lunes, 11 de enero de 2021

LA GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA (texto completo)

 LA GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA



La guerra con los Estados Unidos era una situación que venía anunciándose desde el inicio de las guerras separatistas en el continente; una situación que se agravó en 1868 con la guerra de los diez años y con la gestación y desarrollo del filibusterismo.

Las circunstancias ya han sido tratadas en otros capítulos, y en particular en “El anexionismo anglo usense”. En ese sentido, Agustín Aragón, en 1898, señalaba que en el Weekly Picayune de 28 de Julio de 1894, hallamos lo siguiente entre otros párrafos de un artículo


Anexión de Cuba, pero no Independencia Completa para los Cubanos: Los sentimientos de humanidad exigen la anexión para salvar á la isla de los horrores de la anarquía que seguirían al conceder la independencia á un pueblo dividido entre sí y dividido por cuestiones de raza; incapaz de gobernarse á sí mismo en la vida privada, é incapaz por consiguiente, de conducirse bien en la vida pública. (Aragón 1898: 11)


De ese párrafo pueden sacarse algunas conclusiones: la primera, la voluntad de anexionarse la isla… y la siguiente, el racismo que siempre ha caracterizado a los wasp1, tanto usenses como de otras latitudes; un racismo que se ha cobrado tantos millones de vidas que nos hacen ver en los mismos a los mayores genocidas de la historia, con diferencia abismal sobre los segundos.

Unos genocidas que, derrotada España a principios del siglo XIX, ya no encontraron cortapisas a sus fechorías, que alcanzaron los cinco continentes. Exterminaron el 100% de los habitantes de Tasmania; redujeron a zoológicos los pocos nativos norteamericanos que dejaron vivos; redujeron al borde de la extinción a los pobladores de Australia y Nueva Zelanda; crearon unas hambrunas en la India que se cobraron, según la BBC, la vida de nueve millones de indios; realizaron persecuciones infames contra diversos tribus en la América española, donde también terminaron con los selknam en Patagonia… en los Estados Unidos implantaron la ley de Linch, que les sirvió además de ingentes ingresos económicos merced a las postales y la realización de actividades “turísticas” en torno a la misma… Y en Inglaterra, en la misma Inglaterra, llevaron a cabo unas terribles purgas por las cuales fueron condenados “a colonias” miles de infelices.

Gran cantidad de esos infelices fueron transportados, en condiciones mucho peores que las del ganado, a Australia y a Nueva Zelanda, y los que tuvieron la suerte de sobrevivir a la travesía, se encontraron en un régimen de feroz esclavitud, si bien, la BBC de hoy les da el título de colonos… y estando presos, como estaban, la misma BBC les acusa de haber protagonizado el exterminio de las poblaciones indígenas, cuando ese “trabajo” fue obra del mismo ejército.

Sirva esta explicación como preámbulo, para apuntar alguna liviana circunstancia de quienes “liberaron” Cuba, Puerto Rico, Filipinas y el resto de la España ultramarina.

Y debe servir, porque justamente esos “libertadores” fueron los creadores de la leyenda negra contra España; los mismos que en esa época justificaban su actuación vomitando epítetos contra España.


Desde que se reanudó en 1895 la insurrección de Cuba, los políticos gringos, así yankees como ingleses, y la prensa amarilla de todo el orbe no han cesado de insultar á España y al criterio en todos los tonos y con los epítetos más injuriosos, presentando como razón la conducía del pueblo ibero en sus diferentes colonias. (Aragón 1898: 14)


Si, a estas alturas, España no era sombra de lo que había sido, ni cultural, ni económica ni militarmente hablando. La monarquía y los políticos surgidos de la guerra franco británica para dominación de España (vulgo Guerra de la Independencia), y de ahí en adelante, fueron los encargados de conseguir, tan exitosamente, esos objetivos. España ya no era ese pueblo emprendedor, generoso, brillante, que había mantenido el orden en el mundo. Sólo le quedaba, eso si, la valentía de sus hombres, que se perdía en la nada al carecer de dirigentes de su altura.

Por otra parte estaba el mundo anglosajón, los wasp; en la escena, Estados Unidos.


Los E. E. U. U. de Norte América son un pueblo grande, pero no un gran pueblo, son un coloso, pero no una gran nación, y si es verdad que han demostrado tener un vigor asombroso y que han dado pruebas de virilidad sin igual, lo es también que esto lo han logrado á expensas de la moralidad. ¡Ay del que entre los anglo-americanos no adquiere el todo-poderoso oro! La posesión de este metal es entre ellos el único fin de la vida y para lograrla, todos los medios se justifican. De aquí resulta que en ninguna parte del globo florece tanto el crimen como entre los yankees. (Aragón 1898: 40)


Pero no era sólo la falta de moralidad usense; no podía, a estas alturas acusar de inmoralidad a quién siempre fue inmoral. La inmoralidad británica fue combatida durante siglos por los galeones españoles; los piratas ingleses, a los que tanto se ha jaleado, no eran sino unos desarrapados que sí, consiguieron sonados botines, pero en más ocasiones se vieron forzados a huir con el rabo entre las piernas, o imposibilitados de huir al verse colgando de una soga. A esa degeneración se unieron otras degeneraciones.


Las causas morales de la guerra han sido: nuestra degeneración, la degeneración de los Estados Unidos y la de Europa; tres degeneraciones que tienen un mismo origen. (Patriota 1899:32)


Esa falta de moralidad había puesto Cuba en el ojo del huracán, como antes lo había puesto en Luisiana o en Florida, por ejemplo, territorios que, contra derecho, le fueron vendidos por los vendidos políticos que en el momento administraban la ya incipiente colonia: España, que se había convertido en suministrador necesario de su propio territorio.

En ese sentido, Julio Pérez señala que España carecía de intereses geopolíticos y de estrategia


La guerra hispano−norteamericana responde en todo momento a la iniciativa, los intereses geopolíticos y la planificación estratégica de los Estados Unidos. España, por el contrario, no desea la guerra, no hace un uso estratégico de sus posesiones ultramarinas y carece de un proyecto viable para los territorios en disputa. Se trata, por tanto, con toda claridad de una guerra de agresión. (Pérez 1998: 2)


Pero es que esos intereses y esa estrategia habían sido puestos al servicio de los enemigos de España, y los gestores del gobierno hacían oídos sordos al clamor. Ya habían cometido la felonía de abandonar Santo Domingo. Ahora tocaba el turno al resto de las Antillas, y como colofón, al Pacífico.


Cuba y Puerto Rico pertenecen a España, que se interpone, como las Islas, en los proyectos norteamericanos. El caso de una guerra contra España se convierte en un punto capital de la estrategia nacional de Estados Unidos manifestado públicamente, por acercarnos a esta fecha, por el presidente Cleveland que, en su mensaje anual a la nación en el mes de diciembre de 1896, admite que: La hostilidad abierta contra España no es inconcebible. (Giner 1999: 73)


Una estrategia que una nación ultramarina como era España, debía estar a la orden del día… por pura supervivencia; una estrategia que quedó en evidencia en 1885 con el conflicto de las Carolinas, cuando el gobierno cayó en la cuenta que no existían en todos los mares puntos donde los barcos pudiesen suministrarse del carbón necesario para su funcionamiento.

¿Solucionó el gobierno esta cuestión? ¿Por qué no lo hizo?... Tal vez, sólo tal vez, por el mismo motivo que saboteó el proyecto de submarino Peral, o por el mismo motivo que los secretos del destructor de Villaamil fueron rebelados a Inglaterra…

Y en cuanto al telégrafo… ¿Es posible que, teniendo en cuenta la configuración de España (Europa, América, Pacífico, Filipinas), no se hubiese buscado una alternativa a la dependencia de Inglaterra?

Al estallar la guerra en 1898 los enlaces telegráficos entre las Capitanías Generales de Cuba, Puerto Rico y Filipinas con Madrid pasaban forzosamente por tendidos de cable submarino propiedad de empresas de Estados Unidos y de Inglaterra.

Esas carencias, vitales, son producto inequívoco de otras carencias que, como venimos señalando, no pueden ser otras que las carencias de gobierno… y de proyecto nacional, porque cuando, como es el caso, el anuncio de la guerra fue muy anterior a 1898, no es sólo la maquinaria bélica la que debe estar en perfecto estado de uso (que no lo estaba, precisamente), sino los esfuerzos morales, materiales y tecnológicos, que fueron sistemáticamente saboteados por el propio gobierno.

Y para mayor gozo del enemigo, esas carencias eran de conocimiento público.

 Así, en 1898, el Agregado militar británico en La Habana, Mayor G. F. Leverson señalaba en una exhaustiva y detalladísima exposición de las fuerzas españolas en Cuba, la capacidad de habituallamiento y disposición de las mismas: 


ausencia de una organización adecuada para oponerse a un enemigo exterior y por la insuficiencia de modernos cañones para la defensa costera.

La gran dificultad creada al defensor que no tiene buenas comunicaciones en su territorio. Esto dejó prácticamente aisladas a muchas de las tropas españolas.

La declaración de guerra tomó a las fuerzas españolas en Cuba desprevenidas para enfrentarse a un enemigo exterior y a los insurgentes al mismo tiempo, y en la reorganización de las principales unidades con la distribución y adecuación de las tropas existentes. Por consiguiente, no existía uniformidad en la composición de los cuerpos de ejército, división y brigadas. (Sánchez: 60)


A juzgar por la presencia de tropas en el interior, una amplia disposición de efectivos de infantería habría sido incapaz de cubrir largas distancias sin grandes pérdidas, estando algunos de ellos más en el hospital que en filas, debido a la malaria y a la escasa y mala alimentación. Además, sus vestidos se hallaban en muy mal estado y algunos estaban casi sin zapatos y botas. 

Los caballos de la caballería se hallaban en malas condiciones durante el bloqueo, pues sólo se tenía alimentos para los caballos hierba de guinea (guinea grass) para dos meses. (Sánchez: 71)


En la declaración de guerra entre España y los Estados Unidos de América, en el 28 de abril de este año, fue inmediatamente acordado por las Autoridades de la isla en poner la capital de la isla de Cuba en condiciones de ofrecer una seria resistencia a un ataque por parte del enemigo.

Las baterías costeras estaban en ese momento sin finalizar y los trabajos de armarlas no habían concluido, el mando de ingenieros de la fortaleza se pone a completarlos. (Sánchez: 96)


A este relator le resulta francamente difícil comentar estos extremos, que por supuesto juzga como ciertos. 

Pero no era de la misma opinión el ministro de la Guerra del momento, Miguel Correa y García, que declaraba poco antes de comenzar el conflicto: 


No soy de los que alardean de seguridades en el éxito, acaso de romperse las hostilidades; pero soy de los que creen que, de dos males, éste es el mejor. El peor sería el conflicto que surgiría en España si nuestro honor y nuestros derechos fuesen atropellados.


Y Álvaro de Figueroa y Torres, el conde de Romanotes, decía:


que para salvar la paz interior y para satisfacer las exigencias del elemento militar había que rendirse a la inexorable fuerza de los acontecimientos y acudir a la guerra como único medio honroso de que España pudiera perder lo que aún le restaba de su inmenso imperio colonial


Pero la realidad era la siguiente a la hora de iniciarse la guerra:


Por incuria en unos, abandono en otros, torpeza en éstos, equivocación en aquéllos, imprevisión quizás en cuantos de una ú otra manera intervinieron desde ya no cercana fecha en la dirección de los negocios públicos, nos encontró la guerra con los Estados Unidos del Norte de América enteramente desapercibidos. Nada había dispuesto; los numerosos contingentes enviados á Cuba no estaban organizados de modo acertado y prudente para la lucha con un ejército regular, aunque éste no fuese de superior importancia; los puertos, desartillados en casi su totalidad ó fortificados deficientemente , muchos á usanza del pasado siglo, y sin medios para recoger y abastecer una flota, por pequeña que fuere; el ejército de operaciones con pocas y anticuadas piezas de campaña; los servicios militares mal constituidos; las factorías dotadas escasamente; el comercio de la isla con pobreza de subsistencias; la costa entera á merced del enemigo; una organización viciosísima y arcaica, que de todo en todo pugnaba con la buena dirección de los institutos armados; sin comunicación interior entre el Oriente y el Occidente de Cuba, que una administración inhábil y descuidada no acertara en varias centurias á realizar; sin apoyo valioso en el país, que nos era en gran parte hostil, y en otra no despreciable indiferente; cualquier espíritu observador podía claramente advertir que serían fatales para España las consecuencias de la guerra comenzada en fines de Abril de 1898. Y, como la mala fortuna suele ir aparejada con la inhabilidad y la impericia, luchamos contra el adversario y contra los azares de la suerte, que en todas partes nos negó cruelmente sus favores. Y así vino el bloqueo de Cuba; el desdichado arribo á Santiago de la escuadra que dirigía el Almirante Cervera; la escasez de recursos en unas partes y la carencia absoluta en otras; la falta de víveres en las provincias orientales y el aislamiento de unas y otras fuerzas del ejército. (Suárez 1899: 93-94)


No era esa la situación en los Estados Unidos, donde  el 24 de diciembre de 1897, más de mes y medio antes de ser volado el Maine, era enviado un escrito al Teniente General N.A. Miles. La misiva, llena de desprecio, comenzaba diciendo:

 

Esta Secretaría, de acuerdo con la de Negocios Extranjeros y de la Marina, se cree obligada a completar las instrucciones que sobre la parte de la organización militar de la próxima campaña en las Antillas le tiene dadas, con algunas observaciones relativas a la misión política que, como General en Jefe de nuestras fuerzas, recaerá en ustedes. (Brenckenridge 1897) (ver anexo)


Y seguía diciendo:


Puerto Rico constituye una isla feracísima, estrátegicamente situada en la extremidad oriental de las Antillas, y a mano para la nación poseedora que sea dueña de la vía de comunicación más importante del Golfo de México, el día (que no tardará en lucir, gracias a nosotros) en que sea un hecho la apertura del Istmo de Darién. Esta adquisición, que debemos hacer y conservar, nos será fácil, porque al cambiar de soberanía, considera, tiene más de ganar que de perder, por ser los intereses existentes allí más cosmopolitas que peninsulares. (Brenckenridge 1897)


Y más…


nuestra política se concreta a apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas. (Brenckenridge 1897)


Y esa política se concretaba en esos momentos en que de los Estados Unidos, y particularmente de Nueva-York, salieron sesenta y tres expediciones filibusteras para fomentar y sostener las insurrecciones, tan ruinosas y mortíferas para la isla, como para España. 

Sirva lo relatado a modo de introducción, y pasemos a relatar los hechos, crudos y dolorosos, de una manera estrictamente secuencial.

El 1 de enero de 1898, concedida por el Gobierno de Sagasta, se instaura la autonomía en Cuba. Su gobierno, compuesto por los Sres. Galves, Zayas, Rodríguez, Saenz, Ibañez y Govin, inició negociaciones con EE.UU. para llevar a cabo un tratado de comercio.

La misma carta era aplicada en Puerto Rico.

El resultado de este decreto, fue negativo. Los revolucionarios rehusaron deponer su actitud y aceptar el armisticio, y el consejo de gobierno cubano consideró una falta de consideración que sin su conocimiento, se publicara tal bando.

En estos momentos, Rafael María de Labra, Barbosa, del Valle, Fernández Juncos, Salvador Amell y otros, formaron el Partido Autonomista Puro, o Partido Ortodoxo.

En estos primeros días de enero la agitación llegó a tal grado, que Lee, el cónsul americano en La Habana, pidió barcos a su país para proteger las vidas y haciendas de sus compatriotas, en vista de los motines que se sucedían en la capital de Cuba.

Pero esa agitación había sido provocada por el mismo embajador usense a través del periódico separatista “El Reconcentrado”. El mismo Lee cursó un telegrama en el que informaba:


Turbas capitaneadas por oficiales del Ejército español (¡infame! ni uno solo asistió á la algarada) atacaron hoy las redacciones de cuatro periódicos que abogan por la Autonomía. A esta hora, una tarde, continúa el motín. Mucha excitación que puede conducir a serios disturbios. La dificultad empezó entre los que se oponen »á la Autonomía, y hasta ahora todo lo que se hace es contra los que abogan por ella. En este momento el motín está aplacado, pero circulan muchos rumores de que se renovará... El Consulado está bajo la protección de hombres armados…/… Supe ayer que unos cuantos  amotinados declararon á gritos su propósito de marchar á  nuestro Consulado. Puede necesitarse la presencia de buques de guerra. Se me dice que las tropas de que se ha llenado el Palacio para proteger al General Blanco, gritaron también ¡muera la autonomía! ¡muera Blanco! Si se demostrara que las autoridades no pueden mantener el orden, salvar vidas... y que los americanos y sus intereses corren peligro deberán mandarse á este puerto buques de guerra, á cuyo fin bueno será estén preparados para ponerse en camino enseguida. (González 1903: 85)


José María González Bernad no duda en llamar mentiroso al embajador usense:


No podemos continuar sin formular la más solemne y enérgica protesta, el más violento mentís á la atroz impostura que se advierte en esos despachos de Mr. Lee, especialmente en lo que se refiere á la sedición del Ejército al grito de ¡muera Blanco! su ilustre General en Jefe entonces. (González 1903: 86)


Los EE.UU. desplegaban su marina en torno a Cuba y el día 25 entraba el Maine en La Habana, al respecto de cuya visita escribía Juan Valera el 7 de febrero de 1898:


A despecho de las autoridades de Cuba, á pesar de toda la prudencia y paciencia del pueblo y de los voluntarios armados, la gente de la tripulación del Maine, saltando en tierra y paseando en la Habana por calles y plazas, pudiera ser mal mirada y tal vez ofendida. Esperemos que no suceda esto; pero si no sucede, se deberá á la circunspección y al juicio de nuestros compatriotas, que harán estéril la intención aviesa que algunos atribuyen al envío del Maine á Cuba. (El mundo naval ilustrado: 78)


Evidentemente se trataba de una provocación… y de algo más. A principios de febrero de 1898, los usenses tenían merodeando Cuba los acorazados Maine, Masachussest, Indiana, Iowa y Texas; los cruceros Montgomery, Detroit, Nashvill, Brooklin, New-York y Marblehead, y los torpederos Vesuvius, Forter, Dupont, Ericson y Terror. Total, 16 barcos de guerra. (Soldevilla 1898: 34)

En la noche del 15 de febrero de 1898 se producía el primer acto importante de la parodia: el acorazado "Maine" sufría una serie de explosiones que lo llevaron a pique, mientras la armada española prestaba las ayudas oportunas a la tripulación. Corrió gravísimo peligro el crucero Alfonso XIII debido a lo muy cerca que estaba el Maine, sin embargo maniobró con tanta habilidad, que anclado junto al Maine soltó sus botes, y tomó activo participio en el empeño de rescatar á los tripulantes ayudado por los botes de los demás vapores españoles.


A mayor abundamiento, un notable marino norte-americano el vice-almirante Erben, declara, según se lee en un telegrama fechado ese día en Nueva York, que el Maine voló por explosión originada en sus propios almacenes y que esas cosas ya han sucedido antes.» (Mendoza 1902: 68)


Opiniones que eran apoyadas por el mismo embajador usense, Lee, quién declaró que su opinión respecto á la explosión era que se había producido por descuido en la limpieza de los torpedos. (Soldevilla 1899: 55)

No obstante, y ante las noticias procedentes de Estados Unidos, como si las circunstancias vividas hasta el momento no fuesen suficiente para atender estas cuestiones, en oficio de 23 de febrero se señalaba que:


no había en La Habana, ni en los arsenales de la Península, elementos para remediar siquiera las averías de los buques en los combates, y así la primera consecuencia del primer choque naval había de ser necesariamente dejar inactiva á la mayor parte de la escuadra, para todo el resto de la campaña, aunque se triunfara del enemigo. (Isern 1899:344)


Pero inmediatamente, la prensa usense presentó el hecho como un acto de guerra provocado por España, mientras el 25 de febrero se cursaba el siguiente telegrama desde Washington 


Informes alarmantes de Cuba, recibidos ayer, tarde, indicando que la catástrofe del Maine se debió a una mina submarina, han producido la mayor agitación, hasta el punto de que aún los hombres más importantes y conservadores han perdido sus cabezas. Se aguarda con ansiedad el informe oficial americano. Si éste declara que la catástrofe se debió a un accidente, creo que puedo asegurar a Su Excelencia que el peligro actual terminará; pero, si por el contrario, el informe alega que el accidente se debió a una mano criminal, tendremos que afrontar la más grave situación. (Soto 1922: 105)

*


Como marcaba el guión, EE.UU. acusó a España de haber colocado una mina submarina bajo el acorazado, argumento utilizado para declarar la guerra a España. Sin embargo, resulta bastante plausible que el hecho hubiese sido provocado, de manera premeditada, por los EE.UU, máxime cuando el 25 de febrero el Comodoro Dewey concentraba sus fuerzas en Hong Kong, dispuesto a atacar Manila.

Tal vez con objeto de dar dramatismo al asunto, el 21 de febrero, el Gobierno usense nombró una comisión de cuatro miembros,  presidida por el capitán William T. Sampson para investigar el caso, y el general Blanco hizo lo propio. Los peritos usenses declararon que el Maine fue destruido por la explosión de una mina submarina, mientras los peritos españoles señalaron que la explosión fue interior, y producida ya por la caldereta de la dínamo, ya por combustión espontánea del algodón pólvora con que se cargan los torpedos.

Todo hacía indicar que el dictamen de los peritos españoles era el correcto; algo por otra parte, nada extraño si tenemos en cuenta que anteriormente, y como el Mayne, habían sufrido accidentes de combustión espontánea del carbón el ‘Olympia’, el ‘Wilmington’, el ‘Broolkyn’ y el ‘Oregon’.

El día 2 de marzo se concentró en Hong Kong una armada usense y el día 8 una tercera escuadra usense cercaba Cuba. España sólo tenía en Cuba el Vizcaya y el Oquendo.

El 10 de marzo, el nuevo Ministro Plenipotenciario de España en Washington, Polo de Bernabé, tomó posesión de su cargo, y el 16 era informado que el acopio de armamento que estaba llevando a cabo EE UU no estaban motivados porque quisiesen invadir Cuba, sino porque España se estaba rearmando. 

Mientras tanto, El almirante Cervera señalaba en carta al ministro de Marina fechada el 16 de marzo de 1898:


en el departamento de Cartagena, donde se organizaba la escuadra, no había el 16 de Marzo municiones, pertrechos, carbón, ni víveres, ni nada, y poco más ó menos sucedía lo mismo en los otros departamentos. (Isern 1899:344)


Pero el ministro de Marina hacía referencia al valor de las tropas españolas. El almirante Cervera rebatió uno a uno todos los argumentos del ministro, señalándole que la actuación ordenada conducía inexorablemente al desastre, llegando a remitir un telegrama en el que decía:


Suplico, a V.E. que me permita insistir en lo desastroso que conceptúo las consecuencias de nuestro viaje a América para el porvenir de la Patria; así opinan todos estos hombres de honor; suplico a V.E. que lea este telegrama, así como toda mi correspondencia oficial y confidencial, al Presidente del Consejo para tranquilidad de mi conciencia.


De nada servían las súplicas y los consejos del almirante, como de nada servían los informes de otros mandos señalando esa misma realidad. En ese sentido, el general Panda afirmaba 

que el número de soldados en disposición de pelear, en la fecha y en la isla citada, no pasaba de 50.000, si bien añade que no había por entonces más hombres en armas por falta de recursos. (Isern 1899: 460)


En medio de estas consideraciones, el 19 de marzo, comunicaba al Ministro de Estado, que los barcos de guerra Massachussett y Texas se habían unido al escuadrón que se hallaba en Hampton Roads; que nuevos distritos militares se habían formado en el Sur, y que un bilí se había presentado en la Cámara, añadiendo ciento tres mil hombres más al contingente de la armada. (Soto 1922: 106)

El día 22 de marzo los usenses solicitaron autorización para volar los restos del Mayne, autorización que fue denegada, rara actuación del gobierno español, que podía haber posibilitado el estudio minucioso del caso.

Y el 26 de marzo, la propaganda usense hacía público el siguiente comunicado:


El Ministro de Guerra tiene en su poder comunicaciones de los Gobernadores de los Estados y comandantes de las guardias nacionales, asegurando que con cuarenta y ocho horas de aviso pueden poner á disposición del Gobierno diez millones cien mil hombres armados y equipados para el caso de un conflicto. Los sucesos posteriores han demostrado plenamente la falsedad de este despacho, puesto que á pasar de los llamamientos de Mr. Mc Kinley, no en cuarenta y ocho horas, sino en varias semanas, apenas fue posible levantar un ejército de . . . 125,000 hombres y gastando mucho más de cien millones de pesos. (Mendoza 1902: 10)


El 28 de marzo se hace público el informe de la comisión investigadora, tras lo cual se envía un ultimátum a España que, al ser rechazado, posibilita que el 21 de abril se rompan las hostilidades. 


El 1 de abril, la subcomisión nombrada por la comisión de relaciones del Senado para que dictaminase sobre la explosión del Maine, en vista de los documentos de la junta de marinos propuso a la comisión en pleno:

1.º Que se reconociese la independencia de Cuba.

2.° Que España retirase de la isla sus fuerzas terrestres y marítimas.

3.º Que el Presidente diese inmediatamente órdenes para hacer cumplir la demanda, empleando para ello todo el ejército de mar y tierra de los Estados Unidos, si España se negase á la reclamación.


Como base de estas peticiones se asentaban los siguientes hechos:

1.º Que España era responsable de negligencia, cuando menos, al permitir que fuese volado el "Maine”.

2.° Que la explosión fue preparada por agentes oficiales de España.


Pero ni la situación de España, conseguida tras todo un siglo de sabotajes desde dentro, ni por supuesto la voluntad de los gobernantes, podían hacer presumir que las exigencias usenses fuesen a ser rechazadas, por lo que el gobierno español accedió a todas las exigencias, desde la sustitución de mandos y representantes hasta la suspensión unilateral de las hostilidades con los separatistas, pero la respuesta usense, de 17 de abril, fue que quería el reconocimiento inmediato del gobierno de Masó.

Como consecuencia, el General Ramón Blanco, obedeciendo instrucciones de la Reina Regente, publicó el bando siguiente:

E1 gobierno de Su Majestad, accediendo a los deseos expresados por el Santo Padre León XIII y encarecidos por los embajadores de las seis grandes potencias de Europa, ha resuelto, para preparar y facilitar la paz en toda la Isla, decretar la suspensión de hostilidades, ordenándome que así se haga público: Por lo tanto dispongo:

Art. 1.—Decláranse suspendidas las hostilidades en todo el territorio de la Isla desde el día siguiente al en que se reciba este bando en cada localidad.

Art. 2.—Los detalles de ejecución y el plazo de duración de la tregua se determinarán por instrucciones especiales comunicadas a los comandantes generales.''


Sin embargo, en documentos desclasificados en 1997, y en relación al asunto del Mayne, se reconocía:

Se ha previsto una serie de incidentes bien coordinados a tener lugar en y alrededor de Guantánamo para dar apariencia genuina de ser hecho por fuerzas cubanas hostiles…/…  (Un “Acuérdate del Maine” incidente podría estar dispuesta en varias formas “, apuntando, cuarto instancia primera:” Pudiéramos hacer volar un barco estadounidense en la Bahía de Guantánamo y culpar a Cuba).  (Daóiz 2016)

El día 9 de abril de 1898, los respectivos ministros del gobierno español cursaban un telegrama a sus subordinados:


Se han presentado esta mañana en el domicilio del señor Ministro de Estado los Embajadores de las seis grandes potencias europeas á manifestarle si, como corolario de las gestiones de sus respectivos Gobiernos en Washington, sería conveniente encarecer la aprobación de los buenos oficios ofrecidos por Su Santidad, y por tanto la suspensión de hostilidades en Cuba, reiteradamente pedida por el Padre Santo.

En su vista, el Consejo de Ministros ha acordado autorizar al general en Jefe de aquel ejército para que publique una suspensión de hostilidades por el tiempo que estime prudencial para preparar y facilitar la paz.

Entiende el Gobierno que debe dirigirse á V. S. haciéndole saber esta importante resolución del Gobierno que, pedida por Su Santidad y aconsejada por dichas grandes potencias, deje á salvo el honor militar y la dignidad de España, sin lastimar sus innegables derechos en la grande Antilla.»

En idéntico sentido se telegrafió al Gobernador general de Cuba, ordenándole que redactara un bando concediendo el armisticio. (Soldevilla 1899: 129)


Pero los acontecimientos eran otros. El día 16 de abril, el senado usense votó por la guerra, cuando dos días antes, el gobierno español abrió una suscripción popular para el fomento de la Marina… La convocatoria de una rifa para componer una Armada que llevaba olvidada un siglo, y que reiteradamente había sido saboteada. Inventos militares de primer orden, arrumbados y cedidos a Inglaterra (caso destructor y caso submarino); donativos millonarios que habían sido dilapidados en no se sabe exactamente qué, y cuando la situación era de muerte cerebral, el gobierno abre una suscripción… Tal vez alguien encuentre justificación…

Con fecha 18 de abril, los marinos españoles, en cumplimiento de su deber, elaboraron un informe oficial acerca de la catástrofe del “Maine”. Sus conclusiones eran las siguientes:


1.º En la noche del 15 de Febrero próximo pasado una explosión de primer orden en los pañoles de proa del acorazado americano Maine, produjo la destrucción de esa parte del buque y su inmersión total sobre el mismo sitio de esta bahía, en que se encontraba fondeado.

2.º Que por los planos del barco se tiene un conocimiento de que no existían en aquellos pañoles únicos que volaron, otras sustancias y efectos explosivos que pólvora y granadas de diversos calibres.

3.º Que por los propios planos se comprueba que dichos pañoles estaban rodeados á babor y estribor y parte de popa, por carboneras que contenían carbón betuminoso y se encontraban en compartimentos inmediatos á los referidos pañoles, y al parecer, simplemente de ellas separados por mamparas metálicas.

4.º Que repuesto en todos sus instantes, por testigos, el hecho apreciable de la explosión en sus manifestaciones externas, y acreditado con esos testigos y peritos la ausencia de todas las circunstancias que precisamente acompañan á la detonación de un torpedo, sólo cabe honradamente asegurar que á causas interiores debe la catástrofe.

5.º Que la naturaleza del tiempo emprendido y el respeto á la ley que contra el principio de la absoluta extraterritorialidad del buque de guerra extranjero han impedido poder precisar siquiera aventuradamente el indicado origen del siniestro, á lo que también ha contribuido la imposibilidad de establecer la necesaria comunicación, tanto con la dotación del buque náufrago como con los funcionarios de su Gobierno comisionados para investigar las causas del hecho referido,

6.º Que el reconocimiento interior y exterior de los fondos del Maine, cuando sea posible, de no alterarse con el motivo de los trabajos que se realizan para su extracción total ó parcial, esos mismos fondos y los del lugar de la bahía en que se encuentra sumergidos, justificarán la exactitud de cuanto va dicho en este informe, sin que por ello se entienda requiere esa comprobación la certeza de las presentes conclusiones.

Creyendo haber llenado todos los requisitos prevenidos en el art. 246, titulo 24, capítulo 1.° de la ley de Enjuiciamiento Militar de Marina, por lo cual, y de orden de V. E., se han seguido estas actuaciones, tengo el honor de pasarlas á sus superiores manos para que V. E. resuelva lo que sea de justicia.—Pedro del Peral.—(Rubricado.) Fechado el 22 de Marzo. (Soldevilla 1899: 154-155)


Mientras en Madrid cubrían el expediente con la convocatoria de una suscripción popular, el 18 de abril, el Congreso de los Estados Unidos aprobaba una resolución conjunta dando plenos poderes a McKinley. Desde este día se sabía que la guerra es inevitable.

El 22 de abril bloqueaban La Habana; el 23, Matanzas, Cárdenas, Mariel y Cabañas. El 27, Cienfuegos.

La situación marcaba claramente qué iba a ocurrir, y Cánovas preveía que tanto una guerra larga como una paz deshonrosa traería la revolución en la Península. La única solución era una rápida derrota, de la que pareciera que el ejército y la marina salían con honor.

No era el único que preveía qué iba a suceder. Carlos Ría Baja, soldado que resultó prisionero dejó escrito en su libro de memorias:


la cosa está en litigio y ojalá á los gobernantes actuales, alguien sobrenatural les ilumine y opten por no declarar la guerra á los Estados Unidos, porque, bien quisiera equivocarme, pero será nuestra perdición; España va al abismo, pero al abismo insondable; sufrirá una caída de la que no se levantará, quizás en muchos siglos. (Ría 1899: 59)


Pero Carlos Ría, que mostraba estar al corriente de la realidad, era una víctima más de las acciones que el enemigo llevaba a efecto desde el mismo gobierno de España. Hechos concretos y generalidades, debidamente relacionados con los acontecimientos son los que nos pueden dar una versión más acertada de la realidad. Así, hecho concreto y personal es el relatado por el citado, como hecho concreto y puntual es el que nos relata Antonio Crespo Massieu en relación con la actuación de un traidor, el capitán de navío Emilio Ruiz del Árbol


En abril, un poco antes de que comenzaran los combates, el entonces capitán de navío Emilio Ruiz del Árbol, que estaba destinado en Cuba como Jefe de la Estación de Matanzas, desertó de su puesto y se marchó a los EE. UU. La prensa americana informó que se había detenido a un pasajero del mercante Panamá con documentación falsa a nombre de Remigio Zapatero que portaba una “carta cifrada” pero que se le había identificado como un oficial de la marina española que había estado destinado, años atrás, en Washington.

El detenido estaba en Cayo Hueso, sede del Centro de Operaciones de la Inteligencia Naval. La prensa americana no volvió a informar sobre este asunto. La prensa española sí que informó de la presencia en Washington, en plena guerra, de Emilio Ruiz del Árbol, que se alojaba en el mismo hotel en el que lo hacían los congresistas forasteros y de su posterior viaje a Nueva York. Precisamente, en Washington habían ahorcado por esas fechas a un ciudadano inglés sospechoso de ser espía a favor de España. En 1899, tras firmarse el armisticio, regresó a España. Ni en EE.UU. ni en España le fue aplicado el código penal militar, tal y como suele hacerse con los presuntos delitos de deserción, espionaje o traición. (Crespo 2014: 37)… Habiendo sido recompensado con la Orden de Carlos III…


Y cuando resulta que esos hechos concretos y puntuales coinciden con la realización de unos acontecimientos de una envergadura muy superior, podemos llegar a sacar conclusiones. ¿Es posible que un soldado se de cuenta de una situación de tan evidente importancia para el ser de la Patria que muerde las carnes y el gobierno no se entere?, ¿es posible que un reconocido traidor sea condecorado por ese mismo gobierno?

Todos eran conscientes de la situación, por lo que desde el 20 de abril las Cortes se hallaban reunidas en sesión permanente para intentar hacer frente al conflicto bélico. La declaración oficial de guerra se produjo entre el 21 y el 22 de abril. En estos momentos, no sólo Cuba, sino cualquier lugar de España estaba absolutamente desprotegido, corriendo riesgos evidentes Filipinas, las Carolinas y todo el Pacífico, Canarias, Baleares…


Al iniciarse la guerra con Estados Unidos, serán los propios armadores (Inchausti, Cía Marítima de Manila y Compañía de Filipinas), quienes ante la práctica indefensión marítima del archipiélago, ofrezcan sus buques para reforzar la débil escuadra de Montojo, esparcida entre Subic, Cavite y con unidades menores hasta en Las Carolinas. (Llorca 2016: 112)


Y además se debían once meses de sueldo a los oficiales y a la  marinería de la Escuadra.

El almirante Cervera señalaba en carta al ministro de Marina fechada el 16 de marzo de 1898:


en el departamento de Cartagena, donde se organizaba la escuadra, no había el 16 de Marzo municiones, pertrechos, carbón, ni víveres, ni nada, y poco más ó menos sucedía lo mismo en los otros departamentos. (Isern 1899:344)


Y como ya queda señalado más arriba, en oficio de 23 de febrero había señalado que no existía en toda España material para atender las averías de los buques.

El ministro de Marina, Segismundo Bermejo, respondía así a las demandas del almirante Cervera:


No es tan considerable la diferencia de tonelaje entre nuestra escuadra y la de los Estados Unidos, contando en ella algunos de nuestros buques de La Habana, disponibles para combatir. (Isern 1899: 347)


En base a esta argumentación, de nada sirvieron las advertencias del almirante Pascual Cervera en lo referente a la verdadera situación de la Armada, como tampoco sirvieron las advertencias de otros mandos militares.


En vano los generales de Marina Gómez·Imaz y Lazaga, apoyados de algún modo por los generales Butler y Mozo, sostuvieron que la escuadra de Cervera no debía salir para América sin reforzarla antes con el Pelayo, Carlos V, el Alfonso XIII y el Lepanto. (Isern 1899: 349-350)


El 8 de abril, por orden taxativa del gobierno, partió de Cádiz el Contralmirante Pascual Cervera hacia un destino incierto, sin bases de aprovisionamiento de carbón y con una Armada de desguace. El almirante Cervera recibió un telegrama del ministro en el que se indicaba: 


La premura de la salida impide por el momento darle conocer plan que solicita; pero lo tendrá, con todos sus detalles, a los pocos días de su llegada a Cabo Verde, pues seguirá sus aguas un vapor abarrotado de carbón. (Rivero 1922)


Ni qué decir tiene que el vapor abarrotado de carbón no existía; sin embargo, dispuesto a cumplir las órdenes, y conocedor del fracaso al que los conducía, el almirante Cervera escribía al ministro de Marina:


Es imposible pintar la sorpresa y el estupor que ha causado en todos la orden de marchar á las Antillas, y en verdad tienen razón, porque de esta expedici6n no se puede esperar más que la destrucción total de la escuadra o su vuelta atropellada ó desmoralizada, cuando en España podría ser la salvaguardia de la Patria. (Isern 1899: 350)


Con el crucero acorazado “Cristóbal Colón”, sin su armamento principal colocado; los cruceros protegidos “Infanta María Teresa”, “Vizcaya” y “Almirante Oquendo”, y los destructores contratorpederos “Plutón”, “Furor” y “Terror”, del capitán de navío Fernando Villamil, partía el almirante Cervera a la defensa de Cuba, mientras el ministro Bermejo cursaba un comunicado al almirante en el que entre otras cosa le decía:


tomarán la posición de cubrir las comunicaciones entre el Seno Mejicano y el Atlántico, procurando destruir Cayo Hueso, donde tiene hoy principalmente su depósito de víveres, municiones y carbón la Escuadra de los Estados Unidos. Si esto se consiguiese, y la estación fuese favorable podría el bloqueo extenderse sobre sus costas del Atlántico, para cortar sus comunicaciones y comercio con Europa; todo esto salvo las contingencias que puedan resultar de encontrar usted combates en que se decidirá quien puede quedar dueño del mar... (Oubiña)


El almirante Cervera, que debió quedar admirado de lo que le encargaba a tan menguada escuadra, escribió una carta confidencial al ministro en el que se mostraba dispuesto a morir por la Patria, sin dejar de señalar por ello la realidad de sus fuerzas.


El natural impulso de marchar decididamente al enemigo, entregando la vida en holocausto de la Patria, era la primera nota que se dibujaba en todos; pero al mismo tiempo, el espectro de la Patria abandonada, insultada y pisoteada por el enemigo, orgulloso con nuestra derrota, que no otra cosa puede obtenerse en definitiva, yendo a buscarlos a su propio terreno con fuerzas tan inferiores, les hacía ver que tal sacrificio no sólo sería inútil, sino contraproducente, puesto que entregaban la Patria a un enemigo procaz y orgulloso, y Dios sólo sabe las funestas consecuencias que esto podría traer. (Rivero 1922)


Pero el gobierno estaba totalmente decidido a acabar el asunto de una manera rápida, por lo que procedió a la organización de otra escuadra, al mando del general Cámara, cuyo destino nunca alcanzado sería Filipinas. 


Se componía del Pelayo y Carlos V, de los cruceros auxiliares Rápido y Patriota, de dos trasatlánticos armados en guerra, Buenos Aires y Piélago, del aviso Giralda y de los cazatorpederos Osado, Audaz y Proserpina. El cónsul de los Estados Unidos en Port·Said apreció el valor de esta escuadra, al verla entrar en el Canal de Suez, diciendo a su gobierno que se componía de dos buques de guerra y de basura. (Isern 1899: 351)


En el curso del cumplimiento de las órdenes recibidas, el almirante Cervera no cejó en sus intentos por intentar cambiar lo que él interpretaba un inmenso error, y el 22 de abril escribía al ministro:


El Colón no tiene sus cañones gruesos, y yo pedí los malos, si no había otros; las municiones de 14 centímetros son malas, menos unos 300 tiros; no se han cambiado los cañones defectuosos del Vizcaya y del Oquendo; no hay medio de recargar los casquillos del Colón; no tenemos un torpedo Bustamante; no hay orden ni concierto que tanto he deseado y propuesto en vano; la consolidación del servomotor de estos buques solo ha sido hecha en el Teresa y el Vizcaya cuando han estado fuera de España; en fin, esto es un desastre ya, y es de temer que lo sea pavoroso dentro de poco... Y no le molesto más; considero ya el acto consumado, y veré, lo mejor que pueda salir de este callejón sin salida. (Rivero 1922)


Y lo reafirmaría en carta privada a dirigida a su hermano poco antes de partir de las islas de Cabo Verde hacia San Juan de Puerto Rico, por órdenes del ministro Bermejo. El almirante Cervera estaba convencido que un enfrentamiento directo con la flota usense sería un total desastre dada la manifiesta inferioridad y disminuida operatividad de la armada española.

Inútil, estéril, calificó al sacrificio a que eran condenados las tripulaciones y los buques de su escuadra: el crucero acorazado “Cristóbal Colón”, sin su armamento principal colocado; los cruceros protegidos “Infanta María Teresa”, “Vizcaya” y “Almirante Oquendo”, y los destructores contratorpederos “Plutón”, “Furor” y “Terror”, del capitán de navío Fernando Villaamil.2

Sin  embargo, el gobierno y la prensa alardeaban de poseer una armada superior a la de los Estados Unidos, y eso lo hacían, no precisamente por el desconocimiento de la realidad, pues durante años habían recibido la debida información, y eran conscientes que desde 1883 hasta 1896, las botaduras llevadas a cabo en los Estados Unidos más que quintuplicaban las botaduras de barcos llevadas a efecto por España, como también eran conocedores que en piezas de gran calibre, la proporción era de 7,7 a 1 a favor de los Estados Unidos. (Giner 1999: 77)


Desde que la guerra entre España y los Estados Unidos fue un hecho, difícil es decir cuánto se habló y se dijo de la Escuadra española, ó mejor, de las Escuadras; pues nadie ignora las mil noticias que sobre compra de buques dieron los periódicos, al extremo que, de haberles dado crédito, nuestra Marina de guerra hubiera sido muy superior á la americana en número y calidad. (Müller 1898: 53)


Y es que había mucho más, porque en 1894 ya fue expuesta nuevamente la cuestión en las Cortes por el diputado Díaz Moreu, quién afirmó que la Armada española sólo disponía de tres barcos en condiciones de combate, y éstos de escaso rendimiento.

Pero era otra voz que clamaba en el desierto.


El Sr. Sagasta no sólo no adquirió nuevos barcos para la guerra, sino que suspendió los trabajos de los arsenales, y así llegó el mes de Abril, y estaban los barcos en construcción y reparaciones, como en el mes de Octubre. (Isern 1899: 338)


El único intento del gobierno español consistía en mantener su imagen. Tal vez por eso, el 14 de abril, el Embajador Español en el Vaticano solicitaba al Papa que adoptase alguna medida para impedir la guerra con los Estados Unidos, al tiempo que se comunicaba a los embajadores españoles en París, Londres, Viena, Berlín, Roma, San Petersburgo y el Vaticano, la sensacional noticia recibida de Washington.

Pero todo señala que la actitud del gobierno español no era más que un acto de maquillaje para conseguir mantener su estatus durante, y sobre todo después, de la tragedia que estaba teniendo lugar.

Se trata de una afirmación muy fuerte. La traición del gobierno español es un extremo que casi nadie se atrevía a señalarla en el momento, pero es un hecho cierto que el sabotaje continuado a los proyectos de defensa nacional estaban procediendo de las más altas jerarquías del estado; cierto que durante todo el siglo, pero particularmente intensificadas desde los últimos diez años. Por si las muestras de esta traición han quedado poco señaladas a lo largo del presente trabajo, a estas alturas de 1898, la información de los pasos dados por España eran conocidos anticipadamente los por los Estados Unidos.


El abogado Long, desde su despacho, lo sabe todo. En 16 de abril había recibido una carta confidencial, de Madrid, en la cual se incluía una relación de toda la escuadra de guerra y auxiliares de la marina española anotadas, sin error alguno, todas sus ventajas y deficiencias, así como los movimientos efectuados por aquellos buques y muchos de los que pensaban realizar. Recibe también recortes de El Imparcial y de otros periódicos de Madrid, en que se da cuenta del número de torpedos -190- que se enviaron a Cuba, señalando los puntos en que dichos torpedos fondearon; toda esta información fue tomada por aquel periódico de labios del ex ministro Beranger. El cónsul americano en Cádiz remitió también valiosísimas informaciones. (Rivero 1922)


Beránger, el primer responsable del fracaso del submarino, era el informante. Quién estaba por encima de Beránger es la pregunta…

El 18 de abril de 1898, las cámaras de representantes usenses adoptaron una resolución conjunta que disponía:


1º.- Que el pueblo de la Isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente.

2º.- Que es el deber de los Estados Unidos demandar, y el Gobierno de los Estados Unidos por la presente demanda, que el Gobierno de España inmediatamente renuncie a su autoridad y gobierno en la Isla de Cuba, y retire de ésta sus fuerzas de tierra y mar.

3º.- Que al Presidente de los Estados Unidos se le ordene, y por la presente se le ordena y faculta, para usar todas las fuerzas de tierra y mar de los Estados Unidos, así como para llamar al servicio actual de los Estados Unidos la milicia de los varios Estados, en la medida que pueda ser necesaria, a los fines de dar efectividad a esta resolución.

4º.- Que los Estados Unidos por la presente niegan toda disposición o intención de ejercitar soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha Isla, excepto en cuanto sea necesario para la pacificación de la misma; y afirman los Estados Unidos su determinación de dejar el gobierno y dominio de la Isla a su pueblo, tan pronto como esa pacificación tenga efecto.


Esta resolución pasó en el Senado por 42 votos contra 35, y en la Cámara por 310 contra 6. El día 20 fue sancionada por McKinley. Acto seguido, el 20 de abril, el gobierno usense envió un ultimátum a España (ver anexo):


Se ha proporcionado a usted el texto de las Resoluciones aprobadas por el Congreso de los Estados Unidos el 19 del actual, relacionadas con la pacificación de la isla de Cuba.

Obedeciendo este acto, el Presidente ordenó que, inmediatamente, se comuniquen dichas resoluciones al Gobierno de Madrid, acompañando un aviso de este Gobierno al Gobierno de España, para que renuncie a su gobierno y autoridad en Cuba, y retire sus fuerzas militares y navales. Al dar este paso, el Gobierno de los Estados Unidos protesta que no tiene intenciones o disposiciones de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio en la isla, excepto para pacificarla y afirmar su propia determinación; que cuando logre su objeto, abandonará la isla, y ayudará a sus habitantes, para la clase de Gobierno libre e independiente que deseen establecer. Si al dar la hora del medio día del sábado próximo, el día 23 de abril, no se ha comunicado a este Gobierno una respuesta satisfactoria a esta demanda y resoluciones, por las cuales se obtenga la pacificación de Cuba, el Presidente procederá, en el acto y sin más aviso, haciendo uso de las facultades que le otorga el Congreso en dichas Resoluciones, a llevarlas a efecto.- SHERMAN. (Rivero 1922)


Todo esto sucedió breves días después de la información privilegiada sobre la situación de las fuerzas españolas y doce días después de la partida de Cervera.

 Las medidas adoptadas por Sagasta ante el ultimátum de los EE.UU., Sagasta respondió con gran energía… nombrando, no una, sino varias comisiones parlamentarias, al tiempo que hacía publicar en la prensa un estado del poder naval de ambas naciones, del cual resultaba para los profanos que España tenia tanta o más fuerza naval que los Estados Unidos.

Y el día 20 de abrían las cortes, y en ellas el ministro de Marina explicó dónde se podría suministrar carbón y víveres a la flota; una información que no debió recibir el almirante Cervera.


El 21 de abril quedaron rotas las relaciones diplomáticas con los EE.UU.


Desde el 22 de abril buques yanquis patrullaban las costas de Cuba, apresando los mercantes españoles con los que se topaban, iniciándose así el bloqueo de Cuba. Un bloqueo que, si la escuadra española no lograba levantar, supondría la rendición por falta de suministros de la guarnición y de toda la Isla. El 1 de mayo se produjo en Filipinas la batalla de naval de Cavile, mientras en Cuba el almirante yanki Sampson entraba en contacto con Máximo Gómez y sus buques bombardeaban Cárdenas y Cienfuegos, buscando un lugar para desembarcar tropas tras el fracaso de Pinar del Rio. (Togores 2010: 569)


La guerra fue declarada por los Estados Unidos a España el 25 de abril, pero con efectos retroactivos al 21, para dotar así de legalidad el bombardeo del puerto cubano de Matanzas y la captura de varios barcos que enarbolaban el pabellón español en aguas del Caribe antes de declarar la guerra. (Togores 2010: 575)


Y es que el 22 de abril, el cañonero Nashville había cañoneado y capturado al vapor español “Buenaventura” en la costa Norte de Cuba y cerca de La Habana al “Pedro”, conduciendo su presa a Cayo Hueso mientras de La Habana salían libremente los mercantes usenses “Orizaba” y “Saratoga”.

Este acto, de verdadera piratería, anterior a la declaración de guerra, fue causa de que el Congreso americano retrotrayese la fecha de la ruptura de hostilidades al 21 de abril.

Y el 25 de abril, se produjo la declaración formal de guerra, que fue comunicada por la siguiente nota:


Ministerio de Relaciones. Abril 25—El Congreso aprobó el día 20 de Abril (ver anexo) una resolución referente á la intervención para la pacificación é independencia de la Isla de Cuba. El Gobierno español con fecha 21 de Abril informó al Ministro americano en Madrid que consideraba esta resolución equivalente á una declaración de guerra, y que por lo tanto, retiraba á su Ministro en Washington, terminando así todas las relaciones diplomáticas.

Por esta razón el Congreso aprobó hoy una resolución declarando que un estado de guerra existe entre ambas naciones, incluso el día 21 de Abril. (Mendoza 1902: 97)


Y los separatistas cubanos no dudaron en convertirse de inmediato en colaboradores de la invasión. Ya el día 18, Calixto García se había ofrecido a los Estados Unidos de Norteamérica. Ahora tocaba hacerlo de forma oficial.


La Junta Cubana de New York enseguida declaró que el Gobierno Cubano y su ejército cooperarían efectivamente con los Estados Unidos. (Adán 1979)


La prensa informaba de la situación. La Vanguardia de 26 de abril de 1898 publicaba:


Telegrafían de Nueva York diciendo que el almirante Sampson ha dicho al Gobierno que sería temerario intentar ningún ataque á la plaza de La Habana, á menos de surgir disensiones interiores y no marchar de acuerdo con fuerzas de desembarco numerosas para realizar un ataque por tierra. Por ahora se limitarán los yankees á un bloqueo lento pero continuo, procurando utilizar las fuerzas navales que operan de acuerdo con los grandes buques de la escuadra para apresar en detall los barcos españoles mercantes…/…

Aunque se habla ya en todos los círculos de que las primeras operaciones tendrán lugar en Filipinas de acuerdo con aquellos rebeldes, hablase también de un importante ataque a Puerto Rico.

Reina confusión inmensa en los espíritus, y contribuye poderosamente á este estado de los ánimos la carencia absoluta de noticias sobre el movimiento y planes de nuestra Marina…/…

Comunican también de Nueva York que los torpederos norteamericanos que van con la escuadra que bloquea La Habana se encuentran en situación muy difícil. ¡ Al navegar les entra el agua por todas partes, imposibilitando casi las operaciones de á bordo.

Por este motivo, las tripulaciones de dichos barcos llevan 80 horas sin poder dormir…/… Dicen de Nueva York que en los círculos oficiales de Washington preocupa mucho la atención el fijar la fecha en que ha comenzado la guerra.

El presidente Mac-Kinley opina que España dio por declarada la guerra al dar los pasaportes á mister Woodford. Añade que al saber España que el Presidente había declarado que aprobaba la resolución del Congreso ipso facto debía dar por declarada la guerra. Los centros diplomáticos opinan lo  contrario, afirmando que el acto de España suponía sólo ruptura de relaciones…/… El Gobierno norteamericano se ha incautado del cable de Cayo Hueso, ejerciendo rigurosamente la censura.

Dicese que pronto será cortado el cable de Cuba á la Jamaica para dejar incomunicada la Gran Antilla…/… Sí, como dicen los telegramas de Hong Kong, la escuadra americana salió con dirección á Manila el dia 23, puede encontrarse frente á la capital del Archipiélago el día 27, ó sea pasado mañana miércoles.

EE.UU. tenía preparado el escenario. El comodoro Dewey estaba en Hong Kong esperando la orden para atacar Filipinas. La orden la recibió el veintisiete de abril, el día que bombardean Matanzas y Cárdenas y luego Cienfuegos y también San Juan de Puerto Rico, en todos los casos sin resultado alguno.

se presentaron delante de La Habana con gran aparato de buques y rompieron el fuego sobre ella; pero como los cañones de la capital (única ciudad de la Isla que está verdaderamente defendida) que son más de trescientos y algunos de gran calibre, Krupp y Ordóñez, no estuvieron ociosos, y como sus proyectiles echaban abajo chimeneas á gran distancia y la empresa no se presentaba tan fácil como creían, desistieron de ella, no sin que uno de sus buques de combate varase en los Colorados, de donde pudieron sacarlo porque, afortunadamente para ellos, no era época de Nortes, dedicándose á empresas más modestas y menos peligrosas. (Müller 1898: 22)


El 30 de abril es rechazado un intento de desembarco usense en Pinar del Río. Un nuevo intento sería también rechazado el día cuatro. Sólo pudieron desembarcar, con la indispensable colaboración de los separatistas, en Santiago. Y es que la campaña, en tierra, era menos incierta para España que el enfrentamiento en el mar.


Al inicio de la guerra con los Estados Unidos, España contaba en Cuba con algo mas de 152.000 hombres del ejercito regular, mas 30.000 guerrilleros, a los que había que sumar la guardia civil, infantes de marina y voluntarios, lo que hacia un total de unos 275.000 hombres. (Togores 2010: 569)


La guerra se desarrollaría principalmente en el mar, en el Caribe y en Filipinas, contraviniendo la opinión en contra de los jefes de la Armada española que pretendían concentrar la vieja flota de que disponían para defender las costas peninsulares y las islas Canarias y Baleares, y forzando a que las previsibles expediciones de desembarco usense en Cuba y Filipinas se viesen sometidas a una guerra de guerrillas y de ataques marítimos a sus líneas de aprovisionamiento. 

Pero la orden de Madrid, más acorde a los intereses anglosajones, fue dirigir los barcos hacia Cuba y Manila y presentar una imposible rotura  del bloqueo de la flota usense, en una operación manifiestamente imposible, que además dejó desguarnecida la península y el eje Baleares-Estrecho-Canarias, en el conocimiento de que existía, además un pacto ruso-alemán por el que se pretendía la ocupación de las Baleares.


Se empezaron a reforzar las defensas artilleras del estrecho de Gibraltar y ello provocó una crisis con Gran Bretaña, que también amenazó con enviar una flota para bombardear puertos españoles. Finalmente, lo que más asustaba era que una flota norteamericana pudiese ocupar las islas Canarias. El temor compartido de las grandes potencias europeas a que Estados Unidos se pudiera acercar al Mediterráneo, que los ataques a la metrópoli desencadenaran la caída de la monarquía y un desesperado último esfuerzo diplomático del Gobierno Sagasta evitaron estos escenarios. (Búster 1998: 12)


Esfuerzos diplomáticos que no tendían a conseguir un mejor posicionamiento de España, sino a garantizar su sumisión, manifiestamente verificada ya durante los últimos cien años, lo que dio suficientes garantías e impidió el cumplimiento de la manifiesta amenaza, mientras al propio tiempo, Inglaterra, lo mismo en Jamaica que en Hong-Kong, y a despecho de la neutralidad, favorecía los movimientos de los barcos usenses.

El 1 de mayo, el teniente Andrés S. Rowan, del ejército usense, coordinaba en Báyamo las acciones del ejército invasor con los separatistas cubanos. Esa entrevista sería la primera de una serie que no acabaría hasta la derrota final.

El doce de mayo, la escuadra usense del almirante Sampson bombardeó San Juan de Puerto Rico. Desde el treinta de abril de 1797, la plaza no había disparado un solo tiro de guerra: ciento y un años de paz.

El 18 de mayo se inició el bloqueo de La Habana. Ese mismo día formaba gobierno Sagasta.


El día 18 de mayo se avistaron desde el Morro de Santiago de Cuba los primeros buques enemigos, y se oyeron los primeros cañonazos que desde entonces, y por espacio de dos meses, raro es el día que han dejado de atronar el espacio. (Müller 1898: 7)


El día 19, tras un lamentable periplo en el que contra las promesas del gobierno no encontró lugar donde cargar carbón, milagrosamente llegó el almirante Cervera a Santiago con la escuadra inoperativa por falta de combustible.


La llegada de estos seis buques inspiró verdadero entusiasmo entre el elemento peninsular sano de Santiago de Cuba: tanto mayor, cuanto que nadie quiso creer eran los únicos que España mandaba, en términos que se le llamó la primera división, y el que menos, esperaba dos divisiones más. Los que no se formaban ilusiones; los que sabían á qué atenerse; los que conocían la realidad de las cosas, eran los que venían en los buques. (Müller 1898: 55)


Pero si los buques no representaban mejoras sensibles en la defensa de Santiago, tampoco Santiago representaba garantía para el resguardo de la flota, ya que en la plaza


no había, al estallar la guerra actual, más que seis piezas modernas de retrocarga, á saber: dos obuses Mata, de 15 centímetros: dos cañones Krupp de á nueve centímetros y dos Plasencia de á ocho centímetros. Esta es toda la artillería que merece el nombre de tal, y, no obstante, inútil ó poco menos, contra acorazados y cruceros por su pequeño calibre. (Müller 1898: 45)


Todos los cañones de á ocho eran inútiles, según acta de la Junta Central de La Habana; por cuya razón, lejos de ser eficaces estas piezas, eran peligrosas. (Müller 1898: 48)


A este respecto, el almirante Cervera volvió a remarcar la triste realidad y manifestó que las tropas harían un mejor servicio en tierra, ya que la escuadra podía considerarse perdida desde que salió de Cabo Verde.

Veía evidente que sólo quedaba el arrojo de los militares españoles frente al enorme aparato militar usense y la traición del gobierno español. Con ese bagaje, el 25 de mayo, la cañonera “Ligera”, una pequeña embarcación de 20 m de eslora, puso fuera de combate al torpedero usense Cusshing de 142 toneladas. Fue el primer combate de la guerra.

El mismo día fue apresado por la flota usense el vapor inglés Restamel cargado con carbón destinado a la flota española. Al respecto, el comandante del St. Paul, C.D. Sigsbee señala en el informe:


Su capitán manifestó, francamente, que esperaba ser capturado; y tanto él como su tripulación mostraron buen talante por haber sido apresados y parecían satisfechos del resultado.


Entre piratas andaba el juego, pues cinco días antes, el 20 de mayo, barcos usenses izaron bandera española con objeto de tener acceso al cable telegráfico submarino, para cortarlo. Un acto de guerra, si, que no sería reprobable como tal si no hubiese sido llevado a cabo mediante actuaciones de claro matiz pirático.

El 25 de mayo, el almirante Pascual Cervera envió un telegrama al ministro de Marina en el que señalaba: “Estamos bloqueados. Califiqué de desastrosa la venida para los intereses de la Patria. Los hechos empiezan a darme la razón. Con la desproporción de fuerzas, es imposible ninguna acción eficaz. Tenemos víveres para un mes”.

El 1 de junio fue bombardeada La Habana. La entrada al puerto la hace idónea para ser defendida, pero del mismo modo, es imposible salir al no estar artilladas sus defensas naturales, y eso impidió la debida respuesta de la renqueante armada española. 

Pero las piezas de artillería no tenían el alcance debido, por lo que la armada usense se mantuvo alejada del fuego mientras disparaba a placer. Todo era consecuencia de la actuación llevada a cabo con anterioridad, y que posibilitaba la total indefensión.

 Se saboteaban los proyectos industriales novedosos que demostraban su efectividad, caso del submarino, de las minas y del destructor, y se dejaban obsoletas las defensas, no por desconocimiento de su necesidad, sino por motivos que nunca fueron aclarados. 


sobraban estudios y proyectos todos buenos, que las autoridades militares de Cuba jamás pudieron hacer ejecutar, por la sencilla razón de que el Gobierno jamás llegó á disponer se realizasen. (Müller 1898: 29)


Y en Santiago la situación era todavía peor, pues si La Habana estaba artillada con cañones anticuados, esa ventaja tenía sobre la segunda ciudad en importancia de Cuba.


No se pensó nunca en artillar este puerto, á pesar de la conducta de los Estados Unidos con España; así no había cañones en él, aunque sobraban estudios y proyectos, todos buenos, que las autoridades militares de Cuba jamás pudieron hacer ejecutar, por la sencilla. razón de que el Gobierno jamás llegó á disponer que se realizasen (Muller: 28-29)


Así, al igual que en la Habana, en Santiago, donde llegaron a concentrarse sesenta y tres buques, tuvo lugar un bombardeo el 1 de junio en el que la escuadra usense se colocó fuera del alcance de la débil artillería de costa, más peligrosa para los sirvientes que para los norteamericanos, que contaba con 79 artilleros, y que se veía batida por la batería pesada usense.


¿Cómo salir de aquella ratonera? Durante el día, los norteamericanos se mantenían a distancias de la boca que les permitía romper el fuego sobre el primer buque que apareciese en ella. Por la noche mantenían un acorazado iluminando la boca con sus proyectores sin que la artillería de la plaza tuviese alcance para obligarle a retirarse. Salir de día era enfrentarse con una fuerza notablemente superior en las peores condiciones, sin la más mínima posibilidad de maniobra de ningún tipo, dado que los buques podrían ser batidos uno a uno al ir saliendo y los tornos de la boca obligaban a salir forzosamente en estas condiciones. Salir de noche era aun peor porque para no evitar el ser vistos, la maniobra en los tornos, deslumbrados por los proyectores, forzosamente tenía que ser más lenta y mayor la separación entre buques, con lo que la destrucción de éstos uno a uno se hacía más fácil. (Oubiña)


Pero aún Santiago se encontraba en mejores condiciones de defensa que otras localidades.


En Cárdenas, por ejemplo, dice un testigo de mayor excepción, no había en tierra, cuando atacaron los barcos norteamericanos, ni una sola batería, nueva ni vieja, ni ningún cañón de calibre pequeño ó grande, ni siquiera piezas de artillería de montaña. Y añade: «El que esto escribe, fue comisionado al día siguiente del combate, para conducir á Cárdenas, y situar en las riberas de aquella bahía, dos morteros de bronce, cónicos, de 32 centímetros, dos cañones de bronce de 8 centímetros y cuatro cañones de bronce comprimido de 9 centímetros. (Isern 1898: 463)


A esta situación se unía la carestía de alimentos. Pero el gobierno seguía a su aire, y el ministro de la guerra, general Correa, enviaba un telegrama al Capitán General de Cuba, General Ramón Blanco, en estos términos:

La situación muy seria de Filipinas nos obliga a mandar allá buques y refuerzos de tropas tan pronto como sea posible. Con objeto de poder contender con la escuadra del enemigo en Manila, será indispensable mandar allí una escuadra que no sea inferior. Ahora hay allí sólo dos buques de guerra, y uno de ellos creo que no puede pasar el canal. La única cosa que podemos hacer es enviar todos los barcos de la escuadra de Cervera que puedan salir de Santiago; pero antes de adoptar una resolución en este sentido, el Gobierno desea conocer su opinión con respecto al efecto que podría producir en el pueblo de Cuba la retirada de la escuadra de Cervera. Este movimiento sería tan solo temporal, y, una vez conseguido el objeto de Filipinas, la escuadra volvería a Cuba sin pérdida de tiempo y fuertemente reforzada. (Oubiña)

Evidentemente, la farsa debía continuar…

Con los tristes medios que se contaban, el día 3, en Santiago, fue echado a pique el crucero auxiliar usense Merry-Mac, que  junto a otros 20 buques usenses bloqueaba la ciudad. La acción fue tomada como un triunfo, pero en esta ocasión todo hace indicar que la explicación de los usenses, relativa a que había sido intencionado para bloquear el puerto, es la correcta.


á los dos meses de declararnos la guerra los yankees, basándose para ello en que nosotros tardábamos en terminar la insurrección de Cuba, aún no ha puesto el pie en la misma uno solo de ellos, á pesar de dominar el mar en absoluto, por carecer de buques que oponer á los suyos (sólo hay en Cuba cuatro de combate) y á pesar de hallarse Cayo Hueso tan cerca de esta Antilla y de contar con el apoyo de los insurrectos. Recuérdese que la guerra fue declarada el 21 de abril, y el 21 de junio aún no se había llevado á cabo desembarco alguno, como más adelante se verá. (Müller 1898: 21)


Pero también es cierto que se produjo una avanzadilla el 7 de junio, cuando 600 soldados usenses apoyados por fuerzas separatistas desembarcaban en Guantánamo y tomaban el mando de éstas según  acuerdos con los EE.UU,3. Este ejército sería derrotado el día 12. 

Finalmentne, el 20 de junio desembarcaron en Daiquiri, según plan trazado por Calixto García, y con la colaboración de los separatistas, 17.000 usenses al mando del general Shafter, cuatro días más tarde serían rechazados por el ejército español. 

Con la cabeza de puente asentada en Daiquiri, a 30 millas al este de Santiago, dio comienzo la invasión usense de Cuba el 22 de junio.

El 1 de julio, 12000 hombres, según ellos mismos aseguran, fue dirigido por el General Wheeler, segundo Jefe del Ejército invasor contra el Caney, en Santiago, que estaba  defendido por el General Vara de Rey con 520 hombres y dos piezas de artillería. Diez horas duró el combate, que finalmente fue ganado por los usenses. De los 520 defensores del Caney sólo se retiraron unos 80, estropeados y contusos en su mayor parte. 

El ejército invasor perdió 436 hombres. En las lomas de San Juan se sucedía otro combate similar donde murieron 358 españoles y 1012 usenses. En el enfrentamiento, tres compañías de españoles sólo contaban con fusiles y machetes, mientras los usenses llevaban además 3.000 separatistas y un fuerte apoyo artillero.

Paralelamente se desarrollaba acción similar en San Juan.

Y el 2 de julio, Santiago fue escenario de un nuevo enfrentamiento:


2.000 españoles contra 23.000 americanos.— De oro, dijo Shafter que había sido el día para ambos ejércitos. ¡No! Para los soldados españoles habrá de escribirse con letras de brillantes en el libro de la historia. Los yankees quedaron al fin dueños del campo; pero ¡qué maravilla! su fuerza se componía de 17.000 soldados yankees á las órdenes de Shafter, y 5.000 rebeldes cubanos bajo el mando de Calixto García.

Nuestros soldados de Santiago combatieron en la terrible proporción de uno contra once. (Soldevilla 1899: 292)


La invasión estuvo a punto de abortarse, pues estas victorias pírricas hicieron que el general usense Shafter no se atreviese a saltar Santiago, y se plantease seriamente abandonar la campaña.

Tan era así que el tres de julio, el general Shafter emitió telegrama al secretario de la guerra usense indicando entre otras cosas:


Yo pienso seriamente en retirarme y tomar posición a cinco millas próximamente, sobre las alturas entre el río San Juan y Siboney. (Martínez 1950: 65)


Y una Junta de Generales convocada por Schafter redactaba un acta en la que se decía: 

Nosotros, los que abajo firmamos, somos de opinión unánime de que este Ejército debe ser sacado inmediatamente de la isla de Cuba y enviado a algún punto de la costa de los Estados Unidos... Sabemos que el Ejército no está en condiciones de ejecutar un movimiento hacia el interior". (Oubiña)

Pero en su auxilio salió en general Ramón Blanco, que el día 2 ordenaba a Cervera algo imposible: romper el bloqueo por mar y acudir a La Habana, ante su inminente caída. A esta orden  respondió el almirante:


Comprendo el motivo de esas indicaciones; se que se duda de mi valor; pero tengo tal certeza en el desastre, que no saldré del puerto sin una orden terminante y categórica. (Soldevilla 1899: 395)


La orden llegó, y el 3 de julio, la armada española en un combate desigual, sufrió una derrota sin precedentes. A los seis buques españoles, encabezados por el crucero “Infanta María Teresa”, en el que iba el almirante Cervera, se enfrentaron cuatro modernos acorazados, dos cruceros acorazados, un cañonero y tres cruceros auxiliares.

Y es que el libreto de la bufonada debía interpretarse en su totalidad. Quienes podían reclamarlo no dudaron en hacerlo; así, 


El 23 de junio, por ejemplo, el señor Romero Robledo se permitió interpelar en el Congreso al Ministro de Marina con esta frase: "¿Por qué no sale la escuadra? ¿Para qué se han hecho las escuadras, sino para perderse?" "Sólo S.S. (le respondió el Ministro) ha tenido el no envidiable privilegio de lanzar sus censuras contra el digno Almirante, a quien todos aplauden, y para el Gobierno que, reconociendo y utilizando sus especiales aptitudes, le ha autorizado para proceder con aquella libertad que le era indispensable para el mejor acierto... ¿Qué por qué no ha salido y por qué no sale la escuadra? ¡Ah, señor Romero Robledo, cuando esta pregunta se oiga en la escuadra, o en la enemiga, o en Santiago, qué contestaciones se ocurrirán para S.S.!" (Oubiña)


¿Estaba implicado el gobierno español en una venta fraudulenta de Cuba?... ¿Y la oposición?...  Nunca debió salir la armada a completar el periplo que completó, y por supuesto, ya en este punto, nunca debió salir a combatir, debiendo quedarse las dotaciones en tierra, máxime después de los enfrentamientos tenidos con los invasores usenses.

Sin embargo, el 3 de Julio, la columna de refuerzo española del coronel Escario llegó a Santiago… sin municiones ni comida, y el mismo día, obedeciendo órdenes, el almirante Cervera salía del puerto de Santiago con el “Teresa”, el “Vizcaya”, el “Oquendo” y dos destructores, dispuestos a enfrentarse a la escuadra usense compuesta por cuatro acorazados y un crucero acorazado, el "Indiana", el “Oregón", el "Iowa", el "Texas" y el "Brooklyn".

También el mismo 3 de Julio, dirigió Shafter el siguiente despacho al General Toral, defensor de Santiago:


 Cuartel general de las fuerzas de los Estados Unidos, próximo al río San Juan, el 3 Julio de 1898 á las 8,30 mañana.— Señor: Tengo el honor de informaros que si no os rendís, me veré obligado á bombardear á Santiago de Cuba. Sírvase notificar á los súbditos de países extranjeros y a todas las mujeres y niños, que deberán abandonar la ciudad antes de las diez de la mañana del día 4.—Muy respetuoso y atento servidor.— Williams R. Shafter, Mayor General de Voluntarios de los Estados Unidos. (Suárez 1899: 23)


Se cursó la notificación, y 


Suponía que abandonarían la ciudad sólo los enemigos nuestros, y cuando más los indiferentes; pero nunca que, al amparo del amplio permiso concedido, desertaran no sólo aquellos habitantes que alardeaban de mayor lealtad, sino también los voluntarios no movilizados y los bomberos en su inmensa mayoría, y aun las corporaciones y empleados de todos los ramos, salvo honrosísimas excepciones. La desbandada fue general, quedando Santiago de Cuba casi desierto. (Suárez 1899: 32)


Viejos, jóvenes, ricos y pobres, enfermos é inválidos salieron en tropel, sin ropa y con la poca comida que ellos podían llevar, huyendo de una muerte segura y perfectamente convencidos de que la ciudad sería bombardeada aquel mismo día y de que dos después podrían volver á lo que quedase de sus hogares. Lejos de suceder así, hace diez días que están aquí: muchos sin techo y el resto amontonados como cerdos, sin tener siquiera cama para acostarse, haciéndolo en el suelo, que es el único lecho que tienen; agotada su escasa provisión de víveres y sin poder adquirirlos á ningún precio. Los esfuerzos laudatorios del ejército (referíanse al americano) y de la Sociedad de la Cruz Roja, insuficientes para remediar la situación; ellos y sus hijos, muriéndose de hambre; los ancianos y enfermos, pereciendo por falta de cuidados y medicinas y á consecuencia de tanto sufrimiento de todo género; y, sin embargo, aún la ciudad no ha sido tomada ni bombardeada, exceptuando un bombardeo parcial el domingo y el lunes, del cual ningún resultado parece haberse obtenido, ni parece tampoco haya probabilidades de un pronto cambio en su horrible situación.» «Ahora invocan esa misma humanidad que ha sido motivo de esta guerra, para rogar que se haga algo á la brevedad posible para poner fin á este terrible, estado de cosas... (Suárez 1899: 33)


Como hemos visto, esa misma fecha, tres de julio, se cumplía la orden del gobierno, y la escuadra de Cervera salía a ser hundida.

CARACTERÍSTICAS DE LOS BUQUES ESPAÑOLES EN EL COMBATE DE SANTIAGO DE CUBA 


Año de

botadura

Desplazamiento

Velocidad

efectiva

Armamento

Dotación

Infanta

Maria Teresa

1890

7.000 tm

16 nudos

2 x 280 mm

10 x 140 mm

8 x 57 mm

8 x 37 mm

8 x 350 mm torpedos

556

Almirante

Oquendo

1891

7.000 tm

16 nudos

2 x 280 mm

10 x 140 mm

8 x 57 mm

8 x 37 mm

8 x 350 mm torpedos

487

Vizcaya

1891

7.000 tm

12 nudos

2 x 280 mm

10 x 140 mm

8 x 57 mm

8 x 37 mm

8 x 350 mm torpedos

491

Cristóbal

Colón

1896

7.000 tm

17 nudos

10 x 152 mm

6 x 120 mm

10 x 37 mm

5 x 350 mm torpedos

567

Plutón

1897

400 tm

26 nudos

2 x 75 mm

2 x 57 mm

2 x 37 mm

2 x 350 mm torpedos

80

Furor

1896

400 tm

26 nudos

2 x 75 mm

2 x 57 mm

2 x 37 mm

2 x 350 mm torpedos

80

CARACTERÍSTICAS DE LOS BUQUES AMERICANOS EN EL COMBATE DE SANTIAGO DE CUBA 


Año de

botadura

Desplazamiento

Velocidad

efectiva

Armamento

Dotación

New York

1891

8.400 tm

20 nudos

6 x 203 mm

12 x 102 mm

8 x 57 mm

4 x 37 mm

2 x 350 mm torpedos

652

Brooklyn

1895

9.375 tm

20 nudos

8 x 203 mm

12 x 127 mm

12 x 57 mm

6 x 37 mm

5 x 350 mm torpedos

552

Indiana

1893

10.230 tm

15 nudos

4 x 330 mm

8 x 203 mm

5 x 152 mm

20 x 57 mm

7 x 350 mm torpedos

571

Oregon

1893

10.230 tm

16 nudos

4 x 330 mm

8 x 203 mm

5 x 152 mm

20 x 57 mm

7 x 350 mm torpedos

554

Iowa

1896

11.552 tm

14 nudos

4 x 305 mm

8 x 203 mm

5 x 102 mm

6 x 350 mm torpedos

587

Texas

1892

6.400 tm

15 nudos

2 x 305 mm

4 x 152 mm

12 x 57 mm

6 x 350 mm torpedos

433

Gloucester ---

1888

800 tm

18 nudos

4 x 57 mm

4 x 42 mm

93


El “Infanta María Teresa”, el “Almirante Oquendo” y el “Furor”  sufrieron un bombardeo infernal en la misma bocana del puerto. Luego los usenses pusieron fuera de combate al “Vizcaya” y tomaron el “Cristóbal Colón.


Tan pronto como apareció el "Teresa" fue recibida por el fuego del "Iowa" é "Indiana", seguido por el del "Brooklyn" y "Texas". En pocos minutos fueron barridas sus baterías de 140 milímetros, que no tenían ninguna protección pero, siguiendo el plan trazado, el "Teresa" se lanzó a abordar al "Brooklyn" (insignia del Almirante Schley), quien, para evitarlo, cayó a estribor alejándose la acción y estando a punto de abordar al "Texas". El "Teresa" por su parte, para no ser víctima del espolón del "Texas", cayó a su vez a estribor, corriendo a lo largo de la costa, y al poco tiempo recibió dos impactos de 305 milímetros del "Iowa" que inutilizaron al buque porque le seccionaron la tubería principal de vapor provocando un formidable incendio, el barco se estaba quedando sin movimiento; tenía las cubiertas abarrotadas de muertos y heridos y fuera de servicio las baterías; el Comandante había sido retirado herido y el Almirante, que dirigía personalmente la maniobra, no encontró otra solución que vararlo para que no cayese en poder del enemigo. El "Oquendo", cogido bajo el fuego del "Oregón" y el "Indiana", corrió la misma suerte y fue a varar totalmente inutilizado cerca de donde lo había hecho el "Teresa". El "Vizcaya", aprovechándose de que el "Teresa" le cubrió en los primeros momentos, pudo alejarse un poco más pero fue destruido enseguida por el "Iowa", "Oregón" y "Brooklyn". Los dos destructores fueron aniquilados tan pronto aparecieron en la boca, muriendo el Jefe de la Flotilla, Fernando Villamil. El "Colón", mejor protegido aunque carente de sus cañones principales, pudo resistir más y se alejó bastante hacia el Oeste. Pero al acabarse el escaso carbón de buena calidad que llevaba a bordo empezó a ser cazado por los "Brooklyn", "Oregón", "Texas" y "New York", quedando bajo el fuego de éstos sin poder contestar con eficacia por carecer de su artillería gruesa. En estas condiciones, el Comandante decidió hundir el buque a unas 70 millas al oeste de Santiago abriendo sus válvulas de fondo. A las 13:15 horas el cómbate había terminado, aunque hasta la noche no cesaron los incendios y las voladuras por ellos producidas. La escuadra de Cervera quedó entonces convertida en unos cuantos montones de planchas retorcidas. (Oubiña)


El María Teresa en llamas encalló seis millas al oeste de la salida del canal, y el propio Cervera tuvo que nadar hacia la costa. Allí montó un hospital provisional hasta que más tarde se rindió al mando naval norteamericano. El Oquendo corrió la misma suerte, y después, el Vizcaya. El capitán del primero se suicidó después de dirigir la evacuación de su tripulación. Sólo el Colón logró huir, pero se le acabó el carbón y volvió a tierra tras una corta batalla. (Thomas 1971)


El total de bajas fue: de 2225 españoles, 323 muertos, 151 heridos y 1670 prisioneros; y en la flota norteamericana sólo un muerto y dos heridos. Entre los prisioneros, el almirante Cervera, que junto al resto de  prisioneros fue trasladado a los Estados Unidos


El Capitán de Navío Evans, Comandante del "Iowa", al recibir en su buque al Almirante Cervera le saludó con estas palabras: "Caballero, sois un héroe; habéis realizado la hazaña mas sublime de todas cuantas guarda la historia de la Marina". Este mismo Jefe norteamericano, al relatar meses más tarde la llegada de los prisioneros a su buque dice: 

"Con respecto al valor y energía, nada han registrado las páginas de la Historia que pueda asemejarse a lo realizado por el Almirante Cervera. El espectáculo que ofrecieron a mis ojos los dos torpederos, meras cáscaras de nuez, marchando a todo vapor, en pleno día, bajo la granizada de los proyectiles enemigos, sólo se puede definir de este modo: fue un acto español". (Oubiña)


El caza torpederos Terror, fue el único buque de la escuadra de Cervera que sobrevivió a la tragedia.


El despacho de Sampson  de 4 de julio de 1898 dando cuenta del combate decía:


Mi escuadra ofrece á la nación como regalo, con ocasión de la fiesta de la independencia, la destrucción de toda la escuadra de Cervera. Ninguno escapó.

A las nueve y media de la mañana la flota trató de huir, y á las dos de la tarde el último barco, el Cristóbal Colón, embarrancó á 60 millas del Oeste de Santiago y arrió el pabellón.

El María Teresa, el Oquendo y el Vizcaya viéronse obligados á encallar, incendiados y deshechos, á 20 millas de Santiago.

El Furor y el Plutón fueron destruidos á menos de cuatro millas del puerto.

Nuestras pérdidas consisten en un muerto y dos heridos.

Las del enemigo llegan, probablemente, á algunos cientos, por los cañonazos, las explosiones y los ahogados.

Hemos hecho unos 1.300 prisioneros, entre ellos el almirante Cervera.—Sampson. (Soldevilla 1899: 300-301)


Tras el desastre, al general Arsenio Linares Pombo,  jefe de la capital oriental, sólo le quedó la opción de capitular.

El New York Herald decía en el relato de la triste gesta:


El enemigo se lanzó contra nosotros sin cuidarse de su espantosa inferioridad. Aquellos héroes desesperados que provocaban el combate, ofrecían un espectáculo sublime que, a no dudarlo, pasará a la historia. (Soldevilla 1899: 311)


Prácticamente estaba todo terminado, pero el día 7, Shafter se mantenía en sus posiciones sin atreverse a acometer a Santiago, que sería bombardeada los días 10 y 11, mientras era rodeada por 30 regimientos usenses.

Finalmente, en la madrugada del 13 de julio, el General en Jefe autorizó al General Toral para capitular la ciudad de Santiago pero a las seis de la tarde del mismo día le comunicó que la capitulación debía ser resuelta por el Gobierno. El día 15 recibió la autorización y el día 16 capituló Toral, al tiempo que el ministro de la Guerra contradecía su misma orden del día anterior.


El mismo señor Ministro anula con su telegrama del 16 lo expuesto en el despacho del día 15. En éste entiende que se debe dejar plena libertad á Toral para resolver; no emite opinión y menos da órdenes:

concrétase á arrojar sobre mi defendido la responsabilidad de los actos que realice. En el cablegrama del 16, por el contrario determina lo que en Santiago debe hacerse. El Ministro desvirtúa así las manifestaciones que hiciera el 15. (Suárez 1899: 92)


Esta actitud de indecisión del gobierno español tuvo su compensación por el inesperado trato de los militares usenses, que no dudaron en reconocer el aplomo y el honor de los vencidos.


En el acta de capitulación efectuada el 16, se incluyó un anexo que dice: Reconociendo la caballerosidad, valor y gallardía de los Generales Linares y Toral, y de las tropas de España que tomaron parte en las acciones que se han librado en las cercanías de Santiago, como se ha demostrado en dichas batallas, nosotros los abajo firmados... unánimemente nos asociamos para solicitar... que conceda á estos bravos y caballerosos soldados el privilegio de volver á su Patria llevando las armas que tan valerosamente han defendido.—José Weler Mayor General.— U. Lawton, Mayor General.—J. D. Minley, Teniente Ayudante.— Así se pactó. (González 1903: 105)


Y no es de extrañar tal reconocimiento, ya que la plaza supo resistir la acometida de la escuadra que bloqueó el puerto de Santiago de Cuba al mando del Almirante Sampson en unas condiciones de inferioridad de armamentos que llamó la atención de los invasores cuando, habiendo tomado posesión de la plaza observaron que las defensas de Santiago en tierra estaban compuestas mayoritariamente por cañones de avancarga. Estas circunstancias hicieron que los inspectores usenses exclamasen:


Esa Escuadra (señalando á la del Almirante Sampson) no tiene perdón, cuando en tantos días no ha ganado el puerto y deshecho la ciudad y sus defensas. (Müller 1898: 257)


El 17 de julio de 1898 fue arriada la bandera española del fuerte Punta Blanca, de Santiago de Cuba, siendo sustituida por la de los EE.UU. El general Lawton fue nombrado gobernador de la provincia de Oriente y, el 20 de julio, el ya general Wood  pasó a ser gobernador de la ciudad de Santiago.


Vistos estos antecedentes, ¿fue correcta la actuación de Toral?... La verdad es que Toral fue apedreado por la multitud cuando desembarcó en Vigo,  y sin embargo, el gobierno no obtuvo el mismo trato y siguió actuando conforme a programa. Tan es así que, a raíz de la  capitulación de Santiago, 


el Gobierno preguntó al Sr. General Blanco, por la opinión del ejército sobre la continuación de la guerra, y habiendo contestado que seguirla hasta perecer el último hombre, el Ministro de la Guerra, Sr. General Correa telegrafió: Sorpréndeme que una vez salvado ya el honor de ese indomable ejército, como indudablemente lo ha sido con admiración de todas las naciones y  gloria de la Patria en los campos de Santiago, persista en mantener la guerra en la cual no ganará seguramente más laureles ni conseguirá tampoco otro resultado que el de rendirse por falta de víveres, y municiones, pues no es de creer que sabida por enemigo pujanza nuestras tropas en mencionados campos, se aventure á sufrir nuevas pérdidas, cuando con extremar bloqueo ó impedir socorros de aquí, puede, sin sacrificios de sangre, apoderarse de esa Isla. (González 1903: 105)


Y ese gobierno cuya actuación ya hemos juzgado; ese gobierno que titubeaba a la hora de transmitir órdenes y no dudaba en contradecirlas, tras la derrota, abrió causa con el fin de depurar las responsabilidad de los mandos militares por la capitulación ante las fuerzas invasoras usenses. 

En la defensa de su gobernador, José Toral, se resaltan todas deficiencias defensivas de que adolecía la plaza, así como que a pesar de ello el general Shafter señalaba la plaza como inexpugnable. 

El defensor, en su discurso del 1 de agosto de 1899, dijo:


pretende hacer recaer sobre un ejército ansioso en vano de combatir, y cuyo brazo desarmaron el mandato del Gobierno y el decaimiento de espíritu de esa misma opinión que, como digo, pretende, injusta ó extraviada, hacer recaer sobre aquél la  responsabilidad íntegra del desastre…/…  no es justo ni es cristiano el buscar víctimas expiatorias de catástrofes que vienen preparadas por los yerros de varias generaciones de imprevisión y decadencia. (Álvarez 1899)


Desde el momento del desastre de Santiago ya sólo se hablaba de rendición. Así, el día 10 de julio, el Consejo de Ministros señalaba:


La solución de la paz, dijeron, no es una solución que se imponga al Gobierno con los caracteres de problemática ó hipotética, sino con todas las condiciones de una cosa necesaria. (Soldevilla 1899: 313)


El más que presumible final se produjo el dieciséis de julio, cuando de Santiago de Cuba capituló ante el ejército de los EE.UU. 

En un memorando fechado el día anterior se denuncia la lamentabilísima situación de las fuerzas españolas, que se ven obligadas a rendirse. 


La pérdida de la Escuadra fue prevista por todos los Jefes de la misma, con los cuales he hablado más de una vez, y por decirlo así, profetizada desde que recibió orden en Cabo Verde (las islas) de salir para la Isla de Cuba; y así se lo comunicó diferentes veces al Gobierno el General que la mandaba, cuyas comunicaciones oficiales existen y constan (Müller 1898: 185)


La Escuadra recibió orden terminante del Capitán General de la Isla de Cuba, de salir del puerto de Santiago, que reiteró, no obstante las observaciones que el General Cervera le hizo. (Müller 1898: 187)


el Colón, único buque verdaderamente protegido de los cuatro que componían la Escuadra, no tenía sus cañones de torre (los de gran calibre). Entre los de 14 centímetros del Teresa, el Oquendo y el Vizcaya, que son los que más fuego hacen en un combate, seis estaban declarados inútiles; y si bien el Teresa pudo cambiar los suyos, el Oquendo y el Vizcaya no, y tuvieron que combatir el primero con uno y el segundo con dos inútiles, como he dicho. (Müller 1898: 188)


Además, todos ellos tenían incompleta la dotación de municiones, y en el Teresa había sesenta inútiles: la mayor parte de los estopines no servían, y por consiguiente, los cañones no hacían fuego. Las piezas de cierre eran tan imperfectas, que al segundo ó tercer disparo ya no cerraban; las agujas salían disparadas, y por muchos supervivientes del Oquendo y del Teresa, he sabido que, entre los heridos que servían los cañones, muchos lo fueron por éstos mismos; así, que si el asunto no fuera tan triste y tan serio, pudiera decirse que los cañones de nuestros buques eran como la carabina de Ambrosio, que disparaba por la culata; esto es, que lejos de ofender al enemigo, eran un peligro para los encargados de hacer fuego con ellos. (Müller 1898: 188)


Seis buques (si merecen el nombre de tales el Pintón y el Furor), tuvieron que combatir con veinticuatro mejor protegidos y artillados.

Luego llegó la rendición… Tras el Tratado de París, el uno de Enero de 1899, el Capitán General Adolfo Jiménez Castellanos emite el siguiente bando:

«En cumplimiento de lo estipulado en el Tratado de Paz, de lo convenido por las comisiones militares de evacuación, y de las ordenes de mi Rey, cesa de existir desde este momento, hoy primero de Enero de 1899, a las doce del día, la soberanía de España en la Isla de Cuba y empieza la de los Estados Unidos».

Terminada la guerra, se sacaron a flote los restos del "Maine", comprobándose entonces que la explosión había sido producida por una combustión interna de una carbonera próxima a un pañol de municiones.


En 1911, el Maine fue sacado a flote y un nuevo tribunal (de Estados Unidos) de investigación examinó el casco. La conclusión fue que se había hecho estallar «una carga explosiva exterior al barco», aunque aparentemente no en el mismo punto que había pensado el tribunal investigador de 1898. (Thomas 1971)


en 1976 se realizó una tercera investigación del incidente, esta vez contando con una amplia perspectiva temporal, y dirigida por el Almirante Hyman Rickover. El informe indicaba que el casco del Maine revelaba una explosión hacia afuera, y no hacia el interior del barco, como cabría esperar de la colocación de una mina. (Daóiz 2014)






ANEXOS:

Carta de J.C. Brenckenridge al Teniente General N. A. Miles

http://www.autentico.org/oa09344.php


DEPARTAMENTO DE GUERRA

OFICINA DEL SECRETARIO

WASHINGTON D.C.


24 de Diciembre, 1897


Teniente General N. A. Miles


Querido señor: 



Esta Secretaría, de acuerdo con la de Negocios Extranjeros y de la Marina, se cree obligada a completar las instrucciones que sobre la parte de la organización militar de la próxima campaña en las Antillas le tiene dadas, con algunas observaciones relativas a la misión política que, como General en Jefe de nuestras fuerzas, recaerá en ustedes.

Las anexiones de territorios a nuestra República han sido hasta ahora de vastísimas regiones con escasa densidad de población y siempre precedidas por la invasión pacífica de emigrados nuestros; de modo que la absorción y amalgama de la población existente ha sido fácil y rápida.

El problema se presenta, con relación a las islas Hawai, más complejo y peligroso, pues la diversidad de fuerzas y el hallarse casi nivelados nuestros intereses con los de los japoneses, así lo determinan: pero teniendo en cuenta lo exiguo de su población, la corriente de emigración nuestra hará esos peligros ilusorios.

El problema antillano se presenta bajo dos aspectos: el uno relativo a la isla de Cuba y el otro a Puerto Rico, así como también son distintas nuestras aspiraciones y la política que respecto a ellas habrá de observarse.

Puerto Rico constituye una isla fieracísima, estátegicamente situada en la extremidad oriental de las Antillas, y a mano para la nación poseedora que sea dueña de la vía de comunicación más importante del Golfo de México, el día (que no tardará en lucir, gracias a nosotros) en que sea un hecho la apertura del lstmo de Darién. Esta adquisición, que debemos hacer y conservar, nos será fácil, porque al cambiar de soberanía, considera, tiene más de ganar que de perder, por ser los intereses existentes allí más cosmopolitas que peninsulares.

Para la conquista habrá que emplear medios relativamente suaves, extremando en nuestra ocupación del territorio con exquisito celo el cumplimiento de todos los preceptos de las leyes de guerra, entre naciones civilizadas y cristianas, llegando, sólo en caso muy extremo, el bombardeo de algunas de sus plazas fuertes.

Para evitar conflictos, las fuerzas de desembarque lo harán aprovechando los puntosdeshabitados de la costa sur.

Los habitantes pacíficos serán rigurosamente respetados, como sus propiedades.

Recomiendo a usted muy especialmente procure ganarse, por todos los medios posibles, el afecto de la raza de color, con el doble objeto, primero, para procurarnos su apoyo para el plebiscito de anexión, y segundo, teniendo presente que el móvil principal y el objeto de la expansión de los Estados Unidos en las Antillas, es resolver de una manera eficaz y rápida nuestro conflicto de razas, conflicto que cada día aumenta, merced al crecimiento de los negros; éstos, conocidas las ventajosas circunstancias para ellos en las Indias Occidentales, una vez que estén en nuestro poder, no tardarán en ser inundadas por un desbordamiento de esta inmigración.

La isla de Cuba, con mayor territorio, tiene mayor densidad de población que Puerto Rico, y está desigualmente repartida; a pesar de ello, constituye el núcleo de población más importante de las Antillas. Su población la constituyen las razas blanca, negra, asiática y sus derivadas. Sus habitantes son por regla general, indolentes y apáticos. En ilustración se hallan colocados desde la más refinada hasta la ignorancia más grosera y abyecta. Su pueblo es indiferente en materia de religión, y por lo tanto, su mayoría es inmoral, como es a la vez de pasiones vivas, muy sensual; y como no posee sino nociones vagas de lo justo y de lo injusto, es propenso a procurarse los goces no por medio del trabajo, sino por medio de la violencia; y como resultado eficiente de esta falta de moralidad, es despreciador de la vida.

Claro está que la anexión inmediata a nuestra federación de elementos tan perturbadores y en tan gran número, sería una locura, y antes de plantearla debemos sanear ese país, aunque sea aplicando el medio que la Divina Providencia aplicó a Sodoma y a Gomorra.

Habrá que destruir cuanto alcancen nuestros cañones, con el hierro y con el fuego; habrá que extremar el bloqueo para que el hambre y la peste, su constante compañera, diezmen su población pacífica, y mermen su ejército; y el ejército aliado habrá de emplearse constantemente en explorociones y vanguardias, para que sufran indeclinablemente el peso de la guerra entre dos fuegos, y a ellas se encomendarán precisamente todas las empresas peligrosas y desesperadas.

La base de operaciones más conveniente será Santiago de Cuba, desde donde se podrá verificar la invasión lenta por camagüey, ocupando con la rapidez posible los puertos necesarios para refugio de nuestras escuadras en la estación de los ciclones.

Coetáneamente, o mejor dicho, cuando estos planes empiecen a tener cumplido desarrollo, se enviará un ejército numeroso a la provincia de Pinar del Río, con el objeto de completar el bloqueo marítimo de La Habana con la circunvalación por tierra; pero su verdadera misión será la de impedir que los enemigos sigan ocupando el interior, disgregando columnas de operaciones contra el ejército invasor de Oriente, pues dadas las condiciones de inexpugnabilidad de La Habana, es ocioso exponernos ante ella a pérdidas dolorosas.

El Ejército Occidental empleará los mismos procedimientos que el Oriental. Dominadas y retiradas todas las fuerzas regulares de los españoles, sobrevendrá una época, de tiempo indeterminado, de pacificación parcial durante la cual seguiremos ocupando militarmente todo el país, ayudando con nuestras bayonetas al gobierno independiente que se constituya, aunque sea informalmente, mientras resulte en minoría con el país. El terror por un lado y la propia conveniencia por otro, han de determinar que esa minoría se vaya robusteciendo y equilibrando sus fuerzas, constituyendo en minoría al elemento autonomista y a los peninsulares que se queden en el país.

Llegado este momento, son de aprovecharse, para crear conflictos al gobierno independiente, las dificultades que éste tiene que acarrear la insuficiencia de medios para atender a nuestras exigencias y los compromisos con nosotros contraídos los gastos de la guerra y la organización de un nuevo país. Estas dificultades habrán de coincidir con las reivindicaciones que los atropellos y violencias han de suscitar entre los dos elementos citados, y a los cuales debemos prestar nuestro apoyo.

Resumiendo: nuestra política se concreta a apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas.

Con respecto a las posesiones asiáticas de España, en principio se ha resuelto un movimiento de división, cuya extensión y detalles oportunamente se acordarán, teniendo en cuenta que los celos de las potencias coloniales asiáticas, forzosamente nos obligan a limitar a estrecho círculo nuestra accción y, teniendo a la vez en cuenta, no excitar las susceptibilidades de Japón, ya demasiado vivas por la cuestión del Hawai.

La época probable de nuestra campaña será el próximo octubre; pero será conveniente ultimar el menor detalle para estar listos ante la eventualidad de que nos viésemos precisados a precipitar los acontecimientos para anular el desarrollo del elemento autonomista, que pudiera aniquilar el movimiento separatista.

Aunque la mayor parte de estas instrucciones están basadas en las distintas conferencias que hemos celebrado, estimaríamos nos someta usted cualquier observación que puedan la práctica y la conveniencia aconsejar como corrección, pero ateniéndose siempre, mientras tanto, a lo acordado.


Soy de usted sinceramente, 

J.C. Breckenridge

Secretario de Guerra

Fuente:

Collazo, Enrique. La guerra de Cuba. Habana, 1926, p. 186.



Ultimátum de los EE UU


"Considerando que las horribles condiciones que han existido en la isla de Cuba, tan próxima a nuestras costas, por más de tres años, condiciones que han ofendido el sentido moral el pueblo de los EE.UU. [...], y que han culminado en la destrucción de un acorazado de los EE.UU. durante una visita amistosa al puerto de la Habana [...], no pueden soportarse por más tiempo como lo afirma el presidente de los Estados Unidos en su mensaje de 11 de Abril de 1898, sobre el cual el Congreso ha sido invitado a pronunciarse.


En consecuencia, el Senado y la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, reunidos en Congreso han resuelto:


Primero: que el pueblo de la isla de Cuba es, y tiene derecho a ser, libre e independiente.


Segundo: que los Estados Unidos tienen el deber de pedir, y por tanto el Gobierno de los Estados Unidos pide, que el Gobierno español renuncie inmediatamente a su autoridad y gobierno sobre la isla de Cuba y retire de Cuba y de las aguas cubanas sus fuerzas terrestres y navales [...]


Si a la hora del mediodía del sábado próximo, 23 de abril, no ha sido comunicada a este Gobierno por el de España una completa y satisfactoria respuesta a la Resolución en tales términos que la paz de Cuba quede asegurada, el presidente procederá sin ulterior aviso a usar poder y autorización ordenados y conferidos a él, tan extensamente como sea necesario".



DECLARACIÓN DE GUERRA DE LOS ESTADOS UNIDOS A ESPAÑA


«Proclama del Presidente de los Estados Unidos: En virtud de un acto del Congreso aprobado el 25 de Abril de 1898, en que se declara que la guerra existe y que la guerra ha existido desde el 21 de Abril A. D. 1898 incluso el mismo día, entre los Estados Unidos y el Reino de España y en virtud de que se desea que esta guerra sea conducida basada en los principios de armonía con la presente opinión de las naciones, y  sancionados por el último sistema ya anunciado de que la política de este gobierno será la de no recurrir al corso, sino sujetarse á las condiciones del Tratado de París, por lo tanto, yo Wm. Mc-Kinley, Presidente Constitucional de los Estados Unidos de

América, en virtud de las facultades que me conceden la Constitución y las leyes, por lo tanto, declaro y proclamo:

Primero. La bandera neutral ampara las mercancías enemigas, con excepción del contrabando de guerra.

Segundo. Las mercancías neutrales que no sean contrabando de guerra, no pueden ser confiscadas aunque estén bajo la bandera enemiga.

Tercero. Los bloqueos para que sean obligatorios, deben ser efectivos.

Cuarto. Los buques mercantes españoles, en cualquiera de los puertos ó aguas dentro de los Estados Unidos, se les permitirá hasta el 21 de Mayo inclusive, descargar y zarpar de dichos puertos ó aguas; y si estos buques son encontrados en alta mar por cualquiera de los buques de los Estados Unidos, se les permitirá continuar su viaje, si después de visitados aparece que sus cargamentos fueron tomados á bordo antes de la expiración

del plazo indicado, siempre que ninguna de las cláusulas anteriores pueda aplicarse á barcos españoles, teniendo á su bordo oficiales en el servicio militar ó naval del enemigo, ni carbón, excepto aquel que sea necesario para el viaje ú otro artículo

prohibido ó contrabando de guerra ó que lleven algún despacho del ó para el gobierno español.

Quinto. Cualquier buque mercante español que haya zarpado antes del 21 de Abril de 1898 de cualquier puerto extranjero para los puertos ó aguas americanas, se le permitirá entrar á estos puertos ó aguas, descargar y salir sin ser molestado; si algunos de estos buques son encontrados en alta mar por los buques americanos se les permitirá continuar su viaje á cualquier puerto que no esté bloqueado.

Sexto. Se ejercitará el derecho de vista con estricta sujeción á los derechos de los neutrales y los viajeros de los vapores correos no serán interrumpidos, salvo que existiesen sospechas de que violan las leyes con respecto al contrabando ó bloqueo.

(Firmado) Wm. McKinley.

Dado en el Palacio del Poder Ejecutivo en Washington á los veintiséis días de Abril de 1898.

































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