide que caigamos en la esclavitud del colectivismo. Y eso en todos los ámbitos de la vida; en la vida familiar, en la vida en sociedad, en la vida laboral.
En este mismo orden de cosas, el profesor Nicolás Sánchez afirma que es necesario que el centro de referencia de la actuación económica sea siempre el interés por todo ser humano: el hombre y sus valores deben ser siempre el principio y el fin de toda actividad económica. La empresa es la institución básica para una economía fundamentada en y para el hombre, y por ello la Doctrina Social de la Iglesia habla de "Economía de empresa" o de "sistema de empresa" .
Y esa afirmación viene a apoyar el concepto humanista de la vida, que supedita el interés económico al interés humano; antítesis de concepciones materialistas de la vida que, tanto desde la vertiente marxista como liberal, afirman que la sucesión de hechos sociales e históricos no son sino una sucesión de hechos económicos.
La sublimación de todas esas relaciones; la compresión de las mismas a su aspecto más originario, más elemental de la sociedad, nos circunscribe al hecho de la familia, comunidad donde primero se muestra toda esa realidad. Siendo así, queda plausible que la razón de existencia de la sociedad no es otra que la protección abierta, descarada, de la familia.

5.- DIFICULTADES DE LA FAMILIA
5.1.- Familia y trabajo
En otro orden de cosas, la actual legislación considera que las mujeres que se dedican a cuidar a su familia no trabajan, y parece vislumbrarse tras la recalcitrante voluntad de conciliar la vida familiar y la vida laboral, la voluntad de inundar el mercado de trabajo, casualmente de signo puramente capitalista, de oferta y demanda, con un sinnúmero de personas dispuestas a competir por el mismo puesto de trabajo que sus respectivos maridos. Todo ello, y según la ley de la oferta y de la demanda, produce un abaratamiento de la mano de obra que consiguientemente acaba produciendo el doble con la mitad de coste, siendo que las aportaciones de los dos cónyuges, en el mejor de los casos, acabarán sumando lo mismo que en una etapa anterior las aportaciones de uno solo de ellos. Esta realidad ya fue detectada por Mao Tse Tung en China, quién en 1955 escribía: “las mujeres constituyen y una fuente de mano de obra muy importante que es necesario movilizar para la lucha por la construcción de un país socialista” .
Afirma la legislación que, así, “las políticas de empleo tendrán como uno de sus objetivos prioritarios aumentar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y avanzar en la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Para ello, se mejorará la empleabilidad y la permanencia en el empleo de las mujeres, potenciando su nivel formativo y su adaptabilidad a los requerimientos del mercado de trabajo” .
Este no es sino un modo de destrucción de la familia mediante la idea de introducir a la mujer en el mundo del trabajo. Expolio de la familia, y a la postre de la sociedad toda, al dar más valor a las parejas de hecho que a la familia estructurada. Bien al contrario, la doctrina de la Iglesia nos señala que “El valor institucional del matrimonio debe ser reconocido por las autoridades públicas; la situación de las parejas no casadas no debe ponerse al mismo nivel que el matrimonio debidamente contraído” .
Y es que, en este mundo, al hombre se le valora prioritariamente como “homo faber”. Esta sociedad que tanto alardea de libertad, de justicia y de opulencia mantiene a los hombres y a las mujeres que constituimos la sociedad atados a la mesa de trabajo; al banco de carpintero, al volante del camión… a lo que constituye el material de cada quehacer. El hombre, que supuestamente debía estar liberado por la acción de las máquinas, es cada día más esclavo de las máquinas, y sobre todo, del sistema.
Efectivamente, el trabajo de hoy, cualquier trabajo, sea de oficina o de albañilería, de siderurgia o agrícola, es mucho más liviano que hace veinte o hace cuarenta años; la maquinaria y los otros medios técnicos han facilitado francamente la realización de todos los cometidos, pero la libertad ha llevado un proceso radicalmente contrario.
Cuando debíamos suponer que la suavidad en las tareas conllevaría una libertad a las mentes; cuando suponíamos que se iba a tener más consideración con las personas, en detrimento de las máquinas, resulta que sucede justamente todo lo contrario.
El mundo laboral, que antes estaba habilitado prioritariamente para los hombres, ha sido francamente abierto al trabajo de la mujer, y eso no ha representado más libertad, sino esencialmente todo lo contrario, porque a la mujer se le ha presentado el trabajo como una liberación y la maternidad como una esclavitud, siendo que la mujer ha acabado siendo esclava de su trabajo liberador, no ha tenido hijos en los que realizarse como mujer, ha fomentado el divorcio, el aborto, y como consecuencia la depresión y el suicidio.

“La experiencia confirma que hay que esforzarse por la revalorización social de las funciones maternas, de la fatiga unida a ellas y de la necesidad que tienen los hijos de cuidado, de amor y de afecto para poderse desarrollar como personas responsables, moral y religiosamente maduras y sicológicamente equilibradas. Será un honor para la sociedad hacer posible a la madre — sin obstaculizar su libertad, sin discriminación sicológica o práctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compañeras — dedicarse al cuidado y a la educación de los hijos, según las necesidades diferenciadas de la edad. El abandono obligado de tales tareas, por una ganancia retribuida fuera de casa, es incorrecto desde el punto de vista del bien de la sociedad y de la familia cuando contradice o hace difícil tales cometidos primarios de la misión materna” .
Pero no acaba ahí la cosa del trabajo de la mujer. Cuando mayoritariamente la mujer permanecía en casa, trabajando. Trabajando, remarco. Cuando la mujer quedaba en casa trabajando, ganaba el jornal que acababa aportando el marido con el trabajo fuera de casa. Los ingresos eran “X”.
Cuando la mujer ha salido a trabajar fuera de casa, se ha convertido en competencia directa de su marido; las leyes capitalistas se basan en la oferta y la demanda. Si la oferta de trabajo se ha multiplicado por dos, la remuneración de ese trabajo, automáticamente se ha visto dividida, siendo que, trabajando los dos miembros del matrimonio, acaban aportando los mismos ingresos que uno solo —los ingresos siguen siendo X, y el esfuerzo, el doble—, con el perjuicio subsiguiente de dejar abandonados a los hijos en lugares que en el mejor de los casos no les van a resultar lesivos, salvo la maldad de faltar la presencia de la madre.Y este es solo uno de los aspectos negativos que sobre las familias ha aportado el liberalismo económico.

Y es que hay algo que no debemos olvidar: el cuidado de la casa y de los hijos, en estas circunstancias, ya no puede estar llevado directamente por los miembros de la familia (están ocupados en tareas externas), y deben ser delegados en terceras personas (guarderías, servicio doméstico…) que, lógicamente, requieren compensación económica que les garantice una vida digna, y que debe salir, no de otra parte que del beneficio económico obtenido por los padres fuera de casa. Consecuencia de lo cual, a la postre, es que lo que supuestamente se obtiene de más, es dedicado para cubrir los gastos derivados de la ayuda requerida. Sólo queda, como consecuencia, la desatención familiar de los miembros menores de la familia. Es así beneficiado, exclusivamente, el sistema, que crea más lugares de trabajo, más contribuyentes que, en el mejor de los casos, acaban obteniendo una situación económica similar a la anterior, pero que han perdido el control de su hogar y la posibilidad de educar a sus hijos.
Efectivamente, estamos viviendo un concepto perverso de la libertad donde la única salida es la exclusión social, y esa posibilidad también está prevista en nuestro mundo liberal.
Decididamente, “el trabajo es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre. Estos dos ámbitos de valores —uno relacionado con el trabajo y otro consecuente con el carácter familiar de la vida humana— deben unirse entre sí correctamente y correctamente compenetrarse. El trabajo es, en un cierto sentido, una condición para hacer posible la fundación de una familia, ya que ésta exige los medios de subsistencia, que el hombre adquiere normalmente mediante el trabajo” .


5.2.- Familia y divorcio
Por su parte, la ley de divorcio viene a agravar esta situación; de hecho, todo forma parte de un mismo paquete de medidas que, parece, se llevan a cabo con el único objetivo de combatir a la familia, y es que el divorcio, lejos de enmarcarse en el “derecho de familia”, se enmarca de manera manifiesta en “la manipulación del derecho en contra de la familia”, y como consecuencia en contra del propio Estado, en principio, servidor de la familia. Las víctimas principales de semejante lacra social son en principio los hijos, pero a la postre lo es la sociedad entera.
El hombre, y más el niño, necesita referencias claras para educarse de una manera correcta, para dirigirse en la vida, para tener un norte… El divorcio vuelve loca la brújula del niño cuyos padres han caído en esta lacra. Su Santidad el Papa Juan Pablo II se ha referido a ellos como huérfanos con padres vivos . Algo equivalente a muerto viviente, a zombi.
Los poderes públicos más diversos presentan el divorcio como la solución  a un problema, cuando el divorcio es, en sí, el problema. Uno más de los problemas propios de una sociedad sin valores y sin norte. Problema grave no alejado del maltrato y la violencia. Problema no alejado del aborto y la eutanasia, conociendo que “a) El aborto es una directa violación del derecho fundamental a la vida del ser humano. b) El respeto por la dignidad del ser humano excluye toda manipulación experimental o explotación del embrión humano. c) Todas las intervenciones sobre el patrimonio genético de la persona humana que no están orientadas a corregir las anomalías, constituyen una violación del derecho a la integridad física y están en contraste con el bien de la familia” .

Lo que deberían hacer los poderes públicos es educar para la responsabilidad, y no para el divorcio, ya que el divorcio, como queda dicho, es en sí el problema a resolver, y que, como nos recuerda la Iglesia, “El divorcio atenta contra la institución misma del matrimonio y de la familia” .
Llegados a este punto, podemos inferir que un matrimonio estructurado en el amor, dispuesto a superar los avatares de la vida, es el mejor antídoto contra una terrible plaga de enfermedades sociales que están asolando nuestra cotidianeidad. Y el Estado debe tomar cartas en el asunto, como servidor que debe ser de la familia.
Es hora que se ataje con valentía la problemática del divorcio, procurando limitarlo a casos realmente extraordinarios. Con ello se prevendrán otras situaciones que de alguna manera alteran la correcta vida social.
El Estado debe dedicarse a no minar las relaciones intrafamiliares; a velar porque cuando se constituya un nuevo hogar, sus nuevos miembros no se encuentren acogotados por unas leyes impuestas por alguien que podemos calificar como su enemigo; a facilitar unas leyes que garanticen la unidad familiar, y que animen a los esposos a reforzar esa unidad, en vez de decirles que no pasa nada, que en cualquier caso se pueden divorciar. Nada tiene esto que ver con las reales actuaciones de los sistemas de gobierno actuales, donde, en el mejor de los casos, afirman que “la definición del matrimonio corresponde a la competencia de los Estados” .
El Estado debe garantizar, más que la disolución del matrimonio, la indisolubilidad del mismo; la atención prioritaria a la prole, y por supuesto, para ello, primero debe conocer el grave daño que un divorcio puede ocasionar en un niño.
Daño que le puede llevar al fracaso escolar o a la delincuencia con una facilidad muy superior a la que puede acaecer a un niño que no sufra la lacra del divorcio de sus padres.
Además, “con el divorcio ya es el matrimonio la más provisional de las aventuras, cuando la bella grandeza del matrimonio estaba en ser irrevocable, estaba en ser definitivo, estaba en  no tener más salida que la felicidad o la salida de la tragedia, porque no saben muy bien de cosas profundas los que ignoran que lo mismo en los entrañables empeños de lo íntimo, que los más altos empeños históricos, no es capaz de edificar imperios quién no es capaz de dar fuego a sus naves cuando desembarca” .

5.3.- Maltrato doméstico
Una de esas situaciones indeseadas es el maltrato infantil infligido por los medios de comunicación y por la escuela antipedagógica que padecen los niños. Ese maltrato es el más generalizado, es el que padece la práctica totalidad de los niños españoles, y que deja peores secuelas que las de una bofetada.
Curiosamente ese maltrato no es tenido en cuenta por las leyes, y sí, sin embargo, la bofetada educativa que un padre pueda dar a un hijo. ¿Quién es el Estado para interferir en una plácida vida familiar?  “Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres, tienen el derecho originario, primario, e inalienable de educarlos; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos. Los derechos de los padres son violados cuando el Estado impone un sistema obligatorio de educación del que se excluye toda formación religiosa. La familia tiene el derecho de esperar que los medios de comunicación social sean instrumentos positivos para la construcción de la sociedad y que fortalezcan los valores fundamentales de la familia. Al mismo tiempo ésta tiene derecho a ser protegida adecuadamente, en particular respecto a sus miembros más jóvenes, contra los efectos negativos y los abusos de los medios de comunicación” .
Es manifiesto el hecho de que la violencia doméstica se produce principalmente entre colectivos marginales, no necesariamente económicos, que forman sociedades en ocasiones coincidentes con la familia, pero que en la mayoría de los casos son de las llamadas parejas de hecho. No procede al caso sino dar un tratamiento marginal; tratar el caso sí, pero en el conocimiento que es algo extraordinario.
Ni qué decir tiene que el maltrato de ancianos y la violencia de los hijos hacia los padres no son sino muestras de la evolución propia de un sistema de valores a un sistema de antivalores. Hoy es manifiesto que la autoridad —y muchos otros valores— son tenidos como principios deleznables, propios de otros tiempos felizmente superados. Consecuencia de tal idea es la triste realidad en que se encuentra la sociedad.
Pero el maltrato tiene otros ámbitos. No es ningún secreto que la sexualidad, además de ser elemento procreador, es instrumento de placer. El sistema liberal ha conseguido desvincular ambos aspectos de la vida sexual, utilizando todos sus medios para distraer las posibles inquietudes propiciatorias de disturbios. También eso es maltrato.
Pero todo esto no son sino “signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional” .
Si el desarrollo de la sexualidad tuviese un ámbito natural, todo el entramado liberal-capitalista se vendría abajo, porque de una relación sexual racional y humana, la procreación facilitaría en la mente del material humano del sistema el desarrollo del espíritu y la necesidad de proteger a la prole.
Por eso al sistema se le hace necesario fomentar la idea de que el cuerpo es propiedad de cada uno, y que cada uno es libre de hacer lo que le plazca, al tiempo que se procura exponer y magnificar los sacrificios que conlleva la constitución de una familia y la crianza de los hijos.
En ese mismo sentido, el Estado está al servicio de la filosofía dominante, y como consecuencia, dicta leyes contrarias a la familia, y fomenta la contracepción, vendiendo la maternidad como si de una enfermedad se tratase, sin darse cuenta —y si se da, peor, algo tendrá escondido— que la contracepción provoca una disminución y un envejecimiento de la población que a corto plazo abocará en un marasmo social de difícil solución.

5.4.- El bienestar de la familia, objeto de un Estado justo
Las instituciones deberían velar por el bienestar de las familias, y en concreto, atender especialmente a las familias numerosas, donde es evidente que los dos esposos vuelcan sus esfuerzos para que uno de ellos tenga suficientes ingresos, y donde resulta que la declaración de renta debe hacerse conjunta, sin poder beneficiarse de ventajas que matrimonios sin hijos donde trabajen los dos cónyuges sí pueden hacerlo.
Los políticos consideran que las mujeres que se dedican a cuidar a su familia no trabajan. Y los sectores más supuestamente preocupados por la situación familiar, dicen cosas como la siguiente: “Yo no he dicho en absoluto que me gustaría una familia en que la mujer no trabaje o se quede en casa para tener niños y criarlos” .
Y es que, la exigencia es de absoluta dedicación, en un “sistema de producción impersonal, competitivo y tiránico”  impide la realización de actividades puramente humanas como las del noviazgo, o como las de la vida de familia normal en cualquier persona que tiene constituido su hogar. Y es que estamos en una sociedad con ambigüedad de los valores de la cultura dominante, que acepta graves distorsiones, que da una “valoración positiva de la familia como un valor real y su menosprecio como elemento social”, con un “rechazo de Dios”, que tiene la “razón ofuscada”, endurecido el corazón y deformado el concepto de libertad .
Y con un mal añadido: Los hijos no son atendidos y educados debidamente, puesto que lo hacen sin la concurrencia de sus padres “Por su índole natural, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados por sí mismos a la procreación y a la educación de la prole, con las que se ciñen como con su corona propia” .
Parece que se busque la destrucción de la familia mediante la idea de introducir a la mujer en el mundo del trabajo, con unos horarios inhumanos que obligan a las mujeres en edad de criar a desistir de ello, a fin y efecto de poder acceder a un sueldo. Todo ello comporta finalmente un expolio de la familia, y a la postre de la sociedad toda, ya que, con estas medidas acaba dándose más valor a las parejas de hecho que a la familia estructurada.
Así, la familia, en la que distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabiduría y a armonizar los derechos de las personas con las demás exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad. Por ello todos los que influyen en las comunidades y grupos sociales deben contribuir eficazmente al progreso del matrimonio y de la familia. El poder civil ha de considerar obligación suya sagrada reconocer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla y ayudarla, asegurar la moralidad pública y favorecer la prosperidad doméstica. Hay que salvaguardar el derecho de los padres a procrear y a educar en el seno de la familia a sus hijos. Se debe proteger con legislación adecuada y diversas instituciones y ayudar de forma suficiente a aquellos que desgraciadamente carecen del bien de una familia propia. .
Sobre las familias hacen recaer todas las cargas imaginables. Para ellas no hay ayudas de ningún tipo, siendo que ellas facilitan a la sociedad la posibilidad de seguir existiendo. Ellas son las que deben correr, en desigualdad de condiciones con el egoísmo reinante, con todas las dificultades. Y sus hijos, dentro de unos años, serán quienes se vean obligados a mantener a una sociedad de viejos, que les ha negado el pan y la sal, que incluso ha aconsejado su asesinato cuando habían sido concebidos,  y entonces les exigirá todos los esfuerzos para el mantenimiento del entramado social y de un sistema de pensiones que ellos, por pura lógica estarán incapacitados para sostener.
Entonces se les exigirá solidaridad con quienes a lo largo de su vida han sido manifiestamente insolidarios. Esos que aconsejan el asesinato de los niños, esos que se dedican a colmar todas sus aspiraciones materiales, gastando coches, gastando lujo, viviendo fiestas —cuando la situación laboral se lo permite— mientras otros dedican ese mismo tiempo a criar una familia, a esforzarse por los hijos, y a ser felices… Y nuestros hijos, que en ese momento serán la fuerza productiva, ¿qué harán? ¿Serán solidarios? ¿O serán como sus frustrados asesinos?
Es hora de que se reconozcan los derechos y la real ubicación del Estado con respecto a la familia. Es hora que social y económicamente se demuestre con hechos que el Estado reconoce su lugar con relación a la familia. Es hora que desaparezcan los ataques a la familia, manifiestos desde todos los ángulos de un Estado que ha perdido su norte y su naturaleza.
En estos ámbitos, escuchamos hasta la saciedad la palabra libertad, pero nos resulta una palabra hueca de contenido, y es que, ciertamente en nuestra sociedad, “la libertad queda reducida a la elección de cosas según un arbitrio personal, al margen de la verdad del hombre” .
Y ahí, todas ideologías ateas que estallaron de su atrofia en el siglo XIX y se han desarrollado extraordinariamente en el XX, coinciden. Ahí no hay discusión; en todo caso, llegan a discutir aspectos secundarios del maltrato humano de las personas. Los sindicatos exigen que los lugares de trabajo sean cómodos, que los servicios de mantenimiento físico estén a pleno rendimiento; que no haya humos, que se permitan locales de esparcimiento, que se controle el estrés. Aspectos varios de la esclavitud a que está sometido el hombre en todos los campos, en todos los lugares y a todas horas.
Es, en definitiva, el triunfo del modelo capitalista de explotación y de aniquilación de la persona, sobre el modelo marxista de explotación y de aniquilación de la persona. El materialismo ha desechado, por inconveniente, uno de sus métodos, y tan sólo porque el otro método ha resultado más efectivo, más productivo, más limpio.
Pero, para solucionar estas cuestiones, se nos dice que somos libres de elegir lo que sea, hasta a los dirigentes públicos, en el claro conocimiento que tal afirmación es una falsedad.
Por contra, sería deseable una sociedad en la que la representación pudiera muy bien ser estructurada por tres cámaras de representación; una de ámbito familiar, ya que todos nacemos en el seno de una familia; una de ámbito laboral, puesto que todos somos trabajadores; una de ámbito municipal, puesto que todos vivimos en una comunidad.

6.- CONCLUSIONES
6.1.- Debate cultural sobre el matrimonio y la familia
Hoy, los temas de matrimonio y familia son polémicos puesto que la familia  se encuentra muy atacada por todos los estamentos. En el mundo moderno  lo que ha destruido la familia ha sido el materialismo —capitalismo y marxismo— porque lo que se está trasladando a la familia son los mismos esquemas del Estado del bienestar, o de la sociedad del bienestar. Lo colectivo sólo se justifica si favorece las necesidades y deseos de lo individual. Pero no se dice nada acerca de que los seres humanos crecemos cuando nos damos y nos entregamos.
En nuestra sociedad parece prevalecer la idea claramente nada humanista que la búsqueda de la felicidad es el motor fundamental del comportamiento y de las decisiones acerca del matrimonio. Frente a los principios de sacrificio y entrega, presentes en la idea de la familia, el sistema imperante pretende imponer,  cada vez con más fuerza, el supuesto derecho individual a la felicidad, abstraído del concepto espiritual que le da forma, y que se opone al sentido del deber y al mismo concepto de felicidad.
Este tipo de sociedad en la que  estamos  inmersos no es una sociedad personalista sino sometida a principios no humanistas, y esta subordinación de las personas a las cosas, a la producción, al consumo, preocupa no sólo al Papa, a los Obispos y a los fieles, sino a cualquier persona de conciencia recta.
Pero estas tendencias antifamiliaristas y antimatrimonialistas no surgen espontáneamente;  han sufrido un proceso histórico que viene marcado por distintos hitos y distintos pensadores que han tenido también distinto peso específico a lo largo de la historia; así, la primera reacción a la cultura matrimonial católica se produce con la reforma protestante . Para ésta, el matrimonio es algo puramente racional y secular, sin conexión con la vida de gracia. Ante esto, debemos convenir que, aunque es verdad que el matrimonio es algo natural porque responde a las aspiraciones de la naturaleza humana, también está  movido a buscar la verdad sobre Dios. De manera que un matrimonio racional, diseñado desde una razón incapaz de acoger  a Dios, será un matrimonio incompleto, que no acaba de hacer justicia al misterio del ser familiar.
La segunda reacción  es el triunfo de la mentalidad  liberal, atea, capitalista y masónica, consecuencia directa de la Revolución Francesa. Supone la consagración del pensamiento individualista  que niega entidad alguna  tanto a la familia como a la sociedad.
La tercera reacción es la justificación materialista de la familia. Para ella, la familia es algo superado porque forma parte de un momento de la evolución de la especie, o bien forma parte de un sistema de producción llamado a ser superado.
La cuarta reacción es el triunfo del utilitarismo como moral pública. La familia será una variable a tener en cuenta en tanto sirva como beneficio de los Estados.
La quinta reacción encuentra su base en la  revolución sexual del 68 que decretó la muerte de la familia.
La sexta reacción es la privatización de la familia en un doble sentido:
- La familia como parte de la libertad del individuo.
- La familia como irrelevante desde un punto de vista de las funciones públicas.

Las ideologías hedonistas y liberales, cuando valoran la familia sólo lo hacen desde la pura perspectiva individual. El discurso dominante hace oídos sordos a lo que la cultura católica reivindica como primer principio de la cultura matrimonial y familiar: la llamada del ser humano a ser y desarrollarse desde el amor.
6.2.- Debate social sobre el matrimonio y la familia
La transición social en los nuevos hábitos de la familia se inició en los años 60. Como dice Julio Iglesias de Ussel en su obra La familia y el cambio político en España: “va a ser durante el franquismo cuando se pasa de una sociedad de familias a una sociedad de individuos. El impulso de esta transformación proviene del cambio social acelerado por el desarrollo económico de los años 60” . Este dato refleja  el impacto del desarrollo económico sobre las tradiciones culturales; el desarrollo era la panacea de la cultura popular. No obstante el desarrollo económico no puede estar en contra de los universos simbólicos de la persona, y sobre todo de la fe y de la moralidad. De nada sirve tener más si el propio ser personal se debilita.
La familia, que es la gran productora del capital humano, lleva años siendo agredida por el sistema cultural imperante. Pero eso se traducirá en el incremento de problemas sociales y económicos. Problemas de los que sólo se saldrá con una vuelta a la cultura familiar.
El desarrollo económico trajo consigo una esquizofrenia social. Por un lado, el discurso político favorecía la familia y sus valores tradicionales; por otro, la medicina antinatalista, la creciente permisividad en las costumbres y las exigencias del mercado y la producción, favorecían la disolución familiar en esquemas individualistas. Hoy no es sólo esa esquizofrenia....también el discurso político es enemigo de la familia.

En los últimos años el hito más duro que la familia ha tenido que soportar es el de la crisis de la educación. Cuando se observa que se quiebran las claves de la más elemental convivencia, surge la pregunta por el tipo de varón y de mujer, o sea el tipo de personas que estamos educando. En la educación actual faltan los valores; valores para formar verdaderamente a una persona capaz de relacionarse con otras personas; es decir,  para aprender a vivir en familia.
El legislador se limita a desvincularse de responsabilidades; así, declara que la responsabilidad del éxito escolar de todo el alumnado no sólo recae sobre el alumnado individualmente considerado, sino también sobre sus familias , y se abrogan responsabilidades que les son ajenas: “Adquirir habilidades para la prevención y para la resolución pacífica de conflictos, que les permitan desenvolverse con autonomía en el ámbito familiar y doméstico, así como en los grupos sociales con los que se relacionan” , y brindis al sol: “A fin de hacer efectiva la corresponsabilidad entre el profesorado y las familias en la educación de sus hijos, las Administraciones educativas adoptarán medidas que promuevan e incentiven la colaboración efectiva entre la familia y la escuela” , e interfiere de manera descarada en la ideología: (los libros) “deberán reflejar y fomentar el respeto a los principios, valores, libertades, derechos y deberes constitucionales, así como a los principios y valores recogidos en la presente Ley y en la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, a los que ha de ajustarse toda la actividad educativa” .
Se trata, evidentemente, de una clara manipulación encaminada a la implantación de una concepción social materialista, que concibe la familia como ente de circunstancia que debe ser observado para reconducirlo, en vez de elemento al servicio del cual deben estar todas las instituciones. Pretende corresponsabilizar de los fallos educativos a la familia, cuando la familia es la segunda perjudicada (el primero es el propio educando) por una legislación al servicio del más estricto materialismo, y muestra a las claras su ideología, ajena al espíritu familiar y al servicio de la ideología de género.
Para darse, comprender, tolerar, valorar, soportar, superarse.....en resumen para amar a otra persona, debemos anclarnos  en las virtudes. La familia es el lugar idóneo para conseguir que el niño crezca en el amor, en el aprendizaje de las virtudes; pero la familia no puede hacerlo sola, tiene que complementarse con la ayuda social: escuela y comunidad cristiana o Parroquia, y hoy, por variadas circunstancias, parecen fallar estos puntos de apoyo.
En la familia somos conservadores porque deseamos conservarla; sociales ya que aprendemos a vivir con los demás; liberales puesto que cada uno adquiere personalidad propia; progresivos dado que es la institución del crecimiento. Por  tanto, una buena familia es la base de la sociedad  y es lo que las diferentes tendencias políticas intentan influir y controlar, o eliminar.
Desde este faro de comprensión de la realidad familiar que es el matrimonio, según el derecho natural,  se pueden resolver todos los problemas que afectan a la familia, incluidos aquellos comportamientos  que se separan de la lógica  matrimonial, pero que  merecen algún tipo de protección. Eso exige un funcionamiento que reconozca la subordinación de la política a la moral, a los derechos naturales del ser humano y de la familia. Reconocimiento que en el actual momento político es negación de la moral, de la justicia y de la libertad.


6.3.- Debate jurídico sobre el matrimonio y la familia
Los artículos de la Constitución que directamente se refieren  a la familia —el 32 referido al matrimonio, y el 39 a la protección jurídica de la familia—. Han pasado de la ambigüedad a  perjudicar al matrimonio y  a la familia.
Los poderes políticos, a través del tribunal constitucional han  favorecido una interpretación antimatrimonialista del texto constitucional —texto redactado con la suficiente ambigüedad para que en el mismo quepan los más absurdos y contradictorios desarrollos—, considerando que asociar el término familia a familia de fundación matrimonial podía ser discriminatorio, sobre todo de los menores que nacen  de relaciones extramatrimoniales.
Pero  de una manera purista no es necesariamente así, porque el hecho de que se asuman responsabilidades propias de la paternidad, y que ninguna persona crezca bajo ningún estigma, no exige minusvalorar al matrimonio ni a la familia. Lo que exige es creatividad para buscar al menos  un ambiente lo más familiar posible, donde la figura paterna y materna puedan ser de algún modo compensadas, pero no desvincular la filiación del matrimonio desconociendo que el primer derecho de un niño es tener un padre y una madre.
En España el divorcio se vende como si fuera un derecho subjetivo. Si el matrimonio es disoluble a voluntad, sólo una fina capa de legalismo parece separarlo de la bondad de las parejas de hecho; y con la equiparación de una cosa y otra se abre el campo a un subjetivismo en las relaciones jurídicas familiares incapaz de entender lo que significa el estado civil, los roles familiares y las mutuas responsabilidades.
Los mensajes que se escuchan con más frecuencia en los medios de comunicación cargan de una manera directa o subliminal contra la familia, como si el matrimonio fuera la causa de ciertos comportamientos violentos. Se vende el esquema de que el matrimonio, por tanto  la familia, genera violencia.
Esta argumentación es falsa porque el matrimonio no obliga a vivir juntos, sino que perfecciona la libertad de los esposos. Es una convivencia libre y voluntariamente aceptada por ambos cónyuges porque si no fuera así, el matrimonio no sería válido; y por otra parte el matrimonio exige una responsabilidad basada en el amor y en el respeto a la otra persona.  Premisas básicas que deben alejar la violencia en el matrimonio.
No hay razones objetivas para asociar violencia y matrimonio, lo que hay que hacer es educar en el amor, en el respeto y en la capacidad de entrega. Y esta educación se debe dar en la familia. Sin embargo, parece que la única salida contra la violencia es favorecer la fácil ruptura de la pareja, cuando lo realmente eficaz es prevenir los conflictos desde la cultura matrimonial.
Un torpedo a la  línea de flotación de la familia fue lanzado  el 11 de Abril de 1985 con la sentencia 53  por parte del Tribunal Constitucional en la cual se despenalizaba parcialmente el delito de aborto. A partir de ese momento el no nacido es considerado como un derecho, y no como una persona.
Sentencias posteriores del Tribunal Constitucional  como: Técnicas de reproducción asistida  y de donación y utilización de embriones y fetos humanos o de sus células, tejidos u órganos   refuerzan la negación del carácter de persona al no nacido. Con ello se abre la puerta decididamente hacia una consideración puramente fisiológica de la procreación humana, privándola del carácter espiritual y sobrenatural.
Y es en la institución familiar, en la alianza conyugal, donde anida el poder de generar derecho. En definitiva, la dignidad de los no nacidos sólo se consigue si no se pierde el poder soberano de la familia. Ya que somos personas en la medida en que nacemos y crecemos en una realidad personal.
La familia está desestructurada por culpa del sistema, y necesita de una coherencia  en sus principios y normas; es decir, de unos derechos que respondan a la verdad del ser humano, cuya primera expresión es el matrimonio, que exige libertad religiosa y exclusividad del acto conyugal encaminado a la concepción; así como el derecho a la educación de los hijos. Es por esto que la familia requiere de políticas familiares sensatas, donde la verdad de la familia y la verdad de la realidad  matrimonial sean sus verdaderos objetivos. Podemos concluir diciendo que el edificio jurídico familiar en España está dañado en sus cimientos.
Los poderes públicos  deberían darse cuenta de la contribución de la familia al bien común. Pero ante todo, la familia tiene que responder al diseño de Dios, y cumplir su vocación. Es decir que además de necesitar una jurisdicción que apoye a la familia, necesitamos de familias fuertes que sean capaces de responder a estos proyectos políticos consistentes. Como dice el Papa Juan pablo II: “Una Nación verdaderamente soberana y espiritualmente fuerte está formada por familias fuertes”.

6.4.- Anotaciones para una política familiar humanista
Hemos dejado meridianamente claro que la familia debe ser el eje sobre el que gire toda actuación del Estado; por ello, debe reconocerse la libertad de actuación de la familia, debe facilitarse su labor socializadora, debiendo someterse toda actuación a la conveniencia de la familia, para conseguir el bien social, teniendo en cuenta que las actividades de las autoridades públicas o de organizaciones privadas, que tratan de limitar de algún modo la libertad de los esposos en las decisiones acerca de sus hijos constituyen una ofensa a la dignidad humana y a la justicia .
El Estado deberá organizar el orden social en ese sentido, ya que en el orden económico, social, jurídico y cultural, la familia y las asociaciones familiares deben ver reconocido su propio papel en la planificación y el desarrollo de programas que afectan a la vida familiar . Así, el Estado será el ejecutor, pero del mismo modo que para la redacción de las leyes se basa en otras instancias, en cuestiones de orden moral deberá abstenerse de actuar por cuenta propia y asumir como propias las instrucciones emanadas de organismos entendidos en el asunto, y velará porque, para la redacción de las leyes, exista un control exhaustivo por parte de esos mismos organismos.
Esto, lógicamente, es incompatible con la mentalidad liberal imperante, que atribuye todas las facultades a la propia iniciativa, si bien, a la postre, la propia iniciativa no es otra cosa que la propia iniciativa de quienes tienen medios económicos para realizarla, lo cual, siendo inexistente el control ético, que debe estar llevado a efecto por un poder competente, como debía ser el Estado, da lugar a la instauración de la injusticia, al abandono y a la explotación de la familia y de la persona en beneficio de intereses extraños que, a lo que se ve, tienden a la destrucción de la familia y al control de la persona.
Un Estado justo deberá reconocer el bien social de la familia, y devolverá a la mujer el derecho a ser madre, que no se limita a concebir y dar a luz a un hijo, sino que va mucho más allá, dado que la educación integral del niño requiere una serie de atenciones que no pueden ser atendidas por las instituciones públicas generadas con el único fin de posibilitar que la mujer realice trabajos que requieran el abandono de su condición de madre. El trabajo de la madre en casa debe ser reconocido y respetado por su valor para la familia y la sociedad .
Y es que el poder civil debe dedicarse con todas sus fuerzas a ordenar el buen funcionamiento de las instituciones que están al servicio de la sociedad, y en primer lugar, a proteger los derechos de los administrados, velar por la aplicación de las leyes, y prioritariamente por las leyes emanadas del derecho natural, y bajo ningún concepto, pretender cambiar ese orden natural, ya que, querer que la potestad civil penetre a su arbitrio hasta la intimidad de los hogares es un error grave y pernicioso.
Cierto es que, si una familia se encontrara eventualmente en una situación de extrema angustia y carente en absoluto de medios para salir de por sí de tal agobio, es justo que los poderes públicos la socorran con medios extraordinarios, porque cada familia es una parte de la sociedad. Cierto también que, si dentro del hogar se produjera una alteración grave de los derechos mutuos, la potestad civil deberá amparar el derecho de cada uno; esto no sería apropiarse los derechos de los ciudadanos, sino protegerlos y afianzarlos con una justa y debida tutela. Pero es necesario de todo punto que los gobernantes se detengan ahí; la naturaleza no tolera que se exceda de estos límites” .
“Conforme con el principio de subsidiariedad, sólo cuando la familia no se encuentre en condiciones de defender suficientemente los intereses del niño por nacer, el Estado tendrá el deber de disponer en su favor medidas especiales de protección, en particular: la asistencia a la madre antes y después del parto, la cura ventris, la adopción prenatal, la tutela. Análogamente, la intervención del Estado en la vida familiar sólo puede realizarse cuando son puestos en serio peligro la dignidad del niño y sus derechos fundamentales, y teniendo en cuenta únicamente « el interés superior del niño », sin forma alguna de discriminación” .
Por su parte, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, de la ONU, parece tener un concepto parecido cuando postula que “Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar que el niño se vea protegido contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares ”. Es decir, que ningún niño se vea acosado por las creencias públicas de su familia (se entiende que incluidos los católicos).
La doctrina de la Iglesia concreta más en lo relativo al respeto de la intimidad familiar cuando afirma que “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común” .
Todo esto, viene a abonar el principio de subsidiariedad, siendo que “la afirmación del principio de subsidiariedad en la necesidad de que determinadas funciones es conveniente que sean desarrolladas en el ámbito familiar” .
En ese mismo orden, no es cuestión baladí la atención de los niños. Plantean como derecho, ya lo hemos tratado a lo largo del presente trabajo, que estos asistan a guarderías infantiles, y cada vez a edad más temprana, y no conformes con ello, crean unos denominados servicios sociales encargados de la atención de los niños de familias con problemas .
No vamos a repetir los argumentos expuestos contra las guarderías, pero es de destacar la actuación de los servicios sociales, encargados de tutelar el bienestar de los menores. Es deseable que el Estado no cierre los ojos ante un caso de malos tratos, ahí debe actuar. Sin embargo, hay dos aspectos que deben ser destacados en este caso:
- La educación social llevada por el Estado y por los medios de comunicación, que no prima precisamente el buen ambiente en el seno familiar.
- La interpretación que el Estado hace sobre el concepto de malos tratos a menores.
En el primer caso, nos encontramos con constantes ataques a la autoridad paterna, con constantes programas televisivos en los que se prima la desobediencia y en los que se pone en ridículo la autoridad paterna.
Todo ello se ve reforzado con una legislación que instala la ambigüedad en el trato de padres e hijos, que pretende influir allí donde por derecho natural le está vetado, y que pretende eliminar la acción correctiva de un padre, instruyendo que ante una trastada, lo que debe hacer el padre es convencer con palabras de la inconveniencia de la mala actuación infantil, cuando el menor conocimiento pedagógico indica que esa actuación impuesta a los padres no es la adecuada. Y es que la mente de un niño no está apta para entender una explicación filosófica, si bien, tras la corrección física, es conveniente reconvenir con el niño que lo actuado no está bien, y no es justo, según hemos dicho, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el Estado .
La pregunta que nos podemos hacer es si el legislador realmente cree en la bondad de lo legislado, y dependiendo de la respuesta, el juicio que podemos deducir debería inducirnos a tomar alguna medida al respecto.
Y esa medida encuentra respaldo en la doctrina social de la Iglesia, quién condena, como ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia, todas aquellas actividades de los gobiernos o de otras autoridades públicas, que tratan de limitar de cualquier modo la libertad de los esposos en la decisión sobre los hijos .
Y es que nadie sufre más que los padres el mal que puedan sufrir los hijos, incluso el mal proveniente de los mismos padres, aplicado como correctivo a la mala actuación de los hijos, porque los hijos son “naturalmente algo del padre..., y antes de que tengan el uso del libre albedrío se hallan bajo la protección de dos padres. De ahí que cuando los socialistas, pretiriendo en absoluto la providencia de los padres, hacen intervenir a los poderes públicos, obran contra la justicia natural y destruyen la organización familiar” .
Pero evidentemente, no son sólo los socialistas, sino el sistema imperante hoy en el mundo, un sistema liberal, capitalista y hedonista que se proclama a sí mismo como la panacea.
Y es que estamos en un mundo en el que prevalecen los sofistas y se ridiculiza a los filósofos. Vivimos en un mundo en el que la verdad no es algo que haya que buscar, tarea de los filósofos, sino algo que depende de lo que nos digan quienes tienen medios para hacerse oír, los sofistas.
Nada ha cambiado en veinticinco siglos en la sociedad. La verdad debe prevalecer; de ello depende la supervivencia de la sociedad, de la familia, de la persona, y la verdad no depende de que la misma tenga más o menos adeptos, más o menos votos, sino que la verdad seguirá siéndolo aunque el cien por cien de la sociedad afirme e imponga lo contrario.
Y aunque lo últimamente afirmado parezca una digresión, no es tal, porque parece evidente que gran parte de culpa sobre el actual menoscabo de la familia y de la persona la tiene el sistema socio-político-económico imperante, directamente enraizado con los pensamientos combatidos por Sócrates y por Platón, y que fueron causantes de las hecatombes sociales de la historia, y tan evidentes hoy en día.
¿Qué propuesta formulo para reconducir esta cuestión?.. Ninguna que pueda ser asumida, porque, en unos momentos en que se cuestiona el ser y la esencia de la persona y de la familia, en unos momentos que, como en otros momentos históricos de declive moral y espiritual, la persona y la familia deben reconocer que no gozan del acomodo de la sociedad por ellos creada, es imprescindible que quién se nutre de esos principios humanistas, se disponga a la lucha por recuperar lo que en esencia es solamente suyo: la sociedad, y es que “siendo la familia lógica y realmente anterior a la sociedad civil, se sigue que sus derechos y deberes son también anteriores y más naturales. Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas, encontraran en los poderes públicos perjuicio en vez de ayuda, un cercenamiento de sus derechos más bien que una tutela de los mismos, la sociedad sería, más que deseable, digna de repulsa” .
El Estado debe asumir como responsabilidad propia la tarea de garantizar a los españoles una vida libre y justa, en vez de abandonar al libre mercado las relaciones laborales. El Estado, si no sirve al pueblo, debe desaparecer, puesto que, como queda dicho, el Estado ha sido creado para servir a estadios de la sociedad previamente constituidos. Otras afirmaciones de filosofías alejadas de toda razón humana, apoyan otras tesis, pero la evidencia es aplastante.
¿Cómo puede un Estado delegar en las empresas la creación de un clima favorable a la conciliación del trabajo con la vida familiar? Ésa es una responsabilidad directísima del Estado servidor, que el Estado tirano elude.
Por supuesto, la empresa de estructura capitalista, por lógica y por definición, se encarga de gestionar la máxima productividad a sus medios, y también, por lógica y por definición, le trae sin cuidado la conciliación de la vida laboral y la vida familiar. Es, insisto, el Estado, quién se encuentra obligado a que esa conciliación se lleve a efecto, en vez de permitir, como de hecho está permitiendo, una absoluta disociación de ambas; una completa anulación del hombre, que ya ha dejado de tener múltiples facetas en su vida, y sólo es entendido como elemento de la empresa, sin importar absolutamente nada más.
No sólo eso, sino que, además, el Estado debía crear las instituciones necesarias para que en las horas libres y en los recreos de los trabajadores, tengan éstos acceso al disfrute de todos los bienes de la cultura, la alegría, la salud y el deporte.

En vez de eso, el Estado promueve y facilita diversiones alienantes como es el caso de la televisión, y permite todo tipo de manifestaciones verídicas o falsas —generalmente falsas—, que acaban siendo aceptadas como verdades indiscutibles al ser machaconamente presentadas como ideales por unos medios de comunicación que nada tienen de servicio a la sociedad, y mucho me temo que demasiado de servicio a intereses inconfesables, de los que sería deseable no participase el Estado.
Parece lamentable que en un Estado que siempre se ha preciado de libre, deban sujetarse las leyes a principios foráneos; a principios europeos, que por mucho que una situación histórica y unos políticos propios de esa situación histórica hayan abocado al pueblo español a esa situación, no van a borrar siglos de historia y de idiosincrasia.

7.- BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN
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